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Tiempo de calidad para la administración de justicia

Dr. Edgar Hernán Varela
cartas@elfaro.net
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Cada tres años, se renueva un tercio (5) de los 15 magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ). Son electos para un período de nueve años, seleccionados de una lista de 30 candidatos que prepara el Consejo Nacional de la Judicatura (CNJ), la mitad de ellos provenientes de una elección directa de los abogados del país.

Este procedimiento con sus fortalezas y debilidades, provenientes de los Acuerdos de Paz de 1992, supone llevar a la CSJ a abogados con una excelente vocación de servicio, con amplios conocimientos jurídicos, de la realidad socio política del país y del contexto internacional; totalmente identificados con los problemas que aquejan a la administración de justicia y de alternativas de solución que pudieran poner en marcha en caso de ser electos.

Ser magistrado de la CSJ implica dedicar la totalidad del tiempo laboral a administrar justicia en forma pronta y efectiva, como ordena la Constitución. Difícilmente, un magistrado puede cumplir integralmente con sus funciones, si parte de su tiempo lo dedica a otros menesteres que no sean el estudio de los diversos casos bajo su conocimiento. Además, por la alta investidura que ostenta un magistrado, su horario de trabajo no debería ser limitado a la jornada ordinaria del resto de servidores públicos.

No todos los tribunales de justicia, comenzando desde las Salas de la CSJ hasta el último de los juzgados de paz, tienen acumulada una mora judicial. Existen estadísticas que comprueban como algunos tribunales y Salas mantienen al día su trabajo; y los procesos rezagados son los que desde hace muchos años se vienen arrastrando sin que las partes hayan deseado continuar con el impulso procesal.

La dedicación integral de los jueces y magistrados a tratar de cumplir exitosamente los plazos procesales mejoraría notablemente la administración de justicia, y permitiría la disminución de la mora judicial que tanto afecta en la actualidad la buena actuación de la justicia.

Adicionalmente, la separación de las funciones jurisdiccional de las administrativas, provocaría que los funcionarios judiciales se dedicaran integralmente a analizar y discutir la sustancia de los proyectos de sentencia, mediante el empleo de modernas metodologías de trabajo que facilite el estudio de todo el expediente y las propuestas de sentencias que le remiten los colaboradores jurídicos.

Sin embargo, muchas de las quejas de los usuarios de los tribunales de justicia se centran en que los jueces no son los que realmente analizan los expedientes ni redactan las sentencias; más bien son sus colaboradores, por lo que en algunos casos, los litigantes tratan de influir de diferentes maneras en el pensamiento del colaborador del tribunal para lograr desde ese momento una sentencia favorable.

Un método de trabajo podría ser el que los colaboradores no solo preparen el proyecto de sentencia y lo remitan con todo el expediente al funcionario superior, quien tiene la alternativa de revisar totalmente el proceso o simplemente analizar el proyecto enviado. Más bien, los colaboradores deberían preparar un informe del proceso, exponiendo sucintamente los argumentos de las partes, y detallando una propuesta de sentencia y por lo menos una alternativa de solución diferente.

Si el funcionario superior no está acuerdo con la propuesta o su alternativa de solución, debería de ensayar su propia solución y discutirla con sus colaboradores, quienes con base en sólidas argumentaciones jurídicas podrían llegar a estar de acuerdo con su jefe. Pero si el criterio del funcionario superior no gozare de todos los elementos de juicio suficientes, se generaría una saludable discusión técnica hasta encontrar en forma conjunta una propuesta de solución justa y adecuada.

Adicionalmente, en el caso de los tribunales colegiados, es importante afinar los mecanismos para agilizar el trabajo en equipo y la firma oportuna de las sentencias; de otra manera, se corre el riesgo de que los expedientes se rezaguen en una oficina, simplemente porque el funcionario no esté en su despacho o por no estar suficientemente convencido de la resolución y desee analizarla con más tiempo.

Como los jueces destinan una significativa cantidad de tiempo a los aspectos administrativos o atender asuntos más allá de su función de servidor público, se tiene conocimiento que en algunos tribunales los jueces y magistrados se dedican por sí mismos a analizar la prueba vertida en algunos procesos sumamente complejos o que son objetos de la atención publica, pero sin tener el tiempo suficiente para atender con similar tiempo de calidad el resto de sus obligaciones netamente jurisdiccionales.

De dedicarse integralmente a atender la administración de justicia, lo más seguro que a estas alturas del proceso de consolidación de la paz y la democracia, el Órgano Judicial no sería objeto de tanto cuestionamiento nacional e internacional, y se hubieran dado pasos mucho más firmes en la recuperación total de la credibilidad ciudadana en la justicia.

La entrada de cinco nuevos magistrados a la Corte Suprema de Justicia se convierte en una excelente oportunidad para realizar un examen franco y amplio sobre el tiempo que emplea cada juez o magistrado en atender la administración de justicia, el número de sentencias dadas en un determinado lapso, el número de sesiones realizadas con sus colaboradores para analizar los casos, y el tiempo empleado en las reuniones de trabajo. Además, se analizaría la mora judicial y se clasificarían los procesos de conformidad al impulso procesal que depende exclusivamente de las partes, para borrar el mito que la mora proviene únicamente de la falta de atención del funcionario judicial.

Este examen critico constructivo –y que sería de conocimiento público-, permitiría reordenar el trabajo jurisdiccional y además encontrar nuevas alternativas para evitar continuar dando atención a las actividades meramente administrativas de la institución y a las otras actividades profesionales más allá del ámbito del Órgano Judicial, que restan un tiempo importante para garantizar una pronta y efectiva administración de justicia.

Administrar justicia requiere una genuina vocación de servicio y una atención integral del servidor judicial, por muy gratificante y respetable que sea el dedicarse a actividades extrajudiciales de gran responsabilidad y dedicación profesional.

Deseo el mejor de los éxitos a los nuevos magistrados de la Corte Suprema de Justicia y saludo respetuosamente a los que finalizan sus funciones.


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