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"¡Me prohibieron hablar con hombres por seis meses!"

Lorena Peña es como un libro vivo de la historia reciente de El Salvador. Con gran sentido del humor -a pesar de la tragedia de su familia- y suma agudeza repasa episodios de su vida como guerrillera, como mujer y como miembro de una familia que terminó completamente involucrada en la guerra civil.

Fue Paty, Vanesa, América, Débora, Nadia y, por supuesto, Rebeca. "Rebeca" es su seudónimo más conocido. Y a esos nombres podrían asociarse otros quizás mucho más conocidos, como Dimas Rodríguez, Facundo Guardado o Eduardo Espinoza, el actual viceministro de Salud. Fueron sus novios. Luego de desencuentros debido a los celos y a las circunstancias difíciles que imponía la guerra, decidió hacerse "free lance", dice. Pero esos desencuentros no estuvieron carentes de consecuencias, pues las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), que se metían en la vida privada de sus cuadros, la castigaron por considerarla inmadura e incapaz de manejar bien una relación con los hombres. Ahora tiene una relación que ya llega a los 15 años, dice, y recuerda a carcajadas aquellos tiempos.

Ingresó muy joven a la lucha guerrillera, a pesar de que pueda parecer paradójico que su padre estuvo metido en la fundación del Partido de Conciliación Nacional. O a pesar de que su padre fue maestro grado 33 de la Gran Logia Cuscatlán. Es decir, fue el sumo sacerdote de los masones salvadoreños. A los 15 años ya estaba metida de lleno y en 1983 le tocó vivir desde la dirección uno de los traumas más importantes de la guerra civil para el FMLN: el asesinato de Mélida Anaya Montes, la comandante Ana María.

Sin tener duda alguna de la responsabilidad del fundador de las FPL en el asesinato, concluye que el motivo de Salvador Cayetano Carpio para matar a la segunda al mando era que él consideraba a todos los demás como unos "mocosos" y él era el divino maestro. "Él comienza a entrar en la onda del Ho Chi Minh de América Latina, con el gran culto a la personalidad". Llegado el momento en que Mélida Anaya Montes expresaba una posición contraria a la de "Marcial" sobre cómo afrontar el conflicto, Cayetano Carpio opta por el asesinato y después por suicidarse. "A él le encantaba el culto a la personalidad", asegura, aunque también recuerda al comandante que le enseñó a guardar los calzones y a quien miraba como un segundo padre.

En la Asamblea Legislativa, Peña es directiva, presidenta de la Comisión de Hacienda, la que sirve de enlace para las políticas públicas que impulsa el Ejecutivo desde el Ministerio de Hacienda o desde la Secretaría Técnica de la Presidencia.

En su casa escucha Andrea Bocelli y a Pablo Milanés, sus favoritos. “Pero todavía le doy una vueltecita ahí por Arjona porque la señora de las cuatro décadas me llega aunque ya llegue a 50 ja, ja, ja…” El último libro que leyó se llama Lluvia Negra, de Masuji Ibuse, un relato sobre la bomba de Hiroshima.

Sergio Arauz, Efren Lemus y Frederick Meza / Fotos: Frederick Meza

 
 

En su oficina en la Asamblea Legislativa, atrás, los retratos de Mélida Anaya Montes y Schafik Hándal. Foto: Frederick Meza
 
En su oficina en la Asamblea Legislativa, atrás, los retratos de Mélida Anaya Montes y Schafik Hándal. Foto: Frederick Meza

Durante la guerra, algunos de ustedes que apropiaron de otro nombre para usarlo como seudónimo. El suyo...
Paty.

¡¿Cómo?!
Ese era mi seudónimo, pero ese seudónimo me lo puso el que fue mi primer jefe, ¿verdad? Después de usar Paty cierto tiempo y como no lo había escogido yo, pedí permiso para escoger yo mi nombre. Entonces, nosotros teníamos una idea de que la revolución era en Centroamérica y por eso me inventé Rebeca, por “rebelde centroamericana”.

¡No era porque se trataba de un nombre bíblico, entonces!
¡No´mbre! Rebe-c-a. El problema fue una vez que fui a Palestina, me hacían chiste que tenía nombre israelita, judío.

¿Y quién le puso Paty?
Paty me puso el compañero Félix, que se llamaba Rafael Ávalos, él murió en las cárceles de la dictadura en 1977. Me duró como dos años y medio o tres. Después me llamé Rebeca, pero Rebeca se quemó.

¿Cómo que se quemó?
O sea que algún desertor o alguien así decía que había una Rebeca, que era grande, narizona, no sé qué...

¡Ah, la quemaron!
Ajá, entonces Rebeca quedó como mi seudónimo oficial pero yo en occidente, en el 81, me llamaba Nadia. Y después le agregué Palacios, cuando murió mi cuñada, Gloria Palacios, que cayó en combate, entonces fui Rebeca Palacios. Pero en occidente hubo un tiempo que me llamé Nadia. Y en los colectivos obreros, en el año 78, me llamaba Débora, y en el volcán de San Salvador, cuando se puso bien fea la cosa y buscaban una Rebeca, me puse América, y luego cuando me volvieron a llamar a Occidente para el 89, entonces me llamé Vanesa. Pero siempre fui Rebeca.

¿Y qué tan difícil era cambiarse el nombre? ¿Por qué tenían que pedir autorización?
Eso era al inicio, ya después éramos más autónomos. Quizás, no sé, yo era novata cuando me llamaba Paty. Me imagino que así estaría codificada y si yo empezaba a usar otro nombre y no les avisaba no podrían ubicar que esta combatiente que se llama Paty es la misma que se llama Rebeca.

¿Cómo hacía para manejar tantos nombres? Yo no sabía que tenía tantos nombres, me imaginaba que era un par, lo más, pero no tantos.
Nooo, era para despistar al enemigo.

Digo, es que… yo tengo un par de apodos y…
Mire, el instinto de seguridad y de sobrevivencia es poderoso, porque por ejemplo, si en algún local ante la vecindad yo era una señora recién casada, le prometo que actuaba como recién casada.

¡Además tenía que desempeñar otros roles!
¡Claaaro, ante los vecinos! Una vez atendí a un colectivo médico, y entonces se les ocurrió -porque el que había alquilado el local era médico-, “entonces vos también sos médica”, me dijeron. El problema fue...

(Una voz suave de mujer interrumpe la plática. “Encontré esto”, dice. La persona que habla trae fotografías y todos se asombran, incluso Lorena Peña, quien a lo mejor se ha reconocido en una imagen de sus años mozos. “¡Ah, está bonita!”, dice. Y entonces sigue contando la anécdota de cómo fue médica).
El problema fue que la señora que nos alquilaba de día a la par tenía a la hija embarazada, y un día que solo estaba yo, ella vio la luz encendida y dijo: “Veeenga, yo creo que mi hija ya va a parir”. Y yo, ¡pan!, me pasé al otro lado, ¿pero cómo podía decir que no era médica? Iba a entrar en sospecha.

¿Y entonces?
Estaba la mujer ahí pelada con la gran panza.

¿Atendió un parto?
No, en ese momento llegó la compañera Meztli, que también la mataron los escuadrones de la muerte en el 81, una mujer guapísima, ella era como una indígena guapa, y se llama Nelly Cacao. Llegó la Meztli, entonces ella la atendió. Eso era a media cuadra del Cuartel San Carlos. Ahí tuvimos un local como por año y medio.

¿Y era un punto estratégico por estar cerca del cuartel?
Sí, pero no por el cuartel, sino porque fue el que hallamos, ahí lo que estaba era el colectivo de sanidad militar de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), ahí estaba el doctor Espinoza (el ahora viceministro de Salud), estaba...

O sea que llegaban disfrazados, je, je.
¡Algo!

Y teniendo enfrente al contrario, ¿nunca hubo algún roce?
No, teníamos unas normas muy estrictas, por ejemplo, no llegábamos en grulla.

¿Uno por uno?
Uno por uno y espaciados, y los que tenían la responsabilidad, los que daban la cara por el local no estaban quemados. Eso fue en el 78.

Nosotros comenzamos preguntándole por qué Rebeca debido a que...
Por “rebelde centroamericana”. ¡Lo máximo, no me digan que no!

