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EL ÁGORA

El MARTE vuelve a mirar el arte salvadoreño

El Museo de Arte celebró su cuarto aniversario con la inauguración de “Re-visiones, encuentros con el arte salvadoreño”. La nueva exposición incorpora pintura, escultura y expresiones contemporáneas de los principales artistas salvadoreños.

Ruth Grégori / Fotos: Gracia Rodríguez
cartas@elfaro.net
Publicada el 21 de mayo de 2007 - El Faro

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El Museo de Arte de El Salvador (MARTE) asumió el reto de volver a mirar el arte salvadoreño que colgaba de sus paredes, para reinventarse en su cuarto aniversario.

El pasado viernes 18, el MARTE inauguró la exposición “Re-visiones, encuentros con el arte salvadoreño”, que sustituye a “Puntos Cardinales”, la exposición insignia del museo desde su nacimiento. “Re-visiones” cuenta con grandes obras de los principales maestros salvadoreños de la pintura y escultura, y estará en exposición “permanente” al menos durante los próximos tres años. 

El MARTE fue inaugurado en 2003 con la exposición de pintura nacional “Puntos Cardinales”, la más grande conformada hasta la fecha, integrada principalmente por dos colecciones: la Colección Nacional de Pintura y la Colección del Museo FORMA, fundada por la pintora Julia Díaz.

Sobre la nueva exposición “Re-Visiones. Encuentros con el arte salvadoreño”

Número de obras: 138
Colección Nacional: 33
Comodato Patronato Pro Patrimonio Cultural: 17
Colección MARTE: 14
Colecciones privadas: 49
Colecciones de artistas: 24
Número de artistas: 77
Duración de la exposición: 3 años

Tres años más tarde se venció el plazo acordado para el préstamo, y los herederos de Díaz pidieron de vuelta las obras de su colección con miras a fundar su propio museo. Para la colección del MARTE, esto significó la pérdida de alrededor de 24 obras, casi la tercera parte de los 90 cuadros que conformaron Puntos Cardinales.

El director del museo, Roberto Galicia, dice que en este nuevo proyecto era necesario expandir los lenguajes visuales: “La vigencia que tienen hoy otros medios como el dibujo, la fotografía y la instalación nos permiten enriquecer la visión y el discurso, el público se puede llevar un panorama mucho más completo de lo que está sucediendo en el país”.

Galicia explica que Puntos Cardinales se concibió desde la necesidad de establecer una distancia con el presente y se definió un periodo cronológico de 1900 a 1992.  “Sin embargo, cuando se empiezan a incorporar en nuestra programación exhibiciones relacionadas con el arte contemporáneo empezamos a ver que la muestra no vinculaba lo que allí se estaba exhibiendo con lo que estaba pasando fuera”. Además, las estadísticas revelaron que el museo recibía más visitantes cuando presentaban exhibiciones de arte contemporáneo.

El MARTE contrató entonces a Jorge Palomo –quien fundó el programa de arte contemporáneo “Intervenciones” en un museo que nació con un apelativo de “moderno”, que ya no se usa-. Palomo se embarcó en una investigación, de un año de duración, para definir su propuesta curatorial, en la que llegó a catalogar casi mil obras entre varias colecciones privadas. El resultado es “Re-visiones, encuentros con el arte salvadoreño”, inaugurada el pasado viernes 18 de mayo, con motivo del cuarto aniversario del Museo y el día internacional de los museos.   

Aparte de no contar con la obra de la colección FORMA, Re-Visiones tiene otras diferencias con su antecesora, Puntos Cardinales. No sólo incorpora distintos géneros de arte contemporáneo y abarca un mayor período (1845-2006), sino que, ante todo, marca una diferencia en el enfoque de análisis y presentación al público al cuestionar la noción de qué es “arte” y qué es “salvadoreño” a través de un enfoque multidisciplinario, en el que se combinan criterios temáticos, estilísticos, históricos, políticos y hasta psicológicos.   

“Un ordenamiento cronológico puede ayudarnos a comprender nuestro pasado y presente, un ordenamiento estilístico puede enseñarnos, a través de semejanzas y diferencias, los diversos lenguajes ocupados por nuestros artistas”, explica Jorge Palomo.

Con un enfoque tan complejo, se ha tenido especial cuidado en hacer un planteamiento didáctico. Re-visiones está organizada en cuatro núcleos o salas: dos temáticos, “Los trazos de las identidades” y “Lenguajes del paisaje”, y dos estilísticos, “De la superficie a lo sublime” y “Bajo los signos de Alicia: los territorios del sueño”. En todos hay un ordenamiento cronológico, supeditado a los criterios anteriores.

