Plática /

“Empecé escribiendo una autobiografía pero no me gusté como personaje”

Reconocido hoy como poeta y ensayista, Miguel Huezo Mixco incursiona en la narrativa literaria. La ficción nos llevó a conocer más sobre algunos personajes y hechos reales: la cara severa de Salvador Sánchez Cerén cuando era el comandante 'Leonel', momentos con la hija secuestrada de José Napoleón Duarte, la confesión de un desertor fallido, las dudas de un joven y atormentado poeta guerrillero dedicado a la propaganda subversiva.


Jueves, 13 de marzo de 2014
Élmer L. Menjívar / Fotos de Mauro Arias

 

Pero no hablo de este libro, vos tenés mucho que contar de tu relación con muchos personajes activos de la política activa, que de alguna manera los salvadoreños merecemos conocer mejor y  tu experiencia con ellos tiene mucho que aportar a eso.
Este libro es un esfuerzo de relato, de la ficción, pero aún falta escribir muchos libros para poder hacer eso que decís.

¿Está en tus planes?
Sí. A ver, yo quiero seguir con la ficción. Vos sabés, Élmer, no he publicado nunca un libro de ficción narrativa. He sido curador de arte, inclusive, pero nunca he escrito ficción. Este es el primer intento de eso y estoy muy contento con el resultado, aunque es el público quien al final lo va a decidir. Usualmente uno se siente muy contento con las cosas que uno escribe, no es el mejor juez, pero sí quiero incurrir en el campo de la ficción. Eventualmente, más adelante, probablemente sí quiera escribir algo diferente, mejor documentado, aunque no tenga que ver directamente con mi relación con estos dirigentes, pero sí he hablado de eso con un editor potencial.

¿Tenés en mente algunos hechos concretos que te gustaría abordar?
Sí, hechos como el proceso de entrega de Inés Guadalupe Duarte, eso es una crónica fantástica… Fueron cuatro días que estuve con ella desde que la conocí, aparecimos juntos fotografiados en la revista Time, por la última entrevista que le hicieron en Tenancingo. Es un relato que lo debés construir conversando con ella nuevamente, con la gente que estuvo a su alrededor, con los que la 'detuvieron' y la retuvieron.

¿Qué relación tuviste con ella durante el secuestro?
Casi ninguna. Yo fui designado con un grupo de personas para hacer el acompañamiento del séquito que venía para entregarla en Tenancingo. Mi trabajo era hacerle una entrevista y hacerle fotografías con otros dos colegas y ya. Inclusive entre la marcha del cerro de Guazapa y Tenancingo, apenas la vi. Andaba muy escoltada, muy vigilada. La primera noche que estuvimos en el mismo lugar cayó una tormenta de esas que se ven venir a lo lejos. Nos metimos en un zacatal y nos refugiamos en los escombros de una iglesia. Yo me acosté al pie del altar todo sucio para ponerme ropa seca y entonces entró ella, con unas escoltas que eran mujeres, la llevaron a la zona de sacristía y ahí la tuvieron. Cuando fue el encuentro en Tenancingo con los mediadores fue que pude saludarla y conocerla. Ella estuvo en un grupo muy cordial, donde estaba el embajador de Alemania, de México, el arzobispo de San Salvador, gente de la Cruz Roja Internacional, del FMLN y yo como comunicador en medio de todos ellos. Cuando ya estábamos en el proceso de entrega le dije que quería hacerle una entrevista final. Entonces nos fuimos a un recodo, a un lugar muy bonito que ya habíamos preparado para las fotos, y tuvimos una conversación muy larga con ella sobre cómo había vivido la experiencia y luego eso se transmitió. Algunas personas dijeron que ella había desarrollado el síndrome de Estocolmo porque había hablado tan bien de su secuestro y que lo que estábamos haciendo era explotar maquiavélicamente eso…

¿Por qué le hicieron una entrevista ustedes a una secuestrada por ustedes?
Nosotros debíamos guardar eso porque no se le había grabado absolutamente nada en todo el proceso. Necesitábamos que ella diera una declaración desde su perspectiva, libremente, siendo fotografiada, sentada, que pudiera decir cómo lo había vivido.

¿Sabían que iba a hablar bien? O sea, ¿contaban con el síndrome de Estocolmo o no?
Yo el síndrome de Estocolmo lo conocí hasta que la prensa nacional habló de él. Yo tenía la impresión de que ella iba a hablar bien porque la relación que tenía ella con el grupo que la escoltó era muy afable, de mucha familiaridad, de mucha simpatía, muy amigable, gente de mucha confianza. Entonces, dije yo, que se había terminado sintiendo cómoda. Desde luego. estar secuestrada no ha de ser una cosa muy agradable, por muy bien que te traten.

¿Y si hablaba mal de la guerrilla, hubieran publicado la entrevista?
Recordate que en ese momento mi trabajo era el de un propagandista, algo de lo que no me avergüenzo, sino todo lo contrario. Entonces desde luego que queríamos propagandizar que nosotros estábamos cumpliendo con normas humanitarias esenciales con el trato de una prisionera.

Bueno, quien lea esta plática se va a dar cuenta de que tu vida real da para varios libros...
Pero conste que eso no está en la novela, ja, ja, ja...

