CANALES RSS
:: PUBLICIDAD ::





 

OPINION

Romero no es un obispo "light"

Edin Martínez*
cartas@elfaro.net
Enviar Imprimir

Varios medios de comunicación se han acercado para preguntarnos qué es lo especial que va a suceder en este XXV Aniversario del martirio de Monseñor Romero. Poniéndonos en la mente del entrevistador, en un primer momento, hacemos un recorrido por las distintas actividades que están programadas, hablando de sus contenidos, fechas, las miles de personas que pensamos que acudirán a ellas, las personalidades que estarán presentes, explicamos que va a estar con nosotros el Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga y el encargado del proceso de canonización en el Vaticano, Mons. Vincenzo Paglia, etc, etc.

Cuando somos preguntados por las novedades de este XXV Aniversario no estamos seguros que en la pregunta se piense en aspectos importantes que no son coyunturales, que los venimos observando día a día en el correr de los tiempos y que hoy con esta celebración adquieren una contundencia total. A dos de estos aspectos me quiero referir: al reconocimiento auténtico del valor de Monseñor Romero, por un lado, y al reconocimiento interesado, por el otro.

Cuando nos referimos al reconocimiento auténtico estamos hablando de ese sinnúmero de personas creyentes católicas y no católicas que ven en Monseñor a un paradigma de vida cristiana, de encarnación de la fe en la historia, con una referencia en el tiempo y en el espacio. Es impresionante cómo este reconocimiento y adhesión va creciendo cada vez más en El Salvador y en el mundo; es como una especie de bola de nieve. Es por esto que muchos pensamos que el convencimiento del Vaticano de que debe apartar las consideraciones diplomáticas para dar paso a la canonización, va a terminar siendo algo que cae sobre su peso.

A estas alturas Monseñor Romero tiene mucho más que darle a la Iglesia que la Iglesia a él. Muchos deseamos que la canonización, cuando ésta llegue, contribuya a consolidar la presencia de Monseñor en medio de las luchas del pueblo, como él lo hizo en vida y lo sigue haciendo hoy de resucitado. Esto, aunque puede sonar a frase trillada, encierra una gran verdad y una gran esperanza. Monseñor no es cualquier santo, es nuestro santo profeta y mártir que se hizo pueblo. Cualquier intento de volver a Monseñor un santo a-histórico, con un discurso que vale aquí y en cualquier parte del mundo porque no dice nada a ninguna realidad, hay que saber de antemano que está fracasado aunque parta de las instancias más oficiales de la iglesia. Esto es similar al tema del culto público y privado. ¿cómo se le puede pedir al pueblo salvadoreño y de otras partes del mundo que reprima su deseo de compartir con otros su adhesión, su reconocimiento en Monseñor como guía de vida cristiana y su alegría y convencimiento de que está junto a Dios; sobre todo cuando esos otros son tantos en nuestro país y en el mundo? Este es otro empeño que cualquiera que lo quiera llevar adelante, debe saber que está fracasado.

Yo prefiero ver la presencia de Dios en este torbellino de emociones, adhesiones y reflexiones en torno al pensamiento y la vida de Monseñor Romero, que en la observancia de una prescripción eclesial que se esgrime como contribuyente a una canonización que no puede ser a costa de reprimir los sentimientos profundos de la gente buena.

Por otro lado están aquellos que se opusieron rotundamente al pensamiento y al tipo de pastoral de Monseñor y me refiero no solamente a los seglares sino también a los círculos de la Iglesia jerárquica. Veamos los espacios que los principales medios de comunicación le han dedicado; La Prensa Gráfica del domingo 20 y El Diario de Hoy del lunes 21 de marzo; este último con el titular "Un hombre de la Iglesia y del Evangelio". Habiendo vivido la historia de confrontación de estos medios con los contenidos de las distintas alocuciones del arzobispo mártir, me parece esto algo inaudito. Como ya sabemos que este fenómeno está lejos de que obedezca a una conversión, nos preguntamos a qué se debe; la respuesta es sencilla. Se están dando cuenta que no les conviene, para sus intereses personales o empresariales, seguirse oponiendo a un proceso creciente de reconocimiento a nivel mundial de la figura paradigmática del Monseñor Romero y sobre todo cuando el Vaticano acaba de legitimar con su dictamen de que no existe contradicción entre el marco de actuación, pensamiento y ejercicio pastoral de Monseñor Romero y la doctrina de la Iglesia Católica y el Evangelio.

