| |||
![]() |
|||
|
|
EL ÁGORA Gael García vuelve con una singular comunaEl actor mexicano más internacional, Gael García Bernal, volvió al Teatro de la Ciudad después de cuatro años de sólo hacer cine, para representar a un hippie español que vive en una comuna, en la puesta en escena de la islandesa “Together”. La obra, espejo satírico de los años sesenta y setenta, está cargada de reflexión sobre los valores de la humanidad. Texto: Lauri García Dueñas
Tres días de escándalo en las tablas latinoamericanas. Tres días de experimento transnacional y transidiomático con una obra muy especial hablada en islandés, inglés y español. Tres días con una compañía islandesa en la Ciudad de México, acompañada de una actriz española y una estrella mexicana, representando una obra que pretende, a su vez, representar a la sociedad en un microcosmos: una comunidad anárquica. Un grupo disímil de diez hippies autodenominados los “No me olvides” con himno reminiscente de los Hare Krishna, viven en un espacio reducido donde comparten una forma de vida anti-sistema y se dejan regir por el Manifiesto Comunista. En ese ambiente de absoluta libertad, la homosexualidad es alentada, así como el humor y la exhibición del cuerpo. La obra islandesa del joven director Gísli Örn causó furor desde su anuncio en México, no sólo por su temática, sino también porque se trató del regreso a las tablas nacionales del conocido actor Gael García Bernal. Sin embargo, a los cinco minutos de haber empezado el relato, la presencia de la estrella de cine pasó a un segundo plano, pues el verdadero protagonista fue el guión –adaptación de la película sueca “Tillsammans” de Lukas Moodysson. El nudo de la obra -ligera, de ritmo trepidante- se detiene en retratar lo difícil de la cercanía y la convivencia entre un grupo de personas que si bien tiene el mismo objetivo, representar noblemente a toda la humanidad en un colectivo, también tiene los vicios y defectos que cualquier mortal –los integrantes se pelean por quién lava los platos o por quién cocina la cena-. El tema sexual es abordado con total candidez. El personaje de Anna inicia su aparición sin calzones frente a Salvador, el exiliado español representado por el actor mexicano, quejándose por una candidiasis incómoda y Lena (la actriz española Elena Amaya) también gusta de andar semidesnuda por la casa.
El mismo Salvador aparece en varias ocasiones sin ropa, y en una de ellas, la más cómica, para demostrar su libre pensamiento, deja que otro de los habitantes masculinos de la casa le haga sexo oral. A pesar de ello, el sexo no se vuelve el tema central, si bien un aderezo picante y cómico. La obra, en el fondo de la comedia, aborda temas tan importantes como la sinceridad y coherencia de las opciones políticas e ideológicas, el papel de la mujer en la sociedad patriarcal, el egoísmo natural de las personas, lo difícil de las separaciones de pareja y el abuso emocional hacia el más noble del grupo. “Pinta tu raya” es una de las moralejas finales que surge cuando el pacífico patriarca de la comuna expulsa a Lena por haberse acostado con el joven panfletario Eiríkur y haber tenido con él el primer orgasmo de su vida. Las relaciones abiertas no son tan fáciles de sobrellevar, concluyen los personajes. El humor político del guión es realmente tan bueno que logró hacer carcajear en numerosas ocasiones al público. En una caricatura de lo radical que podían ser estas comunas, los habitantes pasan revisión a los cuentos infantiles de los niños y censuran aquellos que les parecen capitalistas, tratan de ser siempre pacíficos hasta el ridículo y cuando no lo logran suben a la azotea a tocar una batería para desahogarse. Como símbolo de las incoherencias ideológicas, en la casa está prohibido el consumo de la carne roja, pero uno de los momentos más felices del grupo es cuando Elisabet (esposa de un alcohólico quien muta durante la obra de esposa sumisa a libre pensadora) cocina salchichas para todos. Tet, el niño-experimento de la comuna, guarda la esperanza de tomar Coca Cola con su salchicha y poder ver la tele en paz. La sátira política incluye la exposición del odio de esta familia disfuncional hacia los dictadores de derecha y los fascistas; la insistencia de Eiríkur por eliminar de la casa las costumbres burguesas y lograr liberar al proletariado a través de canciones, manifiestos y reuniones precarias; el uso del Manifiesto Comunista para dirimir los conflictos; la afición de Salvador por sembrar y fumar su propia marihuana y el hecho de que Tet siendo niño tenga una profunda simpatía por el vino y el tabaco. Eva, la otra niña, lo explica muy bien, los habitantes de la comuna piensan al revés. Salvador y Tet gustan de imitar a Pinochet como juego infantil y las jóvenes de la comuna utilizan como terapia contra los hombres un muñeco de felpa con un destacado pene y una imposibilidad de defenderse verbal o físicamente. Los actores entran y salen a escena en una fluidez rítmica que hace que los espectadores nunca quiten los ojos del escenario, por la densidad de lo que ocurre arriba. La escenografía –una especie de casa de muñecas de madera gigante- es sencilla pero funcional. También se notó el titánico trabajo de utilería y vestuario. La cuarta pared (separación entre el público y los actores) se rompió en tres ocasiones: dos debido a una pelota saltarina y colorida de Tet y otra gracias a que Eiríkur avanza entre las butacas tarareando la internacional. El guiño más cómico de la puesta en escena es que paralelo a todos los conflictos de la casa hay un hombre-vegetal que está meditando en la azotea, y que en su afán zen casi nunca participa realmente en la vida de la comuna. El final es feliz, y su director lo justificó durante la semana en conferencia de prensa, aduciendo que los públicos también agradecen las conclusiones alentadoras. Elisabet y su marido alcohólico se reconcilian en medio de una lluvia de algodones blancos, luego de que éste fuera convertido por la ternura reflexiva de la comuna y decidiera dejar a un lado la bebida y la violencia hacia su compañera de vida. El punto negativo fue sin duda la mala y tardía traducción, ya que la obra estuvo hablada en islandés e inglés, y en varias ocasiones se perdieron trozos de los diálogos. Como gesto del director, se incluyeron en el guión modismos mexicanos y frases en español y cada vez que esto ocurría el público reía complacido o aplaudía. El aplauso final de la obra fue efusivo, pero tampoco muchos se pusieron de pie. Gael García se despidió de sus emocionadas fanáticas con un gesto de paz y amor desde arriba del escenario. Tanto García Bernal como Elena Amaya demostraron su formación académica-teatral, el primero en la Central School of Speech and Drama en Londres y la segunda en la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid. Mientras que la compañía Vesturport Theatre Group evidenció por qué a pesar de haber sido fundada apenas en el 2001, ya cuenta con un reconocimiento importante a nivel internacional.
|
| |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro |
| EL FARO.NET
(Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador) |