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Múltiples celebraciones en el XXV aniversario de su asesinato Miles recordaron a Monseñor RomeroEste año, el jueves santo fue la fecha en que convergieron la conmemoración de la muerte de Jesucristo y la del asesinato del arzobispo salvadoreño Monseñor Oscar Arnulfo Romero, asesinado el 24 de marzo de 1980 justo cuando celebraba la eucaristía.Ruth Grégori / Fotos: Walter Sotomayor |
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Las actividades conmemorativas del XXV aniversario del asesinato de Monseñor Romero fueron postergadas "oficialmente" para después de Semana Santa. Sin embargo, el pasado jueves 24 de marzo, miles de salvadoreños hicieron caso omiso a lo dictado por el arzobispo de San Salvador, Monseñor Fernando Sáenz Lacalle, y con procesiones y actos, públicos y privados, en el subsuelo de catedral metropolitana, recordaron al que ya consideran su santo.
Ese jueves, más de mil personas marcharon desde la Parroquia del Hospital Divina Providencia, donde Romero fue asesinado, hasta el monumento que le fue erigido al arzobispo salvadoreño frente al del Divino Salvador del Mundo, patrono de la capital.
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La segunda estación fue el Parque Cuscatlán, donde se encuentra el Monumento a las Víctimas Civiles de la guerra salvadoreña, en donde también se encuentra incluido el nombre de Romero.
En la plaza Gerardo Barrios, frente a Catedral, se encontraron con alrededor de mil personas más que venían desde la Basílica Sagrado Corazón en una procesión silenciosa. De ahí se dirigieron a la cripta de Catedral, donde descansan los restos de Romero y otros arzobispos salvadoreños, para celebrar un acto ecuménico.
Monseñor Gregorio Rosa Chávez, obispo auxiliar de San Salvador, expresó en torno a este acto conmemorativo en el marco de la Semana Santa: "Hoy damos gracias a Dios porque es jueves santo y es veinticuatro de marzo. En la tarde, cuando veamos a Cristo en la última cena, veremos a su pastor, Monseñor Romero, que entregó la vida precisamente mientras celebraba la cena del Señor. Es un simbolismo hermoso de una vida ofrecida totalmente a Dios por su pueblo".
Luego de la ceremonia, Rosa Chávez manifestó que un acto privado de "oración y reflexión" tuvo lugar después de celebrar la misa del jueves santo y antes de abrir las puertas a los feligreses. En ella participó solamente el cuerpo sacerdotal, entre ellos el actual Arzobispo Sáenz Lacalle.
Sin embargo, Sáenz Lacalle no participó en el acto ecuménico, y fue Rosa Chávez quien representó al liderazgo católico entre los delegados de iglesias de otras denominaciones, entre ellos de la iglesia bautista, reformada calvinista y episcopal.
Durante el acto religioso, Rosa Chávez dijo: "Hoy estamos casi ocultos, en las catacumbas, porque es jueves santo, pero la próxima semana estaremos en las calles, y el mundo verá de lo que somos capaces. Hoy comienza el mundo que soñamos". El obispo auxiliar abogó por un "antes y un después del 25 aniversario", por la construcción de ese mundo que soñó Monseñor Romero y que todavía no existe.
El fervor por Romero
Monseñor Romero es considerado por muchos un santo, se le llama "San Romero de América", aunque su canonización siga aún en proceso.
En la misa que tuvo lugar en la parroquia del hospital Divina Providencia, cientos de feligreses elevaron cantos y oraciones para recordarlo. Entre los términos usados para referirse a él se escuchaban "profeta", "mártir", "pastor" y "santo". Entre los cantos se entonó "El Corrido a Romero".
Entre las personas que participaron en las marchas se veían numerosas pancartas y afiches, de diversos tamaños, que reproducían su rostro así como una variedad de frases de sus homilías.
Frente a la tumba de Romero se veían desfilar igualmente nutridos grupos de personas. Algunas de ellas se detenían para apretar sus manos y rezar, para entonar cantos, o para escuchar a alguno de los que incluso predicaron en el lugar.
El lugar de la tumba de Romero fue cambiado, ya no se encuentra hacia el centro de la enorme cripta, sino frente a los nichos reservados para los arzobispos, en el costado norte. La razón, según explicó Rosa Chávez, es que se construirá en ella un monumento de bronce.
"Ésta es la romería más grande", dice Cecilia Navarro, de 64 años, quien cuenta el porqué de su amor por Monseñor Romero: "Para mí Monseñor Romero fue un padre, un pastor. Lo conocí cuando estuve en la cárcel, él me visitó y salí realmente por todo lo que él hizo para que pudiéramos salir". Navarro explica que fue apresada en 1978, y estuvo un año en la cárcel, "por ser catequista". "En ese tiempo ser catequista era un delito tan grande verdad, pero él siempre nos apoyó", agrega.
Alicia Sibrián, una anciana de 78 años, también lo conoció. "Cuando veníamos a misa, él se ponía en la puerta a darle la mano a toda la gente, y a los niños les hacía cariño. Pues sí uno lo quiere como un padre, como algo de uno. Yo tengo un gran cariño por él". Sibrián perdió cinco de sus seis hijos durante la guerra y venía a llorarlos frente a la tumba de Romero antes de que se construyera el monumento en el Parque Cuscatlán: "No tenía adónde ir a llorar a mis hijos", explica la anciana.
La figura de Oscar Arnulfo Romero, a quien también se conoce como "la voz de los sin voz", suele ser reivindicada como símbolo de otros asesinatos o desapariciones ocurridos durante la guerra, que quedaron y siguen impunes.
De hecho, durante la misa que se realizó en la parroquia del hospital Divina Providencia antes de iniciar la marcha, el nombre de Romero dio inicio a una larga lista de personas asesinadas o desaparecidas durante la guerra civil que se convirtió en un acto conmemorativo más amplio.
En la Plaza Barrios, frente a Catedral, la Asociación Equipo Maíz instaló una muestra con 919 fotografías de "caídos y desaparecidos" durante la guerra. Alfredo Vicente, representante de la Asociación, manifestó que consideraron oportuno colocar la muestra en la fecha del 25 aniversario de la muerte de Romero debido a que son rostros que no se pueden olvidar: "Hay una frase que él dijo, que estos son verdaderos mártires y tenemos que respetar su memoria, tenerlos presentes. En esta fecha consideramos que es la oportunidad de devolverla al pueblo y a algunas familias que están identificando los rostros ahí".
La Plaza Barrios fue el escenario de la masacre que ocurrió durante las exequias de Monseñor Romero cuando francotiradores, presuntamente apostados en el techo del Palacio Nacional, dispararon contra la multitud que se había reunido para dar el último adiós a Romero.
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