Ja, ja, ja. Ahora, usted viene de una familia donde los tres hermanos y su papá eran guerrilleros. Casi que todo el núcleo familiar.
¡Sí! Y mis papás se conocieron clandestinos en la lucha contra Martínez.

O sea que fue su familia una productora de guerrilleros, je, je.
¡No, de transformaciones! Era una familia vinculada a la democracia de su país.

Pero cuéntenos eso, de su familia y su infancia en el sentido de que...
Mire, mi papá era de los militares jóvenes que se alzaron contra Martínez.

¿En la huelga de los brazos caídos?
Antes, porque el golpe fue fallido.

¿Qué rango tenía su papá?
Era teniente cadete. Él tuvo a su cargo tomarse la aviación, y se la tomó, pero luego el golpe falló y entonces fueron condenados a muerte, y entonces hubo fugitivos. Entonces mi papá huyó hasta la isla del Jobal, ahí anduvo con un tío de Orlando de Sola y ahí mataron a otros de los De Sola. Entonces, después de una gran vuelta que dieron se atravesaron el lago a nado. ¡O sea, es una gran película! La cosa es que fueron a parar a la finca de mi tío abuelo que, supuestamente, quedaba lejos pero es ahí en La Rábida, se llamaba finca El Retiro, ahora es la colonia La Campiña. Entonces, en esa finca, mi tío abuelo tenía una sobrina bien guapa, jovencita, que le llevaba la comida hasta el monte a los que estaban ahí. Esa era mi mamá, y así se conoció con mi papá. Claro, mi mamá aclara: “Desde que fuimos novios, él ya no se pudo esconder ahí”.

¿Y ella era…?
Mi mamá era secretaria pero también era del movimiento de la huelga, ella participó activamente en la huelga, ¿verdad?

Entonces, cuando su papá comenzó a ver la guerra, ¿ya estaba en…?
No, le voy a contar. De ahí, fundaron el PCN con la mayoría de militares.

¿Su papá  fue fundador del PCN?
¡Claaaro que sí! ¡Por supuesto! Íntimo amigo de Julio Rivera. Entonces, mi papá agarró proyectos… Cuando triunfó Julio Rivera, mi papá se convirtió en gerente del Instituto de Vivienda Urbana. De esa época es la colonia Santa Lucía, la colonia Libertad, de esa época es la colonia Zacamil, tanto la parte obrera como la parte magisterial que le llaman, que eran sistemas de ayuda mutua. Es que mi papá tenía una onda como algo socialdemócrata.

¿O sea que su papá era burgués?
Nooo, pequeño burgués. Porque no era propietario de medios de producción, mi papá no hizo testamento, todo lo que tenía se lo dio a mi mamá: “Tome, india”. Mi papá ni papeles tuvo que hacer, mi papá era lo máximo. Era súper súper chévere.  

No, pero digamos que era una familia…
Acomodada, poco acomodada sí. Cuando iba a ser el recambio de Julio Rivera mi papá se metió a la campaña por un señor que le decían el Cacho Rivas.

¿Campaña presidencial?
Pero interna dentro del PCN.

Ajá.
Entonces, Julio Rivera llamó a mi papá, según contaba él y mi mamá después, y le dijo: “Peñón” –porque a mi papá le decían Peñón, por Peña—, ya no sigás en eso, ya los gringos me dijeron quién va a ser. Le toca a Fidel Sánchez Hernández”.

Je, je, je.
Entonces, mi papá renunció al Instituto de Vivienda Urbana, renunció al PCN y se salió. Impusieron a Fidel Sánchez Hernández, ganó, y a mi papá lo vetaron para cualquier empleo por varios años. Pero mi papá era también buen agricultor y si no tenía un gran trabajo, tenía un pequeño trabajo. Él, o ganaba para los chicles o ganaba para mantener a la familia, pero acostado nunca estaba. Entonces, sus amigos que tenían fincas le daban para que dirigiera fincas. Una gran hambreada, solo el negocio de mi mamá funcionó durante ese tiempo…

¿Qué negocio tenía su mamá?
Mi mamá tenía una tienda de abarrotes, volados de piñata, dulces, gaseosas…

(A lo largo de la plática, en los momentos en los que parafrasea a su mamá, Lorena Peña cambia su tono de voz. La convierte en una voz con aire diplomático, como de mujer que pronuncia todas y cada una de las letras eses) …“menos cervezas porque se las quieren tomar”.

Ja, ja, ja. Casi medios de producción.
“Menos cervezas porque ya ahí llegan y te dicen: ‘acompáñeme, señorita’." Ja, ja, ja. Mi mamá tiene sus toques, así que “todos menos cervezas porque ya se la quieren tomar con vos”, me decía.

Eran de clase media. ¿Y cómo es que la familia entera se mete a la guerrilla?
Vaya, le voy a contar. En eso, aquí se fue complicando toda la situación. El PCN fue lo que sabíamos que era.

Surgió el PDC.
Sí, surgió el PDC, a mi papá le caía bien el PDC pero tampoco era tan activo de ellos. Y él se fue reorganizando a trabajar en cosas agrícolas, sembraba, y vendía cosas: melones, sandías, frijoles, maíz. Mi papá era muy activo en la agricultura también, y mi mamá en su negocio. Ah, también mi papá puso una fábrica que quebró porque el socio le robaba todo y la solución que hizo mi papá fue dejarles la fábrica a los trabajadores. Es más interesante hablar de mi papá que de mí si ya nos vamos a los detalles, pero bueno, la cosa es que surgió el PDC, mi papá estuvo muy a favor del PDC.

¿Qué edad tenían ustedes?
Yo tenía 15, entonces mi hermana mayor 18, la de en medio 17.

¿La de en medio quién era?
Ana Margarita.

Ana Virginia…
No, una es Virginia y otra Margarita. Mi hija lleva el nombre de las dos por eso es que se llama Ana Virginia.

Ana, Virginia, Felipe y Lorena, la menor.
Sí, entonces, lo que te quería contar es que cuando fue el gran fraude contra Duarte… ¡Ah!, a todo esto, mi papi era el maestro grado 33 de la Gran Logia Cuscatlán.

(Todos nos quedamos en silencio unos segundos ante esa frase, asombrados). ¡Noooo! ¿En serio?
Sí, mi papá…

O sea que es tradición en el PCN estar en una…
Mmmm, no eran todos del PCN entonces. Pero mi papá fue maestro de Larios, de Hernán Contreras... de un montón, porque era el máximo, el 33. Tenía un delantal blanco con un volado azul, y nos caía mal porque mi abuelito era bien católico.

¿Se ponía un…?
Se ponen un su asunto, tienen su uniforme, y su anillo con la g del gran arquitecto del universo con un transportador y un compás, y todo ese rollo. Entonces, en ese lío estaban cuando empiezan a organizar el golpe para restablecer a Duarte, que había ganado, y que no llegara Molina, pero todavía estaba Sánchez Hernández. Para esa fecha era ministro de Agricultura don Enrique Álvarez Córdova, y mi papá había aceptado trabajar con el gobierno de nuevo, pero encargado, para variar, del proyecto de lotificación rural y pequeñas parcelas de ordenamiento y riego en San Andrés y allá por La Libertad. Mi papá era como el gerente del Ministerio de Agricultura, y mi mamá estaba feliz, la vida transcurría con calma.

¿De qué año estamos hablando?
72. Pero resulta que mi papá se metió al golpe de Estado contra Sánchez Hernández. Esa vez a mi papá le tocó la toma del telégrafo y se tomó el telégrafo pero ya para esa época ya mi hermano ya no creía en esos cuentos, y mi hermano y mi hermana mayor estaban en la guerrilla, clandestinos.

¿En las FPL?
No, Virginia en el ERP, y Felipe en las FPL.

¿Ellos estaban en la Universidad?
Sí.

¿Qué estudiaban?
Felipe, Economía; y Virginia, Física.

¿Eran del Grupo?
No del Grupo, era como unos dos escalones más abajo. Lo que te quiero contar es que según mi papá era la mejor pensada porque iba a hacer el atajo a la guerra civil, él la miraba venir, y se metió al golpe, pero bueno, Mincho Mejía no quiso bombardear los cuarteles, no hizo uso correcto de su fuerza y, finalmente, el golpe fracasó. Entonces…

Su papá fue un golpista fallido, je, j e, je.
¡Ah, cabal! Sí, pero un revolucionario victorioso.

