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OPINION Los casos de la justicia Hermann Bruch
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Los diarios nos han traído buenas y malas noticias respecto a lo concerniente con la corrupción y nuestras endebles instituciones de justicia. En Nicaragua, al fin, han puesto en la cárcel a ese corrupto y fantochesco ex presidente, Arnoldo Alemán, que por tanto tiempo estuvo intentando burlarse del sistema. No sé si la razón del fin de su suerte haya sido por "vendettas" políticas, cosa que no sería de extrañar en ese país que aún no logra sacudirse la herencia de una dictadura "a la banana" protegida por nuestros amigos del Norte, ni la de ese nefasto régimen sandinista que aún sigue enterrando sus garras en el quehacer político de Nicaragua. Pero al menos, Alemán tendrá que pagar con cárcel y ojalá devolviendo los miles de millones de dólares que la ha robado a su empobrecido país. Se dice que también tendrá que enfrentar un juicio en Miami, por lavado de dólares. Si esto es cierto y no menguan los tradicionales llantos en defensa de una falsa y tonta soberanía nacional, Alemán deberá resignarse a una larga condena.
Mientras tanto, en nuestro terruño, las noticias nos han dejado con la amargura de tener que aceptar cuán atrasadas, frágiles y - ¿corruptas? - son nuestras instituciones de justicia. Los descuartizadores de mujeres han quedado libres, ¡otra vez! Y algunos ladrones, defraudadores y chupadores de la sangre del Estado, han sido puestos en libertad y sobreseídos por un tribunal que, a todas luces ha actuado en defensa de la impunidad, al menos de acuerdo a uno de sus miembros, una magistrada, que ha tenido la decencia y la valentía de emitir un voto razonado (inconforme) en abierta disidencia de sus colegas.
Uno de los imputados ha sabido burlar y burlarse de nuestro sistema de justicia en varias oportunidades. Este señor, coincidentemente de nacionalidad nicaragüense, estuvo involucrado en una estafa contra clientes de su oficina de cambio (durante la década perdida) a quienes robó millonarias sumas de dinero. Algunos de ellos, prominentes empresas, lo demandaron y, tengo entendido que al menos una, logró la devolución de su dinero. Pero muchos otros que compramos divisas en esa casa de cambio, fuimos robados de nuestro dinero, impunemente.
Este mismo señor, ha estado involucrado en más de algún proceso judicial, en el que, junto a su esposa, hija de otro influyente personaje de nuestra farándula financiera, han querido dejar en la calle a una niña, hija legítima de dicho financista y medio hermana de la esposa del imputado y ahora libre señor de los ingenios. Este es nuestro sistema de justicia. Así se hacen capitales en nuestro país, robando y defraudando al Estado y a quien se deje. Estos barones del robo (robber barons) son tan hábiles que logran colarse en las mejores esferas del poder, compran sus funcionarios a destajo y luego tuercen de manera desfachatada los hilos de la justicia a su favor.
Mientras estos casos se sigan dando impunemente en nuestro país, podemos despedirnos del progreso y del desarrollo. Y podemos estar seguros que estaremos pavimentando el camino para que lleguen otros ladrones disfrazados de mesiánicos salvadores del pueblo, a terminar con lo poco que tenemos de sociedad libre y emprendedora.
Digamos adiós a los beneficios de los TLC y tantas otras ingeniosas
figuras de intercambio comercial, pues ninguna de estas instituciones
pueden funcionar dentro de un sistema que pone en desventaja a su gente.
Sólo vendrán barones del robo internacionales atraídos
por esta jungla en la que los más fuertes se convierten en impunes
depredadores de los más débiles e incautos.
Por el momento, enhorabuena para los nicaragüenses que viven en su
país, que al menos tienen una que otra buena noticia en el campo
de la juridicidad y de la justicia. Nosotros aún tenemos que bregar
mucho por alcanzar algún vestigio de institucionalidad. Hay muchos
"perlas", "alvizes", "raises", "cristianis"
y otras malas hierbas que aún pululan libremente, amparados por
un sistema corrupto, ineficiente y altamente nocivo para nuestro porvenir.
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