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Entrevista con Oscar Vásquez, sexólogo

“El hostigamiento sexual es una demostración del potencial para hacer algo peor”

Óscar Vásquez es un psicólogo social mexicano que escogió como especialidad para su maestría la Sexología. Radica en nuestro país desde hace unos años, y afirma que una de las cosas que le llamó la atención al llegar fue el alto nivel de agresión verbal contra las mujeres. Vásquez analiza en esta entrevista qué hay más allá de los “inocentes piropos”.

Ruth Grégori
cartas@elfaro.net
Publicada el 17 de septiembre de 2007 - El Faro

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¿Considera usted que las expresiones que popularmente se conocen como ‘piropos’ podrían constituir acoso?
Definitivamente sí, sobre todo en un país como El Salvador, porque este es uno de los países donde hay más agresión en contra de las mujeres en cuanto a las expresiones verbales. No es solamente el proferir algún cumplido por la admiración de la belleza de una persona sino que tiene unas connotaciones eróticas tan explícitas y tan soeces que por sí solas son una agresión. El problema está también en que, culturalmente, nosotros podemos llegar a tolerar cierto nivel de acoso, y no percibirlo como tal. Ese es el primer problema que han tenido las sociedades latinoamericanas para configurar un delito de acoso en sus leyes.

¿Cuándo cabría aplicar la palabra ‘piropo’ y cuándo ‘acoso’?
Aquí nos enfrentamos precisamente a esa frontera de qué toleramos y qué no toleramos, y qué lo podemos considerar como violencia. En el fondo, el acoso es una forma de agresión hacia la otra persona, porque está profiriendo una acción que no ha solicitado.

Pero como juega mucho la subjetividad, hay personas que se pueden sentir ofendidas con algo que a otras no les ofende, entonces ¿cómo determinar qué es ofensivo de manera inequívoca?
Precisamente con esta situación, porque la definición legal suele referirse a lo “explícitamente” sexual, tomando lo sexual como lo erótico, cuando también deberían tomar en cuenta las cuestiones erótico-afectivas. No podemos nosotros hacer una categorización de todas las expresiones y en qué momento una se vuelve molesta y acosadora y otra ya no lo es, porque precisamente es un criterio muy subjetivo, porque tiene que ver con una cuestión tan subjetiva como la cuestión erótico-afectiva de cada quien. ¿Dónde debe radicar la diferencia? Cuando esa acción no ha sido solicitada y cuando no estoy dispuesto a recibir esa acción.

¿Cómo reconocer que algo que aparentemente es un elogio puede esconder una agresión?
Depende de lo que elogiamos. Porque si estamos elogiando algo que refuerza el género hegemónico, que refuerza esos estereotipos que hacen que la mujer sea sometida y ese tipo de cosas, pues más que un cumplido viene a ser una situación muy áspera ¿no? Entonces yo puedo decir ‘qué bella es mi mujer, hace todo lo que yo digo’, o ‘qué buena chica eres, nunca dices que no, terminas haciendo todo, tú limpias, tú haces’. En el acoso, en este tipo de niveles, cuando llega a ser muy sutil, generalmente tenemos que advertirle a la otra persona que no toleramos esas acciones. Si la persona reincide en esa situación podemos hablar de una intención.

Si yo le digo a una compañera de trabajo ‘qué guapa vienes el día de hoy’, ‘qué sexy vienes el día de hoy’, se puede tomar como un cumplido: ‘gracias’, y sigues trabajando. Pero si la persona me dice ‘¿sabes qué? A mí no me gusta que me digas esas cosas’. ‘Perdón’. Entonces yo ya quedo sobreadvertido que algo que yo consideraba tolerable para esa persona no lo es. Eso quiere decir que si yo lo vuelvo a hacer, ya con la advertencia, lo estoy haciendo con la intención de pasar encima de los límites de la otra persona.

Suele ser más visible el acoso sexual en el ámbito laboral, donde se pueden establecer con mayor facilidad factores de una relación de poder con un vínculo claro. Pero, por ejemplo en un ámbito público como las calles ¿Se pone o no de manifiesto una relación de poder basada en el machismo?
Por la forma en que nosotros concebimos el poder, es muy fácil visualizar cuando la persona tiene facultades para poder imponer su voluntad al otro, una relación alumno-maestro, empleado-jefe, una relación de autoridad con sociedad civil. Pero en personas que no tienen una relación de este estilo también hay una relación de poder. Toda relación humana es una relación de poder.