 

 

¿Cómo fue el salto a la guerrilla?
Cuando muere mi hermano.

Su hermano y su hermana ya estaban, ¿y usted?
Yo entré en el 73.

¿En qué año muere su hermano?
En el 75, entonces a él lo empiezan a perseguir... y yo en México.

¿Y su mamá?
Mi mamá aquí. Para todo eso ya había nacido mi hijo Vladimir que estaba de visita donde mi mamá y ahí quedó porque la Policía cercó la casa cuando mis papás reconocieron a mi hermano, yo dejé de ver a Vladimir solo esa vez como dos años,  porque ya no nos pudimos acercar y nos seguían como que era anzuelito el pobre Vladi. Entonces mi papá ya estando en México llegó a la conclusión de que él era el hombre de la casa y que solo las mujeres, mi mamá acá, y nosotras en la guerrilla. Entonces dijo: yo también me voy para la guerrilla.

¿Qué edad tenían su papá?
En el 78... ahí tenía 56, un año más de lo que yo tengo ahora. 

Ya. ¿Y quién lo reclutó?
A él lo visitó Douglas (“Douglas Santamaría”, seudónimo de Eduardo Linares, ex director del cuerpo de agentes metropolitanos de San Salvador y hoy director del Organismo de Inteligencia del Estado), lo visitaba porque Douglas salía a hacer no sé qué a México. Douglas lo reclutó con Marcial.

¿Marcial?
Síííí... Entonces mi papá se fue para La Habana, fue para actualizar, allá se juntó con otros compas, unos campesinos, de todas partes, hicieron un colectivo con ellos y mi papá entonces se vino a incorporar a la guerrilla. Pobrecito, lo camuflaron todo, se miraba bien chistoso, pero se vino y vino al Estado Mayor de Operaciones de las FPL.

Tenía una hermana del ERP. ¿Cómo llevaron eso en la familia?
Con lo de Roque ella corta.

¿Y se hace FPL?
Se hace FPL.

¿A usted quién la jala?
Mi hermana mayor, Margarita.     

¿Nunca la llamaron?
Imposible, ellos (hermanos) estaban en la Universidad y yo tenía 17 años, no había llegado. Yo estudiaba en el Sagrado Corazón, estaba lejos de donde se hacía la gran política, no me metí al movimiento estudiantil, me metí de un solo a la guerrilla. Era misionera en el colegio, por esa vía yo trabajaba con los curas belgas que luego expulsaron, con “Eugenia”, María Castillo (Ana María Castillo, una combatiente de origen nicaragüense que murió durante la ofensiva de 1981 entre San Martín y Sonsonate), ahí los conocí, eran movimientos católicos completamente.

¿Cómo se llevaban entre ustedes los hermanos?
Maravillosamente.

Sus tres hermanos guerrilleros…
Nos llevamos cinco años cada uno... pero nosotros crecimos en grupo. Tuvo cuatro y se esterilizó, mi mamá suspendió las pachas cuando yo tenía dos, y Felipe tenía siete, era todo en grupo.

¿Y su hermana Virginia por qué decidió meterse al ERP?
Era novia de uno del ERP.

¿Quién era?
Se llama, está vivo, Jorge González, pero no el Mágico. Es un hombre bien lindo, ingeniero químico, muy buena gente, pero ella tocaba guitarra y él no le comprendía eso… porque tocar guitarra era su onda, componía, escribía poemas y tocaba guitarra.

¿Cómo fue eso que su hermana corta con el ERP por el asesinato de Dalton?
Es que ahí tenían una forma de ver las cosas, pero nosotros éramos un clancito, en mi casa se discutía de política desde que yo tengo memoria, desde chiquitita, además un sentido de la ética. Entonces, todo eso no compaginaba con lo que estaba pasando en el ERP, y cortó, y buscó contacto con nosotros.

Cortó por la muerte de Roque Dalton.
Sí, yo tenía meses de no verla.

¿Y cómo vivió eso?
Nosotros desde afuera. No estábamos en el ERP.

Pero el juicio.
Le tocó a mi hermano enterarse, era el segundo jefe de las FPL. Además y yo andaba en La Habana. Contactaron a mi hermano y nos dimos cuenta de que andaban persiguiendo, andaban emboscando a los que eran del ala de la Resistencia Nacional. Por el otro lado, el ERP, para ganar oxígeno, informó a mi hermano de que habían capturado a unos que eran agentes de la CIA.

¿Su hermano no creía y usted no creía?
Mi hermano nos contó después, y Marcial también, que mi hermano les planteó: miren, ¿cómo saben que es agente de la CIA? ¿Dónde están las pruebas? ¿Y él ya confesó? Le dijeron que pruebas así no le podían dar, que él no había confesado. Entonces mi hermano les planteó que las FPL querían saber cómo iba a ser ese juicio, además, pidió que pararan las persecuciones contra los otros, además eso le podía dar daño a todos, a todo esto les prestó casas de seguridad a los otros.

¿Para que se escondieran de sus propios compañeros?
Ajá.

¿Su hermana no fue perseguida en ese momento?
No, la tenían congelada, decían que la relación con nosotros la volvía poco confiable, pero no se la quebraban porque sabían…

Por ustedes.
Ajá, además era increíble que ellos dijeran que era oreja. Así fue la historia.

Oreja de las FPL… ja, ja, ja
No, no, no, no funcionaba así, no era tan fácil, tenías que decir que era de la CIA. A mi hermano le pusieron hora y lugar para llevarlo al local donde iba a ser el juicio, y cuando fue donde el contacto, le dijo: mirá, ya no va a haber juicio porque ya lo ajusticiamos. Hasta me he preguntado haciendo memoria cuándo fue que me lo contó Felipe, yo no era de la dirección. Después de eso nosotros amenazamos con hacer pública nuestra posición, todo lo que sabíamos, si no pactábamos un divorcio civilizado y cesaba eso... fuimos parte de la separación de ellos, se pactó.

¿Y su hermana?
Ella se les vino, ya cuando oyó toda la información se les vino, se fue a meter a mi casa y dejó recado de que si nos miraba a uno de nosotros que ella quería contacto, ella tenía sus bases de apoyo algo clandestinas, ella tenía sus casas ahí, que nadie sabía, todos teníamos de esas, así fue como solo chequeaba en casa a ver si alguno de los hermanos aparecíamos, y fue cuando mi mamá me dijo: mirá, vino tu hermana, me dijo que iba a estar llegando a tal esquina, que quiere ver a Felipe, entonces Felipe fue. Pero mi hermana estuvo en observación, como un año, para ver si se había liberado de las influencias ideológicas del ERP, un año entero.

Casi presa.
Ja, ja, ja, pero hablaba con su jefe, y salía algo, pero tenía que leerse cosas. Prohibido no sé qué diablos, lectura a fondo de los postulados de las FPL, lectura... ella era brillante, en ese año elaboró tontería y media, todo útil, se metió a reflexionar, a escribir sobre política de masas.

¿Y por qué la congelaron en el ERP?
Por sus hermanos y la relación, claro. 

Hubiera sido como el caso Lil Milagro…
No sé, no te sabría decir, además, el novio no hubiera dejado que la mataran, no creo, era el yerno más querido de mi mamá.

Mire, y su primer novio, el que le dio el primer beso…
Se llamaba Lenin.

¿No era el comandante Dimas Rodríguez?
Fue el segundo novio. El primero se llamaba Lenin Campos, era el hijo de un señor que estaba en el Partido Comunista, estaba en movimientos católicos, pero se fue rápido, solo nos hicimos novios y a los tres meses se fue a curso de teología de la liberación, a Chile.

Pero yo leí -revise en su memoria- que el primer beso se lo había dado el comandante Dimas Rodríguez…
El primer hijo tal vez, ja, ja, ja y también todo lo que implica, ja, ja, ja...

