El Ágora /

'No le hablés al perro como a un niño'

Es una especie de sicólogo de perros. Alguien que, con una experiencia de 12 años, ha logrado entenderlos a tal punto que los puede educar. Le gusta entrenarlos, dice, pero disfruta más trabajar con ellos en terapia para niños con discapacidad. De paso, advierte sobre los errores más comunes que los dueños cometen con sus mascotas: uno de ellos es hablarles como si fueran niños.


Lunes, 1 de marzo de 2010
Jimena Aguilar y Rodrigo Baires Quezada

 

Mario Castro, con uno de los perros que entrena. Foto Mauro Arias
Mario Castro, con uno de los perros que entrena. Foto Mauro Arias

¿Todo esto es lo que le enseñan cuando recibe clases para ser entrenador de perros?
No es que te lo enseñen. Realmente tenés que leer bastante.

¿De dónde se aprende la sicología del perro y esas cosas?

De leer y llevar todo eso a la realidad. Eso es lo que yo critico mucho de algunos entrenadores en el país que me dicen: “¿Cuántos perros entrenás?”. Y yo, “12 ó 13 perros diarios”. Y ellos ven tres. Entonces digo, “este pobrecito no sabe nada”. ¡Si vos te fogueás en el campo! ¡Tu mente está trabajando siempre cuando vas con todos los perros! Pero si ves dos o tres perros, decime. Igual, cuando les pregunto qué perros entrenan me dicen que a labradores, golden retriever, pastores alemanes… O sea, trabajan a los más fáciles. Son los más fáciles porque son de los más inteligentes.

¿Y el más inteligente de todos?
El caniche, el french poodle.

¿Y los más tontos?
Los nórdicos: los siberian husky, los chow chow, los akita… lo que pasa es que el bruto que hizo esta teoría de la inteligencia de los perros se basó en el adiestramiento y no en el comportamiento del perro. En eso difiero mucho. El perro tiene tres tipos de memoria: adaptativa, genética y de aprendizaje. La genética es la memoria que han heredado de sus padres. El perro debe estar de dos a tres meses con la perra para poder aprender todo y vos te asegurás de tener un perro equilibrado. Si los separás antes, te encontrás con un montón de cositas que es lo que a uno le toca llegar a solucionar a las casas.

Ahora entiendo... Usted dijo que tuvo un dálmata. ¿Estos perros no son problemáticos?
No. Lo que pasa es que como ya tenía una escuela, lo empezas a educar y vas viendo patrones en ellos que te dicen si algo es cierto o no. Lo mejor para ser un entrenador es que tengás un perro y que convivas con él. Mi ilusión siempre fue tener una manada: dos perros o más. Hoy tengo tres: un labrador, un cocker y un french mezclado con maltés. Dos fueron rescatados. Uno, porque había mordido a nueve personas y lo querían poner a dormir...

¿Nueve personas?
Les dije que me lo dejaran, porque uno de entrenador tiene un ojo para distinguir que un perro está estresado.

¿Eso lo pueden detectar por posturas o expresiones?
Totalmente. Posición corporal del perro, movimiento de orejas, jadeos, pelo...

¿Todo esto lo aprendió en la práctica?
Sí.

¿Qué hacía su maestro, entonces?
Él te enseña cuáles son las órdenes: sit, down, stay, come... Cuando trabajas en competencias de obediencia, lo vas a solucionar así. Si un perro tiene problemas con distancias, ponele correa larga.

¿Una terapia es diferente a un entrenamiento?
Así es. En la terapia para los perros, formas un plan de trabajo, dependiendo de la discapacidad de tu paciente y las metas que establezcas...

¿Son perros que ayudan a atender pacientes?
Correcto. Pero no confundamos el perro de asistencia con el de terapia. El de terapia es el que te ayuda a desarrollar una terapia en beneficio a... Por ejemplo, yo tengo un niño down, de 10 meses. Él no puede ponerse boca arriba o boca abajo por sí mismo. Entonces, yo desarrollo una terapia para que este niño, con ayuda del perro, logre hacer eso.

