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OPINION ¡Las elecciones presidenciales a la vista!Mientras tengamos este “ritmo” de elecciones nuestros partidos pensarán más en ganar elecciones que en llevar a cabo políticas públicas que resuelvan, o al menos mitiguen, los principales problemas que aquejan a la población. Con un promedio de elecciones cada dos años, no nos extrañemos de tener partidos “electoreros”.Por Álvaro Artiga-González
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Hace tres semanas, El Salvador culminó un proceso electoral más en el que votamos, o nos abstuvimos de hacerlo, para repartir escaños legislativos y de concejos municipales. Según cifras oficiales proporcionadas por el Tribunal Supremo Electoral (TSE), 1,451,168 ciudadanos emitieron su voto, válido o no, para la elección de diputados. Esta cantidad equivale a un 41% del total de inscritos en el registro electoral. Ciertamente una cifra un poco mayor que la registrada para el año 2000. Aunque este hecho no represente un gran avance, al menos significa una pausa en la tendencia a la disminución de la votación que desde 1984 venía registrándose en el país. ¿A quiénes tenemos que felicitar por este “simbólico” logro? “Evidentemente, ¡mi querido Watson!” ¡A todos y todas las que fueron a votar!
¿Por qué no felicitar al TSE y a los partidos políticos en contienda? Porque ambos hicieron, concientemente o no, intencionalmente o no, cosas como para desanimar a cualquiera para que no asistiera a votar el pasado 16 de marzo. Los problemas en la organización del proceso y las violaciones a algunas disposiciones de la ley electoral son solo unos temas que pueden mencionarse. ¿Por qué no felicitar a los medios de comunicación social? Porque aunque se ha avanzado en algún tipo de reportajes políticos especializados, la cobertura informativa semanas antes de las elecciones más bien tendía a infundir temor, dudas y desinterés.
Especial mención merece la cobertura que un medio de prensa hizo sobre la labor del TSE. Es encomiable la “marcación de estampilla” que sobre el TSE llevó a cabo la reportera destacada para ello. Pero es lamentable que se haya quedado en la pura nota negativa. No utilizó sus hallazgos para formar opinión a favor de la despartidización del Tribunal. No se aprovechó su información para volver tema de agenda pública esta necesaria medida de reforma electoral. ¿Por qué ahora ya no se habla en los medios de todos los errores del TSE? ¿Por qué no se insiste en las fallas, los costos, la inoperancia, etc?
Estamos a dos semanas de perder la oportunidad de llevar a cabo una reforma electoral sustantiva. Digo esto porque la despartidización del TSE pasa por una reforma constitucional. Y es la Asamblea saliente la que debe aprobarla para que la nueva Asamblea la ratifique. Al no llevarse a cabo dicha reforma, los diputados están condenando a la ciudadanía a aguantar cinco años más, después de las elecciones de 2004, a un TSE controlado, subordinado a los partidos políticos.
Así las cosas, en 2004, 2006 y 2009, tendremos procesos electorales
en que probablemente se repetirán todos los problemas que el actual
TSE cometió en 2003. Y ¿sabes estimado lector que las elecciones
de 2009 serán como las de 1994? Es decir, serán elecciones
generales donde simultáneamente se disputarán la presidencia
y vicepresidencia, los escaños legislativos y municipales. Si el
proceso de 2003 ha sido el menos transparente desde 1994 ¿Qué
podemos esperar de los siguientes procesos si los actores (TSE y partidos)
siguen manteniendo la misma relación de dependencia, rehuyendo
el TSE a constituirse en verdadero Tribunal y máxima autoridad
en materia electoral?
Pero no vayamos demasiado lejos. Quién sabe si vamos a estar vivos,
si vamos a estar en un país políticamente estable y económica
y socialmente viable. Quedémonos nada más con lo que se
nos avecina y lo que ello significa para este año. Dado nuestro
calendario electoral, 2003 no solo ha sido un año electoral sino
que también pre-electoral. En noviembre de este año seremos
convocados a elegir presidente y vicepresidente de la república
en marzo de 2004. Ya podemos sospechar lo que esos cuatro meses van a
significar en términos de campaña electoral. Si en la de
2003 hubo muertos ¿qué es lo que no podemos esperar para
la campaña de 2004?