¿Y cómo era su relación con Dimas?
Era bonita, yo trabajaba siempre con las cosas religiosas en la Comunidad 22 de Abril, ya me estaba reclutando mi hermano, pero no estaba reclutada. Yo trabajaba con el padre Américo Cruz, que está en Estados Unidos. Me cuidaba de un promotor de la alcaldía. Yo ya decía que el PDC era reaccionario, y el promotor la verdad es que era un demócrata progresista, entonces no le gustaba que en su patio donde él trabajaba se había metido un grupo que no controlaba: era Dimas. Entonces se las ingenió para caernos, así nos hicimos amigos, después nos hicimos novios, después yo lo recluté para las FPL.

Ja, ja.
Dimas, después de Leonel, llegó a ser el jefe más connotado de nuestra organización, segundo jefe de las FPL, de nosotros.

Su hermano era importante.
No estuvo en la guerra, murió en el 74. Mi hermano decía "aquí hay que tener una visión topográfica del marxismo".

Mire, estaba leyendo una carta de suicidio de Marcial, una historia de película... vi una historia de una radista…
Lo de la radista es... Mira, anda circulando uno que dice que en el 81 murieron, pajas; segunda gran paja: que desde que se murió Marcial deshicimos todas las tropas, pajas...

Yo leí algo de un mensaje que le llegó a Salvador Guerra de que se fuera a Managua.
Es la misma mentira. Una gran pajera. Cien por ciento segura. Primero que Marcial estaba en Libia. Ahí no teníamos comunicaciones, primer capítulo. Chamba estaba en el Frente, no pudo ser un telefonazo. Para mí fue muy duro, porque después de mi papá, yo a él (a Marcial) lo miraba como un padre.

¿Usted creyó todo?
No, ya te voy a contar por qué. Él me formó a mí, después de Félix, que murió, yo pasé a atender el sector obrero, y Marcial me atendía personalmente, me dio unos seminarios de lujo. Me dio individualmente en varias semanas, la historia del movimiento obrero sindical, de ahí otro seminario personalizado sobre los métodos y la dinámica de la lucha sindical, las normas de seguridad, cómo organizar una agenda, pero no la agenda de una reunión sino de tu vida y me la revisaba cada semana, cada semana, bien me acuerdo yo.

Tenía que ver su formación...
Cada semana, bien me acuerdo yo, las cosas que de acuerdo a su plan principal no deben dejar de hacerse, cuáles son, ok, prográmese, esta semana, la otra, la otra y así, las cosas que le siguen en el tiempo que le sobre de esto, prográmelas. Y de ahí lo que quiera, pero primero esto y cada semana va marcando y me va contando lo que ha hecho y lo que no ha hecho, y me va a contar... me revisaba el closet, para que te hagás una idea de mi relación con Marcial, yo era una bicha, vea, y no, no, no, aprenda de la compa Ana María.

¿O sea que con Ana María se llevaba bien?
Súper amigas también, aprendan de la compa Ana María…

En esta imagen descansa con su hermana Virginia, en el frente paracentral.
 
En esta imagen descansa con su hermana Virginia, en el frente paracentral.

 

¿Usted qué edad tenía cuando conoció a Ana María?
19 años.

Ok, pero nos estaba contando de Marcial.
Les contaba de la organización y las enseñanzas, hasta cómo ordenar nuestras cosas: sus cositas íntimas en el de arriba, sus pantaloncitos en el de abajo, aquí, porque si usted no ordena esto no va a tener ordenada su vida. Comienza con el cuarto, que no sé qué, o sea que yo sí tenía una relación muy cercana con él y después fui la encargada de salud de él, yo le coordinaba su equipo médico porque tenía varias dolencias: asma...

... Diabetes...
... Diabetes, pero le estalló el hígado, que es más peludo, cuando estaba en la clandestinidad. Yo me encargaba de su equipo médico, del hospital donde lo teníamos que meter, de la leyenda, de todo...

¿La leyenda?
Quién era, cómo se llamaba, qué estaba haciendo ahí, esa era la leyenda. La historia completa de quién es este, de cómo se conocen, cómo pago yo, todo, todo el cuento, la documentación.

Es decir, el teatrillo para que lo atendieran.
Entonces de toda esa tontera me encargaba yo, entonces yo le tenía un gran aprecio, la verdad. Él tenía el mismo nivel de argumentación de Schafik y la misma lógica, y es normal porque son de la misma escuela.

Son Partido Comunista.
No, y una escuela, no todos los PC son así. Es que, ajá, dos más dos son cuatro, más dos son seis...

... Y cualidades discursivas.
Y coherentes, o sea que al discutir hay que ir premisa por premisa votándola, no solo decirla, no es así, por eso yo tenía empatía con Schafik también porque hacía clic por eso.

¿Y cómo era la relación con Ana María?
Más chera, es que Ana María era como mi papá en el fondo, bien densa porque era una mujer muy densa.

¿Y entre Marcial y Ana María cómo era la relación?
Aparentemente era normal, el problema que te quiero explicar es el siguiente: yo creo que hubo un quiebre entre esta generación que él formó con Mélida, pero más que todo él... Cuando nosotros nos vamos a los frentes de guerra, por necesidades a él le toca ir a Managua y es correcto, nosotros quedamos en los frentes de guerra, y en Managua les caen desplazados, intelectuales, refugiados y algunos que nosotros habíamos mandado, y comienza él a desligarse de su origen que éramos nosotros, digamos, ya para estos efectos y esta realidad y comienza a entrar en la onda del Ho Chi Minh de América Latina, o divino maestro, con un gran culto a la personalidad. Por otro lado, la construcción de las FPL estaba basada en que los demás no servían.

¿Cómo los demás? ¿El ERP...?
... Claro, el ERP y todos esos no servían, ¡nosotros representábamos al proletariado, papá! Y a la alianza obrera campesina como alianza fundamental, con hegemonía proletaria, que juntos íbamos a discutir al resto de fuerzas motrices de la revolución.

Ese fue el gran pleito con el ERP, ¿verdad?
Y con todo mundo, al final. Entonces cuando aquellas fuerzas empiezan a evolucionar en el ochenta, un poco antes, y a dar muestras prácticas hacia la unidad, nosotros inteligentemente con él concurrimos a ese esfuerzo, pero en el entendido de que nosotros íbamos a hegemonizar aquello, ¿ya? Entonces, él, más aferrado a ese liderazgo individual que ya tenía sobre los mocosos que éramos nosotros, a ir a discutir con Schafik, a ir a discutir con Villalobos, que no estaban subordinados a él...

No lo respetaban para...
Cómo no, si lo nombraron... fue el primer coordinador de la comandancia.

¿Y Schafik no discutió eso?

¡No, si era indiscutible, nosotros éramos indiscutibles ahí! El problema es que él no dio el salto a comprender el proceso de colectivización de la dirección, por un lado, y por otra parte la política de alianzas y de unidad no las terminó de digerir. Y además fueron personalizando en él la dirección proletaria. Es que nosotros representábamos al proletariado y él nos representaba a nosotros, entonces, ¿quién representaba al proletariado? Él. Y se fue desarrollando un fenómeno de culto a la personalidad porque ninguna discusión ideológica te explica lo que pasó al final. Esa es la onda del culto a la personalidad.

¿Él la retomaba o rehuía de eso?
No, a él le encantaba.

¿Alguien se lo dijo?
Claro, es que él me mandó llamar antes del 83, en enero, un poco antes de que muriera me llegó un mensaje: “Rebeca, ¿cuántos años tiene ya de no ver a su hija? Estábamos pensando que debe salir una semana a ver a su hijo y además venirse a Managua a hacerse un chequeo”. Me fui yo contenta, dejé a Linares ahí encuevado y me fui.

¿Eduardo Linares estaba en la misma jerarquía que usted?
En la misma jerarquía, pero él estaba peor que yo porque Linares se crio como desde los cinco años con Marcial, ese estaba... era más antiguo porque él viene de las filas del sindicalismo, su mamá era una sindicalista destacada que le daba pantalla y leyenda a Marcial en tiempos de los sindicatos, ese es más exagerado todavía, él les contaría más, creo yo. Entonces, ahí, en Managua, él me presentó una visión de la realidad, o sea en realidad él me había llamado para presentarme su visión de la problemática del FMLN.

¿Qué visión era?
Que estaban por la negociación, que no estaban con el proletariado, que no querían seguir la guerra, que no sé qué, que no sé cuánto, montón de cosas...

