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EL ÁGORA El muro de la tolerancia: un encuentro de paz entre tribus urbanasLa glorieta de Insurgentes, de la Ciudad de México, fue el escenario de una muestra espontánea de tolerancia entre tribus urbanas. Sobre un muro blanco, miembros de las “bandas oscuras” y emos expresaron sus deseos de paz entre grupos. Los emos han sido víctimas durante las últimas semanas de ataques que han llegado a atentar hasta contra su bienestar físico. Texto y fotos: Lauri García Dueñas Cae la tarde y la gente camina presurosa por la glorieta de Insurgentes. En medio de la plaza un pelilargo profesor de guitarra del Centro Cultural Villaurrutia, Javier Castillo, reparte crayones a los miembros de distintas tribus urbanas que pasan por ahí. Sin mediar palabra, pero también sin agredirse, un par de chicas góticas manchan la pared con colores oscuros, justo a la par de unos jóvenes emos que prefieren el color morado. Todos piden tolerancia y respeto. Si no tuviésemos en cuenta los últimos sucesos, este experimento cultural pasaría desapercibido. Pero en las últimas semanas, en la capital mexicana, así como en regiones como Querétaro, Ciudad Juárez y Durango, miembros de las llamadas “bandas oscuras”, y hasta pandilleros, han atacado, con golpes incluidos, a miembros del movimiento emo. Éste movimiento se caracteriza por que sus miembros viven y expresan sus emociones al límite, al punto de que muchos se confiesan extremadamente depresivos y de ideas suicidas. Los adolescentes emos no pasan desapercibidos nunca. Vayan donde vayan. Visten pantalones entubados, prendas mullidas de colores pasteles, como maquillaje de los mismos colores. Cargan sus pertenencias en mochilas de motivos infantiles. La mayoría luce un corte de pelo que cubre, por lo menos, uno de sus ojos. La polémica se ha extendido, los darketos y punks acusan a los emos de ser una “copia” de ellos mismos y se burlan de su sensibilidad depresiva. Mucho se ha escrito al respecto en los periódicos locales: que si los ataques son una forma de homofobia –los chicos y chicas emos lucen la misma estética y muchas veces no se distingue quién es chico y quién es chica- que si los emo son simplemente una moda, que algunos jóvenes no desean que los llamen tribus sino movimientos culturales, que si estos grupos pueden derivar en una organización política… La controversia ha llegado a tal punto que hasta el Jefe del Gobierno de la Ciudad de México, Marcelo Ebrard, se ha comprometido a proteger a los emos de los ataques de los otros grupos. Los emos, por su parte, se han declarado pacíficos, han recibido el apoyo de organizaciones de gays y lesbianas, y mantienen el llamado de no responder a las provocaciones. Paz con crayola La marcha emo por la tolerancia que partió el pasado sábado 29 de marzo de la glorieta de Insurgentes hacia el hemiciclo Juárez no corrió la misma suerte que el afortunado experimento cultural del profesor Javier Castillo, armado nada más que con una pared en blanco y crayolas.
Si bien, en la marcha, jóvenes “darkis” se solidarizaron con los emos, acuerpando una conglomeración de aproximadamente unos 200 jóvenes, los punks y los darketos siguen agrediéndolos. Cuando la manifestación pasaba frente al tianguis (mercado) de “El Chopo”, donde durante muchos años han convivido en paz las diferentes tribus urbanas, granaderos de la Secretaría de Seguridad Pública, tuvieron que intervenir cuando las “bandas oscuras” se preparaban para agredir a los emos. Como muestra de un agudo desprecio, los punks y los darketos gritaban “¡Emo no es cultura, jotos (maricones)!” y “¡No siempre los van a cuidar, ya nos veremos las caras!”, anticipando que los ataques pueden proseguir. Elizabeth Méndez Carrillo, joven emo de 18 años, quien participó manchando el muro para sumarse a los mensajes de tolerancia, antifascistas y en contra de la discriminación, mostró su preocupación por los ataques: “Ya no tienes la libertad de salir ni siquiera de tu casa porque te critican, te hacen cosas horribles, por ejemplo en los CCH (bachilleratos humanistas) nos avientan basura, nos critican. El otro día iba por la calle y me aventaron una moto a mí y a mi prima, entonces, digo ‘hay que respetar’”. Agregó que “se está desatando una ola de violencia