La principal apuesta de combinar temática, cronología y estilos artísticos en una sola muestra es relacionar el arte salvadoreño con el arte universal, y al mismo tiempo ofrecer diferentes perspectivas para acercarse al arte.

“Podés entrar al arte a través de los social y lo político y lo histórico. Podés entrar a través de la historia del arte, qué se hace con la luz, qué se hace con un tema; podés entrar a través de tus sueños, tus fantasías y tus horrores; y podés entrar también a través de una cosa totalmente analítica, del formalismo de lo estético y la plástica, es decir no hablemos de lo que está pintado sino de cómo está pintado”, explica Palomo.

Bajo los signos de Alicia: los territorios del sueño

Para llegar al territorio de Alicia es necesario descender. Custodian la entrada cinco seres semi anfibios con formas de mujer que parecen danzar. Por ahí se entra a los territorios de Alicia, del sueño y la fantasía.

El espacio de la rampa ubicada al frente de la entrada principal del MARTE fue aprovechada sugestivamente para ubicar 23 obras en un plano inclinado, contrario a la lógica horizontal del suelo en que acostumbramos pararnos.

En ese estrecho pasillo pueden verse obras de los primos Salazar, el reconocido escritor y menos conocido pintor y escultor Salvador Salazar Arrué –Salarrué- y al caricaturista  Antonio –Toño- Salazar. Del primero, un colorido “Monstruo marino”, presente en Puntos Cardinales e invertido en Revisiones (el autor firmó el cuadro arriba y abajo, pues aseguraba que podía verse en uno y otro sentido); y un “Hombre marino” una escultura que muestra un rostro barbado cuyas ropas y barba asemejan el movimiento de las olas. Uno de los dibujos de Toño Salazar muestra a un Pablo Neruda germinando de una raíz que emerge sangrante de la tierra.

“La idea era que para ver obra surrealista deberíamos interpretarla a través de la psicología, cuáles son las verdades internas de estas pinturas y estos artistas, a través de una lectura mucho más libre, y también basadas en lo que conocemos de ellos”, explica el curador.

Es por ello que en esta sala predominan los vínculos familiares: además de los primos Salazar están los hermanos Ana María Martínez y Ernesto San Avilés, así como  Bernabé y Augusto Crespín.

También hay pintores sin par familiar, como Benjamín Cañas, el pintor salvadoreño mejor cotizado a nivel internacional, fallecido a inicios de los noventa, representado por sus personajes de circo; Enrique Salaverría con su escultura del torso de una mujer que tiene enroscado un castillo en torno al cuello y la cabeza; o las mujeres anfibio que reciben a los visitantes en la entrada, criaturas esculpidas en bronce por Titi Escalante en “La Danza”, de la serie “Homenaje a Matisse”.

De la superficie a lo sublime

Guillermo Salaverría está en la exposición, justo frente a una de sus esculturas. Al rodear el pedestal en que se apoya el objeto, se nota sin dificultad una figura, un seno y un torso… al que se le cae una parte por en medio. “Es que yo trabajo figuras femeninas desfragmentadas”, explica. La obra lleva por nombre “Fragmento sobre pines”, una de las obras más recientes de la exposición (2004).

El curador de Re-Visiones, Jorge Palomo, decidió montar “De la superficie a lo sublime”, una sala específicamente para la abstracción, cuando notó que en el recorrido de Puntos Cardinales tanto los guías como el público “no entendían”: “En la misma muestra Puntos Cardinales, cuando llegaban a una obra abstracta y trataban de explicarle al público las obras no sabían cómo hacerlo, ni el público sabía qué era eso, o por qué eso era arte. Así de básica es la necesidad de plantear toda una sala para que desarrollen el vocabulario, para que vean ejemplos, para que sea parte de nuestra educación cultural y artística, porque existe, y fuimos modernos. El estereotipo de lo moderno es la abstracción”. Es por esta razón que se consideró necesario montar una sala para mostrar las experimentaciones con las formas, técnicas y materiales de un movimiento que surgió a inicios de 1900 y dejó sentir su influencia en los artistas salvadoreños a partir de la década de 1960.   

“Saber si las obras acá representan o no la realidad es un problema menos importante de lo que han significado las recias contiendas en el arte y en la vida”, dice Antonio García Ponce frente a su cuadro “Personajes”. Sus personajes son, en este caso, prostitutas, según explica en el catálogo de la exposición Jorge Palomo. Este cuadro de García Ponce es reciente (2001) y está ubicado al lado de “Figuras en Palco”, de Carlos Cañas (1959). “Carlos Cañas inicia dentro del cubismo cuando regresa de España, y en mi caso trabajo la nueva figuración, que es una tendencia que trata de lo interno de todo ser humano. Antes no era conocido acá, entonces por eso exponemos la obra junto a Carlos, estamos dando el punto de partida en la problematización de la pintura salvadoreña”, agrega respecto a un género que ambos comenzaron a cultivar en los años sesenta.

