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El Cártel de Texis gana el primer asalto a la Fiscalía

La absolución de Roberto "El Burro" Herrera por el delito de robo de vehículos representa el último revés del año para una Fiscalía que ha fracasado este 2014 en su enfrentamiento en cortes contra los que acusan de liderar el Cártel de Texis. Un testigo fugado, un testigo confundido y evasiones de impuestos que nunca llegan a lavado de dinero son algunos de los traspiés.

Óscar Martínez

 
 

Fotografía del Burro Herrera encontrada en la hacienda El Rosario de Texistepeque durante una intimación a la propiedad. Septiembre de 2013.  Foto de Mauro Arias. Archivo El Faro.
 
Fotografía del Burro Herrera encontrada en la hacienda El Rosario de Texistepeque durante una intimación a la propiedad. Septiembre de 2013.  Foto de Mauro Arias. Archivo El Faro.

El pasado viernes, un hombre que fue acusado públicamente por la Fiscalía de dirigir una banda de robo de carros en Guatemala y El Salvador, un hombre de quien se dijo que había robado unos 106 carros de lujo, fue absuelto por un juzgado especializado en crimen organizado de la capital salvadoreña. Ese hombre, Roberto Herrera Hernández, es mejor conocido como El Burro, y fue presidente de la Feria Ganadera de Santa Ana. Ese hombre, según diferentes informes de seguridad producidos en cuatro administraciones diferentes durante los últimos 14 años, también es uno de los líderes de una de las dos organizaciones de crimen organizado que las Naciones Unidas reconocen en El Salvador: el Cártel de Texis. Ese hombre ha estado en la mira de Estados Unidos al punto de que policías salvadoreños lo detuvieron en una ocasión pensando que la DEA lo había solicitado a través de una difusión internacional que existió, pero de la que nadie se hizo cargo una vez que agentes del Centro de Inteligencia Policial lo capturaron. El pasado viernes, ese hombre fue absuelto en la capital del caso estrella que la Fiscalía tenía en su contra.

Herrera aún enfrenta un proceso por narcotráfico del que poco se sabe. Se antoja preguntarse por qué la Fiscalía, que suele llamar al grupo criminal por su nombre conocido, enjuicia a uno de los considerados líderes por cargos distintos al tráfico de drogas. Según esos informes de inteligencia policial y de otras instancias de seguridad de las diferentes administraciones, el Cártel de Texis es un grupo de empresarios, políticos y jefes policiales que se encargan de administrar un paso clave de la cocaína. Ese paso es conocido como El Caminito, y es un atajo entre Honduras y Guatemala, una esquina de El Salvador que empieza en Chalatenango y termina en Santa Ana, o más específicamente en el municipio de Metapán, frontera con el problemático municipio guatemalteco de Asunción Mita. 

Sin embargo, esa estrategia de evitar perseguir el delito de narcotráfico, por el que muchos esperarían que se juzgue al Cártel de Texis, es común en el plan de la Fiscalía. Herrera es el último de una cadena de supuestos líderes de la organización fronteriza que han sido llevados a juicio desde finales de 2012. Ninguno ha sido condenado por ningún delito. Ninguno, a parte de Herrera, ha sido acusado por narcotráfico o lavado de dinero. Todo esto a pesar de que ya nadie puede negar que hay un consenso en el aparato de seguridad estatal -Policía, Fiscalía, Ministerio de Justicia y Seguridad- de que el Cártel de Texis se dedica al tráfico de droga  a gran escala -con todo lo que eso implica-. Nadie puede negar a estas alturas que ese aparato de seguridad cree que los líderes del cártel son los que han estado en la mira desde hace años. Hay consenso también en que para actuar, ese grupo ha infiltrado la política y la Policía. Sin embargo, ese aparato de seguridad parece sentirse débil a la hora de llegar a los juicios. No ha acusado a ningún político, no ha acusado a ningún policía. Su plan A nunca ha sido acusar a nadie por liderar una organización internacional de tráfico de droga -con todo lo que eso implica-. Revisemos algunos de los casos previos al de Herrera. 

