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San Salvador, 21 de julio - 27 de julio de 2003 |
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OPINION / DESDE HANNOVER George W. Bush en Africa. Petróleo, diamantes, nuevas bases y
un par de
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Bien es cierto que una de las primeras cosas que hizo Bush Jr. en Dakar, Senegal, fue condenar la esclavitud como uno de los mayores crímenes de la humanidad. Sin embargo, por ser precisamente EE.UU. una de las naciones que más explotó a los esclavos y donde hasta hace décadas era prohibido que los negros se sentasen a la par de los blancos, no pidió disculpas en nombre de las potencias coloniales y Occidente, ni mucho menos habló de una indemnización monetaria a los países africanos que durante siglos fueron diezmados por el comercio de la carne humana en los llamados ríos del aceite, donde los negreros colonialistas traficaban con esclavos.
Privatización del intervencionismo
La visita de Bush Jr. al África se enmarca dentro de la estrategia de seguridad global que los EE.UU. se ha reservado. Tres aspectos básicos configuran está visita.
Primero, ha sido el 11-S el que ha despertado el interés de los EE.UU. por África. Extensas regiones del norte de África y del Sahara son considerados por los expertos de seguridad norteamericanos como una retaguardia estratégica de Al-Qaeda y otros grupos del llamado terrorismo islámico. En el África subsahariana se encuentran 38 de los 59 países más pobres del planeta, según el Informe 2002 del Programa de las Naciones Unidas Para el Desarrollo (PNUD), y allí las llamadas organizaciones del terrorismo internacional tienen carta blanca, a veces con el visto bueno gubernamental, para reclutar a los militantes que en el futuro puedan golpear a EE.UU. y Europa.
En segundo lugar está el interés de los EE.UU. por las preciadas materias primas. Frente a las costas del África occidental se encuentran gigantescos yacimientos petroleros. Quien controle dichos yacimientos tendrá garantizada su independencia de la producción petrolera del Asia Central y los países árabes de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Según cálculos de Washington, en una década los EE.UU. estarán importando un cuarto de su consumo petrolífero del África occidental.
El tercer aspecto de la visita de Bush Jr. es la ayuda humanitaria, la restauración del orden y la lucha contra el hambre y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA), que deberá ir acompañada de intervenciones militares. Según el Pentágono, ninguna democracia poderosa y rica - sobre todo si presume de policía del mundo - puede cerrar los ojos ante las masacres y etnocidios del África en los últimos lustros. Liberia y su sangrienta guerra civil cae como anillo al dedo a dicha concepción.
Para EE.UU. el precedente de su fiasco militar en Somalia es traumático,pero habida cuenta de la "cruzada triunfal contra el terrorismo" en Afganistán e Iraq, la intervención militar norteamericana en Liberia es cosa decidida. Sobre todo teniendo en cuenta que ha sido el mismo dictador liberiano, Charles Taylor, quien la ha solicitado como premisa para abandonar el poder y finalizar la guerra civil de 14 años y 300,000 muertos. Liberia es además un punto neurálgico desde donde se controla la producción y el tráfico de diamantes del África Central.
Los EE.UU. han ofrecido 15 mil millones de dólares para combatir el SIDA, sin embargo el Tercer Mundo sabe por amargas experiencias que el papel aguanta con lo que le pongan y que a veces este tipo de promesas son sólo tinta en papel mojado.
Nuevas bases militares
Sobre la posibilidad de que EE.UU. levante algunas de las barreras económicas que impiden a los productos africanos competir en igualdad de condiciones en el mercado estadounidense no hubo resultados palpables.
En cambio, los planes militares que el presidente norteamericano trajo al África si son muy concretos. Dentro de los objetivos de esta gira estaba obtener apoyo africano en la guerra contra el terrorismo. Fuentes oficiales del Pentágono han admitido que los EE.UU. quieren erigir nuevas bases militares en la región para prevenir ataques de terrorismo islámico como los de Kenia y Tanzania.
Esta primera gira africana del presidente estadounidense no responde sólo a sus generosos propósitos de buen samaritano, Bush Jr. es ante todo un "Señor de la guerra" y su visita al África responde a la necesidad de buscar apoyo logístico en su "cruzada contra el Eje del Mal" o cualquier otro país que se oponga a los dictados imperiales de la "Pax Americana". Sobre todo si de por medio hay diamantes, petróleo, nuevas bases militares y, para variar, un par de intervenciones armadas del Pentágono.
David Hernández, Hannover-París Julio 2003
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