¿Y usted no pensaba así?
No, yo iba con otros problemas: que tenía ya como tres meses que yo le daba informes de falta de zapatos, de falta de explosivos y de tiros, y él me mandaba discursos de la línea ideológica y de la unidad, y él era mi jefe, yo ya había cambiado, yo tenía tropa a mi cargo.

Tenía otros problemas y otra realidad.
Exactamente. Entonces me daba igual... ¡es que me daba igual!

No era un debate filosófico.
Yo le decía: Mire Marcial, el asunto está así, que yo le he mandado este parte y el otro y el otro, y necesito para esto, y las emboscadas son de este modo pero yo necesito para material, y en eso de la unidad yo no sé cómo haríamos, le decía, porque al otro lado están los del ERP y con ellos choca el ejército antes de llegar conmigo...

¿Y dónde estaba usted?
En San Vicente, en la paracentral. Sí, yo tenía una idea muy práctica de cómo estábamos viviendo aquí la coordinación con las otras fuerzas y no tan sectarias.

¿Y Ana María en qué andaba en ese momento?
Ana María se la habían jalado para allá porque en la comandancia había que tener dos, y Ana María era la segunda responsable, entonces ella estaba por apoyar una estrategia política diplomática que le diera acompañamiento a la guerra porque toda la discusión real de la negociación no se dio cuando Marcial, se dio en el 90, hasta antes era táctico para el gobierno y táctico para nosotros.

En ese momento, ella pensaba que había que hablar…
... Y que había que seguir en la unidad. Marcial quería que rompiéramos, ese era el fondo de la propuesta.

Eran dos pensamientos totalmente diferentes.
Totalmente antagónicos, pero yo no tenía comunicación con Mélida para ese tiempo.

¿Y cómo fue lo del asesinato, cómo se explica ese nivel de decisiones?
¿La entrevista es sobre Marcial o sobre mí?

Es que me llamó la atención eso... su cercanía a él a tal grado que usted dice que él era como su papá...
Yo regresé del frente ya preocupada y le fui a contar a Douglas: “Mirá”, le dije, “fijate que no me dijeron nada de las armas, no me dijeron nada de los tiros, no me contestaron del explosivo, no nos subieron el presupuesto”, y aquí estábamos comiendo corazón de matas de plátanos, no estábamos jugando nosotros, ¿me entiende? Por eso no estaba para filosofías, ni que me dijeran que si la guerra sí, que si la guerra no, sí yo estaba en guerra… no sé, no sé si me doy a entender. Entonces, recuerdo que Douglas pidió un yatagán (un cuchillo) y me dijo aquí solo vos y yo nos vamos a quedar, pero nos vamos a quedar, pase lo que pase.

Medardo González también estaba adentro.
Todos estábamos adentro, es que ese es el tema, todos estábamos en el mismo cuento. Unidos, que criticando los vicios pequeño burgueses, pero decíamos, púchica, aquí hay una estrategia de alianzas que nos está permitiendo enfrentar eso y el FMLN es un factor de victoria y lo hemos trabajado con Marcial, entonces, él me mandó de regreso bastante decepcionada porque me mandó a chequeo a La Habana y yo no sé si lo hizo de buena voluntad o qué porque de allá me mandaron, me dijeron que necesitaba relajarme, pero en realidad me hicieron un chequeo ambulatorio que estuve bien y me regresé y le conté a Douglas que estaba preocupada. Después, como al mes nos vuelven a sacar a comité central.

Lorena Peña tiene en su escritorio, como adorno, esta muñequita que le regaló una amiga.
 
Lorena Peña tiene en su escritorio, como adorno, esta muñequita que le regaló una amiga.

¿Qué es eso de chequeo ambulatorio?
El comité central de nosotros era el comité central porque nosotros teníamos elecciones internas y consejo nacional. Teníamos que salir, cada quien de sus zonas, éramos 21 y nos fuimos a Managua a discutir la estrategia del año, porque éramos bien ordenados, coyuntura internacional, coyuntura nacional, análisis de la correlación de fuerzas, análisis de la tendencia, los nuevos métodos de los gringos, la política de Reagan, la no sé qué, el campo socialista, todo un análisis para llegar a la caracterización del período y le vamos a entrar por aquí, que más o menos la conclusión fue: profundizar la guerra, reabrir el trabajo político y fortalecer la fuente diplomática y la solidaridad porque nosotros prácticamente vivíamos de la solidaridad de Europa occidental y de Estados Unidos, eran nuestros principales apoyos materiales. Llegamos a tener una vasta red en el mundo, entonces, y fortalecer el FMLN y la lucha ideológica en el marco de una estrategia de unidad.

Ajá.
En cada punto perdió Marcial, en cada punto de esa reunión. En análisis internacional, objeciones; análisis de coyuntura, objeciones... en cada punto, en cada punto él estaba en otra lógica.

¿Ana María encabezaba la otra parte?
No, pero él nos subestimó, él, yo ahí descubrí que en el fondo nos consideraba hijos de dominio y eso le costó la vida a ella, esa es la verdad. Yo ya había ido a Vietnam a estudiar, pero a él se le olvidaba que uno tenía formación.

Ya tenía sus dinámicas me imagino.
No, yo ya tenía el cuero curtido, ya tenía tres años de andar montiando, ya no era la niña a la que le dio el curso de sindicalismo, ah, y que le enseñaba a guardar los calzones, ve. Yo creo que él nos subestimó. Al final cerramos tranquilamente la reunión y decidimos irnos a cenar juntos, con unos compañeros sandinistas que nos habían invitado a todos, entonces íbamos en un microbusito, entonces, él dice: "Miren, yo quiero entregarles un documento para que lo veamos allá en el consejo", y nos repartió copia y lo empezamos a leer en el microbús. Mirá, si era la condena a muerte de Ana María, la acusaba hasta de lo más inimaginable.

De imperialista.
No, no de ser imperialista: de pintarse las uñas, de ser burguesa, de cenar con los de la unidad, una cosa increíble y el reporte revelaba que le grababa las llamadas telefónicas, además, como prueba de algo decía que en el basurero de ella se había encontrado... cuando fuimos leyendo, todos nos cuchicheamos ahí, entonces, cuando terminó la cena: Marcial, ¿sabés qué? Nos vamos a reunir de regreso. ¿Y eso? No, es que este documento no puede ir así, le dije, este documento –como todos- lo vamos analizar esta noche y vamos a tener conclusiones al respecto. Terminamos a las 4 de la mañana.

¿Estando Ana María presente?
Claro.

¡Qué heavy! ¿A qué conclusión llegaron?
Que no, que no eran buenos métodos, es que nosotros teníamos prohibido espiarnos entre nosotros, y él había espiado. Teníamos la crítica y la autocrítica fraterna y de frente, y había fallado. Teníamos la dirección colectiva con responsabilidad individual, había fallado; entonces, todo le había fallado.

Había perdido punto por punto.
Todo le había fallado porque él no fue capaz de decir yo ya hablé con ella, ya le expliqué, no me hace caso, nada.

¿Entonces, ya había un conflicto entre ellos?
Es que Ana María no compraba pleitos personales.

¿Eran cuestiones ideológicas, de guerra, no?
Sí, pero ella era una mujer muy libre, tranquila, ella no se imaginaba el lío, por ratos decía que estábamos exagerando en la misma reunión, porque nosotros espantados, cipotes, entonces acordamos decir que no estábamos de acuerdo con el contenido, con el procedimiento, con no sé qué diablos y todo lo que había que sacar y que los exhortábamos a sentarse a platicar para resolver esas diferencias y que con esa resolución con todo gusto lo llevábamos al consejo nacional, él iba frito.

Doblemente derrotado se podría decir.
No, por lo demás no, porque a Leonel a veces le ganamos pleitos y se queda solito y después dice "ajá, entonces, de acuerdo con lo que hemos acordado..." ¡Hasta cólera me da con Leonel porque yo creo que nos va a boicotear, pero no, nunca nos boicotea! Yo estoy preparada para su boicot y él está de acuerdo. "Han dicho esto y esto y esto, y vamos a entrarle y le vamos a entrar", y se pone a la cabeza.

¿Se frustró Marcial?
Es que él tenía unos sus asesores que daban grima que hoy ninguno, muy poco… tenía un su séquito de babosos ahí que nosotros va de reírnos porque nosotros teníamos cara de refugiados, así todos hechos mier... entonces nos daban cenas porque nos hacían fiestas, los que estaban ahí con él, unos babosos bien gordos, bien felices.