Mucho silencio hubo de parte de la jerarquía eclesiástica durante los diez años que la causa estuvo retenida en la Congregación para la Doctrina de la Fe y por supuesto que todos nos alegramos de que el proceso haya pasado esa prueba de fuego; pero el valor de Monseñor Romero no es por lo que dicen de él, cuanto por lo que él fue y predicó, destacando la verdad e iluminando la realidad de su tiempo y llamando a la justicia y al respeto a la vida. El pueblo por su parte tiene conciencia de esto, cada vez más lo reconoce como su santo y desconociendo los entretelones del avance de la causa, no ha pasado por estos altibajos determinados por el proceso; el pueblo es más sabio y más coherente. El reconocimiento a Monseñor Romero es por su gran aporte de cómo creer en Dios, por mostrarnos el camino de cómo ser cristianos en medio de nuestra propia realidad. Nuestro gran reconocimiento a Monseñor Romero no se deriva de una "Roma locuta causa finita".

El Diario Hoy nos dice que un clérigo del Arzobispado, entrevistado sobre Monseñor Romero y el XXV aniversario de su martirio, "insiste que Monseñor Romero debe ubicarse en un término medio, lejos de la izquierda y de la derecha", que "Monseñor Romero no fue polémico, que lo han hecho polémico, que lo quería matar tanto la izquierda como la derecha". Si bien es cierto que la vida y la palabra de Monseñor Romero estuvo estrictamente apegada al evangelio y al magisterio de la Iglesia, que no respondió a corrientes partidarias ni a corrientes teológicas especificas, cuando uno termina de leer estas entrevistas lo que queda sonando no es precisamente el gran carisma de Monseñor Romero que fue su profetismo, su contundente opción por los excluidos y empobrecidos de su tiempo y el valiente señalamiento y llamado a la conversión de aquellos que ostentaban, y siguen ostentando, el poder económico y político. Más bien lo que queda sonando es un Monseñor neutral, sin opción, "light"; muy lejos de lo que él fue.




* Director de la Fundación Romero.


Enviar Imprimir

 

 
 
Google

     
 

+ OPINIÓN

[ EDITORIAL ]
Por el año que comienza
El Faro
[ COLUMNA TRANSVERSAL ]
Gracias al barrio
Paolo Lüers
[ OPINIÓN ]
Consideraciones sobre la minería de metales en El Salvador
Andrés McKinley
[ OPINIÓN ]
Red Solidaria en la vorágine política
Cecilia Gallardo

[ OPINIÓN ]
 La reforma electoral y tareas de la Asamblea frente a las elecciones de 2009
Claudia Umaña

[DESDE LA ACADEMIA ]
EL AÑO HISTÓRICO DE 1968
Diez acontecimientos que cambiaron el mundo
(Parte VI)

Ricardo Ribera
[ EL MIRÓN ]
Los dos caminos de Ibero América

Luis Fernando Valero
[ DE AQUÍ, DE ALLÁ ]
Escribir el mismo artículo
Álvaro Rivera Larios
[ OPINIÓN ]
MUCHI XUJXUCHIT
De poesía náhuat salvadoreña
(Parte II de IV)

Rafael Lara-Martínez
[ OPINIÓN ]
Los editoriales de El Faro
El Faro

Plática con Santa Claus

 
 
 
Escribir carta
Leer cartas enviadas
 

 

 

                                                     Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro
 

EL FARO.NET (Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador)
Dirección: Bulevar del Hipódromo, Edificio 237, Cuarta Planta,
Zona Rosa, Colonia San Benito, San Salvador, El Salvador.C.A.
Teléfono:(503) 22 45 64 69, Teléfono-Fax:(503) 22 98 04 80
Todos los Derechos Reservados. - Copyright©1998 - 2006
Fundado el 25 de Abril de 1998