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Cisma en Fomilenio por acto de Saca
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El equipo encargado de velar por la ejecución de los 461 millones de dólares donados por la Corporación del Reto del Milenio (MCC, por sus siglas en inglés) sufrió de una fractura hace un mes. El presidente del país, Antonio Saca, acababa de protagonizar en Santa Rosa Guachipilín, municipio del departamento de Santa Ana, un acto para anunciar una obra que, en realidad, ya había anunciado desde hacía más de un año: la construcción de la carretera Longitudinal del Norte, el componente más costoso del programa auspiciado con los fondos de la corporación estadounidense para impulsar el desarrollo económico de la zona norte del país.
A la actividad, celebrada el 14 de abril en las riberas del río Lempa, asistieron funcionarios del Ejecutivo, alcaldes de la zona, los representantes de la MCC en El Salvador y miembros de la junta directiva de Fomilenio. De esta última, sin embargo, faltaron tres de sus miembros propietarios, los únicos que no pertenecen al gobierno y que, en cambio, están en dicho equipo como representantes de las organizaciones no gubernamentales (ONGs) y del sector privado. Ni siquiera sus suplentes acudieron. En principio por problemas de agenda, pero también por una preocupación compartida, dicen. La preocupación de Guillermo Galván, Ana Josefa Blanco (ambos de ONGs) y de María Elena de Alfaro (del sector privado) era la misma que en ese entonces expresaron los “padrinos” de la propuesta de la zona norte, los miembros de la Comisión Nacional de Desarrollo (CND), que tampoco acompañaron a Saca en Santa Ana. Su temor era que el acto pudiera prestarse a uso propagandístico, ya que no se trataba más que del anuncio de algo ya conocido y que empezaría a construirse hasta diciembre, solo que esa vez iba a hacerse con mucha pompa.
“Recuerdo mucho Santa Rosa Guachipilín porque aquí comenzó a escribirse la historia. Cuando yo comencé la gira ‘Hablemos con libertad’, la comencé aquí, aquí comenzó a escribirse la historia, aquí hablamos de carreteras”, dijo esa vez Saca, haciendo alusión a la gira que realizó hace cinco años como candidato del partido Arena. En su discurso, con el mismo tono que ha usado su partido en la actual campaña electoral, recordó también que su gobierno “promueve las libertades”.
Anteriormente, en actos de Fomilenio con participación del presidente, la directiva había discutidos las actividades de modo que todos sabían el objetivo, lugar y fecha en que se haría. Para el de Santa Rosa Guachipilín, sin embargo, las cosas fueron distinitas. No hubo una sola discusión de sus integrantes y, más aún, estos recibieron solo una invitación alrededor de cuatro días antes de que se realizara.
“El punto es este: es un programa que gestionó el actual gobierno, eso es innegable, perfecto. ¿Pero dónde está el límite de tener derecho a ese reconocimiento como gobierno? ¿Hasta dónde llega el momento donde ya se usa de una manera que pudiera ser interpretada como exceso de información, o mejor dicho, que podría caer en el plano de la publicidad?”, cuestiona Guillermo Galván, ex director de la ONG Fundamuni. El directivo objeta un uso del proyecto en beneficio particular de los intereses del Ejecutivo. “El gobierno tiene derecho al reconocimiento, a lo que no tiene derecho es a usar las obras de otra manera, que salgan del carácter de programa de país y usarlas como un programa de gobierno. Por eso es importante insistir en eso”.
Con esa inquietud en mente, los seis miembros ajenos al gobierno – tres propietarios y tres suplentes – decidieron reunirse por aparte en la semana del 28 de abril para unificar una posición, que expresaron al resto de la junta una semana más tarde. Les dijeron que no estaban de acuerdo con cómo se había manejado el acto y querían dejarlo claro en el equipo de trabajo completo.
Pero antes del encuentro, comenta Galván, tuvieron oportunidad de comentarle su preocupación de manera informal al secretario técnico de la presidencia y presidente de Fomilenio, Eduardo Ayala Grimaldi, quien luego les allanaría el camino para tratar el punto con el resto de la junta. “Él llevó el punto a la reunión para que todos los miembros pudiéramos expresar cómo veíamos esa situación”, cuenta.
La sesión, recuerda María Elena de Alfaro, ex presidenta de la Cámara de Comercio, “fue muy calmada, tranquila y sin mayores aspavientos”. Se realizó el 7 de mayo y en ella los funcionarios del gobierno en la junta y sus directores conocieron finalmente de la incomodidad de sus compañeros. Galván también recuerda la reunión como muy llena de ecuanimidad: “Yo creo que fue una conversación con franqueza, creo que hay coincidencia en los demás miembros de junta directiva y eso me parece importante (...) Hay una buena relación y un intercambio que se da con bastante madurez. No se manejó en términos de una discusión, sino en términos de una preocupación para que el Fomilenio se maneje con un carácter de nación”.
La fractura que había generado el acto presidencial hacía tres semanas, según aseguran hoy Galván y Alfaro, fue subsanada con ese encuentro. “Fue una propuesta de la sociedad civil para que se corrigieran ese tipo de errores como el que pasó en Santa Ana. Al final, fue una reunión muy provechosa y hoy estamos trabajando mejor que nunca. Yo creo que ellos también estaban conscientes de que era necesario hacer esa reunión, tener esa conversación (...) Creo que se aclaró cómo debía ser para evitar ese tipo de problemas”, dice Alfaro.
Juan José Llort, director ejecutivo de Fomilenio, al igual que cuando conoció de los motivos por los cuales no asistieron los miembros de la CND, desvirtúa cualquier temor de uso propagandístico alrededor de los proyectos de la Cuenta del Milenio y, ante las nuevas interrogantes de El Faro sobre el tema, sugirió que no se le preste más atención al asunto. “Ellos tienen toda la libertad de hacer lo que quieran, pero nuevamente creo que estamos enfocándonos en cosas que... deberíamos gastar el tiempo en algo más productivo (...) ¿Que si algún miembro de junta directiva no asistió al evento porque no lo consideró conveniente? Tiene toda la libertad de hacerlo, algunos no pudieron por el corto tiempo que se les dio, otros no pudieron porque no quisieron.”
Llort, en todo caso, coincidió con los representantes no gubernamentales en la directiva en cuanto a Fomilenio hay que darle tratamiento de una obra de nación. “El proyecto de Fomilenio es un proyecto de país, en eso estamos todos de acuerdo, y en eso creo yo que toda la junta está de acuerdo y eso es lo que vamos a tratar de hacer, es lo que hemos hecho hasta la fecha”.
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