| |||
![]() |
|||
|
OPINION ¿Polarizar o moderar? ¡he allí el dilema!Álvaro Artiga González
|
A más de un mes de realizadas las elecciones, en medio de las más diversas reacciones de candidatos y partidos ganadores y perdedores, asistimos esta semana a la toma de posesión de los nuevos “padres” y “madres” de la patria. La nueva Asamblea Legislativa será instalada en medio de expectativas sobre su comportamiento. ¿Será igual a la anterior? ¿O los nuevos diputados podrán introducir dinámicas diferentes en la forma de legislar? Los diputados y diputadas de las diversas fracciones legislativas, ¿mirarán más allá de los intereses personales y los de sus partidos?
El año legislativo 2003-2004 estará marcado por la realización de elecciones presidenciales en marzo de 2004. Como en todo régimen presidencialista, estas elecciones son las más importantes. Pareciera que del futuro presidente, y su gabinete de gobierno, dependiera la suerte de todos los salvadoreños. En parte es cierto, por cuanto el presidente es la cabeza del órgano ejecutivo. Él y sus ministros son los encargados de diseñar e implementar las políticas públicas de la más diversa índole. Sus decisiones, en tanto funcionarios de la administración pública, nos afectan a todos. Pero tales decisiones necesitan de un marco regulatorio. La promulgación de este marco, aunque algunas veces parte de la iniciativa del Ejecutivo, es tarea primordial del órgano legislativo. Y he aquí que las relaciones entre los dos órganos se tornan fundamentales para hacer gobernable nuestro país.
Una condición básica para tomar decisiones vinculantes e implementarlas, es decir, para gobernar, es que el presidente cuente con los votos necesarios (mayoría simple o calificada) en el parlamento. Normalmente esto se facilita cuando el partido del presidente controla la mayoría parlamentaria, ya sea porque su fracción tiene tal tamaño, ya sea porque cuenta con aliados a la hora de votar las decisiones. Esto es lo que ha pasado con los gobiernos del partido ARENA desde 1989. Los ex presidentes Cristiani y Calderón Sol, y el todavía presidente Flores han contado con mayorías parlamentarias gracias al favor del PCN y, en no pocas ocasiones, del PDC.
Al presidente Flores se le plantea difícil su último año de gobierno porque, probablemente, los costos de mantener la alianza ARENA-PCN han subido a raíz de la disminución de la fracción legislativa del primero y el aumento de la del segundo. La dirigencia del PCN lo sabe y está dispuesta a sacarle el mayor provecho. Pero, ¿qué pasará con el presidente que salga electo en 2004? ¿contará con las mayorías legislativas para impulsar sus políticas? Obviamente, si es el partido ARENA el que gana por cuarta vez, la alianza ARENA-PCN puede seguir funcionando. No sabemos cuál será el costo social de ello. Pero las decisiones que requieran de mayoría simple, es decir 43 votos, estarían garantizadas con los votos de estos dos partidos. Más si se les une, como ha sido tradicional, la democracia cristiana.
En cambio, otro tipo de decisiones importantes como la aprobación del TLC de Centroamérica con Estados Unidos, la elección de la nueva cabeza de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, la aprobación ?año tras año? del Presupuesto General de la República, el nombramiento de los nuevos magistrados del TSE, etc. no serán fáciles a menos que se rompa una vez más el FMLN y una de las partes disidentes se sume a la alianza de derecha. Caso contrario, o se ponen de acuerdo la izquierda y la derecha (representados por los bloques FMLN-CDU y PDC-PCN-ARENA), o no se podrá gobernar. Para generar condiciones que faciliten los acuerdos entre bloques es necesario bajar el nivel de polarización de nuestro sistema. Pasa, por moderar los comportamientos y los objetivos políticos de ambos bloques.
¿Qué pasaría si, por el contrario, el FMLN o una alianza de izquierda, encabezada por el primero, gana las elecciones de 2004? Simplemente no tendría mayoría en la Asamblea. Necesitará de los votos del PCN porque ni con los votos del PDC tendría mayoría simple. A penas llegaría a 41 votos, suponiendo que ningún partido pierde escaños como ha sido la tónica en otras legislaturas. ¿Cómo gobernar en esas condiciones? El veto, tanto desde dentro de las instituciones como desde fuera, por parte de la derecha salvadoreña puede llegar a ser tal que un gobierno de izquierda no pueda tomar decisiones ni pueda implementar las que logre tomar. Este escenario es propio de las situaciones de ingobernabilidad. Un escenario que estoy seguro pocos desearían.
¿Lo planteado significa entonces que es imposible la alternancia en el control del Ejecutivo? Si los principales actores políticos de nuestro país desean vivir en democracia, la alternancia no debería estar vetada desde antes. Ni desde dentro, ni desde fuera, de las instituciones. Lo normal en las democracias es que los partidos cuentan con dos posibilidades: ganar o perder elecciones, sin que esta última posibilidad signifique una crisis institucional. Más bien, la derrota en elecciones lleva a la revisión sobre el comportamiento político de gobernantes y partido para intentar, en la próxima jornada electoral, retornar al poder. La seguridad de que, aunque hoy se pierda el gobierno, mañana se puede recuperar, es clave en las democracias consolidadas.
Por supuesto, la alternancia en el poder supone una serie de condiciones previas. En primer lugar la aceptación por parte de todos los actores políticos relevantes de que las elecciones son la única forma legítima de alcanzar el poder, de hacerse del control del Ejecutivo por un periodo determinado. Pasado éste, solo mediante elecciones se puede mantener dicho poder. Nadie debería atentar contra este mecanismo porque si hoy se pierde en elecciones, mañana será únicamente a través de ellas que se podrá ganar.
En segundo lugar, la viabilidad de la alternancia supone un acuerdo más profundo. Un acuerdo sobre la forma de organizar la economía y la sociedad. Sin éste, la alternancia aparece como la oportunidad o la amenaza de introducir cambios más allá de los cuales los actores están dispuestos a aceptar. La polarización política en nuestro país tiene como base un desacuerdo en este punto. La polarización resulta entonces un obstáculo para la alternancia. La moderación política aparece como una condición sine qua non. Ahora bien, ¿Cuáles son las condiciones que favorecen la moderación? ¿Qué tendría que pasar para que ARENA y FMLN se acerquen? ¿Bastará con una serie de visitas a las sedes de los partidos por parte de sus respectivos líderes? La adopción del “espíritu” del Foro de Concertación Económica y Social de los Acuerdos de Paz de 1992 sería lo mejor que podría pasar a nuestros líderes políticos, económicos y sociales, en este periodo de Pascua. ¡Un “Pentecostés político” no nos vendría nada mal!
|
| Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro |
| EL FARO.NET
(Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador) |