¿Y Marcelo?
Marcelo (su verdadero nombre es Rogelio Bazzaglia, jefe de seguridad de Marcial) fue el otro que votó con él, en toda esa discusión el que se quedó defendiendo la posición de Marcial sin hablar, pero que dijo "Yo apoyo lo que él dice", así simplemente, fue Marcelo.

¿Él la mató?
Sí, él la mató. Ya cuando nos dimos cuenta del relajo aquí, lo que hicimos fue mandar a un grupo de compañeros a que fueran a ver qué había pasado: sacamos de emergencia a Leonel, que estaba en San Salvador, y después a Chamba y a Medardo, para hacerse cargo de la situación. Conforme ellos salían nos llegaron informes de que Marcelo, que estaba a cargo de la situación, había girado instrucciones de que nadie debía dar ninguna colaboración ni información a los investigadores de los sandinistas. ¿Pero por qué?, decíamos, y todos nosotros desde los frentes: no, que colaboren, si esto se tiene que aclarar, si estamos infiltrados o qué diablos pasa porque... ya cuando llegaron los compañeros, ya ellos dan fe de eso y ya nos mandaron el reporte tal como fue. Yo no dormí creo que cinco noches. En el frente, mirando la champa para arriba, no lo podía creer...

¿Y usted lo creyó al final?
No desde el inicio, no me cabía. El informe es claro, además, cuando al consejo famoso vinieron con los escritos de Marcial  que eran de su puño y letra, por lo menos yo sí sé que era de su puño y letra por todo lo que te he contado, porque ahí en el archivo de él se halló mucho más y lo han traído clandestinamente, simplemente para enseñárnoslo, porque Leonel es acucioso y a mí no me van a dar paja: era el puño y letra de Marcial.

Entonces volvamos a usted.
Sí. Entonces pasé como 15 días diciendo quién soy yo, porque él me formó. ¿Con qué me quedo y qué descarto?

¿Y quedó con algo de él?
Sí, hombre, sí...

¿Y sí se suicidó?
Sí se suicidó. Se suicidó además en su casa, con la mujer en el otro cuarto, si ahí no hay pierde. Su hija y su esposa en el otro cuarto. Y él lo acepta, solo que dice que fue presionado sicológicamente, pero él dejó esa carta porque si no, las presas hubieran sido la mujer y la hija, que estaban ahí. Nos hizo ese favor, hay que decirlo, de hacerlo en condiciones inequívocas.

Extraño.
Nada va a justificar lo que a Ana María le pasó y uno en este mundo debe tener posición. Nada, nada, nada en este mundo va a justificar nunca que por diferencias ideológicas se mate a alguien. ¡Nunca! ¡Jamás!

Usted ha estado metida en el ajillo de una parte importante de la historia de El Salvador, de la guerra y del FMLN. Ahora, uno, me llama la atención… ¿cómo fue su relación personal en la guerra, de novios, en primer lugar con el comandante Dimas, con Facundo…?
Ah, esperate... la lista es larga, ja, ja… Veamos. Yo me casé con Dimas el 29 de enero del 74, y nos fuimos a vivir aparte y ya mi localito era un localito clandestino. Pero yo todavía trabajaba legalmente, porque yo empecé a trabajar saliendo del bachillerato.

¿En qué trabajaba?
Fui cajera de Cardenal y Compañía, Aserradero El Triunfo.

Pero era solo para hacer la paja, como decimos.
Sí, solo para... pero me sirvió. Después conseguí trabajo en la alcaldía del PDC aquí en San Salvador, era promotora. 

¿Con Duarte?
No, con Carlos Herrera Rebollo. Y ahí organizaba comunidades y cosas. Pero entonces nos fuimos a vivir aparte, después nació Vladimir y después murió mi hermano. Entonces Vladimir quedó con mi familia y nosotros dos clandestinos.

¿Y para casarse y tener hijos tenían que pedir autorización?
¡Para tener hijos no, ja, ja! Pero para casarse, sí... Yo me casé en la parroquia en la colonia...

Ah, entonces se casó por la iglesia.
Sí, porque entonces no te podías casar de 18 años y yo tenía 18 pasaditos y entonces tenía que obtener el permiso. Y entonces mi papá estaba muy de acuerdo, pero yo me inventé que solo por lo civil. Entonces me dijo mi papá: “Vení, dejate de mierdas: te doy el permiso pero le das el gusto a tu nana”. Y yo “Vaya, pues”, ni modo, ja, ja…

Ya no era muy católica, entonces.
Era un auge del catolicismo, no soy anticatólica. La cosa es que me casé en la parroquia de la colonia. Si yo por ser católica entr... estoy en este lío...

Ja, ja, ja… Pero cuéntenos un poco de este comandante...
¡Dimas! ¡Dimas era un tipazo, fijate… pero lo dejé! Ya te voy a contar... en el 79... no, en el 78, el 3 de noviembre del 78, ya en la clandestinidad.

Es que mantener una relación en medio de una guerra...
Es que era bien complejo, porque... él era un hombre bien buena gente. Cambiaba pañales cuando Vladimir estaba con nosotros, nada de violencia, y él se desarrolló más rápido que yo, y era lógico porque él tenía más elementos políticos y más experiencia de vida. Realmente tenía madera para ser dirigente. Entonces cuando cae Eva, cuando murieron Eva, Francisco y Antonio, yo entro en sustitución al comité central, y él ya era del comando central -así se llamaba entonces- y me empiezan a asignar tareas en paridad a las de él. Eso quiere decir igualdad, pero al ser él el jefe yo dependía de una estructura que él controlaba, entonces él sabía las direcciones de las casas donde yo estaba y los colectivos donde yo estaba porque eran parte de su estructura. Al pasar yo al paralelo yo controlaba una red, así que él no tenía que controlar ni locales ni nada. Yo salía de la casa, “adiós, amor, ya me voy”, y nada de “¿para dónde vas?”, “¿de dónde venís?”, “¿con quién estuviste?” Nada, ¡cero!

¿No era celoso él?
Cómo no, cómo no. Se hizo un gran celoso.

“¿Andás con Leonel?”, ja, ja…
No, peor que eso, porque era compartimentado todo, y eran celos de una cosa abstracta porque él no podía ver a nadie, no conocía a nadie, se fue haciendo como celoso y como dándome indicaciones constantemente, pero al llegar a un punto que a mí se me volvieron intolerables, pero yo no me separaba por Vladimir y entonces me pongo a pensar en las cosas de género, porque Vladimir no vivía con nosotros y yo estaba clandestina con Dimas. ¿Qué podría saber Vladimir? Pero el estereotipo es yuca. “Somos una familia unida”, aunque él estaba con mi mamá, yo vivía en un local... pero “somos una familia unida”. Además, yo tenía una mala imagen de las mujeres divorciadas, yo era pequeña burguesa y él dirigente campesino, entonces yo tenía vicios pequeño burgueses y por eso lo cuestionaba, ja, ja. (En este punto, Lorena parece disfrutar recordando visiones del mundo que quedaron atrás, de cuando era como una hija de dominio de Marcial, y no puede evitar hablar mientras entre las palabras se le escapa la risa) Eso pensaba yo y me hacía serios propósitos de proletarización para comprender, ja, ja, ja... para comprender aquella situación, ja, ja... pero al final creo que me fui deprimiendo y decidí un buen día que hasta aquí. Entonces terminamos en el 78. ¡Un gran drama! ¡Me prohibieron hablar con hombres por seis meses! Por sanción.

¿Quién?
Marcial.

