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Dualidades de un encuentro poético

Dos escritores, con marcadas diferencias, llegaron a El Salvador la semana pasada para mostrar sus poemas en el IV encuentro internacional de poesía. Uno ruso, el otro hondureño, compartieron sus versos y despertaron pasiones. El primero, con una historia extensa, que va desde encuentros con Pablo Neruda y Fidel Castro, por poco pasa de largo. El otro, apenas un joven con su guitarra, un desconocido, fue el más aclamado.

Alexis Henríquez
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de mayo de 2007 - El Faro

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Yevgueni Yevtushenko durante un recital en un centro educativo salvadoreño. Foto: Cortesía de Manlio Argueta.

No puede pasar desapercibido, ni por su importancia en el mundo de la poesía ni por su forma atípica de vestir. Yevgueni Evtushenko subió al escenario la noche del jueves, en el parque de la colonia San José, en San Salvador. Los ojos de medio centenar de personas se clavaron en el ruso de 74 años de edad, que vestía una camisa amarilla, un saco azul y rojo a cuadros, y un pantalón rosado. Preguntó cuánto tiempo tenía para declamar, y por respuesta recibió que podía leer cinco poemas. “Mis poemas son largos. Voy a declamar solo cuatro”, dijo tajante.

Hace dos décadas, la KGB - el servicio secreto soviético – lo buscaba por “actividades subversivas” en Rusia. Quizás en El Salvador no lo habrían encontrado ahora. La semana pasada se la pasó declamando en el IV Encuentro de poesía “El turno del ofendido”, dedicado a otro poeta rebelde como él: Roque Dalton.

En Rusia fue un político que ganó las elecciones en Charkov para el Parlamento Ruso, con el 76 por ciento de aceptación y contra siete contendientes. En América, durante la guerra fría, declamó poemas. Llegó a presentar sus versos a la Universidad de Berkeley, en California; al Madison Square Garden de Nueva York; a la Catedral del Divino San Juan, junto a Robert de Niro, en Nueva York; en Chile, con Pablo Neruda; en Cuba incluso sostuvo reuniones con el Ché Guevara y Fidel Castro. De regreso a Rusia se llevó la novela Cien años de soledad de Gabriel García Márquez, para traducirla.

En el fondo, Pavel Nuñez, poeta hondureño, después de haber declamado en San Esteban Catarina en San Vicente. Foto: Alexis Henríquez.

Yevgueni Evtushenko habla perfecto el español. Es parte de una generación de poetas rusos modernos, donde figuran Pasternak, Essenin y Maiakovski. Su peso, sin embargo, no era del todo apreciado durante su visita a El Salvador. En más de una ocasión se le ha criticado por su prepotente carácter, y más de uno de los 20 poetas internacionales invitados se quejó de su forma de ser. Evtushenko también se quejó el jueves por la noche, pero de quienes escuchaban su poesía. “No respetan”, dijo enfadado, deteniéndose en una de sus cuatro declamaciones cuando unas personas estaban hablando mientras recitaba.

No fue el único en declamar esa noche, ni que recorrió miles de kilómetros para venir a mostrar sus textos casi desconocidos para aquellos que no escudriñan la poesía.Lia Karavia llegó de Grecia. Ales Steger cruzó el océano desde Eslovenia, y como él otros poetas de diferentes partes del mundo. Todos viajaron al interior de la nación salvadoreña para mostrar el sabor de los versos durante el festival.

Al ver la carta de presentación de este homenaje a Dalton, con 20 extranjeros y 20 salvadoreños que declaman poesía, Pavel se queda admirado y se siente el más pequeño entre los grandes. Pavel Núñez es un poeta hondureño, que desde Tegucigalpa viajó para participar en el encuentro.

Es lo contrario a Evtushenko. Tiene 25 años de edad, no se considera famoso – aunque en páginas de Internet hondureñas se le incluye en la nueva trova del país centroamericano –, fuma, y cuando termina de declamar a su estilo la poesía las personas le piden que no pare, que siga, que siga...

Tiene un truco. Toma la guitarra para cantar sus versos. Ya sean de amor o de protestas los versos que compone, las personas en el parque lo admiraron. “Somos enamorados del arte, de la poesía, de la música”, señaló. No es la primera vez que visita el país. En la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” y en el municipio de San Esteban Catarina ya antes se había presentado.

Su profesión es la de maestro en matemática y programación de computadora. A este hombre de letras y de música, las fórmulas y los códigos binarios de computadora no lo espantan. Es más, considera que el arte y la ciencia dura tienen un punto simétrico. “El lenguaje matemático te deja una forma diferente de pensar. La fusión es que la matemática es una ciencia demostrativa, como el arte. Por más que se quiera decir que el arte es subjetivo, es muy objetivo por ser la expresión propia de los seres humanos. Ahí se encuentra la ciencia con las artes, en demostrar”, considera.

Se denomina un curioso que encuentra relaciones donde no las hay. Así la encontró entre la poesía, la matemática, la música y un público salvadoreño que, durante una semana, lo escuchó a él y a otros grandes en las letras.

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