¿Desde cuándo comenzó ese trabajo con niños?
Tengo seis años de trabajar con terapias. Pero lo habíamos hecho empíricamente. A prueba y error. En Argentina se trabaja mucho tres tipos de modalidades: visita asistida, actividad asistida y terapia asistida. Nosotros habíamos estado haciendo visitas asistidas. Un perro lo entrenas en obediencia, va el niño, lo toca y punto, ahí se murió. Esa era la gran terapia que hacíamos antes. Claro, hoy traemos nuevas ideas, vimos cómo es una terapia realmente.

¿Usted inició la Fundación o ingresó después?
La Fundación ya existía. Hubo un anuncio en el periódico. Cuando yo estudiaba trabajé en Olimpíadas Especiales dos años. Me ha gustado siempre estar en este rollo. Entonces dije: “Bueno, entreno perros, conozco de discapacidades, podemos ayudar”. Me metí y al principio, pues, como decimos, nadie es profeta en su tierra y vas ahí porque hay otro entrenador y hay ciertos roces de “Yo sé más”, ¿me entienden? Pero después me dejaron a cargo a mí solo. Ahora inicié un programa acá en las escuelas, que se llama PAM: Programa Antimordidas. Es un programa en el que le enseñamos a los niños qué tienen que hacer cuando un perro se acerca, cuando un perro está amarrado o cuando ellos están comiendo y un perro se acerca.

¿Qué se hace cuando a uno lo ataca un perro? Cuando un perro empieza a ladrar y se viene encima, ¿qué hace?
Vaya, hay dos cosas. El perro nunca se te va a tirar encima por gusto. Siempre hay un factor, un detonante. Si vos vas y ves que el perro sale corriendo simple y sencillamente lo mejor que podés hacer es quedarte quieto, miras el cielo…

… Oras a Dios...
En ese momento… por eso te digo.

Te protegés la cara, las manos...
Tus manos nunca tienen que estar así (cruza los brazos a la altura del pecho) ni hacia atrás. Siempre tienen que estar a los lados.

¿Por qué?
Si vos hacés esto (cruza los brazos otra vez) para el perro es desconfianza.

¿Cruzar los brazos es desconfianza?
Totalmente, es lenguaje corporal. Si es un perro desequilibrado, loco, agresivo, te puede morder, pero solo va a ser una. Pero si tú estás así (mirándolo a los ojos) se te va a tirar directamente a la cara.

¿A la cara? ¿Por qué a la cara?
Lo retas con tu mirada y se te fue encima. Un ejemplo: si vos vas por la calle tranquilo y alguien se te queda viendo y vos lo ves a los ojos y no le despegás la mirada, ¿qué pensás que el otro te va a decir? ¿Qué vas a hacer tú?

“¿Y que acaso te gusto?”
Correcto. O sea, son reacciones naturales. O “¿Qué te pasa? ¿Qué me ves? “. El perro no te va a preguntar, se te va a ir y te va a morder. Si es un perro equilibrado, va a llegar, te va a oler. Si hay un movimiento tuyo, involuntario, vas a oír un gruñido. Tranquilo. El perro solo te está diciendo: “Estoy oliendo, tranquilo”. Es una advertencia. Si te quedas tranquilo, vas a ver de repente que el perro se va. OK. Seguís tu camino. Cuando caminés podés ir viendo hacia el suelo o hacia arriba, pero jamás volteés a ver al perro otra vez porque ese perro se puede regresar a morderte.

A ver, ¿y si usted va corriendo en la mañana y un perro le sigue?
Quedate quieto y hacé lo mismo.

¿Y estos que sacan solo la cara para morderte en medio de la reja?
Vaya, ¿por qué hace eso un perro? Sencillo. Aparte de cuidar su territorio es un perro estresado, desequilibrado, es un perro territorial. Ahí estás luchando contra un montón de cosas, que lastimosamente el ser humano le ha inculcado al perro: cuidar. ¿Ya?

¿Los salvadoreños son buenos dueños de perros en general o estamos frente a una población de perros maltratados?
Fijate que lastimosamente aquí en nuestro país tenemos perros por tener. Aquí se habla mucho del tipo de capacidad económica que tengás porque si hablas de una persona que tiene dinero cuida mucho a su perro y casi nunca te va a tener un aguacatero, te va a tener un perro de raza.

¿Cuánto puede valer un perro caro?
¿Aquí? Aquí lo más que te piden son 800 o 900 dólares.

¿De qué perro está hablando ahí?
Un shih tzu.

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