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San Salvador, 21 de julio - 27 de julio de 2003 |
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OPINION Caja mutual: sí, pero noJulio Marenco
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Los periodistas tienen salarios muy bajos en El Salvador y a muchos les es casi imposible acceder a prestaciones como seguro de vida o salud. El presidente de la Asociación Salvadoreña de Periodistas, William Meléndez, nos lo confirmaba esta semana en una entrevista.
Que estamos mal pagados, por supuesto que lo estamos, pero igual de mal pagados están los zapateros, contadores, llanteros y como se esfuerzan en hacernos creer también, nuestros célebres médicos.
Pero ese desbalance en nuestras cuentas no lo debe pagar el salvadoreño común que cada día nos lee, escucha u observa, lo deben pagar quienes se sirven de nuestro trabajo: sí, los sacrosantos medios de comunicación.
Para los medios de comunicación debería ser una vergüenza el que los periodistas anden haciendo cabildeo en la Asamblea Legislativa, para obtener los beneficios que los mismos medios deberían preocuparse por brindarles. Es como la madre que deja que sus hijos pidan limosna en las calles. Todos sabemos que los medios en nuestro país no son ni por cerca una vieja limosnera. Al contrario, son en algunos casos empresas sumamente rentables.
Sin una tradición de medios públicos, como sucede en Europa, en nuestros medios de comunicación priva el esquema comercial sobre cualquier otro. Si bien la situación varía de empresa a empresa (no nos olvidemos, los medios son empresas), hasta en los grandes medios -con contadas excepciones- los sueldos de los periodistas y, sobre todo sus prestaciones sociales, son verdaderamente malas, tomando en cuenta la calidad del trabajo que desempeñan.
Los que hemos sufrido accidentes en el ejercicio de nuestra profesión sabemos que cuando eso sucede no tenemos otro palo en que ahorcarnos más que el mismo en el que se ahorca la gran mayoría de la población: el Instituto Salvadoreño de Seguro Social. Nuestra profesión es riesgosa. Actuamos contra toda lógica; cuando hay una situación peligrosa, nosotros corremos contra la corriente que busca protegerse para tener el primer plano de lo acontecido. Es la naturaleza de nuestro oficio y lo que acapara la atención de nuestro público.
Pero ese mismo público pocas veces se entera del fotógrafo que ha quedado con su columna vertebral permanentemente dañada por captar el mejor ángulo de un incendio, de la reportera que pasó meses en cama recuperándose de un accidente de trabajo, del colega que resultó herido de bala en una protesta.
Es la naturaleza de nuestro oficio y no renegamos de ella. De lo que sí renegamos es que los que se sirven de nuestro trabajo -los medios- no estén dispuestos a retribuirnos justamente por eso y a proveernos con seguros que cubran las eventualidades del ejercicio.
Nuestros medios son empresas comerciales y por lo tanto viven de la publicidad. Pero la primera plana de un periódico no vende anuncios, sino noticias. El noticiero cuya pauta publicitaria está saturada con clientes en lista de espera no vende comerciales, sino notas informativas.
"Si no le gusta, pues váyase, hay veinte en fila dispuestos a hacer su mismo trabajo por menos", esa es la respuesta que hemos recibido muchos cuando hemos hecho estos reclamos. Otros hemos recibido como respuesta promesas de mejoría, cuando las situación de la empresa mejore también. Todavía estamos esperando.
Si el Estado nos da dinero a los periodistas para asegurar nuestro bienestar económico, pues por qué no habría de dárselo a otros profesionales y no profesionales también? ¿Tenemos más derecho nosotros a que se "dignifique" nuestro ejercicio por la vía de ordeñar las ya desgastadas arcas estatales? Inserte aquí su respuesta predilecta.
Nuestros medios de comunicación han hecho esfuerzos por modernizar sus esquemas de trabajo. Pero lo moderno no sólo se resume en equipos digitales, atractivos diseños y formatos agresivos. En los medios modernos, los periodistas son el activo más valioso de un medio y por eso se les retribuye de esa forma. ¿Es mucho pedir a los medios un seguro colectivo para los periodistas? Si la respuesta es sí, es mucho pedir, pues entonces es mucho pedir la mejor fotografía, la mejor nota o la mejor entrevista, que en última instancia, es lo que vende el medio. Es la ley del mercado y los periodistas parecemos no haberla entendido del todo. ¡Si quieren buen trabajo, pues paguen por ello! La idea de la caja mutual del periodista es fantástica y aplaudo a sus creadores, pero creo que no es el público quien debería pagar por ello.
Esta iniciativa puede ser el germen de una verdadera conciencia gremial,
que nos permita replantearnos la idea de a quién le corresponde
pagar por la otra parte de nuestra "dignidad" profesional. Una
parte nos corresponde a nosotros, si somos los directamente beneficiados,
y la otra a quienes se benefician más de nuestro trabajo. Los periodistas
le hemos prestado nuestra voz a las más diversas iniciativas gremiales
y profesionales. ¿Y la nuestra cuándo?
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