Ja, ja, ja…
... Y los del comité central porque yo denoté inmadurez …

Ja, ja, ja…
... Inmadurez para mis relaciones con personas de otro sexo. Además... vicios pequeño burgueses porque no quise explicar la causa de divorcio. Divorcio entre comillas, porque yo ya estaba clandestina y quemada, no iba a hacer trámite, pero era un... y además me dijeron que yo podía ser hasta abortista y me echaron un montón… y dijeron que yo tenía que madurar y dejar de hablar con hombres porque yo no tenía madurez. ¡Yuuuuuuca! Pero Marcial, como yo tenía cuello, iba para Managua -acababa de triunfar la revolución sandinista y yo estaba en plena sanción- y me dijo (en este punto, Lorena imposta la voz, arrastrándola como la de una garganta cansada y vieja): “Mire, yo me he sentido un poco mal y voy a viajar a La Habana a curarme... Yo pienso que allá le va a ser más agradable la sanción. Váyase conmigo”. Entonces me fui con Marcial, ja, ja... entonces de todas maneras no hablé con nadie, porque andaba en Nicaragua, en Cuba, que no sé qué… así me eché la sanción y ni la sentí, ja, ja, ja...

¿Y hablaba con Marcial, a pesar de la sanción?
Sí, claro, es que yo luego he recapacitado y concluido que la sanción era no hablar de novios, no meterme con nadie, porque todos los que me dirigían a mí eran hombres, salvo algunas mujeres.

¿Y con Facundo…?
... No, pérese.

 

Me espero.
No, es que después yo me acompañé con Eduardo Espinoza, nuestro actual viceministro de Salud. Estuvimos acompañados cinco años, pero a mí me mandaron a un frente y a él a otro frente, cuando fue la ofensiva del 81, pero nos llevábamos bien bien. El problema fue cuando a mí me mandaron al mismo frente que él, ¿va a creer?

¡El mismo problema!
El mismo lío, con el agravante de que yo era la jefa, ja, ja...

Ja, ja, ja... era la venganza...
Ja, ja, ja... Yo no sé qué dirá él, pero trato de respetarlo y no entrar en tantos detalles, pero yo digo que era una mezcla de incompatibilidades con machismo. Era un buen tipo, pero al final tronamos. Él pidió traslado para Chalatenango y así mi corazón partido, ¡ya no lo miraba a diario, ja, ja, ja!

Ja, ja, ja...
Entonces de ahí aprendí a vivir sola. ¡Qué bonito! Aprendí a hacer mi hamaca, a hacer mi tendido, a hacer mi champa, a disponer de mi tiempo, a platicar con todo mundo, y mis grandes panas eran Medardo y Douglas. Nos hicimos hermanistiiiiillos del almaaaaa... nunca nos gustamos ni nada pero si hacía frío nos hacíamos puño e íbamos a hacer café juntos los tres... Pero en esencia aprendí a disfrutar de la soledad. Eso sí. Pero después Eduardo cayó preso y entonces yo decidí que no era justo y le mandaba un correíto, “cartas al penal” y él me contestaba tonteras... un gran indiferente, ¡ah, ja, ja, ja, ja!

Ja, ja, ja…
Pero yo tenía la pila: “Yo nunca me voy a meter con un hombre porque cuando yo lo vuelva a ver voy a dejar al hombre”. ¡Fijate! Entonces, cuando salió libre pedí permiso para irlo a ver a Chalatenango y ya no me gustaba. Ja, ja, ja... tenía tres años de no verlo y fue una gran frustración. Pero yo ya no le gustaba tampoco, así que no fue problema. Y él y Dimas, que no se querían, se habían hecho grandes cuates y me dejaban hablando sola..

Ja, ja, ja…
Y con Facundo me acompañé en el 86, durante Fénix (una ofensiva del ejército que abarcó enero y febrero de ese año), en Guazapa... y realmente duramos poco, pienso yo, porque de ahí la Ana nació en el 87 y nos dejamos en el 88. De ahí me hice free lance y esas listas ya no las doy, ja, ja...

Ja, ja, ja, ja… Mire, me llama la atención que…
... Yo tengo mi compañero, pero a él no le gusta el estrellato. Tenemos como 15 años de estar juntos.

Decía que usted fue comandante de una de las zonas que durante mucho tiempo fue como un estigma para las FPL y para el FMLN, en el frente paracentral…
... A mí me sustituyó Mayo (Sibrián). (Lea el reportaje “Mayo Sibrián, el carnicero de la paracentral”, publicado por El Faro el 15 de enero de 2007). O sea... es que ahí había pocos movimientos. Hubo un tiempo en que Douglas estuvo de jefe, otro tiempo en que yo quedé de jefa, después llegó Medardo de jefe y estábamos Douglas y yo y hacíamos el colectivo, pero cuando la traición de Miguel Castellanos (ese era el seudónimo de Napoleón Romero, miembro de la Comisión Política de las Fuerzas Populares de Liberación, capturado en abril de 1985 y que comenzó a brindar al régimen toda la información que podía. La guerrilla lo mató en febrero de 1989), a mí me mandan a Guazapa, a sustituir a Miguel, y ahí mandan a Facundo también, y a “Chusón” (se refiere al comandante “Jesús Rojas”, el nicaragüense Antonio Cardenal, muerto en una emboscada del batallón Atlacatl en Chalatenango, en 1991). Ahí hacemos colectivo y después Chusón se retira porque lo  mandan a Chalate, pero queda Medardo. A Douglas lo mandan para Chalatenango y Medardo se enfermó de un volado que no le llegaba sangre al cerebro, recuerdo, y tomaba una medicina toda rara. Entonces sale Medardo y dejan a Mayo y comenzó esa tragedia que todos conocemos.

Bueno, para seguir con el hilo de personalidades y usted…
... Ahora, a mí me molesta una cosa, se las voy a confesar: que cada vez que hablan de los sucesos del 83 nadie profundiza en Mélida. Es de manual de género. Hasta para hablar de quién la mató analizan la personalidad de Marcial, pero nadie profundiza en la brillantez de esta señora, en su visión, en su formación, en su actitud ante la vida, en su aporte a la creación del movimiento popular, el BPR, ella es una de las principales artífices de ese movimiento. Creo que siempre hay necesidad de recordar que Mélida es la primera mártir de la unidad del FMLN y la más grande estratega de lucha de masas que ha habido en este país y con distancia.

Cuando usted comenzó en las FPL, ¿qué función tenía?
Yo era colaboradora activa. Nosotros teníamos colaborador activo, aspirante a combatiente y combatiente. Entonces el colaborador activo llevaba víveres a los combatientes, también daba cobertura en locales de la guerrilla, hacía observaciones militares para preparar objetivos y colaboraba con acciones logísticas y de apoyo a las actividades de los comandos.

¿Y en cuánto tiempo logró un ascenso?
Como dos años... de mayo del 73 a allá por febrero del 75...

¿Y qué tan difícil era para una mujer tener un puesto importante...?
Es que nadie hablaba de puestos, por ahí comencemos. Nosotros hablábamos de responsabilidades, ni se llamaban comandantes. Los grados militares los dimos en el 83, cuando ya había ejército, porque antes, ¿para qué íbamos a tener comandantes sin tropa? Solo éramos combatientes, pero nadie hablaba de puestos, sino de responsabilidades. Era un poco complejo, pero menos que después, porque nosotros surgimos de una revolución cultural también.

¿En qué sentido?
Ah, en el sentido de los jipis, del amor libre, de la libertad, del pelo largo, de los estereotipos, ¡yo usé suela de llanta...!

¿Usted era jipi?
No, pero era la influencia de la época, era una época de ruptura de estereotipos, no fue una época oscura de clandestinidad nada más, entonces no se valoraba a las mujeres tan mecánica o burdamente.

¿Y ustedes cómo veían esa cultura, los roles de la mujer... me refiero a visiones como la de la izquierda sobre los jipis, sobre el rock and roll, sobre...
No, en el caso de nosotros la visión era positiva.

O el feminismo...
... Lo de las feministas era muy fuerte todavía en los años 70s.

Ni estaba el debate sobre el aborto...
No, no estaba. No, nosotros éramos gente realmente chéveres.

Porque en Cuba, por ejemplo, sucedió que...
... Sí, pero Cuba era producto de una revolución triunfante del 59...

... Donde a Silvio Rodríguez, por ejemplo, le prohibieron andar con jeans…
Sí, pero nosotros éramos otro rollo. Nosotros reivindicábamos hasta la fecha la autodeterminación para todo, nosotros éramos por definición no alineados a nada, ni pro cubanos, ni pro soviéticos ni pro chinos. Éramos muy genuinos realmente.

Quiero saber sus concepciones sobre unas cosas. Por ejemplo, ¿es pensamiento de la izquierda apoyar las causas de las minorías, como los homosexuales...?
... Ah, sí, eso es de izquierda, es que por definición.

