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OPINION / DESDE HANNOVER

Cuba. Perspectiva europea

¿Utopías? No las vemos. Sólo las sentimos como el puñal en la espalda
Juan José Dalton
cartas@elfaro.net
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La situación de Cuba se ha deteriorado a extremos considerables debido al triunfo del sector duro de los militares, jefeado por Fidel Castro Ruz y férreamente secundado por su hermano Raúl Castro.

En Europa se escuchan ecos de esta situación, como por ejemplo en Ginebra, donde la Comisión de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) adoptó el 17 de abril pasado una resolución que tácitamente condena “la violación de los derechos humanos y las libertades fundamentales” en Cuba. Esto motivó que el canciller cubano Felipe Pérez Roque amenazará con retirar la petición de ingreso de Cuba al Acuerdo de Cooperación económica de Cotonou, entre la Unión Europea (UE) y los países del grupo Africa, Caribe y Pacífico (ACP).

Dentro del actual panorama político internacional Cuba está ciertamente amenazada por la cruzada contra el “eje del mal” desatada por la Administración Bush. Pero una cosa son los planes de Bush respecto a Cuba y el bloqueo económico contra la isla y otra cosa es el respeto a los derechos humanos.

Este forcejeo de posiciones extremistas le da al régimen un excelente margen de maniobra para afianzar el control del poder en la isla con unas medidas que si no fuera por lo macabro de las mismas, podrían incluirse en alguna antología del esperpento y el desparpajo.

Por ejemplo la reciente redada de periodistas opositores al régimen y su condena a penas de prisión elevadísimas o a cadena perpetua, muchas veces por el “delito contrarrevolucionario” de enviar correos electrónicos al extranjero donde expresan su opinión sobre la situación de la isla. Más que la dureza del régimen, estos juicios amañados autoorganizados por el mismo G-2 cubano a través de sus provocadores infiltrados, muestran su debilidad e inseguridad. El caso más emblemático es el periodista Raúl Rivero, condenado a veinte años de cárcel por publicar sus trabajos en varios medios en el extranjero y cobrar por ello los honorarios que le corresponden como a todo periodista.

La condena a muerte en un juicio sumario de tres jóvenes que secuestraron un ferry que hacía el recorrido La Habana-Regla, en un intento por escapar de Cuba y llegar a Miami, así como su posterior ejecución más que un acto de justicia, es un acto de barbarie que se remonta a las épocas de los jefes tribales, cuando todo acto de desobediencia se penaba con castigos ejemplares para escarmiento del colectivo. Por otro lado el Jefe de la Oficina de Intereses de los EE.UU. en La Habana, James Cason, a quien el régimen de Castro acusa de organizar y financiar estas protestas, se mueve libremente en Cuba. No ha sido ni tan siquiera amenazado con expulsión, mucho menos declarado persona non grata. Da la impresión de que James Cason ha sido sólo el pretexto para desatar una de las cíclicas represiones dictatoriales del régimen cubano.

En Europa estos actos han tenido resonancia no sólo entre la opinión pública sino también entre intelectuales, escritores y políticos, otrora defensores de la revolución cubana. Dos Premios Nobel considerados pro-castristas como el portugués José Saramago y el alemán Günther Grass han condenado la última andanada de zarpazos anti-democráticos en Cuba. El Partido Socialista Obrero Español, PSOE se distanció oficialmente del régimen cubano y uno de sus dirigentes, José Bono, tildó al mandatario cubano de “tipo despreciable”.

Manuel Vázquez Montalbán, autor de la célebre biografía de Fidel Castro “... Y Dios entró en La Habana”, ridiculizó al caudillo en una columna donde lo retrata a él solo en Cuba retando a los tanques blindados de Bush Jr.

Desde Cuba también ha habido contrarespuesta de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC. En una carta abierta firmada entre otros por Pablo Armando Fernández, Miguel Barnet y Senel Paz, piden a sus colegas europeos que recapaciten sus condenas contra Cuba. Tratar de justificar unos fusilamientos innecesarios y unas penas de prisión arbitrarias es sin embargo algo que nadie en Europa avala.

Pero también en Latinoamérica. Voces como la de Eduardo Galeano se han alzado, al diagnosticar que lo de Cuba son “signos de decadencia de un modelo de poder centralizado”. A tono con estas declaraciones, aunque un poco descafeínado, Mario Benedetti declaró en Montevideo que “siempre he estado contra la pena de muerte, en cualquier país del mundo, por tanto estoy contra la pena de muerte en Cuba”. Solo Gabriel García Márquez, quien tiene una lujosa casa en La Habana y es amigo íntimo de Fidel Castro, al grado de haberle escrito alguno de sus discursos y de hacerle de “Miguel Ostrogoff, el emisario del Zar” , se mantiene en silencio.

El novelista mexicano Carlos Fuentes escribió al respecto que “Se puede sospechar... Que Fidel Castro necesita a su enemigo norteamericano para excusar sus propios fracasos, para mantener el apoyo popular y patriótico contra el imperialismo yanqui y, acaso, para preparar su propia salida del mundo en medio de una Numancia en llamas en la que mueren con él – patria o muerte – millones de cubanos”.

La preocupación que existe en las cancillerías europeas es que la situación se le pueda ir de las manos a la dirigencia cubana. No es tan seguro que Fidel Castro tenga todo atado, y bien atado. Característico de mesías, redentores y ortodoxos de toda calaña es su intransigencia enfermiza y su convicción de tener el monopolio de la verdad, de que les pertenece el futuro y de que son dueños de la historia o de que “están en su momento histórico”. En este sentido Fidel Castro poco se diferencia del fundamentalista cristiano Bush, de los Bin Laden o de los fundamentalistas del neoliberalismo y el capitalismo salvaje.

Hay en pleno centro de La Habana desde hace décadas un rótulo que llama la atención por su simbología, “Creemos en los sueños”. Esta frase parece ser más que una consigna revolucionaria una invocación de la santería cubana.

El rótulo sigue impertérrito en plena Plaza de la Revolución, como un día lejano ya. Para aquél entonces Fidel era un sueño. Hoy es una pesadilla. Sin embargo los sueños son eternos. Esperemos que Cuba pase pronto este difícil momento de su historia, sin derramamiento de sangre y sin violencia.

Patria y Vida. Soñaremos.

David Hernández tiene un doctorado en filología por la Universidad de Berlín


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