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OPINION AfortunadotesPor Claudio Peláez
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Si usted ha tenido la oportunidad de ver la película Daredevil se dará cuenta de lo afortunados que serán los iraquíes en unos meses. Desde que se abra la primera supercadena de cines, ésta y otras cintas de la misma calidad llenarán la imaginación de los descendientes de la más antigua cultura del mundo.
Aunque no sea de su agrado, los bagdadíes y los otros iraquíes que ahora sufren con los sonidos de las bombas, podrán disfrutar en surround de efectos de sonidos que en la oscuridad de una sala dasafiarán su experiencia en la guerra.
¡De verdad que son afortunados! Esa es la liberación que
les quedará después, por supuesto, de pagar la factura con
el petróleo. Porque, a fin de cuentas, ¿de qué otra
manera podrán pagar a sus liberadores?
Este viernes 4, el presidente del Centro Educativo Comunidad Musulmana
de México, Said Louahabi Shash, recordaba que "nadie podía
imponer formas de vida a nadie. Si uno quiere dormir sobre el camello,
que así sea". Después de eso, la crudeza de las imágenes
en el teatro de operaciones (como le gusta llamarlo al presidente de España)
aplastan a las razones.
George W. Bush, en alguna de sus múltiples apariciones recientes (a pesar de la pobreza de su oratoria, nadie se ha preguntado si se trata de un doble, o si fue clonado, o hay dos, o más iguales) declaraba que el triunfo llegaría, no importando si tomara días o semanas, el único resultado aceptable era la victoria.
Seguramente se visualiza como un jugador de baloncesto conectado al sonar del timbre que marca el fin del partido, logrando los puntos necesarios para la victoria.
No parece que vaya a llegar ésta. Para la mayoría es evidente de que nadie gana, y que aun quienes se oponen a la guerra pueden perder por su falta de objetivos y de estrategia.
Por ejemplo, los boicots... Los boicots no sirven. Sólo serán una nueva forma de frustración para sus organizadores. Ni simbólicamente son de utilidad. Son como el aumento de penas para los criminales: es pura autocomplacencia y sirven solamente para acallar conciencias.
Este tipo de boicots sólo lo pueden llevar a cabo dentro de las
clases altas de las sociedades, que son las que tienen alternativas para
proveerse. Los hábitos de consumo de las poblaciones, al menos
en Latinoamérica, han cambiado muchísimo en los últimos
veinte años, desde mucho antes de que se llevaran a cabo los tratados
comerciales.
Los productos estadounidenses son prácticos, novedosos y bien presentados
(prácticamente sus únicas cualidades), y estoy seguro que
esas son las ideas que se les asocian a ellos en los países de
Latinoamérica. Sus pares locales, adolecen de estas características
y por ello son sustituídos.
Además, muchos de ellos ya son producidos en los países en donde se venden porque eso reduce su precio. Eso significa que son trabajadores locales quienes participan en su producción, y como la mayoría de las leyes de América Latina son restrictivas en la inversión, más de la mitad del capital de esas empresas (aun con origen estadounidense), también es local.
Las marcas más conocidas y que en los panfletos de estas campañas de boicot son identificadas con el imperialismo estadounidense, son franquicias. Son generalmente las de comida rápida. También invierten en publicidad en los países en que operan.
Toda esta inversión da trabajo y sustento a millones de personas en México y el resto de los países de la región. Entonces, ¿por qué el boicot? No es una forma efectiva de protesta. La razón es que parece que nos quedamos sin soluciones porque nos sentimos aislados e impotentes. Pero un boicot de esta naturaleza (en el entendido que fuera efectivo, algo muy discutible dados nuestros hábitos de consumo, como decía) sólo dañaría a los menos favorecidos de un país.
Muchos de estos menos favorecidos tienen como único ingreso el
dinero de las remesas que les envían sus parientes en Estados Unidos.
En México, el monto anual de estos envíos es tanto como
10 mil millones de dólares. En El Salvador se trata del principal
ingresos de divisas.
La integración económica es una realidad, y es tanta la
dependencia que tiene Latinoamérica en particular (y el resto del
mundo en general) del mercado estadounidense que es muy angosto el margen
de maniobra.
Uno de los ángulos más curiosos de este tipo de campaña es que se organizan por correo electrónico gratuito, generalmente de empresas como Yahoo! u Hotmail, ciertamente de este país con el que no se está de acuerdo.
Y en realidad para muchos no se trata del país, sino de sus gobernantes. Ellos son los que utilizan sus propios medios de comunicación como propagandísticos.
Son ellos los que identifican la libre práctica periodística con falta de patriotismo.
La razón no les asiste, pero repiten sus objetivos como los de
todos.
El mejor boicot a esos malos gobernantes, que se apean del consenso de
la mayoría, es que la gente se informe mejor. Que deje de consultar
las fuentes de información distorsionadas por la presión
gubernamental.
Creo que es la única manera de que aún con la tragedia que sucede en estos momentos, obtengamos alguna victoria...perdurable.
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