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OPINION ¿Izquierda, derecha o centro?Hermann Bruch
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Por muchos años he sostenido que el calificativo político "izquierda" o "derecha" son definiciones superficiales, livianas y poco serias para referirse a la ubicación ideológica de una persona. También he hecho uso de una descripción ajena que plantea que dichos calificadores son más bien expresiones geográficas y que, definir la ideología como geografía es una equivocación.
Con el tiempo he podido observar que, esta cuestión de geografías parece ser el pasatiempo de pensadores mucho más serios y profundos que los analistas criollos. De tal forma que las ubicaciones geográficas sirven para definir bloques económicos, bloques de poder y agrupaciones de países que profesan cierta inclinación por raíces históricas de índole religioso-étnico. Así tenemos que entre los países de occidente se encuentran unos cuantos que están en el oriente (Japón, Corea del Sur, Taiwan, etc.). El Norte y el Sur, se refiere a países ricos y a países pobres. O a países dominantes y a países explotados. Por lo que a nadie se le ocurriría decir que Australia pertenece al Sur, aunque sea uno de los países más sureños del mundo y, Chile, el más sureño, está tratando de convertirse en un país del Norte. Y ya que estamos hablando de estas cosas, no debo dejar pasar una interrogante que siempre he tenido: ¿cuál sería la definición de "segundo mundo"?. Sabemos responder a lo de primer mundo y entendemos bien lo que significa ser de tercer mundo. Nos hemos inventado lo de cuarto mundo para denostar a quienes manejan la cosa pública de países de tercer mundo, pero hacen lo posible por empeorar las cosas, quedando únicamente la posibilidad de transitar al cuarto mundo. Pero, ¿y el segundo mundo, por qué nunca se menciona? ¿Cuál es, dónde queda, qué países lo componen, qué características lo definen?
Todo este preámbulo tiene como fin el desembocar en un tema de actualidad. Hablamos de la derecha, de la izquierda y del centro. Todos sabemos lo que significa. Todos tenemos alguna idea de qué partidos y qué tipo de gente (política o no) pertenece a estos lugares. Pero a la hora de definirnos, escondemos la viñeta. Y aparecen orgullosamente definidos quienes dicen pertenecer al "centro". También he sido de los que ha dicho, más de alguna vez, que el centro es un lugar odioso, en donde se ubican los indecisos, los timoratos, los que no se definen, los oportunistas, en fin, he definido al centro como ese vórtice que se traga todo lo que anda suelto, los escombros, los desperdicios, etc. Me han regañado severamente por esto y, he optado por evitar referirme de manera peyorativa a esta ubicación del espectro político.
A decir verdad, me he convertido en un férreo defensor y promotor de la formación de una alianza política que agrupe a todo los que estén cerca de ese centro, sea centro derecha o centro izquierda por considerar que esto es lo que más conviene a la democracia y por lo tanto lo que más le conviene al país. Incluso he llegado a bautizar a esta alianza como "Alianza por El Salvador". Nunca antes se han dado las cosas con tanta claridad a favor del fortalecimiento de un frente político con estas características, capaz de romper, de una vez por todas, con esa nefasta polarización que se ha entronizado en todo el quehacer nacional. No aprovechar la coyuntura sería un pecado capital del que nos estaríamos arrepintiendo por mucho años.
Me llena de satisfacción ver cómo, de manera lenta, pero segura, se avanza en la conformación de esta figura política que, a mi entender, es la alternativa que tanto necesita nuestro país. No es que yo sea de los que cree en milagros ni en panaceas baratas. Pero dentro de mi entender político, intuitivo y no científico, es así como se construyen las democracias. No a base de recetas de organismos internacionales. No a base de exigencias de países amigos (o enemigos). Se construye cuando la gente de un país se cansa del statu quo, del conservadurismo político, económico y social que sólo conduce a la apatía, al desgano y en consecuencia, a un ambiente propicio para generar corrupción, tráfico de influencias, monopolios y oligopolios privados, poderes oscuros allegados al aparato burocrático, en fin, a casi todos los males que aquejan a los países con democracias artríticas. Este es el momento del cambio. Ni alianzas republicanas nacionalistas ni frentes farabundistas de liberación nacional. El momento ha llegado para una ALIANZA de FRENTE al FUTURO de EL SALVADOR (por favor no vayamos a caer en la tentación de buscar las odiosas siglas)
Cuando esta Alianza sea una realidad, no me cabe la menor duda que las más privilegiadas mentes de nuestro "cardumen" de profesionales, intelectuales y académicos, se pondrán a la disposición para conformar el aparato estatal de lujo que se requerirá para este período de transición hacia un verdadero Estado de Derecho y hacia una sociedad un poco más justa. Gracias a Dios que no hubo precipitación (aunque sí mucha presión) en la definición de "el candidato". Honestamente, creo que la Alianza más que un candidato, lo que necesita es un montón de voluntarios, un ejército de personas dispuestas a entregarse sin mezquindades, a la tarea de reconstrucción de nuestro tejido social. De ellas seguramente se podrá escoger a la persona que simbolice y dirija esta Alianza, no con carismas plásticos manejados publicitariamente, ni con populismos demagógicos. El Salvador ya está cansado de estas manipulaciones mediáticas, discursivas y propagandísticas. La persona que tendrá la difícil tarea de conducir al país en los próximos cinco años presidenciales, deberá ser un estadista, un profesional, un visionario, una persona honesta y honrada, proba y austera. ¿Un superman? NO. ¡Un salvadoreño de pura cepa!
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