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EL ÁGORA De Giselle a Off, un giro hacia la versatilidad de la danzaEste año, la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié estrenará su temporada de ballet con una propuesta que pretende desafiar el tiempo y fusionar los lenguajes de las artes escénicas. Por primera vez, el segundo acto de Giselle, una pieza clásica romántica de grandes exigencias interpretativas, compartirá el escenario con la obra contemporánea Off, una propuesta existencialista que confía su mensaje a los cuerpos y a la proyección simultánea de un video arte. Rosarlin Hernandez / Foto: Cortesía Alexia Miranda
“¡Estire! ¡Estire! ¡Estire!” grita sin parar Xenia Vaquerano, la coordinadora de ballet de la Escuela Nacional de Danza Morena Celarié (END), durante el ensayo del segundo acto de Giselle. A su lado se encuentra el director de teatro Filander Funes, quien observa a los bailarines y gesticula lo que debería hacer cada personaje en la obra. Las piernas de los bailarines tiemblan y sus cuerpos brillan de sudor. La música de Adolphe Adam se sobrepone. Francisco Centeno, director de la END, sigue cada giro con la mirada. El 22 de junio será el gran estreno en el Teatro Presidente y la apuesta es cautivar al público con un espectáculo lleno de contrastes. “Mi objetivo es introducir a los estudiantes a un mundo distinto de la danza que no sea de academia, de velada de escuela. El bailarín debe tener un riesgo y debe tener la capacidad de proponer al coreógrafo para que transcienda al espectador” afirma Centeno. El director de la escuela explica que en esta ocasión el programa de la temporada de ballet contempla las ambiciones propias de una compañía: “me interesa el trabajo de mesa redonda, de pensamiento pero a niveles de lenguaje distintos; me interesa ver a una Giselle romántica y grotesca. Un bailarín actualmente tiene que ser versátil, saber interpretar roles con una musicalización clásica y un contra punto más contemporáneo”. En esta temporada, la prueba de versatilidad que tendrá el cuerpo de baile será una interpretación de ballet clásico con el segundo acto de Giselle, coreografía original de Jean Coralli y Jules Perrot; y otra de ballet contemporáneo, con la obra Off, esta última bajo la dirección de Francisco Centeno. Para lograr este contrapunto, el montaje de ambas obras ha contemplado que Filander Funes asuma la dirección escénica e interpretativa de los personajes. El director de teatro comenta que su misión es lograr que los bailarines pase de ser un ejecutante para convertirse en un artista, en un creador. “El pensamiento emotivo tiene que aparecer en la escena a través de las acciones, quiero aguijonear a los bailarines para que se conciban como unos bailarines interpretes”. En los ensayos, Elsy Gómez gira sin parar sostenida únicamente sobre la punta de un pie. Aprovecha un intervalo del ensayo para comentar que la interpretación de Giselle es emocionalmente agotadora. “Desde que comienza la obra hasta que finaliza Giselle pasa por muchas emociones: Al principio es muy serena y se encuentra a la espera de lo que va a pasar; cuando muere todo se llena de tristeza y angustia porque desea salvar a su amado”.
Después de haber interpretado tres protagónicos en ballet de repertorio, la bailarina explica que una de las complejidades de la obra a nivel técnico es realizar una coreografía en pareja: “si uno de los dos no se coloca bien los dos fallamos. Ambos tenemos que estar conectados tanto en la música como en la expresión”. Su compañero de baile es Byron Nájera, quien define su interpretación del Duque Albrecht como un reto sumamente difícil: “Se requiere una buena condición física y se debe tener la cualidad de romanticismo y delicadeza pero al mismo tiempo hay que tener un nivel de precisión bastante elevada. Lograr la combinación entre lograr la interpretación y mantener un alto nivel técnico es una de las grandes dificultades” sostiene con una voz entre cortada por el cansancio. El ensayo continúa. ¡Corra, corra! ¡Deje de estar esperando a la otra! ¡Atrás los brazos! Grita nuevamente Xenia Vaquerano. Luego de dos décadas de impartir clases en la escuela, esta profesora de ballet dice que el grito sale cuando escucha la música fuerte y ve un error que no puede dejar pasar. “Siempre que monto una coreografía de ballet clásico mi paradigma es respetar las coreografías de las grandes personalidades internacionales, yo no vengo a inventarme nada”. Su trabajo consiste en realizar un estudio profundo de la pieza y cuidar detalles como el estilo, la época y cada personaje. Afirma que Giselle es una obra que no se puede limitar a la parte técnica: “sería como mutilar el ballet por eso me parece importantísimo tener un profesional del teatro en el equipo de montaje”. En los días que faltan para el estreno, Vaquerano tiene la certeza de que se pueden mejorar muchas cosas. Las alumnas corren de puntillas en círculo y la profesora golpea fuerte con su mano el piso de madera para indicar algún cambio. En el centro del salón, Funes explica a Byron Nájera que la disciplina y la espontaneidad no tienen por qué estar peleadas. El ensayo no se detiene. Off: un espectáculo de contraescena Después de bailar hasta caer muertos, los bailarines tendrán que salir del período clásico de Giselle para trasladarse al mundo contemporáneo de la introspección. Francisco Centeno explica que en su obra Off el público podrá disfrutar de una mezcla entre el ballet clásico y el contemporáneo. “Si quiero tener un público cautivo no le puedo ofrecer un programa de una hora o más solo de ballet clásico, mi idea es armonizar al público con la temporada, no distanciarlo. Me interesa una escuela que transcienda, no una escuela anquilosada”, dice. Con su obra Off, el director le propone al espectador el juego de observar y ser observado a la vez: “Mi intención fue plasmar el espectáculo de la vida. La vida es un escenario en el que nosotros nos montamos y decidimos si estamos dentro o fuera”. Durante los 25 minutos que dura la obra, diez bailarines se alternan en diálogos y tiempos fragmentados para presentar los instantes que dan significado a la vida. La historia abre con dos bailarines sentados en unas sillas blancas que parecen observar al público cuando en realidad están observando sus vidas, que transcurren en el vídeo arte que se proyecta a sus espaldas. Francisco Centeno define como un efecto de contra escena la idea de alternar al observador y las imágenes que son observadas. Para lograr el efecto, Centeno invitó a la artista visual Alexia Miranda para que plasmara en imágenes la psicología de los personajes. Miranda comenta que el vídeo es el discurso de las cosas latentes y por esta razón el ojo de la cámara se enfoca en las pequeñas sutilezas de la cotidianidad y en las fragilidades humanas. “Los personajes de la coreografía siempre están buscando ver algo. La proyección atrás es todo esto que tratan de ver, que buscan ver, es el estado psicológico que se proyecta en el video; estos recuerdos, estas memorias, estas sensaciones. Por eso las imágenes llegan a ser en momentos bastante sutiles, poéticas y atemporales”. Agrega que la iniciativa de la escuela de recurrir a distintas disciplinas en un mismo espectáculo es clave para alcanzar un nivel internacional: “Cuando vemos otras piezas que nos gustan es porque hay personas de distintas especialidades haciendo cosas. Ahora el arte es una fusión de disciplinas y las artes escénicas en su totalidad se prestan a esta fusión, a este complemento, porque una complementa a la otra”.
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