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San Salvador, 14 de julio - 20 de julio de 2003
 
 
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OPINION / RED INTERMINABLE

Las trampas del dogma

Roberto Turcios
cartas@elfaro.net
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La concentración del poder y los recursos en un mando central tiene seguidores firmes. De ahí salieron las advertencias de otra crisis inminente por un acuerdo legislativo que aumenta la asignación de los fondos a las municipalidades.

Es cierto, sería una crisis, pero para la tradición centralista. En cambio, para las municipalidades y la gente que vive en las pequeñas ciudades habría un cambio favorable.

Por todos lados se ven las huellas de la deformación centralista. Como el país ha sido visto con los ojos de San Salvador, de la producción exportable y de Casa Presidencial muchas necesidades locales han quedado en los últimos renglones de los planes gubernamentales. Eso cuando han quedado, porque muchas veces ni siquiera se las ha tomado en cuenta.

El enfoque centralista sigue vigoroso. Si uno llega hasta cualquiera de los extremos del territorio, ahí es evidente. En la oriental ciudad de La Unión, por ejemplo, muy pronto comenzará a construirse un puerto moderno. A poca distancia del lugar se encuentra el embarcadero para viajar a las islas cercanas. Es sólo un sitio, porque no existe ninguna facilidad para la gente. Es más, cuando hay marea baja, las personas deben caminar sobre el agua varias decenas de metros. Y como están muy cerca las tuberías por donde salen las aguas residuales de la ciudad –las que, por supuesto, no reciben ningún tratamiento–, entonces ya puede usted imaginar las condiciones por las que hay que pasar para abordar las lanchas.

La inversión que requiere la construcción de un muelle municipal está por encima de los recursos que maneja una alcaldía como la de La Unión. Mientras tanto, la necesidad local está por debajo de la atención del Gobierno. El que quiere no puede, y el que puede no quiere; esa ha sido la fórmula perfecta para la acumulación de problemas y la distorsión del desarrollo en el territorio.

Así que los habitantes de aquella zona verán un día próximo como se hace realidad su sueño de tener uno de los puertos más modernos de Centroamérica; y, al mismo tiempo, seguirán pasando penalidades para embarcarse por carecer de un muelle apropiado. Con toda razón, la gente de La Unión y de Conchagua propone lo que no ha recogido ningún plan de gobierno: la construcción de un muelle municipal. No sólo eso, también se han comprometido con la transformación de sus municipios en ciudades puerto modélicas. Lo hacen mediante su participación organizada, que es la otra dimensión negada por los dogmas del centralismo.

El centralismo se ha convertido en un dogma para muchos funcionarios gubernamentales. Ellos no advierten que con las fórmulas de siempre se pierde la oportunidad de mejorar la calidad de vida y de fomentar el desarrollo económico local. El muelle municipal en La Unión representa una dignificación del transporte para quienes han sufrido marginación y pobreza; pero también representa una vía para aumentar el intercambio comercial y la economía local.

Como tiende a ocurrir con los dogmas, los del centralismo causan inmovilidad y bloquean las posibilidades de cambio; lo peor es que fortalecen el burocratismo conservador y reacio a la participación del pueblo en la gestión de gobierno.


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