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El chivo sin fiesta

Élmer L Menjívar*
cartas@elfaro.net
Publicada el 07 de octubre de 2008 - El Faro

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El viernes se estrenó en las salas cercanas “La fiesta del chivo” (2006), la película de los Llosa: de Luis Llosa, que la dirigió, y de su primo Mario Vargas Llosa, que escribió la novela homónima y la publicó en 2000. Se trata de una producción española con director peruano y un elenco internacional que habla en inglés.

“La fiesta del chivo” se estrenó en el festival de Berlín de 2006, siete meses antes de “El amor en los tiempos del cólera”. Esto lo menciono, en principio, por puro morbo, y luego, porque se trata de dos fenómenos paralelos que quizá un día me detenga a comparar, quizá no. Aquí solo diré que la versión cinematográfica de “El amor en los tiempos del cólera” tuvo mucha mejor acogida publicitaria y más proyección mediática, aunque no logró mejores resultados en la crítica.

Ficha
Dirección: Luis Llosa.
Países: España y Reino Unido.
Estreno: 2006.
Duración: 132 min.
Elecno: Tomas Milian (Rafael Leónidas Trujillo), Isabella Rossellini (Urania Cabral), Paul Freeman (Agustín Cabral), Juan Diego Botto (Amadito), Stephanie Leonidas (Uranita), Eileen Atkins (Adelina), Steven Bauer (Viñas).
Guión: Luis Llosa, Augusto Cabada y Zachary Sklar; basado en la novela "La fiesta del chivo" de Marios Vargas Llosa.
Producción: Andrés Vicente Gómez.
Música: Stephen Warbeck.
Fotografía: Javier Salmones.
Montaje: Alejandro Lázaro.
Dirección artística: Salvador Parra.
Vestuario: Sabine Daigeler.

Ambos -y con esto acabo las odiosas comparaciones-, son solo dos evidencias más de la tendencia comercial de hacer cine global sobre obras de orgullo regional. Ha pasado siempre con autores asiáticos, del mundo árabe, africanos, y mucho más con europeos y estadounidenses, pero no implica, para nosotros, que eso anule la sorpresa que siempre trae consigo que lo hagan con latinoamericanos.

Pese al parentesco, el guión adaptado de “La fiesta del chivo” es lamentable, torpe en contar y más torpe en explicar. Quizá la buena intención era enfatizar la ficción sobre la historia, una decisión muy válida cuando el resultado es una película coherente. Sin embargo, a la pantalla llega un producto artificial y artificioso, apenas entretenido y simple. Si hacerla en inglés era una estrategia para conseguirle más público y distribución, lo consecuente hubiera sido dotarla de formas más ágiles e inmediatas. No es que esté abogando por un cine más ligero, abogo por la coherencia conceptual que, nos guste o no, cumple su cometido cuando se trata de taquilla y también cuando se trata de cine-arte.

La ausencia de música (soundtrack) en largas escenas le arrebata ritmo, y el juego con el tiempo es tramposo con la narrativa, casi error de principiante.
 
Hay dos historias en esta película. Ambas alrededor del dictador Rafael Leónidas Trujillo (Tomás Milián). Por un lado, la de Urania Cabral (Stephanie Leonidas  e Isabella Rossellini) y Agustín Cabral (Paul Freeman); y muy por otro lado, la de Amadito (Juan Diego Botto), Viñas (Steven Bauer) y Antonio (David Zayas); esta última se sabe a ciencia cierta, la primera se intuye, pero algo falta entre las dos historias que las haga fluir sin estorbarse. El drama de la primera queda relegado ante la intensidad y violencia política de la segunda y, por relevancia literaria, debería ser el contrario.

Las actuaciones son lo rescatable, la recreación del dictador, y el bordado de los protagonistas es más que aceptable. Falla la dirección de actores, falla la precisión y la delimitación al momento de repartir pesos específicos. Otro fallo es la ambientación. A la novela le reclamaron que no hizo hablar a los dominicanos. Aquí el reclamo se extiende: no solo no hablan, sino que no se ven, no se sienten.

Es una película menor, olvidable, sin duda. Sí hubo un chivo. Lo que no hubo fue fiesta.

* Colaborador

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