horrible, nada más por la forma de vestirnos o por expresar nuestros sentimientos a todo lo que dan, pienso que no es justo, aparte, los emos respetan a las otras culturas, no le hacen daño a nadie, hay personas que a lo mejor dicen ‘los emos se mutilan’, ‘ya mátense’, hay unos que no, de verdad, es la ideología de cada persona, no un emo por ser emo se va a cortar las venas, se va a suicidar, no, hay emos que vivimos la vida al cien, que leemos, tenemos amigos”. David Romero, de 17, amigo de Elizabeth y también emo, reflexiona que la intolerancia “igual se ha dado anteriormente en cuanto a política y religión, la moda ahora es que se enojan porque según somos copia de ellos, pero pues para nada, cada quien tiene su forma de ser, de pensar, no tienen por qué hacer esto, se supone que estamos en un país libre y en una sociedad que igual tiene su forma de pensar y que debemos respetar”. La autodenomina “powser” (joven que combina varias influencias estéticas de distintas tribus urbanas), Edith López, de 17, dijo sobre los ataques de las “bandas oscuras” a los emos: “Está muy mal porque de por sí a nosotros ya nos veían mal, a los gotic, a los punks y a las gotic lolitas, porque no entendían nada de la belleza y el concepto del que somos parte; ahora más con los enfrentamientos entre los grupos, con lo que han llegado a hacer los powsers, que han llegado a lastimar a los emos, a la gente que no tiene nada que ver”. Recalca que lo que los atacantes han hecho “se me hace muy triste porque nos pasan a denigrar a todos. Siento que nos ha costado siglos ganarnos un respeto y un lugar en el mundo, para que nos los quiten en cinco minutos”. Su amiga, Fernanda Estrada, gótica de 15, no comprende por qué las bandas oscuras que tantas veces han sido discriminados por su estética que incluye maquillaje blanco en la cara, y largas vestimentas negras, ahora están reproduciendo lo que les ha hecho daño. Y comenta un poco sobre la vida de los góticos: “A la gente siempre hay que estar viéndola a los ojos, porque si tú sientes vergüenza de algo, te sientes culpable de algo, no sé qué cosas haya en la mente de las personas. Es de lo que siempre nos han tachado a nosotros, que estamos así tristes, pensando no sé en morirnos, que somos deprimentes, que luego vamos a los cementerios a dormir, porque sí he visto que lo dicen, da tristeza, y como dice Edith aparte de la discriminación, lo peor es que nos tachen, que nos pongan un sello de algo que no es”. Fernanda hace su propio llamado: “Somos humanos todos, no solo porque un punk se pone copete, u otro se pone los pantalones ajustados y lo tachan de raro, o sea, somos seres humanos, tenemos dos brazos, dos piernas. Cambia la forma de pensar, de vestir, nada más eso, pero de ahí somos iguales y punto”. Edith habla sobre sus ideales, que quisiera que fueran compartidos por estos grupos de jóvenes que están atacando a otros: “No me considero así de un grupo cerrado, no me doy el lujo de decir, soy gótica, soy metalera, no, tengo influencias, de todo un poco, pero sinceramente lo que me motiva, el sentimiento, es tratar de ser feliz, y tratar de seguir adelante, como dice una canción de `Lacrimosa´, tratar de tener siempre en alto mi corazón y tratar de estar orgulloso de lo que soy, sin molestar a los demás”. Las chicas se emocionaron con la plática y compartieron muchas anécdotas personales, a pesar de que al principio hicieron broma de la presión mediática que han vivido en carne propia, gracias a la popularización del tema de las tribus urbanas en el país. -¿Demasiada presión de los medios de comunicación? -Edith: Es que íbamos así rumbo a otras actividades… Fernanda: Y nos agarraron para la televisión y como que incomoda… Hasta muy avanzada la tarde del jueves 27 de marzo, la gente siguió garabateando mensajes de tolerancia y amor sobre el muro blanco, mientras el pelilargo profesor de guitarra explicó que en la glorieta de Insurgentes “hay y debe seguir habiendo de todo”: emos, bandas oscuras, homosexuales, desempleados, carteristas y “hasta” policías. Y por qué no, parece que el experimento cultural funcionó y la paz entre los jóvenes puede empezar a escribirse con crayolas, no importa que unas sean oscuras y otras moradas. Leer también:
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