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La tercera vía murió en cuatro actosLa procesión por construir la tercera vía dejó a los tres involucrados el sinsabor con el que termina una relación de desconfianzas. FDR y CD terminaron solos, más débiles y sin Arturo Zablah como candidato presidencial. El segundo intento por reclutar al empresario como candidato a la presidencia duró cuatro reuniones principales, que terminaron en nada por la misma displicencia de los protagonistas, que ni siquiera fueron capaces, durante días, de tomar el teléfono para llamarse y reunirse. Sergio Arauz Cambio Democrático desconfiaba del PDC y de su cercanía con ARENA. El PDC desconfiaba del CD y de su cercanía con el FMLN. El FDR confiaba en que el nombre de Arturo Zablah podría desvanecer las desconfianzas entre los amarillos y los verdes, y Arturo Zablah confiaba en que los tres partidos se pondrían de acuerdo en ir juntos en pos de la presidencia para 2009. Las desconfianzas se comprobaron y la confianza del empresario murió el lunes 31 de marzo, el día en que le dijo a Julio Hernández, secretario general del FDR, que no se metería a la carrera presidencial. Las primeras páginas de la historia pintaban un futuro favorable. Era jueves 7 de febrero cuando dirigentes de Cambio Democrático y Frente Democrático Revolucionario preparaban un documento que presentarían al ex ministro de Economía en su oficina. Al final de la tarde del viernes 8 de febrero le llevaron el borrador del “protocolo de entendimiento” con el que ambos partidos formalizaban un noviazgo. Con el documento alentaron a Zablah a buscar, de nuevo, la posibilidad de una candidatura presidencial arropado con tres banderas: la amarrilla de CD, la rojo pálido del FDR y la verde del Partido Demócrata Cristiano. A ese encuentro incluso llevaron bocetos donde se cruzaban los tres colores y en los que se incluyó el nombre del dueño de Industrias Capri, que para entonces ya había desistido una vez de intentar ser candidato. En la propuesta aparecieron los bosquejos de cómo aparecerían en la papeleta de votación con banderas separadas y de cómo una sola bandera –en caso de que llegaran a ese acuerdo- mezclaba los colores de los tres partidos. Julio Hernández, secretario general del FDR, planteó la urgencia de no seguir perdiendo tiempo y salir antes de que se conociera la carta presidencial arenera. El entusiasmo llevó a CD y FDR a festejar el primer acuerdo exitoso. El martes 12 de febrero convocaron a una conferencia de prensa para firmar en público el pacto político que les daba oficialmente la oportunidad de lanzar la candidatura de Zablah. “Antes de esto no teníamos el instrumento para poder hacer ofertas”, dijo en esa ocasión Héctor Dada Hirezi, secretario general de CD. Julio Hernández, su par del FDR, explicó efusivo a la prensa que ya tenían un rostro al cual ofrecer la candidatura presidencial: Arturo Zablah. Dada lo secundó, aunque precisó que aún había camino que andar: “Una de las personas consideradas es Arturo Zablah para la presidencia, pero no depende solo de nosotros.” También dependían de lograr convencer al PDC de unirse. Pese a los escasos recursos de ambos partidos, acordaron hacer el anuncio de su compromiso con toda pompa, y por ello tiraron la casa por la ventana. El FDR contrató un par de horas de un salón del Hotel Radisson. Con ese acto querían revestir de seriedad el acuerdo, en el que no estuvo ningún representante del PDC. El indispensable tercer actor apareció hasta finales de febrero y los primeros encuentros públicos fueron a principios de marzo. Durantes los primeros días no hicieron públicas las reuniones en las que principalmente participaron seis o siete personas de los tres partidos. Por el PDC, Rodolfo Parker, secretario general; Ana Guadalupe Martínez, secretaria general adjunta, y Óscar Morales, secretario de asuntos internos. Por el FDR participaron Julio Hernández, coordinador general y Celina de Monterrosa, de la comisión política; y por CD estuvieron Héctor Dada, secretario general, Juan José Martel, segundo al mando, y Óscar Samayoa, de la comisión negociadora del partido. El miércoles 5 de marzo la