Apoyar las luchas feministas a favor de despenalizar el aborto terapéutico...
... ¡Claro, todo lo que nos huele a opresión nos cae mal! Todo lo que huele a opresión, a exclusión y a injusticia es muy de izquierda. Además, el movimiento feminista en sus orígenes es de izquierda.

Quiero traer una pregunta que se la hicimos a Schafik, que se la hicimos a Humberto Centeno, y es esta: ¿Por qué a veces como partido la voz del partido no dice cosas como las que dicen algunas personas que forman el partido?
Es lógico, porque...

... Sobre el aborto terapéutico, por ejemplo, o el matrimonio entre personas del mismo sexo...
... Mirá, en el partido hay diversidad de enfoques pero hay una política institucional, que nosotros hemos apoyado como es la no discriminación hacia las personas homosexuales. A pesar de todas la presiones ahí tenemos en bancada la reforma constitucional. Como dijo Medardo, es un problema de conciencia, como nos dijeron que votáramos por conciencia, exactamente dije es un problema filosófico y de confianza y no podemos discriminarlos...

¿Cómo se decide en el partido el voto sobre este tipo de cosas, que lleva a posturas con respaldo institucional y otras en las que el partido libera a su...?
No, no, no libera. Por eso Medardo dijo "aquí hay línea" y vamos a votar juntos o no vamos a votar juntos y discutamos, y discutimos, entonces, si no es correcto entonces no lo hacemos.

Eso porque entiendo que para el FMLN, y sobre todo para dirigentes como ustedes que han estado en el partido desde que nació...
Claro, es que la política para mí es la manera de llevar a la práctica los ideales que vos tenés tomando en cuenta la realidad en la que estás.

Tomando en cuenta eso, y como ganar elecciones se trata de ganar votos, y dentro de la sociedad salvadoreña...
... Pero hay un límite en las cosas donde vos tenés que ver si ganar votos es ganarle a un proyecto, todo tiene su límite. O sea, yo no puedo mañana decir que sí voy a apoyar los postulados de Regina Cardenal para ganar ese voto... No lo voy a hacer porque voy a ganar ese voto para ideas que no son las que yo creo, yo creo ganar adeptos a mi proyecto, entonces hay límites.

¿Y cómo se discuten esos límites? 
En cada caso, en cada caso.

¿Qué decisiones han transformado al FMLN? ¿Qué decisión pragmática tuvieron que tomar, como posición política, que usted dice aquí creo que el partido se está transformando? No sé si me explico.
Sí, estoy meditando... tal vez el voto por el fiscal Barahona. Vaya, era Ástor Escalante o era Barahona, ¿te acordás?

Sí.
Y sin votos para poner uno que no fuera de esos. De la gran lista descartaron a los peores de los peores hasta llegar al capítulo en el que no haya Fiscalía, entonces ni modo tenemos que topar a que haya un fiscal y después tenemos que luchar para que el fiscal cumpla y es difícil y ya ves que va a haber que llevarle todas las pruebas de Maternidad y ya viste todo lo que ha pasado, pero no podíamos quedarnos sin fiscal... son decisiones difíciles.

Pero esa es una decisión reciente y que explica muy bien el sentido de la pregunta, pero decisiones que le han costado al partido, no costado pero que si han transformado al partido, a eso me refiero.
A una de las más difíciles es adoptar métodos de marketing, así como lo oís...

En la campaña de Mauricio Funes, por ejemplo.
Todas las campañas nos han costado mucho adoptar métodos de marketing...

¿Cómo métodos de marketing? ¿Qué tipo de cosas?
Es que nosotros somos de la concienciación ja, ja, ja y el marketing no es concienciación.

¿Es?
El marketing es posicionar una idea y que la adopten. Esa era mi gran pelea con Schafik, Schafik era de un mitin cada cinco minutos, "no, porque no hay diálogo y si no hay diálogo, no hay conciencia y si no hay conciencia no hay transformación", "pero Schafik, tenemos cinco mítines al día"... para mí esa fue una de las cosas que más me costó, pero que gracias a Dios, como dicen, aquí hubo un filólogo español que nos estuvo apoyando y entonces él me hizo asimilar algunas cosas que yo no entendía antes.

Para usted el Frente, por ejemplo, tiene que concienciar al militante de que lo correcto es que una mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo y en ese sentido no puede ser acusada de homicidio solo porque fue un aborto involuntario o natural.
Sí, no se puede.

O porque no se puede cerrar judicialmente la posibilidad de que una mujer decida sobre esto...
Está cerrado, cerrado por la Constitución y por el Código Penal, esa es una realidad, pero yo si reivindico y lo reivindicamos en el partido de que esa es una de la aberraciones jurídicas que ha generado más problemas a las mujeres y que ha generado más problemas de salud pública. No tenemos la capacidad para cambiarlo ahora y uno debe plantearse las batallas que puede ganar y no las que no puede ganar. Si mire, el cuerpo de uno es la primera casa que uno habita y si ni esa controla usted, ya olvídese de controlar la entrada a su casa, hombre. Es un asunto filosófico.

Y a usted, ahora, después de 30 años, ¿le gusta cómo se mira el FMLN?
Siempre hay claroscuros pero yo creo que en lo fundamental el Frente está haciendo lo correcto, creo que está esforzándose por ser un partido del pueblo, está esforzándose más por formarse más a nivel político e ideológico, estamos siendo responsables con el gobierno y con el país. Yo creo que el Frente está haciendo uno de sus mayores esfuerzos y me parece que incluso en las cosas que no cambia es loable.

¿Cuáles?
Porque nosotros no tenemos, por ejemplo, por qué ser la moda, ¿verdad? Porque la moda pasa, ¿me entiende?

¿En qué no cambia, por ejemplo?
Vaya, por ejemplo en esta definición clarísima de apoyo a la gente más pobre, sin matices y que estamos claros que buscamos otros aliados para favorecerlos a ellos y que de eso se va a beneficiar hasta los más pudientes del país, vaya eso es cierto...

¿Esos aliados son?
Ah, puede ser aquí sectores empresariales, puede ser el que quiera participar para una vida más justa para las mayorías, para nosotros está bien.

¿Mauricio Funes?
Claro, para nosotros está bien, incluido Mauricio, por supuesto. Pero es una opción preferencial por los pobres que el Frente la mantiene y no la matiza. Se mantiene como partido de izquierda, nosotros no nos andamos poniendo otra viñeta solo porque ser de izquierda suena mal o no suena bien.

¿Y declararse o no un partido antiimperialista le parece que es algo que...?
... Vaya, pero ahí hay cierto movimiento que nosotros no podemos dejar de rescatar, nosotros no estamos con una guerra de invasiones, o sea este no es Reagan y nosotros debemos saber analizar qué pasa en cada momento, si no no habría cambios en la historia. Si este fuera Reagan y Bush... pero estamos claros que no es lo mismo y nadie se atreve a decir que es lo mismo. 

Las cosas cambian.
Nosotros tenemos que tener un análisis más fino de la realidad, si no, no habría que hacer ni estrategias y me meto un casete de hace 40 años. Para mí la relación ahora con los Estados Unidos la tenemos que trabajar. Primero, porque no nos ha planteado una guerra. Segundo, porque no ha patrocinado fraudes electorales contra nosotros. Tercero, porque mientras no tengamos otras vías de financiamiento esas deben funcionar.

Interesante.
Fíjese lo que dicen los vietnamitas, a mí se me quedó grabado porque yo fui nuevamente en 2002 a Vietnam, y ellos nos explicaron su reforma y dijeron: "No podemos hacer al pueblo víctimas de nuestros experimentos teóricos". Mire, es apasionante esa afirmación porque en la teoría uno puede inventarse y desinventar, y probemos esto y probemos este otro volado aunque eso genere lo que genere en la gente. Entonces nosotros tenemos que ir analizando despacio lo que pasa. Imagínese Mauricio, tan criticado que es Mauricio, perfecto, pero la verdad es que no está gobernando Arena, por donde lo busque.

Ajá.
Que me voy a morir y no se habrán resuelto ni la igualdad, ni la equidad, ni la pobreza, por supuesto. Eso es una tarea larga, pero eso no ocurría antes.

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