El machismo, la cultura patriarcal, todo esto, nos ha enseñado que la única forma aceptable de relacionarse un hombre y una mujer es que el hombre ejerza su poder sobre la mujer y la someta. En lo cotidiano no solamente se reproduce en las relaciones en estructuras formales de poder, sino también en el tú a tú en la calle. Los cobradores manosean a las chicas que se suben a los buses ¿y quién les dice algo? Pero tiene el poder de bajarte del bus, o no subirte, o hacerte algo. Si tú te das cuenta, en las calles, es algo que casi no se ve mucho cuando está uno acostumbrado a estar aquí, pero las mujeres toman muchas precauciones al andar en la calle.

¿En qué cosas lo notó?
Es difícil pedirle la hora a alguien en la calle, caminar cerca de una mujer, generalmente se cambian de acera, o aprietan el paso, o lo dejan pasar a uno, y no en lugares donde por cuestiones de delincuencia le obligue a eso, no estoy hablando de las ocho de la noche o una calle oscura. No, estamos hablando de las doce del día.

¿Y cómo no? Hace unos años había mucho hostigamiento en la (entrada) peatonal de la universidad (UCA), mucha gente externa. Pusieron dos policías para que cuidaran y no hubieran cosas de esas ¡y los policías ahora eran los que hostigaban a las alumnas! Y además con piropos sexualmente, eróticamente, explícitos. Eso nos habla de la sensación de seguridad y de una especie de impunidad que sienten los hombres para decirles cosas a las mujeres.

¿En qué otras situaciones se manifiesta?
En cuestiones físicas, si estás sola y yo estoy en una posición en donde no me puedan ver y no me identifiquen entonces sí le grito de todo, o si yo estoy en una posición donde yo puedo presentarle algún riesgo a la persona.

También es altamente probable que te diga algo alguien en la calle, sobre todo si se sienten con el derecho de hacerlo. Y para ellos sentirse con el derecho de hacerlo es que la mujer pueda vestirse, por ejemplo, provocadoramente, o al menos tenga un aspecto saliente al lado de otras mujeres. A lo mejor tres mujeres traen blusas de tubo, pero a una de las tres se le ven más los senos. Ese aspecto saliente, por cuestiones de género, de masculinidad hegemónica, me dice a mí que yo le puedo decir algo porque si usa eso y se destaca entre las demás, luego entonces ella anda buscando algo. Eso me dice a mí mi enseñanza de género. 

Explíqueme esa lógica.
Esa es la lógica de la masculinidad hegemónica. Nosotros tenemos efectos psicosociales internalizados, eso quiere decir que la manera en que nos educan, la manera en que convivimos entre hombres y mujeres provocan efectos psicosociales que marcan la pauta para tener insumos de cómo me voy a comportar ante una situación. Los hombres, por ejemplo, victimizamos, o sea hacemos víctimas a los demás, tenemos que ser los que sometemos. La sensación corporal y de logros corporales son una especie de trofeo, todo lo que yo tengo para mí es una especie de trofeo. Y el otro aspecto psicosocial es el de conquista, nosotros no ganamos nada ni nos merecemos nada, nosotros lo conquistamos. Y conquistar algo significa someterlo y arrebatarlo de alguien. Si una mujer nos dice que no, o se porta indiferente con nosotros la verdad es que quiere decir que sí. Entonces entra en acción este efecto de conquista ¿qué chiste tiene? Si la otra quiere conmigo pues no es una conquista. Pues si la otra no quería y al final quiere estar conmigo, o yo hago que esté conmigo, sí es una conquista. Entonces también se convierte en un trofeo.

La esposa tiene que ser buena, casta, pura, y tiene que estar en su casa, porque es la madre de mis hijos; pero de ahí en fuera todas las mujeres tienen que estar dispuestas hacia mí. ¿Cómo lo voy reforzando para mí, y al mismo tiempo reproduciéndolo a nivel de la sociedad? En fenómenos como este del hostigamiento.

¿Cómo reaccionan las mujeres frente a esta lógica?
En ese aspecto también hay estos efectos psicosociales internalizados en las mujeres, solamente que son complementarios a estos. En lugar de verse como un trofeo, la vida de las mujeres es una carga. El desarrollo del cuerpo femenino es una carga, se vive con carga, las broncas de la menstruación, y después los hijos, y después la menopausia. Y si no tienes cuerpo malo, porque los hombres no te van a ver, aunque sea falso porque los hombres le tiran a cualquier cosa. Pero si tienes cuerpo malo también porque entonces ningún hombre te va a dejar en paz.
La mujer puede salir desnuda a la calle y nadie tendría el derecho de decirle nada. Pero la educación de género tradicional nos dice que la mujer tiene la culpa de esas cosas. Y si te fijas, eso es lo que está al fondo de la desculpabilización que hacen los abusadores sexuales: ‘ella me provocó’. Talvez los cálculos tímidos que tenemos de abusos sexuales hacia las mujeres y hacia las niñas en este país pueden reafirmarse en el alto grado de agresividad en el hostigamiento sexual aquí.

