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EL ÁGORA La poesía centroamericana en la primera década del siglo XXIPedro González Olvera En el ya muy lejano año de 1975, Eduardo St. Parra publicó en el suplemento de la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México (No. 10, Vol. XXX, septiembre de 1975) una “Brevísima Antología de la Poesía Centroamericana”, que buscaba registrar lo “más representativo” de la poesía centroamericana escrita hasta ese momento. Los límites del espacio en el que presentaba la “antología” y, por lo que se aprecia, un cierto desconocimiento del panorama general del quehacer literario en la región, hicieron del intento de St. Parra un ejercicio bastante limitado, aunque tenía la virtud de dar a conocer en México una poesía que ya mostraba una gran vitalidad y un amplio horizonte, además de preguntarse por las razones por las que los recuentos poéticos continentales tendían a soslayar cuando no a ignorar a los poetas de Centroamérica. Casi 33 años después de ese primer intento, la misma Universidad Nacional Autónoma de México publica una nueva antología que tiene unas dimensiones mucho mayores y da un panorama ahora sí amplio del mundo de la poesía centroamericana en la primera década del siglo XXI. Compilada por el poeta nicaragüense Edwin Yllescas Salinas, La Herida en el Sol. Poesía Contemporánea Centroamericana (1957-2007), busca acabar con una creencia un tiempo muy difundida, que al antologador menciona como una barrera que cae como resultado del esfuerzo realizado, entre otros, por la UNAM y cito: “Que los poetas de habla hispana radicados en el sur del Río Bravo deban publicarse en México, y los radicados en Sudamérica sólo deban publicarse en Argentina, o Chile y los de Centroamérica en ningún lado es una simple falacia mercantilista. Algunos de los poetas incluidos en esta recopilación (Chaves, Belli, Istarú, Cortés, etc.) demuestran que la obra poética centroamericana, si se caen los prejuicios, es ejemplar y merece publicarse en cualquier lado.” Para asegurarse que ese merecimiento quedará consignado en un libro fue que el escritor mexicano Marco Antonio Campos, director de la colección “Poemas y ensayos” del Programa Editorial de la Coordinación de Humanidades de la UNAM, se encargó, junto con Yllescas de que apareciera La Herida en el Sol. Los esfuerzos conjuntos que ambos escritores realizaron fueron un factor importante para su edición y luego para su publicación. Seguramente no fue una tarea fácil proceder a la selección de los poetas que entrarían en la selección, siempre queda la duda de si de veras están todos los que son y son todos los que están. De hecho, los reclamos ya se han hecho oír en todos los países centroamericanos. Es un tema inacabable, en la medida en que una antología nunca va a dejar contentos ni a autores ni a lectores, pues no falta quien considere que la antología en cuestión no le hizo justicia a alguien con todos los merecimientos para estar en ella. Pero es un hecho real que en La Herida en el Sol se buscó la mayor representatividad posible y que las selecciones nacionales constituyen por si mismas un libro aparte. Si tomamos el caso el caso de Costa Rica, son 12 poetas participantes y casi 150 páginas de poesía costarricense, que si alguien quisiera publicar como un tomo aparte podría hacerlo sin problemas. Es cierto que podría reprochársele al compilador su excesivo celo nacional, pues al incluir 22 poetas nicaragüenses deja una especie de desproporción poética, que le resta espacio a otros países. En este sentido, para el caso de la poesía salvadoreña me parece injustificada la ausencia, entre otros, de dos poetas como Otoniel Guevara y Miguel Huezo, quienes han hecho aportes importantes e interesantes a la poesía regional. Igualmente cierto es que Yllescas podría respondernos que la antología es de él y no nuestra, pero tal vez no les falte razón a quienes reclaman, sobre todo en el caso hondureño y guatemalteco, que faltaron autores y que se quedó corta en ambos casos la representatividad poética de los dos países. Desde luego, no se trata de restarle méritos a La Herida en el Sol, pues es la primera vez que desde México se busca dar a conocer el quehacer poético centroamericano en beneficio del lector mexicano. Se trata, como antes dijimos, de un esfuerzo sin precedentes que debe agradecerse en todo lo que vale a la Universidad Nacional Autónoma de México, a Edwin Yllescas y a Marco Antonio Campos.
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