Poniendo los pies sobre la tierra, de lo que se está haciendo ahorita en cine y viendo los productos: ¿hay calidad o no hay calidad?
Ahorita, si me pongo a recapitular las últimas cosas que me han llamado la atención, son unas cuatro o cinco, pero... mmmmm... Sí, ya podemos hablar de que ya hay alguna calidad. No podemos demeritar el trabajo. Cosas que me han llamado la atención: el trabajo de Paolo Hasbún (“Ecos del bajo Lempa”), el trabajo de Gerardo Muyshondt (“Uno: La historia de un gol”), el trabajo de Heinz Köbernik (“A donde enrojece el cielo”), y siempre Jorge Dalton, que es un maestro para todos nosotros. Y hay otros amigos que andan ahí intentando... claro, como en todo, en todos los países donde hay una industria hay 10 películas exhibiéndose, pero se han producido 100, 90 se quedan sin distribución y nada más escuchás de esas 10. Es bastante injusto.
Hay gente que dice: “Claro, es que es cine salvadoreño” y a veces suele ser como un “es un esfuerzo, están aprendiendo”. Por ser salvadoreño está mal hecho y como que la gente se mueve entre dos puntos: o son muy condescendientes o son muy hirientes.
Exactamente. Eso lo he vivido yo. Desde el principio quise poner muy claro de que no me vieran como “un esfuerzo”... ¡¡¡Nooooo!!! ¡Critíquenme como a una película más y dejen de hablar del esfuerzo! Igualmente le ha gustado a mucha gente mis películas, pero también tengo un montón de detractores, un montón de gente a la que le caigo mal, gente a la que, simplemente, no le gustan mis películas porque les he caído mal o les caigo mal porque no les han gustado mis películas. Eso pasa y es parte de todo este show.
¿Has pensado en crear una escuela, una asociación...
... Bueno, ahorita existe la Asociación de Cine. Me he acercado últimamente en un par de ocasiones para escuchar y ver lo que está pasando. Claro, a mí me parece que todo lo que están haciendo es muy positivo, pero creo que la mayoría de gente que está ahí, digamos, todavía no ha hecho o lo hicieron en el pasado. Siento que no se nos ha tomado mucho en cuenta a los que estamos haciendo en este momento; y, a veces, me da la impresión de que la asociación es más parte de la Mónica Herrera, aunque pueda ser que esté equivocado. Es nada más una percepción, pero siento que se tiene que hacer más. Las veces que he podido escuchar lo que están haciendo, hablan un montón y la verdad que los que más hablan, siento que son lo que no han hecho mucho. Y que me disculpen, porque ahí hay gente que me cae muy bien, pero con las que difiero a nivel profesional. El otro día lo platicábamos con este grupo de amigos, con los que nos reunimos un día a la semana y nos echamos unas chelas, por qué no hacemos una pequeña asociación para ayudarnos entre nosotros a hacer cosas. Sí es cierto que necesitamos la asociación porque necesitamos leyes que nos protejan como realizadores, como guionistas, como productores. Necesitamos esa base, por eso es que me parece positiva la asociación, pero se necesita hacer más.
Me parece interesante el esfuerzo de Muyshondt con su “Uno: la historia de un gol”.
Es interesante y fui de los primeros que lo aplaudí, porque siento que es un esfuerzo muy serio y que, además de ser un buen documental, ya el tipo lo está viendo con cabeza empresarial y es algo que aquí todavía no se había hecho, ¿no? Ahí metió un gol con el tema. Pudo hacerlo porque sabe que al salvadoreño no hay cosa que le apasione más que el fútbol... digo, no a todos, pero sí a la mayoría.
Habrá que ver qué dice la piratería cuando ya esté el documental.
Les va a encantar, vos, les va a encantar, estoy seguro.
¿Cuánto tiempo tardó en estar “Cinema Libertad” en la calle?
Siete meses estuvo virgen, ja, ja, ja, ja.
¿Cómo lograste eso?
Se cuidó un montón. Hasta hace poquito que me descuidé con una copia y me la piratearon. En Santa Ana apareció pirateada.
¿Venden “Parávolar” y “Cinema Libertad” en un dos por uno?
Yo no sé si es esa. Ya la vieron ustedes, ¿vea? ¡Hijos de...!
Ja, ja, ja, ja, ja.
¡Ay, piratas, puya, men!
En “Cinema Libertad” nos presentaste un centro de San Salvador que no conocíamos, el otro centro de San Salvador, diría yo.
Ese que no muchas veces se ve.
Y calles donde no mucha gente camina ya. O donde mucha gente camina, pero no quiere caminar por ahí.