Horizontes del paisaje

Los “Lenguajes del paisaje”, la sala más grande de la nueva exposición, presenta un recorrido multidisciplinario que combina un hilo cronológico, técnicas diversas y escuelas estilísticas que han influido en la representación del que se perfila como el tema predilecto de los artistas nacionales: el paisaje.

“La cronología es secundaria a la tesis de la sala, pero en realidad las agrupaciones son estilísticas”, explica el curador de la muestra Jorge Palomo. En ella se agrupan los paisajes por características o escuelas similares, y se contraponen a otras que también representan paisajes pero pertenecen a otras escuelas estilísticas. Esta es quizá la sala en que se reúnen de manera más clara y didáctica las diferentes escuelas del arte universal y su influencia en la producción nacional, debido a lo “concreto” y familiar de la noción del paisaje.  

En las paredes de esta sala pueden leerse títulos como “La Academia” sobre las obras de quienes dirigieron las primeras escuelas privadas que dejaron legados y discípulos importantes: la de Carlos Alberto Imery y el pintor español Valero Lecha. Esta escuela respetaba las formas y colores “naturales”, de una escena en un lago europeo, como en el caso de Imery, o del cerro de San Jacinto en el caso de Lecha.

“Impresionismo y Posimpresionismo”, “Abstracción”, “Primitivismo”, “Surrealismo”, “Expresionismo”, “Arte Contemporáneo”, siguen los títulos en las paredes. “Es casi una clase”, dice la actriz Naara Salomón. La actriz, criada entre artistas plásticos en su natal Suiza, encontró poco espacio entre cuadro y cuadro, algo que a ella le generó la impresión de que el cuadro no tenía todo el espacio necesario “para respirar”, y ser apreciado.

Pocos pasos atrás de Naara está un paisaje surrealista, un árbol al que le crecen manos que Jorge Palomo ubicó en una tendencia “caricaturesca”. El cuadro es de Mayra Barraza, una de las artistas que forma parte de Re-Visiones sin haber formado parte de Puntos Cardinales, y que está ubicada casi al final del recorrido de paisajes bajo el título “Surrealismo”.

“Me gusta sobre todo que haya un concepto curatorial más amplio, me gusta el diálogo entre jóvenes y viejos, aunque como que el museo se quedó pequeño, pero eso es bueno, significa que hay mucha obra que mostrar”, dice Barraza. Cuando le pregunto cómo se siente de haber sido incluida en la muestra de arte visual nacional más importante estalla en risas y contesta: “Leí en algún lado que los artistas de jóvenes le tiran piedras a los museos, y de viejos, beben copas de vino dentro, ja ja ja, me siento un poco decrépita…”

“Mangle versión pared”, de Verónica Vides, es una de las pocas representaciones del paisaje salvadoreño en tres dimensiones. Su ubicación en la sala, la semana previa a la inauguración, demandó alrededor de treinta minutos. Claudia Cristiani, encargada del montaje de la exposición, y dos trabajadores, hicieron y rehicieron varias combinaciones de las siete piezas de hierro y material industrial. “Esta obra no tenía instrucciones para armar”, explica Jorge Palomo. Que las haya o no es parte de la intención del artista. El resultado es que la obra termina de hacerse cada vez que es instalada, cada vez de forma diferente.

Los rostros de la historia salvadoreña

Un retrato del doctor Manuel Gallardo, pintado en 1855, marca el punto de partida del recorrido por la sala “Los trazos de las identidades”, la única en que predomina el hilo cronológico. El autor de la obra, Francisco Wenceslao Cisneros, es el primer pintor salvadoreño del que se tiene registro.

Equipo involucrado en “Re-visiones”
Curador: Jorge Palomo
Museografía:
Roxana Leiva
Rafael Alas
Salvador Choussy
Montaje: Claudia Cristiani
Textos del catálogo:
Jorge Palomo
Carlos Cañas Dinarte
Consultoras:
Astrid Bahamond
Mabel Acevedo
Editores:
Miguel Huezo Mixco
María Tenorio
Fotografía:
Eleonora Salaverría
Eduardo Fuentes
Diseño Gráfico:
Claudia Olmedo

A través de los cuadros de esta sala, se pueden apreciar las transformaciones en los rostros de la sociedad salvadoreña. “El papel del artista y de sus obras refleja un contenido político de denuncia que continúa hasta el presente”, dice el curador de la muestra, Jorge Palomo. Desde la representación de las etnias y costumbres nacionales hasta la denuncia social de la explotación del obrero y los horrores de la guerra, el testimonio de la historia salvadoreña queda plasmado en esta sala.