Pues bien, una vez que se han declarado firmes los resultados oficiales de las pasadas elecciones de diputados y concejos municipales, los principales partidos de nuestro sistema (ARENA, FMLN y PCN) ya están preparándose para las elecciones de 2004. El primero de ellos no termina de asimilar los resultados adversos y sus dirigentes creen que lo que se necesita es un cambio al interior del partido. No parece haber cabida para un diagnóstico que señale las causas del problema hacia fuera del partido. En los productos que su gobierno ha realizado. Es decir, en sus políticas públicas. En la manera de gestionar el inevitable conflicto social que implica la convivencia, en un mismo espacio geográfico, de grupos e individuos con intereses diferentes y, no pocas veces, contradictorios.
El segundo, todavía bajo la euforia del supuesto “triunfo” electoral ya se imagina gobernando. Digo “supuesto” porque las elecciones de diputados no son elecciones del tipo “el ganador se lleva todo”. El principio de proporcionalidad que subyace al sistema electoral para la elección de diputados tiene como finalidad “premiar” no solo al partido que saca más votos. Se busca repartir escaños de acuerdo con la proporción de votos obtenidos en la contienda. Desde este punto de vista, los cinco partidos que alcanzaron escaños pueden considerarse perfectamente ganadores. Y, por tanto, todos habrían triunfado. Es la cultura presidencialista la que hace que algunos vean cualquier tipo de elección como si de una elección presidencial se tratara. En éstas sí que hay un ganador.
Pues bien, el FMLN está metido ya en la necesidad de buscar una fórmula presidencial que haga real sus aspiraciones de controlar el Ejecutivo. No lo tiene fácil ciertamente. Se enfrenta a un “dato duro”: un electorado sesgado hacia la derecha. Esta afirmación la hago con base en la última encuesta pre electoral del IUDOP de la UCA y los mismos resultados oficiales donde los votos de ARENA, PCN y PDC superan en mucho a los votos del FMLN. Con los votos de los electores de estos tres partidos ARENA bien podría ganar en 2004 ya sea en la primera, ya sea en una segunda vuelta. Desde este punto de vista, el FMLN está actuando igual que ARENA. Cree que la clave está hacia dentro del partido, en la búsqueda de la fórmula de candidatos adecuada y no en las relaciones que debe establecer con otros sectores fuera del partido y convencerles, con hechos concretos, que no hay razón para temer un gobierno de este partido.
El PCN, aunque desde una diferente perspectiva, también está pensando y actuando ya en función de las elecciones de 2004. Aunque electoralmente este partido ha crecido mucho en la última década, su caudal no es suficiente para convertirse en alternativa real de poder. Su papel más bien se reduce al acompañamiento del ganador. Es más, su cuota de diputados le coloca estratégicamente en este lugar. Los votos de su fracción legislativa serán deseados tanto por ARENA como por el FMLN. Se puede decir que, cualquiera sea el resultado de la elección del próximo año, el PCN tiene desde ya la sartén por el mango. Cualquiera de los partidos que resulte ganador en 2004 va a necesitar de los votos de “las manitas” en la Asamblea Legislativa para garantizar gobernabilidad. Al PCN, pues, no le queda más que apostar por el ganador.
En este contexto, todo lo que ocurra este año en la Asamblea Legislativa y en los Gobiernos Locales estará bajo la sombra de las elecciones presidenciales del próximo año. Cualquier partido político tiene como finalidad alcanzar o mantener el ejercicio del poder político. Nuestros partidos no son la excepción. Así que aunque oficialmente la campaña comience cuatro meses antes de las elecciones, podemos decir que ¡desde ya! estamos bajo la campaña de los partidos.
Por cierto, la dinámica descrita está asociada al calendario electoral que es parte de nuestro sistema electoral y que también debería ser reformado. Mientras tengamos este “ritmo” de elecciones nuestros partidos pensarán más en ganar elecciones que en llevar a cabo políticas públicas que resuelvan, o al menos mitiguen, los principales problemas que aquejan a la población. Con un promedio de elecciones cada dos años, no nos extrañemos de tener partidos “electoreros”. No podría ser de otra forma. Una vez más estamos ante una medida de reforma constitucional porque supondría cambiar los periodos para los cuales son elegidos presidente, vicepresidente, diputados y concejales municipales. Si esta reforma no la hace la Asamblea saliente, lo debería hacer la entrante. Pero su ratificación vendría hasta la legislatura 2006-2009. Así las cosas pareciera que ¡estamos condenados a seguir con partidos “electoreros” por seis años más!
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