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Un salvadoreño le canta al Papa

La canción “Ven, Espíritu Santo”, del compositor salvadoreño Jaime Benjamín Cortez, fue interpretada como ofertorio en la misa que ofreció el Papa Benedicto XVI en Washington, el pasado 17 de abril.

Lauri García Dueñas / Foto: Cortesía Jaime Cortéz
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de abril de 2008 - El Faro

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Jaime Benjamín Cortez, compositor salvadoreño de 45 años, tiene veinte de dedicarse profesionalmente a la música católica, seis discos compactos y noventa cantos. Hace pocos días recibió una llamada y una carta de la Conferencia Episcopal para felicitarlo y decirle que su canción “Ven Espíritu Santo” había sido elegida para la misa papal del 17 de abril, en Washington.

Jaime salió de El Salvador en 1982, huyendo de la guerra y buscando realizar estudios de Ingeniería en Estados Unidos, ya que la Universidad de El Salvador era constantemente interrumpida en sus labores por las ocupaciones militares. Pero al cabo de tres años y medio, decidió dedicarse a lo que siempre soñó: la música, y en su caso, la música católica.

Este padre de tres hijos, quien asegura que su familia “es la forma en que Dios me demuestra diariamente que me ama”, todavía recuerda sus años en el Externado de San José, en el coro de la iglesia, sus primeras clases de guitarra en El Salvador, el tocadiscos de sus padres donde igual sonaba Pedro Infante que Frank Sinatra.

Y en su colección de anécdotas recuerda la música de Yolocamba Itá, cuya influencia andina fue importante en la composición de “Ven, Espíritu Santo”, un canto que él describe como muy alegre.

Asegura que su arte busca ante todo unir a la comunidad hispana con la estadounidense, a la hora de la misa.

En entrevista telefónica con El Faro, Jaime cuenta la historia de su vida y de su música, abordando también temas espinosos como el porqué la gente está cada vez más alejada de la religión católica.

¿Qué significó para usted hacer salir de El Salvador y hacer vida en Estados Unidos?
Yo salí de El Salvador en medio de la guerra, entonces, yo tenía la oportunidad de venir a los Estados Unidos a estudiar y después de una discusión con mi familia nos pareció que iba a ser un poco más seguro y un poco más consistente en el sentido de que en ese tiempo había muchas interrupciones de las clases y de los currículos en la Universidad Nacional, entonces, nos pareció que iba a ser mejor.

¿Cómo se acerca usted a la música, Jaime?
La música es una cosa que uno tiene en alma y en el corazón y cuando tiene el talento musical empieza a mostrarlo muy temprano en la vida, yo muy temprano empecé a demostrar talento musical. Mi papá me enseñó a poner discos, a los cuatro, cinco años.

Pasaba oyendo música por muchas horas. Tenía la oportunidad de escuchar una variedad de música, discos de Ray Conniff con Pedro Vargas, Pedro Infante, pero al mismo tiempo también Frank Sinatra, los Beatles, los Panchos, pero también Elvis Presley. Desde muy joven empecé a practicar mis instrumentos y poco a poco empecé a aprender guitarra, al oído, pero después como a los 16 años, 17, empecé a tomar clases.

Tomé clases con Salvador Marroquín que me enseñó a leer un poquito de música y el maestro Cándido Morales, que también fue alumno del famosísimo Agustín Barrios Mangoré. Después me vine a Estados Unidos a estudiar.

Claro, en el Externado nuestra expectativa era de que nosotros buscáramos carreras en ciencias y matemáticas porque la ciencia y la matemática eran muy fuertes en el colegio, entonces yo vine a estudiar Ingeniería, pero no podía negar mi deseo interno de ser músico, luego de tres años y medio de estar estudiando ciencias e Ingeniería, me cambié de carrera y empecé a estudiar música en la escuela de la Universidad Estatal de Arizona. Saqué mi grado con muchos honores, gané un premio en mi graduación universitaria por composición y después entré en la Iglesia Católica a ser ministro de la música. Cuando me gradué de la universidad tuve la oportunidad de encontrar trabajo a tiempo completo como músico de una parroquia en un suburbio de Phoenix, Arizona.

¿Cuándo se acerca a la música católica?

En los años de bachillerato en el Externado el padre Luis María Ormachea nos ayudó a desarrollar el talento musical para usarlo en las liturgias, también teníamos el coro de los solistas y cantábamos juntos todos los que teníamos voces buenas para poder ayudar en las misas y entonces yo participé en eso. Me quedó eso en la mente y en el corazón, cuando entré a la Universidad Estatal de Arizona busqué la Iglesia Católica, las universidades en Estados Unidos tienen siempre una capilla pequeña de cada denominación y yo busqué la capilla de los católicos y encontré esta iglesia que se llama la de Todos los Santos, entré a ese grupo, les pregunté si necesitaban músicos y me dijeron que sí.

Yo era muy buen músico para ese entonces pero no entendía mucho de la liturgia, pero entré a tocar música con todos los universitarios de ese tiempo y desarrollé mi habilidad para poder entender la liturgia y la música, poco a poco empecé a desarrollar ese talento, entonces, al graduarme ya puse mi solicitud para poder entrar a trabajar a tiempo completo y me contrataron en la parroquia, ya cuando yo tenía unos 26 años. Tengo veinte años de estar trabajando a tiempo completo en música católica.