prensa interrumpió uno de los encuentros más importantes en la relación de los partidos que buscaban convertirse en la tercera vía, y que se suponía que iba a ser privado. Ese día, los negociadores se llenaron de éxtasis. Según Julio Hernández, esa reunión realizada en el Hotel Princess fue “el mejor momento” para sellar el pacto de tres partidos que exigía Zablah para lanzarse. Para ese entonces, los tiempos del FDR estaban casi al filo, pero todavía pensaban que era posible que Zablah se lanzara como candidato antes de que Rodrigo Ávila resultara fuera nominado. “Hubo un momento en el que se estuvo más cerca de lograrlo y fue ese”, comenta Hernández. Esos días, las suspicacias intensas que se profesaban mutuamente PDC y CD aparentemente habían cedido y había posibilitado un estado de armonía como no habían tenido nunca. En gran medida porque en la cita del Princess hubo cuatro personajes influyentes que jugaron el papel de “garantes”. Roberto Rubio, economista y miembro del grupo conocido como “los apóstoles”, Salvador Samayoa, integrante de la comisión nacional de desarrollo y también miembro de “los apóstoles”; Mauricio Loucel, rector de la Universidad Tecnológica, y Rafael Alvarado Cano, empresario y ex ministro de Hacienda durante la administración de Alfredo Cristiani. Rubio explica cómo se originó la integración del grupo de garantes: “A mí me contactaron CD y FDR, a través de Salvador Samayoa. Me dijeron que estaban en proceso de formar una alianza y querían que un grupo de personas les ayudara a reflexionar sobre una alianza, y dos… ser testigo de lo que ahí se estaba discutiendo.” En el Princess, los dirigentes de los tres partidos políticos escucharon lo que este grupo de “testigos” pensaba en términos generales de la construcción de una alianza de “tercera vía”. La cita se suspendió porque llegaron periodistas. “Yo dije que el país si necesitaba una tercera fuerza. Pero subrayando que fuera gente decente y madura, que sería bueno que jugara un rol con un número de diputados que obligara a uno y otro bando (ARENA y FMLN) a discutir con una fuerza madura y decente”, dice Rubio, en referencia a su intervención. Ahí se dibujó el papel que podrían jugar los tres partidos si lograban sustituir al PCN como bisagra por la que pasan las decisiones legislativas. Al siguiente día, el jueves 6 de marzo, continuaron con la cita que suspendieron por la falta de privacidad en el hotel. Por ello, los siete dirigentes de los tres partidos convocaron a los cuatro garantes a la casa de Rodolfo Parker. “Ahí se le se preguntó (a Parker) si estaba dispuesto a continuar si en la derecha le agarraban del buche. Todos sabíamos que él era el que recibiría más presiones (…). Cuando se le preguntó, su respuesta fue más política, dijo que ellos estaban apostando más a largo plazo”, explica el secretario general del FDR. Pese a ello, ante los garantes, Hernández creyó que estaban a un paso de lograr ser tres partidos y Arturo Zablah contra ARENA y FMLN. Samayoa iba a redactar una especie de protocolo de acuerdo, pero los dirigentes de los tres partidos no aterrizaron sus ideas. “Nunca pasamos de hacer expresiones de voluntad”, dice ahora Hernández. El optimismo duró hasta el miércoles 12. Ese día comenzaron en un escenario con más tensiones y apareció de nuevo, como protagonista, la desconfianza. La reunión de ese día en la sede de la Fundación Friedrich Ebert, en San Salvador, una de las más largas y de las que Héctor Dada y Julio Hernández salieron algo disgustados. Dada había decidido ceder ante las principales demandas del PDC, que exigía mesa limpia para discutir una alianza integral. Parker y Ana Guadalupe Martínez habían pedido al CD que este dejara de lado las alianzas con el FMLN en Sonsonate y Santa Tecla. En la Ebert, Ana Guadalupe Martínez y Óscar Morales explicaron que faltaba dar más cabeza a la idea de ir coaligados. “Originalmente se dijo que era una alianza integral. Eso quería decir que los partidos que se involucraran en este compromiso, dejaban todas las alianzas o compromisos que con otros partidos que no estuviesen involucrados en este esfuerzo. CD empezó a poner condiciones, planteó