El aparecimiento de indígenas en los cuadros era ya un posicionamiento político, en una época cercana a la masacre perpetrada por el General Maximiliano Hernández Martínez en 1932. En ese contexto, asevera Palomo: “India de Panchimalco (1935) de José Mejía Vides, siempre va a ser una obra maestra”. Esta obra, que formó parte de Puntos Cardinales, presenta un rostro de mujer de marcados signos indígenas y cubierto con un colorido “paño”, típico de las indígenas de Panchimalco.

A medida se avanza en el tiempo, a través de los cuadros de la sala, se aprecia el cambio de las indígenas representadas por los planteamientos academicistas europeos de Carlos Alberto Imery o del pintor español Valero Lecha a las niñas trabajadoras de Julia Díaz, o los niños esqueléticos de un enorme cuadro pintado por Camilo Minero que ya refleja influencias del muralismo mexicano.

Las escenas de la guerra salvadoreña irrumpen en tonos negros y grises, escenas oscuras de masacres y parricidios. “Sumpul”, de Carlos Cañas, no sólo formó parte de Puntos Cardinales sino que fue adquirido para integrar la incipiente colección propiedad del MARTE. Jorge Palomo indica que es “la pintura histórica más importante de El Salvador contemporáneo”: “Como no había fotos, esa fue la imagen que identificó la tragedia del río fronterizo con Honduras donde en 1980 fue masacrada una gran cantidad de campesinos por elementos militares”.

Pero a diferencia de Puntos Cardinales, el recorrido histórico no acaba en 1992 con el cese de la guerra y la firma de los acuerdos de paz. Las obras que cierran esta sala son obras creadas en la posguerra, es decir, en los últimos quince años.

“Utensilios” (2006) de Ronald Morán, es la última del recorrido histórico. Se trata de una urna transparente que contiene siete objetos de cocina forrados con espuma blanca de poliéster. “La blancura manifiesta de los utensilios de cocina llega a ser asquerosamente sospechosa, en un discurso abierto contra la violencia intrafamiliar forjada en el hogar, de donde luego se reproduce hacia la sociedad, que la institucionaliza”, escribe el investigador histórico Carlos Cañas Dinarte en el apartado del catálogo que describe esta sección.

Para Morán, uno de los artistas visuales más jóvenes que forman parte de Re-Visiones, es importante el acercamiento “más contemporáneo” de esta exposición respecto a su predecesora, Puntos Cardinales, porque refleja preocupaciones sociales particulares de este tiempo: “Yo creo que las obras son un retazo de su momento, de una u otra forma demuestran cómo se interpretaba la realidad de ese momento, al igual que la anterior, pero ya son otros artistas, que tienen preocupaciones más cercanas a la realidad actual”. Morán, el representante del arte contemporáneo salvadoreño con mayor proyección internacional en la actualidad, parte la próxima semana a la Bienal de Venecia, la más importante del mundo.

Otro artista contemporáneo presente en Re-Visiones, de mayor edad que Morán, es Romeo Galdámez, actual coordinador de artes visuales de CONCULTURA. Formado en el Centro Nacional de Artes (CENAR), se vio forzado a dejar el país en medio del conflicto armado. “Mi sorpresa fue encontrar mi obra en un área donde tiene un título que dice ‘De la paz afuera’. Yo fui un artista exiliado, trabajaba para el país desde afuera, reflejando un proceso personal, una visión de artista, pero una visión también nostálgica de afuera”, indica.

En realidad, la obra de Galdámez es, en el planteamiento cronológico de la sala, un punto de transición entre las escenas de guerra y las de posguerra. Pero, de forma curiosa, lo es también en la historia más remota del encuentro entre el arte occidental –que nos convoca en el MARTE- y el nuevo mundo que encontraron los españoles. Su obra lleva por título “A quinientos años… imágenes del encuentro II”, de su serie homónima de serigrafías sobre papel. En ella, se superpone una variedad de objetos -portadas de novelas del corazón, una pequeña figura de un conquistador español que recuerda la apariencia de ex votos religiosos mejicanos y un sobre aéreo con remitente y destinatario- que el curador de la exposición ubica en la corriente del “arte postal”.

Para Galdámez que la muestra se abra a un mayor período de tiempo y a más lenguajes de las artes visuales, es importante porque revela el cuestionamiento que subyace a ese planteamiento: “Celebro que en esta Revisión haya más obras, más autores, se hable más de los 80’s y los 90’s, porque nos estamos preguntando quiénes somos y a dónde vamos en el arte de El Salvador”.

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