¿Se puede inferir esa relación? Porque no existe un estudio.
No, no existe un estudio, pero podemos inferir esa situación. Si un hombre puede sentirse libre, y ser celebrado, porque le grita a una mujer cómo la quiere poner para penetrarla, y eso es algo de valor entre hombres, no es raro que encontremos que esos mismos hombres se crean con los derechos de hacer cualquier cosa con cualquier persona. Porque satisfacerme eróticamente no es el objetivo del abuso sexual ¿por qué? Porque si no nada más violarían a las mujeres atractivas, y a las modelos, y a las que salen en televisión, sin embargo se viola y se abusa de cualquier tipo de mujer. Si una mujer va por la calle, así muy sensual y todo esto, y yo tengo estos valores de masculinidad, entonces yo le puedo decir de todo ¿no? ‘Se está vistiendo como una puta, porque a mí me han enseñado que las putas se visten así, entonces le grito de todo porque es eso’.

¿Cómo marcar el límite, para no ir a penalizar todo? Por ejemplo, está la cuestión de tono. En un bar se puede acercar a una persona a saludar, y puede hacerlo en una forma como subida de tono, digámoslo así, o no, pero eso es subjetivo.
Eso es subjetivo, pero ¿quién nos ha enseñado qué es subido de tono y qué no lo es?

La sociedad, la comunidad en que nos movemos.
¿Por qué no es lo mismo que tú estés en un bar y de repente llegue alguien y te diga ‘¡Ay, qué buenas tetas tienes!’.

Pero eso es explícito.
Eso es explícito, sí. Otro abordaje: ‘¡Ah, hola, ¿qué tal?, qué bonita estás’.

Lo pone a dudar pero no lo hace ver con tanta claridad.
Exacto. Digamos que aquí son connotaciones que tienen que ver con una relación interpersonal más cercana de lo que la cotidianidad permite. ¿Qué sería, y aquí es donde todo mundo se tira la carcajada, pero en muchos lugares ha sido cuestión de discusión, y si en estos lugares donde las personas supuestamente, tradicionalmente, como que están abiertas a ese tipo de cosas, o son lugares adonde se van a iniciar este tipo de relaciones y cosas por el estilo ¿y qué tal si primero saludas, te presentas y pides permiso?

¿Pedir permiso para qué?
Para poder proseguir y decirte algo.

Pero también hay un conflicto de derechos.
Exacto, entonces, si una persona me provoca admiración o excitación ¿tengo el derecho a expresar mi opinión? Sí, pero el otro tiene derecho a escucharme o no. Entonces volvemos a la idea de ‘hola, qué bonita estás, ¿cómo te llamas, etc., etc.?’. Sigue siendo una situación, esta persona está profiriendo una opinión de mí que yo no le he pedido, aunque sea suave. Diferente podría ser decir, llegar, presentarse: ¿hola, cómo estás? Yo me llamo fulano de tal ¿te puedo decir algo? Al menos, ‘me gustaría decirte algo, ¿puedo?, ¿me escuchas?’. 

¿Qué derechos son vulnerados cuando se expresan ese tipo de cosas?
Pues básicamente podría tipificarse como una ofensa a su libertad sexual. O sea, yo puedo provocar mucha excitación en alguien, a lo mejor puede ser mi objetivo, pero a lo mejor no, eso es un derecho exclusivo de la persona, parte de su libertad. La excitación es responsabilidad de cada quien, pero es derecho de la persona que se le respete su libertad sexual. Y dentro de esa libertad sexual está su identidad, y también la libertad de interactuar con las personas que ella desee, y de no interactuar con las que no desee. Podríamos hablar un poco de la intimidad…

¿Y el acoso hacia los hombres?
El acoso hacia los hombres es algo marcado más por la cultura, porque ¿cómo un hombre no va a responder a esas cosas? Peor aún, un hombre que no responde a esas cosas es tachado de homosexual, así de sencillo.

¿Qué puede romper este círculo?
Básicamente es la educación, que se nos enseñe de forma distinta.

¿Y quién nos va a enseñar de forma distinta si todos somos parte del mismo sistema?
Bueno, aquí alguien tiene que empezar. La educación tiene que ser institucionalmente para con los niños y las niñas, pero también tiene que ser de una manera informal para con los padres y los adultos. Y va a haber algún momento en que la reproducción cultural tiene que empezar a meter otro tipo de cosas.

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