Miguel Huezo Mixco, radio en mano junto al cmte. Germán Serrano, durante transmisión de Radio Farabundo Martí durante la entrega de prisioneros del ejército a la Cruz Roja Internacional, en La Laguna Chalatenango. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.
Miguel Huezo Mixco, radio en mano junto al cmte. Germán Serrano, durante transmisión de Radio Farabundo Martí durante la entrega de prisioneros del ejército a la Cruz Roja Internacional, en La Laguna Chalatenango. / Archivo de Miguel Huezo Mixco.

Siguiendo por la línea de tu biografía literaria, hasta ahora sos conocido como poeta, incluso tenés también un libro de poesía recién publicado…
Pero te voy a decir algo: mis últimos dos libros de poesía son de ficción. Yo me propuse en mis dos últimos libros de poesía escribir ficción, y es una historia muy parecida: un solitario vagando por el mundo, en el caso de Comarcas, que hace una especie de viajes astrales a la guerra de los romanos en contra de la Galia, y está del lado de Jenofonte… En otro lado, el personaje está con Sandino, en Veracruz, cuando trabaja en campos petroleros, está la guerra nacional nicaragüense cuando están enfrentándose con Walker. El personaje se convierte en un chico que toca redobles en las tropas gringas invasoras, se convierte en un coronel nicaragüense que está sepultado en Granada y que oye pasar permanentemente a los ejércitos... entonces son ficciones y en algunos casos hay desgarramientos que son muy personales.

Eso parece un canto a lo griego…
Ajá, exacto. Es una construcción muy ficcionada. En los últimos dos libros han sido construcciones de ficción y en este último una buena parte es sobre un migrante que se anda moviendo en partes de Estados Unidos.

Entonces tu migración a la ficción empezó en la poesía.
Sí. Eso podríamos verlo como una tentativa de mirar la realidad de una manera más inocente.

Y más evasiva...
Sí, es verdad. Es entrar en el terreno de la inocencia. Una forma de enfrentar tus demonios.

Como parte de mi oficio es preguntarte por tus demonios… No me quiero ir de esta plática sin preguntarte directamente por Salvador Sánchez Cerén, el comandante 'Leonel', tu comandante durante la guerrilla...
Sí, ajá…

Desde esa vista privilegiada, ¿cómo nos harías un breve perfil de este personaje? ¿Cómo era 'Leonel' cuando era tu superior militar dentro de las filas guerrilleras?
Te lo voy a decir de una manera muy personal… Leonel fue la persona con la que yo mantuve, a lo largo de mis 10 años en la guerrilla, debates muy interesantes de los cuales no siempre salía yo airoso, sino que la mayor parte de las veces era él el que salía airoso. Te lo voy a resumir con un ejemplo que habla de literatura: creo que era el año 1986 o 1987, yo estuve en una reunión en su zona de campamento, del común, que era en el occidente de Chalatenango. Era un día anterior al fin de año, entonces Leonel me invitó para que viéramos las reuniones ordinarias. Yo tenía que rendir cuentas a este comité periódicamente, y era Leonel la jefatura del partido, y esa vez me dijo que me quedara ahí, que iban a matar gallinas, y eso era una comida extraordinaria para la dieta que nosotros teníamos. Pero le dije que no, que debía regresar a Arcatao, que estaba a dos o tres días de camino, porque tenía una especie de presentimiento. Entonces no me quedé con ellos, me fui caminando hasta Arcatao, que es una caminada maratónica, y me fui a encontrar con que la mujer que era mi compañera de vida en ese momento, que se apodaba 'Mireya', estaba hospitalizada y que estaba a punto de perder la vida. No te voy a dar muchos detalles, pero ella murió frente a mí mientras le hacía una transfusión de sangre en un hospital de campaña, después de un operativo. Desde luego, esta experiencia fue algo muy duro para mí. Entonces yo busqué de nuevo a Leonel para decirle que necesitaba que me diera permiso porque me sentía emocionalmente muy golpeado y quería ver si me daba permiso para salirme del frente de batalla. Te voy a reproducir ese diálogo, que fue clave para esa relación:

—¿Para qué vas a salir?- me dijo

—Yo necesito escribir, voy a ponerme a escribir -le dije yo.

—¿Escribir? ¿Qué escribís?

—Escribo poesía -le dije yo.

—¿Sos un poeta? –me preguntó.

—Sí, soy un poeta.

—A mí no me consta, yo nunca he visto publicado nada tuyo. Lo que sí me consta es que sos un revolucionario porque yo te he visto trabajando aquí con todo esta gente. ¿Vas a salir del frente de guerra a encerrarte a un cuarto a estar evocando tu dolor y escribiendo cosas?... Yo mejor te hago un desafío: que actués como un revolucionario, y si sos poeta, que actúes como poeta revolucionario, escribí aquí tu poesía. Y cuando lo escribás y lo publiqués, mostrámelo y para que yo pueda decir que efectivamente sos un poeta. ¡Permiso denegado!

¿Y le hiciste caso? ¿Escribiste ahí? ¿Te funcionó la fórmula?
¡Sí! Eso es lo que te quiero decir. Después de eso no fue una relación conflictiva por el hecho de que no satisfizo mi demanda de huir de esta circunstancia…

Fue un poco cruel, ¿no?...
Sí, era cruel, en ese momento fue doloroso y terrible para mí que debía seguir haciéndome cargo de mis tareas. Mis expectativas eran que me iba a decir 'pobre hombre, ve y descansa', pero me dijo que no, y me tuve que quedar. Ahí escribí buena parte de un libro que luego publicó la Editorial Universitaria, un poquito antes de que terminara la guerra…

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