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OPINION

Candil de Virgilio

Juan José Dalton
cartas@elfaro.net
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Un día Carlos Dada me llamó a una reunión, hace más de cuatro años y a la que llegaron varios amigos. En ella se me pidió que fuera colaborador de “El Faro”, el primer periódico electrónico salvadoreño. Desde un inicio mi columna de opinión salió semana tras semana; luego me convertí en un colaborador disipado por múltiples trabajos, pero nunca por la insistencia de Carlos Dada, a quien admiro y respeto, entre otras cosas, por su entusiasmo hacia la profesión y los ideales que compartimos.

“El Faro” ha alumbrado el ciberespacio para cientos y quizás miles de salvadoreños y lectores de otras latitudes. Tiene ya un núcleo grande y asiduo de lectores que son exigentes. Sus propuestas, ideas e informaciones comienzan a tener impacto en la vida nacional y su reconocimiento es innegable. “El Faro” es virtual, pero no hay quien lo oculte. Esa es la realidad y el reto de los medios de comunicación en El Salvador. Es muy importante porque desde mi punto de vista la prensa local se ha estancado. Luego de firmados los Acuerdo de Paz en 1992 hubo un repunte del periodismo, pero en la actualidad la labor está “cuestabajo”. La crítica y la fiscalización al poder es escasa y en ocasiones la prensa tradicional hace de “bufón de la corte” cuando no la hace de “megáfono oficialista”.

No obstante, desde “El Faro” se ha podido escribir acercándose a la verdad salvadoreña e internacional, y es un reto continuar haciéndolo. Recientemente un grupo de periodistas y fotógrafos salvadoreños --muchos de los cuales trabajamos diariamente, y desde hace “varios días”, para medios internacionales-- nos reunimos para ver “¿qué podíamos hacer?” y basándonos en la teoría filosófica “del por joder” como concepto del desarrollo nacional (según Chinto Castellanos), decidimos trabajar por construir un nuevo periódico electrónico. No sólo resulté miembro del Grupo Editor sino también encargado de una sección; además tuve que aportar unas “bolitas” para pagar el servidor que nos mantendrá el periódico en el ciberespacio, así como para cancelarle al diseñador y otros gastos. Los iniciadores de este nuevo parto -como los Tres Mosqueteros o como Don Quijote o el mismo Carlos Dada- juramos probar, hacer el intento, en el cual nos acompañan muchas personas de un corazón tan grande que sus venas nos llegan desde lejos para brindarnos su sangre vital.

En el ciberespacio hay chance para todos. No pretendemos desplazar a otros ni competir contra otros. En una casa, cerrada como la nuestra, lo que pretendemos en abrir espacios para que entre la luz. Queremos hacerlo bien, con ética y acercarnos lo más posible a la verdad, sin la arrogancia de aquellos que por ser propietarios de los grandes medios se vanaglorian de ser dueños de las grandes verdades. Queremos hacerlo con inteligencia, creatividad y buen humor. Queremos ser parte y aportar en ese fenomenal proceso de construir la democracia en El Salvador desde la trinchera de una prensa independiente y crítica.

Que sea nuestro trabajo y la opinión de nuestros “visitadores” quienes confirmen si cumplimos o no con dicho propósito. Hoy quiero dejar constancia en el ciberespacio que alumbra “El Faro”, de mi profundo agradecimiento a Carlos Dada y a Jorge Simán por haberme permitido ser parte de su equipo. A los lectores de “El Faro”, les expreso también mi gratitud, pero no me despido. En la vorágine de la vida actual, cuando en una calle hay congestionamiento, buscamos la ruta alterna, pero siempre regresamos a casa. Nuestro compromiso es con la construcción plena de la libertad, la justicia y la democracia; con tolerancia, propuesta y debate inteligente. Como Virgilio y su candil guía, acompañan a Dante en la búsqueda del amor de Beatriz, sorteando todos los peligros, así es nuestra pasión por el periodismo y por encontrar las verdades, no para encadenarlas sino para liberarlas y compartirlas.


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