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EL ÁGORA COSMOS McCain y el planetario AdlerJorge Arturo Colorado
Una andanada de críticas despertó la semana pasada el candidato republicano por la presidencia de los Estados Unidos, John McCain, cuando en medio de un debate presidencial contra Barack Obama lo culpó de haber derrochado dinero apoyando con un fondo federal de tres millones de dólares al planetario Adler de Chicago, Illinois. McCain dijo que gastar tres millones en un simple proyector de acetatos o transparencias (overhead projector) era un acto absurdo. Esa pequeña declaración en medio del debate, fue una bomba en el mundo académico y científico de los Estados Unidos. Al día siguiente muchos astrónomos y educadores protestaron ante el comentario de McCain. El doctor en astrofísica Jim Sweitzer increpó a McCain en una nota publicada en el sitio del Discovery Channel explicando que el planetario Adler solicitó ayuda federal –la cual no fue aprobada- para mejorar su proyector Zeiss Mark IV que data de 1969 y del cual ya no existe ningún repuesto. “El planetario Adler es líder en el país en educación de la ciencia”. El periodista científico Alan Boyle escribió una nota publicada en su blog personal en la cadena NBC donde explicaba que los planetarios son una maquinaria compleja y costosa que no tiene comparación con los proyectores comerciales que una persona puede ocupar en su jardín para simular imágenes. El sitio “BadAstronomy” criticó a McCain aduciéndole una planetariofobia, y el sitio UniverseToday indicó que los planetarios no incurren en gastos tontos, cada año 110 millones de personas utilizan a un planetario para educarse. El equipo técnico del planetario Adler emitió un comunicado indicando que el planetario recrea cualquier noche estrellada en el mundo y en el tiempo, siendo esta cualidad la quintaescencia de la experiencia del planetario. El equipo del Adler indicó que a través de la promoción de la ciencia es como las nuevas generaciones se inspiran y se dedican a carreras científicas, tecnología, ingeniera y matemáticas. Quejas en Estados Unidos y la invisibilización de la ciencia en la política salvadoreña No es primera vez que los republicanos reciben quejas de la comunidad científica. Por muchos años el astrónomo Carl Sagan estuvo en desacuerdo con el proyecto republicano apodado “la Guerra de las Galaxias” la cual fue un caballo de batalla del presidente Reagan, en esa época la comunidad científica consideró que militarizar el cielo con satélites que dispararían rayos láser de alta potencia contra objetivos terrestres o balísticos era una derrotero equivocado para la estabilidad mundial. De vez en cuando la ciencia aparece en la boca de los políticos, algunas veces metiéndolos en problemas; en el caso de McCain, o siendo recordados por generaciones; en el caso de JFK y su discurso del hombre en la Luna. En la política salvadoreña el tema científico no aparece reflejado en los discursos o planes de gobierno ni de los partidos políticos, quizás por ahí puede colarse algún mínimo apoyo económico a la Universidad Nacional, pero no incluye ninguna partida específicamente para el desarrollo o promoción de la ciencia, a pesar de que el estado salvadoreño es obligado por la constitución (artículo 53) a propiciar la investigación y el quehacer científico. Actualmente existen algunas instituciones que hacen algún esfuerzo, Concultura hace lo que puede y tiene a su cargo algunas investigaciones arqueológicas y paleontológicas, pero también tiene que velar por las artes y el patrimonio. CONACYT, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, se ha quedado haciendo trabajos de calidad, calibración de equipos y normas de estándares industriales, aunque tiene algunos esfuerzos muy loables con respecto a la ciencia, ejemplo de ello es la publicación de una revista de promoción de la ciencia. Sin embargo, en el sitio oficial de CONACYT la sección de científicos salvadoreños aparece de acceso denegado. No existe. Hay que entender que CONACYT apenas recibe el 0,0023% del PIB nominal de la república, y con ello debe pagar a sus empleados (57% de lo recibido) y el resto se utiliza para costear membresías y equipos. En nuestra actual campaña política la ciencia es la gran ausente, cualquier tema puede caber en la boca de los candidatos, economía, violencia, derechos humanos, género, pero la ciencia es la gran invisible, probablemente por el desconocimiento que la gente posee en relación a este tema específico (incluyendo a los candidatos y partidos). Hay que aclarar que la ciencia no significa directamente educación, una trae a la otra, la ciencia es un conjunto de conocimientos que resultan de la aplicación del método científico a un problema, tampoco tienen que ser problemas que incluyan una aplicación directa de este conocimiento, mucho del trabajo de la física cuántica o excavaciones arqueológicas no implica una praxis de este conocimiento en corto plazo en la sociedad actual, mucho del saber espera ser recolectado para el futuro, o es un aditamento cultural para la identidad de un pueblo. Existe praxis directa del saber científico, utilizando las herramientas básicas científicas es posible medir los caudales de nuestras quebradas y por medio de la tecnología activar alguna alarma o advertencia para evitar desgracias, con ello, por ejemplo se pudo haber evitado las muertes del bus de la iglesia Elim en la colonia La Málaga, simple electrónica. A diferencia de lo que piensen algunos políticos –nacionales e internacionales- con respecto a la educación en ciencia, los museos, bibliotecas y planetarios son la mejor inversión que un estado puede realizar.
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