Columnas / Política
China no es la apuesta que Bukele cree
A pesar del flirteo constante vía Twitter y eventos públicos, para China El Salvador es irrelevante económicamente y nos mira de cara a Guatemala y Honduras, que aún reconocen a Taiwán.

Fecha inválida
Ricardo Valencia

La apuesta del presidente Nayib Bukele de anunciar un tratado de libre comercio con China evidencia desesperación de parte del gobierno salvadoreño. La administración busca conseguir dinero fácil para frenar un posible impago en su deuda externa. China es, para Bukele, una apuesta desesperada de donde puede extraer recursos que podrá vender en la campaña para la reelección inconstitucional como obras en favor del pueblo. China le ha prometido un estadio, una biblioteca y una planta potabilizadora de agua. Con una vanidad vacía, el mismo vicepresidente Félix Ulloa ha sugerido que la nación asiática podría comprarle la deuda externa, aunque China y el mismo ministerio de hacienda de El Salvador lo han negado. China no se mira como banco de Bukele. 

A diferencia de las otras naciones de Centroamérica que abrieron relaciones con Beijing (Panamá y Costa Rica), la economía de El Salvador es altamente vulnerable y tres veces más pequeña que la de ambas naciones del istmo. La actual relación precaria y tensa con Estados Unidos me hace pensar que el clan Bukele mira a China como una gigantesca tarjeta de crédito.

De acuerdo con fuentes cercanas al tema, los lazos entre Beijing y San Salvador son manejados por el clan familiar del presidente, quienes le dan línea a la embajada salvadoreña en el país asiático. De esto hay evidencia. En la visita del encargado de asuntos latinoamericanos de la cancillería china, Qiu Xiaoqi en junio pasado, la gran ausente fue la canciller de El Salvador, Alexandra Hill. Fue el hermano del presidente, Karim Bukele, quien representó al país en la reunión, a pesar de no tener ningún puesto oficial en el gabinete.

Karim es el personaje que conecta los humores electorales del presidente con las ambiciones geopolíticas de Beijing. En la visita de Bukele a China en 2019, en la cual el mandatario salvadoreño se reunió con el presidente chino Xi Jinping, Karim se sentó a la izquierda de Bukele. Hill no apareció en las fotografías. Días después de esa visita, la embajadora china en San Salvador, Ou Jianhong, le agradeció vía Twitter a Karim porque, aseguró, sin él “no habríamos logrado los éxitos de la Visita de Estado del Presidente Bukele a China”.

A pesar del flirteo constante vía redes sociales y eventos públicos, para China El Salvador es irrelevante económicamente y mira a El Salvador de cara a Guatemala y Honduras, naciones que aún tienen relación con Taiwán. Por el contrario, la importancia del país asiático para Bukele creció después de que el Fondo Monetario Internacional sepultara la posibilidad de darle un préstamo de $1.3 mil millones. Bukele se mantendrá al lado de China porque no tiene otra alternativa. Es claro, sin embargo, que el corazón de Bukele está en Washington y sobre todo en los sectores de extrema derecha.

Su equipo esperaba con ansias una ola roja en la que el Partido Republicano controlarías las dos cámaras del congreso estadounidense. El cabildero personal de Bukele en Washington Damian Merlo, se convirtió en un abierto activista del expresidente Donald Trump y del partido Republicano. Es más, voceros del gobierno de Bukele anticipaban no solo una ola, sino un tsunami republicano. El diputado Christian Guevara, sancionado por el gobierno de Estados Unidos, hizo campaña en contra de la congresista por California, Norma Torres, quien ha sido crítica de la administración Bukele. Para mala suerte del régimen salvadoreño, Estados Unidos tendrá un congreso dividido: el Senado será Demócrata y la Casa de Representantes tendrá una pequeña mayoría Republicana. La agenda internacional del presidente Joe Biden podría mantenerse igual en relación con Bukele, aunque con pequeños guiños a instituciones aliadas, como el ejército salvadoreño

Por eso el poder de Karim de moldear las relaciones con China se volverá más relevante en los próximos meses. Los cripto influencers han llevado poco dinero desde la adopción del Bitcoin en septiembre de 2021 y Estados Unidos ha congelado mucha de la cooperación bilateral. Como respuesta, China podría tratar de obligar a Bukele a acercarse más a Beijing, a cambio de concretizar los proyectos de infraestructura pendientes.

Para mala suerte del mandatario salvadoreño, acercarse a Beijing podría costarle el cariño de una facción del mismo partido Republicano que mira con miedo la influencia china en Latinoamérica. La mediocre política exterior de El Salvador coloca al país en una tierra de nadie: Bukele no es aliado de nadie, pero desconfían de él.

Para China, El Salvador es una pieza importante para expandir la visión global de la nación asiática como potencia benefactora y de futuro. Para Bukele, China es solo una ballena con proyectos de su gigantesca barriga, pero esa ballena parece estar engulléndolo despacio y sostenidamente. 

Difícilmente, China regalará dinero para pagar deuda, pero tratará de profundizar su influencia en El Salvador. A los Bukele se les olvida que, como Estados Unidos, China no tiene amigos, sino intereses. Mientras el gobierno salvadoreño juega a corto plazo, Beijing mira a largo plazo. Bukele y su desesperación son prescindibles en ese juego.


*Ricardo Valencia es profesor asistente de Comunicaciones en la Universidad Estatal de California Fullerton. Síguelo en Twitter como @ricardovalp.

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