“Lo que más me importa es la experiencia, no la pieza”
El ganador del primer premio de la V Bienal Centroamericana, el “Tlahcuilo” de oro, conversó brevemente con El Faro sobre su propuesta artística frente al desgarre que dejó la del la guerra civil en su país.
Ruth Grégori cartas@elfaro.net Publicada el 20 de noviembre - El Faro
¿Cómo surgió la idea de “Auras de guerra”?
Bueno, el concepto es algo que yo vengo trabajando desde hace 10 años ya. “Auras de Guerra” existe desde 1996, cuando yo me encontré ese “graffiti” de Sandino, y a partir de ahí comencé a volverlo como un icono que es como el Sandino actualizado, el Sandino sin rostro y demacrado, como la muerte de la revolución. Y por eso es que pesa dos toneladas, y es incómodo, y no se puede manipular bien. Y luego fue integrar a la gente que de verdad estuvo en la guerra. Uno es un desmovilizado de la guerrilla sandinista; el otro, de la Contra; y, hoy trabajan juntos en una organización de veteranos de guerra. De ellos es esta segunda obra, “Desmovilizados”.
Este “graffiti” lo encontraste en…
En un muro de la calle.
Pero era la casa era de tu familia
Después me di cuenta de que ahí había vivido mi familia paterna, fue como una sorpresa. Luego fui con mi familia a la casa y me contaron que ellos vivieron ahí, pero realmente cuando tomé la foto la primera vez no sabía.
Primero fue sólo una foto ¿y después?
Primero hay una foto, y la trabajé casi nueve años, sólo la foto. Luego ya sentí que había que convertirla en objeto, esa forma y hacer una acción. La foto es una cosa muy quieta y la idea es convertirla en algo que viva. La obra es una acción. El proyecto no es una escultura, es una acción, que es forjarla, primero, y luego trasladarla, en un camión de fabricación rusa, que es él que está afuera. Entonces es como una actualización a través de una acción, porque para mí el arte tiene que incidir en la vida y hacer pensar. Por eso es que se hacen acciones; por eso es que los desmovilizados están aquí; por eso es que nos vinimos por tierra y estamos todos en el mismo cuarto en el hotel; y, yo, aprendiendo un montón de cosas de ellos.
¿Cómo surgió la idea de que custodiaran el muro ellos dos?
Eso surgió porque ellos trabajan en un mercado, cuidando carros, como una organización de veteranos de guerra y de lisiados. Yo siempre voy a ese mercado, y a mí siempre me impresionaba ver a un montón de gente sin piernas con muletas, sin brazos trabajando por 20 dólares al mes. Comencé a hablar con ellos, a ver qué era lo que hacían. Me impresionó que trabajaran juntos los que antes eran los enemigos y ahora estaban en las mismas ¿no? Porque igual ninguno de los frentes, ninguno de los ejércitos, se ocupan de ellos. O sea, esta gente no tiene pensiones por ser veteranos de guerra o por ser lisiados. Entonces fue como tratar de ponerme un poco en los zapatos de ellos y ojalá los espectadores se pregunten algo con respecto a eso. Es muy jodido hacer parte de una guerra y después darte cuenta que no sirvió para nada.
¿Cuántos años tenés?
29 años. Cuando la revolución triunfó yo era un bebé y todo lo que yo sé de la revolución son chismes, yo no tengo vivencia directa. Un poco este trabajo es como tratar de vivir esa revolución a través de la gente que sí la vivió, y aprender de ellos. Venimos todo el tiempo en el camino hablando, todo el tiempo que estuvimos trabajando cuando ellos estaban de centinelas, yo hago memoria de todo eso, lo escribo porque eso es lo que más me importa. A mí lo que más me importa es la experiencia, no la pieza; porque la pieza, o sea, aquí se van a quedar con un video, o sea la pieza no existe. Lo que existe la experiencia. Y vivir eso, que te inquiete, que te joda, que te quite el sueño.
¿Y por qué te clavó tanto ese “graffiti” de Sandino?
Porque Sandino es el símbolo de esa utopía perdida. No es un icono propiedad de un partido político, que acaba de ganar ahorita el poder. Sandino es una lección de… de libertad. ‘No se metan con nosotros, déjennos tranquilos, o sea, estamos bien, nosotros como estamos”. Sandino luchó todo el tiempo contra la intervención gringa. Lo asesinaron y lo traicionaron. Entonces Sandino es un icono, de resistencia, pero de una resistencia ética. Y lo más importante de esta pieza, que es lo que yo trato de aprender es eso: moral. El resto, la estética, no me importa. Tú ves el montaje y es muy feo, muy sucio. Lo más importante es la vivencia.
¿Votaste en las recientes elecciones?
No, no voté. Yo tengo mis dedos limpios, porque uno votaba y te manchaban los dedos. Yo no creo en ningún partido político.