que históricamente habían tenido coaliciones y alianzas en alcaldías importantes del país con el FMLN, y lógicamente eso volvía difícil una ruptura tan intempestiva, y por lo tanto no podían comprometerse a una separación total de esos compromisos”, cuenta Martínez. Los pedecistas obviaron mencionar que en Izalco sus dirigentes locales trabajan una alianza municipal, precisamente con el FMLN. Luego de la reunión en las instalaciones de la Fundación Ebert comenzó el silencio. Ni FDR ni CD volvieron a llamar al PDC para preguntar si continuarían con las pláticas para sellar una alianza o una coalición. Faltaban tres días para que ARENA nombrara como candidato a Rodrigo Ávila, y Parker ya había comenzado a reunirse con dirigentes de otros partidos. El 11 de marzo, un día antes de la cita en la Ebert, había estado reunido con el presidente Saca, que convocó como presidente del COENA, a Parker y a Ciro Cruz Zepeda, secretario general del PCN. Después del miércoles 12, Parker se fue de viaje a Costa Rica, a una cita con líderes demócratas cristianos de otros países. Para ese momento, dice Celina de Monterrosa,, no se había llegado al final de las negociaciones ni se había aterrizado en detalles. El sábado 15 iniciaría un periodo muerto para los tres partidos, porque era el inicio de la Semana Santa, y con el tiempo agotándose rápidamente para las demandas de Zablah, el FDR temía lo peor. Pero además, ese día se investiría a Ávila como candidato arenero y se habían prometido salir antes con la candidatura de Zablah. Las vacaciones comenzaron y el silencio terminó a finales de marzo. Pero no con buenos augurios. A la vuelta de semana santa, dirigentes del FDR y CD se reunieron para decidir qué hacer ante el silencio pedecista, aunque ellos tampoco se habían mostrado demasiado interesados en comunicarse con los verdes. El miércoles 26 tomaron la decisión de esperar la respuesta del PDC hasta el 31 de marzo. El periódico La Prensa Gráfica consignó el espíritu que reinaba aún entre los interesados. “Fue fructuosa la reunión. Se decidió esperar al PDC hasta que termine marzo. Por el momento, no queremos interpretar su silencio”, explicó Julio Hernández a ese medio. El lunes 30 de marzo, la comisión política del PDC y sus alcaldes se reunieron y respondieron las interrogantes de CD y FDR. Ahí tomaron la decisión de no aliarse con ningún partido y de momento, seguirían solos en la carrera electoral. El uno de abril rompieron el silencio con los reclamos que terminaron de evidenciar las desconfianzas entre los dirigentes: “No hemos visto seriedad en las propuestas del PDC, sino más bien tácticas dilatorias orientadas a postergar el lanzamiento de una tercera propuesta para el país”, dice Óscar Samayoa, del equipo negociador del CD. Parker respondió, según declaraciones de La Prensa Gráfica, con más acusaciones: “Cuando el plano de las alianzas o coaliciones se va armando en dirección de reparto de puestos, eso está ejerciendo un efecto vomitivo.” Ese lunes 31, luego de que Parker anunciara que no se aliaría al CD y FDR, Zablah tomo el teléfono para hablar con Julio Hernández, que en la noche se reunió con el empresario. Al siguiente día se hizo público el retiro del empresario de toda pretensión presidencial. El nuevo capítulo de la tormentosa historia de la tercera vía, en el que ya solo están CD y FDR, augura otro conflicto que ya se hizo público. La relación tiene nuevas desconfianzas. Los dirigentes del CD hoy desconfían de que puedan mantener una relación con el FDR ahora que en Nejapa, René Canjura, coordinador adjunto de ese partido, quiere una tercera vía con el PCN. El FDR está desconcertado y no sabe qué hacer. La decisión por el momento es esperar y contemplar la decisión de no participar en las presidenciales. “Ahora, luego de que nos mataran los plazos que nos pusimos con Arturo Zablah y el PDC, mejor no nos casamos con fechas”, dice Celina de Monterrosa. Después del último desencuentro entre FDR y CD provocado por la asistencia de Ciro Cruz Zepeda a un acto en Nejapa, sigue el silencio. En CD no llaman, y el FDR tampoco toma el teléfono.
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