Jorge se adelanta a las preguntas y es él quien inaugura esta plática con una pregunta curiosa. '¿Puedo decir malas palabras?'
Podés decirlas... pero después no nos tenés que hablar para decirnos como las de “Ellas son así”: “¡Nosotras no dijimos eso! ¿Por qué lo pusieron?” Y sí lo dijeron, pero la cosa es que seás natural.
Pues sí, no es aquello de decir barbaridades por gusto.
Vaya, ya teníamos una pregunta con la que íbamos a empezar y se me olvidó... Sí: ¿qué has hecho vos por la radio nacional?
¡Puuuuu! Primero me dijeron...
No por la Radio Nacional, sino por...
Sí. No es la 96.9, decís vos.
Je, je, je...
Pues mirá, vos, cuando te preguntan qué has hecho es como... no sé... es como que le preguntés a James Cameron: ¿qué has hecho por el cine?
Ya. Hay que preguntárselo a su mamá mejor...
Ajá, cabal... para mí es bien difícil decir qué he hecho por la radio en El Salvador. Yo no sé. Humildemente te puedo decir que he tratado de hacer una radio diferente... Como comenzamos en la radio juvenil, en La Femenina. Entonces, yo siento que, si algo hemos hecho, tal vez fue darle un matiz y una forma diferente a hacer el turno de las mañanas en la radiodifusión nacional porque, históricamente, eso había sido un turno de una sola persona. Es decir, jamás había existido un turno de la mañana, en las estaciones juveniles, que eran las que más se prestaban a eso, con dos personas haciendo un turno a la misma hora. Creo que si en algo fuimos pioneros en la Efe, fue justamente eso: comenzar a hacer turnos dobles. Con la cosa de que a saber si va a aceptar la gente. Si con uno se habla un montón, imagínense cuánto se va a hablar con dos. No sé. Humildemente, creo que eso ha sido, que tal vez le dimos vuelta, un poco, a la forma de hacer radio en el turno de la mañana.
Y antes de hacer radio, ¿ya tenías claro que querías hacer radio?
No. Yo quería estudiar medicina, pero desde el primer ciclo fui al segundo piso de la facultad de medicina de la UES, y vi los muertos y no me gustaron. Pero no porque me dieran asco ni nada, sino que una cosa surrealista, como una película de Quentin Tarantino. Entonces, de repente, yo iba caminando y alguien dijo: ¡Aquí están! Y yo me di la vuelta a ver, había una señora, una viejita, man, que tenía la cara para atrás y la boca abierta, como que se había muerto con un gran susto. Se me quedó tan grabada la cara de la señora... cuando llegué a la casa había carne deshilachada del mismo color... Ahí fue cuando dije: ¡Esto no es para mí! Entonces, hice seis meses de medicina y después me pasé a arquitectura.
¿De medicina a arquitectura?
No, si yo tenía bien claro qué quería hacer.
Ja, ja, ja.
Lo que pasa es que mi papá es arquitecto y como él construía y como yo también tengo... me gusta esto de la arquitectura y todo. Además, mi papá es un gran maestro de arquitectura y, obviamente, creo que era una decisión lógica. En el camino siento que aprendí a querer la carrera. La arquitectura es una cosa de mucho sentimiento. Pero yo desde chiquito era un poco extravertido y la primera cosa que me dijo mi papá fue: 'Mirá, como nosotros vemos que estás un poco loco, y decís un montón de cosas que dan risa, entonces, ¿por qué no te mando a México, al centro de capacitación de Televisa a que estudiés para ser actor?'
Ja, ja, ja.
Y solo te lo puedo poner en dos palabras: me agüevé. Y son de las cosas que te marcan de por vida y te quedan dándote vueltas durante años. Solo lo trato de mantener como un recuerdo. Cuando mi papá me dijo eso, yo le dije: '¿Yo qué voy a ir a hacer a México a estudiar actuación? Yo no. Yo voy a estudiar medicina'. Y fue la cosa de la medicina. Pero trato de mantener eso como un recuerdo bonito, porque si me... 'el hubiera', dice mi papá, 'es la conjugación de los pendejos', pero por eso hay que ponerle... Entonces, mi papá...
No te entiendo.
Por eso, no me pregunto mucho qué hubiera pasado... mejor solo me río.
¿Y entonces? ¿Y a mitad de la carrera de arquitectura fue radio o cómo fuiste a parar ahí?
No, yo entré a la facultad de arquitectura en el 86, el principio de año. Y a la Femenina entré el 28 de noviembre del 86.
¿Por qué?
Porque Quique Iraheta, que trabajaba ahí, era mi vecino. Crecimos juntos. Entonces, la música siempre me gustó y en mi casa siempre había música por todas partes, de cualquier tipo. Vaya, había desde mariachis hasta Donna Summer. Desde Alberto Cortez hasta Tavares, de José José a Carol King. En mi casa había bastante música. Y como Quique entró en la Femenina en 1980, era el vecino que se había hecho famoso en una radio. Ahí comencé yo a escucharla, en 1980. Entonces, como Quique trabajaba ahí, como que fue más fácil decir: “Mirá, ¿y hay chance ahí en la radio?” Me dijo, “perate”. Porque al que quería meter Quique era a mi hermano, a Sergio. Entonces, había otro ahí, que era el gordo Ñaca Ñaca, Carlos Méndez, que creo que fue él quien le dijo: 'N´ombre, meté al Zurdo primero...'
¿Porque los dos tenían...?
Sí, o sea, la onda de la música, pues...
¿Y de locura también?
No, “el Pollo” es más serio, pero sabe un montón de música. Entonces, justo cuando Quique me dijo “Vamos a meterte”, el terremoto del 86. Octubre. “ ¡Ay Dios!”, dije yo, “ya se cayó esa babosada”.
Ja, ja, ja.
Se quedó sin radio el país. Pero dije: “A saber, yo le voy a preguntar a ver qué ondas”. Y el 28 de noviembre pude llegar. En esa época, Quique estaba como director interino de la Femenina, porque Daniel Rucks se había ido a la OTI. Cuando Quique quedó en vez de Daniel, fue que me logré meter como nuevo.
¿Y qué empezaste haciendo?
¡Viendo!
¿Ah?
Empecé viendo, limpiando discos, yendo a traer cigarros, prestando el carro…
Ja, ja, ja.
Como todos. Limpiando discos y aprendiendo. Eso es parte de los gajes del oficio.