José Misael Cisneros, Medio Millón, un hombre vinculado con la clica Fulton Locos Salvatrucha de la Mara Salvatrucha, en el municipio de Nueva Concepción, en Chalatenango, fue capturado el domingo 27 de mayo de 2012 en San Salvador, en las cercanías de la base central de la Policía. Según las investigaciones él era el enlace del cártel en ese tramo de El Caminito. Primero se le acusó de tres homicidios, pero el 20 de septiembre de 2012 un juez suplente del Juzgado Especializado de San Salvador lo absolvió de los tres delitos que, en teoría, había cometido por motivos pasionales. El juez desestimó los testimonios de los testigos protegidos por considerarlos poco sólidos. Ese mismo día fue capturado por el delito de asociaciones ilícitas con la clica Fulton. Sin embargo, algo insólito ocurrió. La Fiscalía tenía a un testigo, un pandillero a quien como testigo protegido llamaron Abeja. Ese muchacho relato cómo vio a Medio Millón entregar un fusil AK-47 y dos revólveres al líder pandillero de la clica, un hombre llamado Julio Portillo, y conocido como Simpson. Sin embargo, el muchacho se escapó. Tras más de un año de esperar en una bartolina improvisada de un puesto policial –no de una subdelegación ni de una delegación, sino un precario puesto- el muchacho escaló por los andamios de construcción hasta una segunda planta y se fue. Esa es la versión oficial. El caso se hace más inédito aun cuando se sabe que el puesto policial estaba justo en el municipio donde nació Medio Millón, llamado Agua Caliente. Los agentes del puesto dicen que el muchacho se hartó de sus condiciones, que a veces pasaba más dos días sin comer, y que a veces ellos le regalaban comida. Tras más de un año, la Fiscalía fue incapaz de presentar ante un juez al muchacho y convertir sus palabras en una prueba judicial. Los fiscales lo entrevistaron, pero nunca validaron esa entrevista. En todo ese año, la Policía, en lugar de tener al muchacho en la capital o en una delegación bien custodiada, extrañamente decidió tener en un miserable puesto al único testigo que iba a dar testimonio en contra de uno de los salvadoreños declarados no gratos por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, un hombre que permaneció prófugo desde 2010, cuando se escapó de un operativo de la Policía en Nueva Concepción. Ningún jefe fiscal ni policial ha dado explicaciones públicas acerca de Abeja. Voces tímidas y anónimas dentro de la Fiscalía dicen que tienen una nueva estrategia. Por ahora, Medio Millón debería estar libre.

Este año la Fiscalía allanó también las instalaciones de hoteles y empresas de los otros considerados como líderes del Cártel de Texis en busca de evasión de impuestos. Allanaron los hoteles del empresario José Adán Salazar, mejor conocido como Chepe Diablo. En sus declaraciones, por ejemplo, aparecían cheques como uno a nombre de un salvadoreño de 35 años llamado Héctor Manuel. En teoría, Salazar le pagó en 2010 casi $34,000 por instalar y arreglar bombas de gasolina en una de sus gasolineras. Sin embargo, Héctor Manuel ya había migrado a Estados Unidos en las fechas en las que Salazar dijo haberle entregado el cheque. Además, no sabe instalar bombas ni tampoco repararlas. Su familia vive en extrema pobreza en el municipio de Paraíso de Osorio y dicen no conocer a ningún empresario millonario de apellido Salazar. El supuesto capo ya sorteó la investigación porque aceptó pagar más de medio millón de dólares como multa al Ministerio de Hacienda por las irregularidades en sus declaraciones de 2010 y 2011. Este año, Salazar fue incluido por el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su lista de capos internacionales. Estados Unidos llamó públicamente capo internacional a Salazar antes de que lo haga El Salvador. La Fiscalía ni siquiera ha dicho nada acerca de si están investigando las declaraciones de las empresas de Salazar de 2012 y 2013.

Al mismo tiempo que la Fiscalía hurgaba en los hoteles de Salazar, se metieron a buscar en las cuentas del alcalde de Metapán, Juan Umaña Samayoa, y su hijo, Wilfredo Guerra, ambos dueños de Gumarsal, un titán en el negocio de los granos. Según las investigaciones del Estado, el aún alcalde de Metapán es otro de los creadores de esa red de contactos e influencias en el occidente salvadoreño. En sus administraciones, dos de sus concejales han sido asesinados y otros dos han sido encarcelados por tráfico de cocaína. En las declaraciones de Hacienda de la empresa, por ejemplo, habían incluido rubros como el de la extorsión, donde intentaban deducirse impuestos declarando haber pagado 24,000 dólares a pandilleros por operar en sus zonas de control. Dijeron que eran “errores involuntarios”. Ambos aceptaron pagar cerca de un millón de dólares y todo llegó hasta ahí. La Fiscalía, al igual que con Salazar, no ha dicho nada sobre si continuará indagando las cuentas de 2012 y 2013.

Así, el caso de Roberto Herrera, el más reciente de los absueltos, no es nada nuevo. No es nuevo por la resolución: absuelto. No es nuevo por el fracaso de la estrategia fiscal: entrarle por un delito distinto al de narcotráfico o lavado de dinero.