Hay gente que me dice: “¿Y por qué se ve el centro tan solo?”, pero la verdad es que esas calles, por donde está la casa de la niña de “Cinema Libertad”, son solas. Ahí casi no pasa gente, no hay ventas. “¿Por qué se ve tan limpio?” Porque la verdad es limpio ahí, o sea ahí no hay ventas ambulantes ni desvergues, pues. Eso es más residencial. Está en deterioro, que es lo único. Hace poco una amiga artista me preguntó acerca de los espacios. Ella hablaba de los espacios a donde me ha gustado filmar, a donde he puesto el ojo, y que, pues, tienen algo distinto. Entonces le respondí que me gusta hacer míos esos espacios. O sea, veo como una esquinita, algo que me llama la atención y me gusta enfocarme en eso, ¿no? Aunque el resto, el alrededor, esté malo, esté feo. Y es poder hacerlo mío de alguna manera, ¿no?, poder enfocarme en esa esquinita, en ese pedacito de techo, en esa acera.
En esa ventana del Club Social La Dalia, ¿por ejemplo?
En esa ventana. Ajá, en la esquina.
¿Por qué te llama a vos la atención el centro?
Eh...
Si vos sos un bicho de colonia de arriba.
No, yo soy un bicho de Lourdes, Colón, ja, ja, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja.
Fijate que no sé, a mí la verdad que el centro de San Salvador me parece la zona con más carácter, con más personalidad de San Salvador. Pongamos una cámara aquí en la Escalón y se ve feo. O sea que yo no veo carácter en ningún lado, solo son muros y arriates. El centro de San Salvador es la ciudad, tiene su cuadrícula, tiene sus edificios, tiene sus aceras. ¿Que están escondidas por el desmadre, por el caos? Sí, están escondidas, pero ahí están y hay que saber descubrirlas, hay que saber dónde están.
¿Cuándo vamos a ver a Arturo filmando en la Zacamil, por ejemplo?
Ja, ja, ja, ja. Fijate que ahorita vamos a regresar al centro, pero vamos a regresar en grande porque estoy preparando un proyecto grande, es un largo. Creo que va a ser, si logramos que todo vuele, pues, creo que va a cambiar mucho, incluso, la cara física del centro, ¿no?
Volvamos a empezar. Cuando yo digo, “voy al centro”, invariablemente me dicen: “Tené cuidado con los mareros”. Y generalmente lo que llevo es un celular.
Exactamente. No llevo ni el iPod ni el no sé qué, ahí no llevás nada.
Pero vos fuiste con cámara que cuesta un par de miles de dólares, con luces, equipo de sonido… ¿cómo hiciste para filmar en el centro?
Durante el proceso de preproducción íbamos mucho al centro y no llevábamos cámaras de vídeo.
¿Y entonces?
Tomábamos fotos con los celulares o tomábamos vídeos con los celulares porque no queríamos llamar la atención.
Eso era todo el proceso de 'scouting. ¿Cuánto tiempo fue?
Tres, cuatro meses. Y nunca nos pasó nada. Obviamente siempre con el cuidado debido, ¿vea? Le decía a la gente: “Quítense sus cadenas de oro y los diamantes, y todo eso verdad”, ja, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja.
No, si íbamos como con mucho cuidado. Dejábamos los carros en un parqueo y ya sabíamos por dónde manejarnos, ¿no? Y cuando alguien nos pedía algo, pues, les dábamos una cora o un dólar, lo que fuera, pues. Preferíamos hacer como amistad con la gente y así fue.
¿Eso era al principio?
No, fijate que así fue cuando ya a la hora de filmar. Entonces sí contamos con el apoyo de la Policía Nacional Civil. Siempre estuvieron con nosotros, nunca fue un problema. Siempre hubo respeto y la gente sabe que cuando están filmando no tenía que meterse.
¿No le tuviste que pedir permiso a la alcaldía para filmar?
Sí, por ejemplo, en la Plaza Libertad. Ahí sí lo necesitamos porque era espacio público, ¿no?
¿Y para cerrar las calles?
Para cerrar las calles ese fue un proceso como: “Mire, señor agente, ¿no cree que cierra aquí unos 10 minutitos?”, que los 10 minutitos se hacían media hora. Un sábado al mediodía, ponete, que es la hora que la gente está regresando a sus casas, creamos un caos importante ahí, vos.
¿Cuánto tiempo filmaron ahí?
Estuvimos cuatro días en el centro, cinco días quizá.
Para filmar, por ejemplo, la escena de Leandro Sánchez cruzándose la esquina. ¿No hicieron cierres?
Esa fue una escena improvisada. Leandro sí estaba intentando pasarse la calle, ja, ja, ja, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja.
Y sí, o sea, esa parte en la que pasa el bus y que uno ve a Leandro detrás de las ventanas y todo eso... él estaba intentando cruzarse la calle. O sea, en ese momento él no estaba en el personaje.
¿En el guion no decía: “Leandro se cruza la calle”?
¡Cómo no! Pero él iba a cruzarse porque necesitaba hacer no sé qué en la otra esquina... creo que la escena era al revés: iba desde la otra esquina hacia esa. Y a la hora de estar arriba, con la cámara, le dije a Francisco: “Mirá qué chivo se ve cuando pasan los buses”. En eso, Leandro intentó cruzar y dije: “¡Grabalo!” Lo grabó y fue la mejor de todas las tomas.
