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Entrevista con Tomás Segovia

“Todo artista es sospechoso de ser un poco maricón”

Tomás Segovia, el gran poeta español de 80 años, considerado por muchos como el poeta vivo más trascendental en nuestro idioma, se tomó unos minutos para charlar con El Faro y el mexicano diario Reforma en un rincón de la Casa del Poeta de la Ciudad de México. Nos adelantó que está escribiendo una novela de tono epistolar y comentó su visión de la mujer en el arte, además de darnos detalles de su blog. Sí, de su blog.

Lauri García Dueñas
cartas@elfaro.net
Publicada el 04 de febrero de 2008 - El Faro

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“A cualquiera le puede pasar”, bromea conmigo cuando le cuento que soy periodista cultural y que quiero una entrevista. “Después”, quedamos, y lo espero al final de su charla y recital en la Casa del Poeta en la Ciudad de México (ver nota aparte).

Tomás Segovia, el escritor de voz cavernosa y poemas inmortales, está un poco sordo, por lo que tengo que dirigirme a su oído izquierdo. “Ese es el bueno”, me dice. Habla mucho, yo pregunto poco, tiene ganas de contar anécdotas y hacer un par de confesiones sobre su última novela. El tema de las mujeres le apasiona –a qué hombre no- y diserta sobre los estereotipos que aún se ciernen sobre los homosexuales. Esto fue lo que yo le pregunté:

¿Hay algún poeta contemporáneo que haya leído y de quien le guste mucho su trabajo?
Claro que sí hay.  Yo comprendo que el periodismo tire por su lado pero hacerle esa pregunta a un poeta, o a cualquiera, a un futbolista, o a un músico es ¿Para qué?, para que se enojen los que no nombro, eso está al borde del chisme…

Pero hoy hemos estado chismeando…
Así que mi respuesta va a ser corta: “sí, sí hay”.

¿Cómo nació la idea de que un poeta como usted tenga su material en un sitio de libre acceso?  La gente que visita su blog puede ver hasta el proceso de edición de sus textos.
La idea naturalmente me la dieron, no la inventé yo. Tengo amigos que están muy metidos en las cosas de la red, de la cibernética, ya otros me habían insistido, me habían dicho “yo te ayudo”, incluso pensé en hacer una página web pero no entendía la diferencia entre una página web y un blog.

Sobre la página web pensé lo que tú me has dicho, si un poeta publica libros para qué quiere otro camino para comunicarse, si ya tengo libros, ediciones y lecturas y conferencias, me parecía un exhibicionismo, pero algún amigo más joven me explicó la diferencia con el blog, un blog es mucho más informal, más simple y accesible para todos.

Yo todavía le seguí diciendo no, pero lo que me convenció es que yo a veces he escrito cartas a los periódicos, cartas de lector, de esas al “señor director”, y nunca me las publican, y este amigo me dijo ‘si hacés un blog, publicas tú las cartas’ y eso fue lo que me convenció: la idea de que yo no tenía que pasar la humillación de mandar una carta a un periódico y que no me la publiquen. Y dije: “la publico yo y que se vayan por un tubo los periodistas”.

¿Y cómo aprendió a usar el blog?
Los rudimentos me los explicó un amigo, pero se aprenden rápidamente. Lo que pasa es que yo decidí hacer un blog como a mí me corresponde: literario. No pongo videos ni fotos, bueno, tengo fotos en un vínculo, pero en el blog mismo no pongo más que textos y una vez que lo empecé a organizar no sólo puse textos que no me publicarían en un periódico, sino también poemas, ensayos, en fin, ya empecé a poner un poco de todo y por ahora ha ido bien. Bueno, a lo mejor un día me arrepiento.

¿Hasta cuándo estará en México?
Me voy el lunes (28 de enero), estoy aquí desde diciembre pero nadie me hacía caso, siempre me pasa eso, me empiezan a hacer caso cuando ya me voy.

(Le hablo al oído derecho, me corrige diciendo ‘el oído bueno es éste’ – señalando el izquierdo-) Leyendo su obra y ahora que usted estuvo hablando del exilio, ¿El tema de la ausencia ha sido uno de sus temas recurrentes? Por ejemplo la mujer que recibió el poema “Besos” era una ausencia, y yo he notado mucho el tema de la ausencia en su obra…
(Con la del poema besos) había habido un poco de presencia, claro. La ausencia es un tema de todo poeta y de toda persona pero yo no insisto, por lo menos no es lo que yo quisiera hacer o lo que considero más mío. He escrito de la ausencia sí, por eso mi libro “Anagnórisis” se llama anagnórisis que quiere decir el reconocimiento de uno mismo.

Tuve alguna crisis hacia los cuarenta y tantos años, efectivamente una crisis de personalidad, una crisis vital, era mi segundo divorcio, uno empieza a preguntarse cuando lleva uno o dos divorcios en su historia qué me pasa, si me caso y me divorcio a cada rato, entonces claro ese libro muestra esa búsqueda introspectiva, mi orfandad, la pérdida de la mujer, todas esas cosas, la soledad.

Pero incluso la última parte de ese libro se llama “Señales y Pronunciamientos” y es como proclamar la vuelta a la vida, es afirmativo, y… bueno, poemas de presencia tengo montones, unos de los poemas eróticos no son propiamente de ausencia sino de solicitación, de coqueteo con una mujer, de hacer la corte, pero muchos otros son celebraciones de presencias.

