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San Salvador, 21 de julio - 27 de julio de 2003
 
 
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¿Hacia dónde va la APES?

Hermann W. Bruch
cartas@elfaro.net
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La Asociación de Periodistas de El Salvador ha mostrado a la nación una cara que no nos gusta para nada. Ha mostrado ser voluble, manipulable, parcial, poco ética y poco profesional. El periodismo, aquí en El Salvador y en cualquier parte del mundo, requiere de seriedad, de mucha valentía, independencia, objetividad y robustez moral y profesional. La independencia y la robustez moral y profesional deben ser cuidadas con especial ahínco manteniendo una prudente distancia del poder, en cualquiera de sus manifestaciones.

Nadie en su sano juicio podría oponerse a la creación de un ente de solidaridad gremial como lo es una Caja Mutual, pero es muy criticable que se pretenda sacrificar la independencia y se tienda la mano para pedir ayuda económica precisamente a quienes, por naturaleza propia de la profesión, se debe mantener bajo la auscultación pública, misión ineludible del periodismo libre e independiente.

Lo que ha hecho APES, al solicitar una ley que obligue al estado a entregarle seis millones de colones para la formación de su Caja Mutual es, no sólo criticable sino repugnante. Por supuesto que, era de esperarse que la reacción de los diputados fuera de una presta condescendencia pues se les ha puesto en bandeja de oro el eterno agradecimiento y la sumisión de un gremio que consideran molesto y odioso.

La Caja Mutual de quienes ejercen la labor del periodismo en El Salvador puede muy bien ser creada por voluntad propia, por sus propios medios y ser manejada libremente por sus miembros. No hay ninguna diferencia entre este esfuerzo de solidaridad y el de los médicos que tienen su propia instancia de ahorro y préstamo para sus asociados, quienes están allí por voluntad propia. Pero por supuesto, para lograr esto hay que creer firmemente en la libertad de asociación, en la libertad de optar por el mejor sistema de ahorro, en la libertad en su máxima expresión. Y he aquí el valladar más importante que encuentran los miembros agremiados a APES: ellos no creen en la libertad a secas. Por ello es que nunca descansan en sus intentos por lograr que, por fuerza de ley, se les entregue el privilegio de controlar a quienes han decidido ejercer esa noble profesión, a través de la colegiatura obligatoria.

Lo que los periodistas de la APES no alcanzan a entender es que, para poder someter a otros deben someterse ellos mismo a poderes superiores. La cadena de la servidumbre es penosa y difícil de romper. Es en base a estas cadenas es que se impone el totalitarismo, ese sistema que tanto atrae a quienes nos quieren imponer la igualdad a la fuerza, disfrazados de apóstoles de un socialismo bien intencionado, pero que presupone que los individuos carecen de la capacidad de valerse por sí mismos. Convierten a la sociedad en un grupo amorfo, servil y doblegado en aras de conseguir un bienestar administrado por ese maravilloso Estado el cual, a su vez, es manejado por burócratas omnisapientes y omnipotentes, iluminados por una gracia divina que les ha sido conferida por sus alegados méritos, pero que no es otra cosa que un velado intento por implementar la más odiosa de las explotaciones del hombre por el hombre, basada en conceptos espurios de intelectualidad y superioridad académica, aparte de conformar una oscura nomenclatura que asegura el control del aparatchik.

Esperamos que un intento tan burdo como el de la APES por legalizar el soborno colectivo de sus súbditos y de someterlos al poder político que, ipso facto, se convertiría en su protector y amo, sea detenido cuando los diputados miembros de la comisión de estudio entiendan lo nefasto de una medida de esta naturaleza, para el futuro de nuestra democracia y del país entero. Y de no ser así, el Presidente Flores tendrá ante sí nuevamente la obligación de ejercer el veto.

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