Cuando en septiembre de 2013 se allanó la hacienda de Herrera, la Fiscalía capturó a otras 18 personas y allanó dos propiedades. La hacienda El Sunza y la hacienda El Rosario, esta última de Herrera, y ambas en Texistepeque. Esa madrugada, mientras decenas de medios fotografiaban la barra de bar con bancos en forma de monturas de caballo de la hacienda de Herrera, el fiscal jefe de la Unidad Antonarcotráfico, Jorge Cortez, explicaba que los dueños de la primera hacienda, un enorme terreno de 80 manzanas, eran los hermanos Hernán y Alexander Doratt. El jefe fiscal también dijo que en juicio se probaría una teoría: los hermanos Doratt eran los herederos del negocio de la droga que tenía Herrera. Según la investigación fiscal, tras la publicación del reportaje El Cártel de Texis, que El Faro realizó en mayo de 2011, Herrera se alejó de sus estructuras de tráfico de droga y entregó la batuta a los hermanos Doratt, que aún enfrentan un proceso. Herrera, aseguró el fiscal Cortez, regresó entonces al delito de robo de carros.

Nunca más se volvió a mencionar esta teoría fiscal hasta el día de hoy. Y, en cuanto a lo del robo de carros, que se realizó en conjunto con autoridades guatemaltecas que detuvieron a más de 30 personas en ese país, la Fiscalía salvadoreña ha sufrido otro revés más en su intento de cercar al Cártel de Texis. En esta ocasión, el juez consideró algo que ni siquiera el mismo fiscal del caso se atrevió a contradecir afuera del juzgado. El testigo protegido, un hombre a quien durante el juicio llamaron Tauro, se contradijo una y otra vez. Dijo que no conocía a Herrera directamente, luego dijo que él le había entregado un vehículo y luego cambió la versión de la entrega. Un testigo que más bien parecía intentar recordar un guión.

Así, una fiscalía liderada por Luis Martínez, un hombre a quien le gusta hablar de combate frontal y de subir al cuadrilátero con la delincuencia, ha perdido el primer asalto. Ha vuelto al banquillo de descanso vapuleada y confundida en cuanto a qué hacer en el segundo asalto.

El problema no es solo haber perdido el primer episodio, sino el hecho de que los moretones que ha dejado el combate pueden tirar por la borda toda la estrategia.

Si bien la investigación de evasión logró recaudarle más de un millón de dólares al Estado, ha permitido que los acusados de ese delito se den cuenta de sus flancos débiles. Muy pocos esperan ya que en una próxima intentona la Fiscalía descubra a Salazar pagando cheques falsos a migrantes o a Gumarsal declarando la extorsión de las pandillas a sus camiones repartidores.

El caso estrella contra Medio Millón fue desestimado hace más de un año, y la Fiscalía –si no tiene otro recurso más que un testigo extraviado- va directo a otra debacle con su plan B.

El caso estrella contra Herrera, sumado al de Medio Millón, solo deja a una Fiscalía lastimada en una de sus partes más sensibles: los testigos protegidos. Tauro fue tan mal manejado que ni siquiera el fiscal a cargo se atrevió a defender la participación de su testigo a las puertas de un juicio fracasado.

Tras una primera ronda de enfrentamiento, la Fiscalía pierde y el Cártel de Texis gana. Los fiscales dicen que intentarán nuevas maniobras. Quizá la mejor forma de empezar de nuevo es aclarando los errores del primer intento: la huida de Abeja, la torpeza de Tauro, las declaraciones de 2012 y 2013 de Gumarsal y los negocios de Salazar, y lo que pasó con aquella vinculación fantasma entre Herrera y los hermanos Doratt, que por cierto han desaparecido del radar.

Sobre estos procesos, por más que se presenten como juicios separados, hay muchos ojos. Se revisan las cuentas de un hombre –Salazar- incluido en una lista de capos por Obama; se juzga a otro hombre –Medio Millón- prohibido por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos; la Fiscalía se expone –y así expone al Estado salvadoreño- en salones donde se enfrenta a hombres considerados como parte de un grupo criminal reconocido por Naciones Unidas. La Fiscalía enfrenta procesos contra gente que está en la mira del Estado no desde hace unos años, sino desde hace más de una década.

Este no parece ser uno de esos enfrentamientos de varios asaltos. Son pocas las opciones, irrepetibles muchas de ellas, y la Fiscalía ya agotó un buen par de las mejores.

2014 fue un buen año en las cortes para el Cártel de Texis.

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Sergio Arauz, Óscar Martínez, Efren Lemus / Fotos: Frederick Meza

 

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