¿Cómo se da el proceso de inspiración para la música sacra?

Hay diferentes tipos de música, y la música que sirve para la celebración de la misa tiene que tener bastantes funciones, tiene que servir a la palabra de Dios y a la estación del año litúrgico. Uno encuentra la inspiración con las escrituras santas, para poder crear cantos que se ocupen para la función de la misa, eso es muy diferente de cantos de alabanza o cantos para movimientos carismáticos, o de oración. Estos últimos son más flexibles, más abiertos, uno puede hablar de experiencias personales, de alabanzas.

¿Siente mucha responsabilidad por el trabajo que realiza?
En el culto divino, la misa, la razón principal por la cual al menos en los Estados Unidos el pueblo se aleja es porque no hay buena calidad de música, no hay buena calidad de culto divino.
Las cosas que atraen al pueblo a que se queden y ellos quieran participar en las misas y en la vida diaria de la iglesia y de la parroquia son: buena música, buena liturgia y también que haya buenos sermones de los clérigos; esos son algunos aspectos principales, eso les da vida y vibran como comunidad.

Yo siento gran responsabilidad de hacer lo mejor posible, no sólo porque amo el culto divino y porque la Iglesia es importante para mí; sino también porque soy la voz del pueblo hispano en los Estados Unidos, siento gran responsabilidad de que yo represento a la comunidad hispana, siento el peso de crear música de lo mejor posible, para que el pueblo se sienta atraído y pueda quedarse con nosotros en el culto divino.

Cuénteme la historia de la canción elegida para la misa del Papa en Washington

El canto se llama “Ven, Espíritu Santo” que es un canto que yo creé para una colección, la colección es un disco que se llama “Rain Down”, que quiere decir que llueva el amor de Dios sobre el pueblo, ese disco compacto se puede conseguir con una casa publicadora que se llama OCP, que quiere decir la Prensa Católica de Oregon.

Ven espíritu santo - Jaime Cortéz

Yo había discutido con algunos músicos de que no había cantos del Espíritu Santo para Pentecostés que fueran suficientemente alegres, que se sintiera la energía de cómo el Espíritu Santo cayó sobre todos, y cómo todo el mundo pudo entender las diferentes lenguas y oír, el milagro de escuchar, la palabra de Dios.

Quería crear un canto que fuera vivo, energético, y con sentido de baile, yo tengo mucha influencia andina, porque cuando yo estaba creciendo en el Externado estaban los Yolocamba Itá, el muy famoso grupo salvadoreño, estaban desarrollándose, eran muy jóvenes, pero ellos llegaron el Externado a tocar varias veces y yo tenía esa impresión de la música andina. Entonces yo formulé este canto de “Ven, Espíritu Santo” con ese espíritu andino y con mucha alegría y baile, el canto resonaba mucho entre las comunidades hispanas, es uno de los cantos favoritos y uno de mis favoritos, tengo seis discos compactos, tengo aproximadamente unos noventa cantos y ese es uno de mis favoritos.

Para mí fue un gran milagro y un gran honor que la Iglesia de los Estados Unidos, los organizadores de la música y la liturgia en Washington hayan escogido este canto sin preguntarme, yo no tenía nada que ver con ellos, sólo me mandaron una cartita y una llamada por teléfono de la Conferencia Episcopal diciéndome “felicidades, tu canto va a estar en la misa (del Papa) de Washington D.C. el jueves (17 de abril)”.

Para mí fue un gran honor, el canto es muy alegre, tiene sabor andino, la letra es de la secuencia de Pentecostés, es parte de las escrituras del día de Pentecostés, es una lectura adicional que se hace además de la primera y segunda lectura de la misa de ese día, se llama la secuencia de Pentecostés y es muy alegre.

Es padre de tres hijos, va a seguir trabajando en este campo, ¿cuáles son sus proyecciones personales y como artista en el futuro inmediato?

Mis sueños inmediatos son que mis hijos estén educados en la Iglesia Católica, ahora están en el colegio primario, uno ya va a entrar a la secundaria, quiero que se eduquen en escuelas católicas y también en universidades católicas que son de gran calidad aquí en los Estados Unidos, me encantaría que ellos fueran también representantes del pueblo hispano cuando sean mayores.
 
Mi prioridad más grande es mi familia, mi esposa y mis tres hijos, son varoncitos y la prioridad más importante es educarlos, darles de comer, que tengan casa, eso es lo que más me importa. Mi familia es la forma en que Dios me enseña que me quiere mucho y yo cuido eso con un gran significado.

Pero, profesionalmente, también tengo la preocupación de que yo quiero servir a mi pueblo hispano en Estados Unidos lo más que pueda, ser como un puente para poder unir las culturas de habla española y el habla inglesa en lo que es el culto divino en Estados Unidos y la Iglesia Católica, poder tener música que pueda enlazar las dos culturas y que pueda también unir a los pueblos para poder sentir la unidad a través de la diversidad, de celebrar nuestros dones como diferentes culturas pero al mismo tiempo celebrar que somos uno a los ojos de Dios. Estoy muy orgulloso de mi pueblo y de mi país, los quiero mucho a todos allá, y es un gran honor para mí y para todos los salvadoreños que nos hayan escogido.

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