Por suerte… Es curioso, una paisana suya quería saber en qué ciudad nació…
Toda mi vida es un poco así, en los bordes, nací en Valencia, pero es una pura casualidad porque ni mi padre ni mi madre eran valencianos. Mi padre era madrileño, mi madre sevillana. Ellos pasaron dos años de su vida en Valencia y yo nací en ese tiempo. Cuando tenía dos años murió mi padre, entonces mi madre no se quedó, se fue a Madrid por lo que lo de Valencia es un azar. Yo muchas veces cuento el único chiste bueno de Bob Hope. Era un cómico gringo muy famoso y una vez le hacían una entrevista sobre dónde había nacido, y él había nacido en un pueblito miserable por ahí, no me acuerdo dónde, y le dijeron ¿Cómo usted Bob Hope nació en un pueblito así? y él dijo: “En un momento tan importante, quería estar cerca de mi madre”.

(La colega mexicana tiene un ataque de risa)
Eso me pasó a mí, quería estar cerca de mi madre, fue una casualidad. Y luego me he criado por todas partes, pasé los primeros años en Madrid, pero antes de cumplir diez ya estaba en Francia y luego en Casablanca, en Marruecos, y luego en México y es que he andado así, luego dos años en Uruguay, dos años en París, temporadas en Estados Unidos en universidades americanas, he andado un poco, por eso yo me considero nómada.

Hace poco tenía una discusión con un amigo que me quería convencer de que la gran poesía y la gran literatura la habían hecho los hombres, éste es un amigo con el que siempre discuto por deporte sobre estas cosas. Entonces estábamos con mis compañeras con la duda, porque durante toda la lectura de hoy no mencionó más que a Coral Bracho. ¿Hay otra escritora que lo perturbe o le guste? aunque dijo que no hay que decir nombres, tal vez nos avienta uno…

(Se ríe) Sí, bueno, lo que pasa es que históricamente como todos sabemos la mujer ha estado marginada, reprimida, no ha tenido educación, entonces es natural que los hombres hayan producido muchas más obras, lo cual lo único que significa es eso, que han oprimido a las mujeres, y no que las mujeres no hayan podido hacerlas.

En poesía sí es verdad que, menos que en otras artes, hay grandes nombres tradicionales. Está sor Juana, y hay algunas grandes poetisas francesas como Louise Labé, y bueno, en poesía apenas ahora empiezan a proliferar las mujeres poetas, pero hasta mediados del Siglo XX eran muy pocas, porque no tenían tiempo, no tenían educación y no tenían público, no las aplaudían, a una vieja sabia (dice esto con un tono de sana ironía) todo el mundo la miraba con desconfianza.

Pero en otras áreas, por ejemplo si hubiéramos hablado de narrativa es muy probable que yo hubiera mencionado a Katherine Mansfield, que es uno de mis amores, incluso en pintura ha habido mujeres destacadas y en narrativa seguro hubiera mencionado además de Katherine Mansfield a Colette, una novelista francesa extraordinaria. Yo he sido un feminista precoz, escribí cosas en defensa de la mujer cuando no estaba nada de moda, incluso te miraban un poco raro. También, una idea que he discutido mucho por ahí hace muchos años es que no tiene nada que ver el afeminamiento con la homosexualidad. He dicho que es el hombre heterosexual el que se afemina, se contamina de la mujer, el homosexual es un señor que anda con hombres y no se le pega nada, más que de otros hombres, sobre ese prejuicio de que el homosexual es un afeminado he escrito muchísimo.

Además, sobre cómo es la ideología velada machista, que no se nota mucho, que es por ejemplo estar entre hombres y considerar que la mujer es no desarrollada, como infantil, y esa identificación que se hace a menudo del homosexual o del artista. Porque todo artista es un poco sospechoso de ser un poco maricón, por su identificación con la mujer y el niño que son seres que supuestamente no se cumplen del todo.

Ese fantasma está detrás de la ideología machista, que se ignora, que no se da cuenta de que es machista, que a lo mejor cree que es muy feminista, pero sigue la idea de que si un hombre seduce es que es un poco afeminado, un poco maricón, porque si fuera hombre dijera “órale o te acuestas o te parto la cara”, la sometería a chingadazos a la señora, eso es lo considerado viril. La otra forma de dominio viril de la mujer es la importancia social. Un hombre no solo domina a una mujer dándole cachetadas y tumbándola en una cama, sino diciendo: “Yo soy más maduro que tú, yo decido, yo gobierno, yo no te seduzco por mi encanto sino por mi postura social, porque soy rico, porque soy poderoso”. La mujer seduce porque es encantadora y el hombre porque es poderoso.

Nos habla un poco más de su novela, su cuarto intento de escribir una.

¿Y el protagonista de su novela todavía no se ha muerto?
No, claro que no. Cuando el lector está leyendo, hace mucho tiempo este hombre (el jubilado) ha muerto, pero cuando está escribiendo las cartas está vivo, llevo 120 páginas, no sé cuántas va a tener el libro.

¿Parece que nos corren, no?,  pregunta, el salón se está quedando vacío y los meseros recogen las mesas. Se despide cariñosamente.

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