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San Salvador, 18-24 de agosto de 2003
 
 
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OPINION / EDITORIAL

Las prioridades de un mandatario

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El martes 12 partió el primer contingente de soldados salvadoreños hacia Irak, para participar en labores de reconstrucción y seguridad, bajo el auspicio de Estados Unidos y España, y la tolerancia de Naciones Unidas. Se cerraban así dos meses de discusión politica sobre la conveniencia y el significado diplomático del envío de tropas al país de Oriente Medio, última etapa de la guerra contra el terrorismo y precedente de intervención militar con argumentos de seguridad y democracia, pero sin el aval multinacional que durante las últimas cinco décadas ha garantizado esos mismos valores.

Durante semanas, aunque sin fuerza legislativa para detener el envío de tropas, la oposición ha criticado duramente la participación de salvadoreños en una zona de riesgo, sobre todo dentro de un esquema de cooperación que evidentemente legitima y complementa la acción militar estadounidense y británica contra Irak. Sin entrar ahora en disquisiciones sobre ese punto, cabe destacar que tampoco en este punto, como viene siendo costumbre, se logró un consenso.

La gravedad deviene de la constancia repetida de que los más importantes temas de Estado, como puedan ser la participación en la lucha internacional contra el terrorismo o el envío de tropas al exterior, siguen siendo manejados bajo el lnte politico partidario y resueltos por la vía de la aritmética.

Pero es probablemente la más reciente escena de esta polémica participación de El Salvador en el proyecto internacional de George W. Bush la que más sorprende: se fueron nuestros soldados, los 360 hombres y mujeres a los que se ha ordenado poner paz en una zona que Estados Unidos ha reconocido por fin como "de guerra", y el Presidente de la República no estuvo allí.

Funcionarios de Casa Presidencial justificaron a EL FARO esta ausencia bajo el argumento de los "problemas de agenda" del mandatario después de una semana de vacaciones, y la necesidad de despachar temas urgentes de la complicada actualidad política y parlamentaria. Muy digno, aparentemente, muy comprometido.

Sin embargo, no deja de ser preocupante la falta de coherencia en los gestos de un gobernante que aparentemente considera esta misión, no sin buena parte de razón, un hito trascendental en la política internacional salvadoreña.

Para bien o para mal, decisiones de Estado como esta son determinantes para el posicionamiento internacional y la definición interna de prioridades, en un país como el nuestro en proceso de definición histórica. Para bien o para mal, varios centenares de soldados y oficiales salvadoreños van a arriesgar sus vidas en un desierto hostil, en el que las fuerzas de la coalición a la que se suman han sufrido más bajas desde el fin declarado de la guerra que durante las semanas en que ésta se desarrolló propiamente.

Los muertos pesan a todos y no tienen color politico, pero sí señalan responsables. Ojalá no haya que lamentar durante el próximo año bajas "en el cumplimiento del deber" entre un contingente al servicio de las decisiones de sus gobernantes, y a los que el presidente no tuvo siquiera tiempo de ir a alentar y despedir.

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