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EDITORIAL Muertes en GuatemalaEl Faro
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Las causas del asesinato de tres diputados del Parlamento Centroamericano y su conductor son aún desconocidas. No se necesita ser un experto en criminología para concluir, en primera instancia, que no se trata de un delito común, sino de una ejecución perpetrada por profesionales.
Sólo a grupos de crimen organizado se puede atribuir la portación de armas de grueso calibre como las que terminaron con la vida de los tres diputados, y que además tengan a la mano bidones de gasolina para dar fuego a sus víctimas.
La labor policial, que ya es coordinada por los cuerpos de seguridad de Guatemala y de El Salvador, deberá hacer uso de sus mejores herramientas de inteligencia para resolver un crimen que no puede quedar en la impunidad, por el bien de todos.
Mientras tanto, es necesario que las fuerzas políticas guarden la calma, que no se dejen vencer por sus propias ansiedades y comiencen a elucubrar hipótesis que no tienen, por lo pronto, ningún sustento en las investigaciones.
Una de las víctimas, el diputado Eduardo D’Aubuisson, participó hace pocas semanas en un debate de Encuentros organizado por El Faro, junto a otros hijos de protagonistas de la guerra. En el debate, D’Aubuisson se refirió a las causas de la delincuencia: “Descuidos de todo el sistema: del gobierno, de la policía, de la fiscalía, de los jueces, cambios de leyes, un montón de situaciones que nos han llevado a esto. No creo que tenga una vinculación real con la época de la guerra este asunto. O sea, es un asunto actual y que se va a resolver, Dios quiera, a corto plazo”.
Lamentablemente, una muerte macabra lo sorprendió en Guatemala antes de que pudiera ver un país, y una Centroamérica, en paz.
La relevancia de este caso, y la memoria de las víctimas, exige una investigación hasta las últimas consecuencias. Y por respeto a ellas, y al dolor de los familiares, hacemos un vehemente llamado urgente a todos los sectores políticos y sociales a que no adelanten conclusiones, a que condenen unánimemente el crimen y brinden todo su apoyo a las autoridades para esclarecer los hechos. Ahora, más que nunca, necesitamos de la prudencia y la responsabilidad de los líderes nacionales.
Nosotros nos unimos desde ya, y de la manera más enérgica, a la condena de estos asesinatos y a la exigencia de que sean resueltos. Esperamos que, a través de las investigaciones policiales, el esclarecimiento de estas irremediables muertes contribuyan, al menos, a dar un paso contra la impunidad y a la construcción de un país en paz con el que seguimos soñando.
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