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OPINION / EDITORIAL Los niños del olvidoEl Faro
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Mientras persiste el discurso oficial de la amnesia de la guerra, para presentar sin culpas ni remordimientos de conciencia un país pujante y en vías de desarrollo, en una buena parte de la población persisten aún las huellas del conflicto, y la angustia de familiares que aún buscan a sus parientes perdidos.
No es casual que la primera demanda admitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra El Salvador tenga que ver con niños desaparecidos, una vieja historia que nadie, a nivel oficial, ha querido ver quizá por miedo a que se descubran a nivel internacional los vejámenes ocurridos en esta tierra hoy florida y lista para Tratados de Libre Comercio.
Las sistemáticas desapariciones de menores durante la guerra, muchas veces por asesinatos a sangre fría (por definición todo asesinato de un niño lo es) y otras por adopción forzada o para ser entregados a extranjeros al otro extremo de una organizada mafia de venta de menores, continúan acechando a madres y abuelas que, a pesar del olvido oficial, siguen buscando desesperadamente a sus pequeños.
Cada una de estas historias es un recordatorio de la macabra locura en que se hundió esta tierra, y de una esperanza que vive, más allá del corazón de quienes perdieron a sus hijos, gracias a la incansable labor del padre Jon Cortina y su asociación Pro Búsqueda.
El reportaje y las entrevistas que El Faro presenta esta semana podrían ser reveladores para muchos de nuestros lectores. Pero en realidad sólo ilustran brevemente un negro capítulo de nuestra historia reciente que sigue en espera de cerrarse y que ha estado ahí desde hace más de 20 años, con el pleno conocimiento de autoridades y funcionarios de turno.
Las historias de reencuentros, logradas por investigaciones independientes sin ningún apoyo estatal, de poco han servido para que se abran por fin los archivos de la época o que el gobierno de turno se muestre interesado en cooperar para resolver un grave problema que merece, por mínima noción de justicia, una respuesta.
El año pasado, con motivo de un reencuentro de menores desaparecidos con sus familiares, EL FARO preguntó al presidente Francisco Flores si el estado pensaba colaborar para resolver estos casos, y el mandatario se comprometió entonces públicamente a dar todo el apoyo necesario. Pero sus palabras no dieron origen a una sola acción.
Por eso, a pesar de lo repudiable del hecho, tampoco es de extrañar que el Estado salvadoreño no haya aún reaccionado públicamente ante la demanda. Pero tendrán que hacerlo, y ojalá asuman su responsabilidad como Estado con quienes continúan buscando a sus hijos, y se enteren, por fin, de que si hoy la demanda proviene de una Corte internacional es sólo porque en los tribunales nacionales nadie le dio cabida a la angustia ni a la esperanza. Y ese es otro vejamen.
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