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EL AGORAV Bienal Centroamericano premia al arte políticoNicaragua, Costa Rica y El Salvador se repartieron los primeros lugares del V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano con obras en las que se mezclaron el arte y la política. El certamen, realizado este año por primera vez en El Salvador, tuvo lugar en el Museo de Arte de El Salvador (MARTE) en esta capital. Ruth Grégori. Fotos: Edu Ponces y Léster Hernández
La V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, realizado por primera vez en nuestro país, premió tres proyectos en los que se cruzaron el arte y la política. El jurado otorgó los primeros lugares a una propuesta de reconciliación entre el ejército sandinista y la contra nicaragüense para la pacificación de Nicaragua, una crítica a la exclusión social que generan los tratados de libre comercio y una reflexión sobre el nacionalismo en tiempos de globalización. Los invitados a la ceremonia de premiación del la Bienal fueron recibidos por una alfombra roja. Una alfombra de tomates. A su lado desfilaron el presidente Antonio Saca, la vicepresidenta Ana Vilma de Escobar, y el ex presidente Francisco Flores. Algunos de los invitados de alto nivel a escala gubernamental que, con su presencia, daban realce al único certamen regional de esta naturaleza. “La sociedad el espectáculo con sus mega eventos artísticos, y sus epígonos regionales, se han convertido en espacios exhibicionistas más que de exhibición, de competencia más que de competitividad…”, rezaba la tarjeta de presentación de la singular instalación, fuera del alcance de cualquier en esa sala. Su creador, el costarricense Guillermo Vargas –HABACUC- nos estaba tomando el pelo a los ahí presentes, subrayando nuestro coprotagonismo en uno más de los episodios de esa sociedad del espectáculo, la sociedad mediatizada de la era de la globalización. El arte visual centroamericano de hoy se permite jugar y a la vez criticar a través de una diversidad de medios que, según se vea, son de más o menos reciente invención, pero que caracterizan nuestra era de las telecomunicaciones: la televisión, el video y el internet; además de otros tradicionales, como la pintura o la escultura, aunque con materiales y conceptos que reflejan problemáticas de hoy. Las obras que se agenciaron el primer premio fueron “Auras de guerra, intervenciones dentro del espacio público revolucionario nicaragüense” y “El Muro y desmovilizados”, un proyecto de arte acción producto de la colaboración entre el artista nicaragüense Ernesto Salmerón, y dos ex combatientes desmovilizados, uno de la ex guerrilla sandinista y otro de la Contra nicaragüense.
“Eso surgió porque ellos trabajan en un mercado, cuidando carros, como una organización de veteranos de guerra y de lisiados. Yo siempre voy a ese mercado, y a mí siempre me impresionaba ver a un montón de gente sin piernas con muletas, sin brazos, trabajando por 20 dólares al mes. Comencé a hablar con ellos, a ver qué era lo que hacían. Me impresionó que trabajaran juntos los que antes eran enemigos y ahora estaban en las mismas. Porque igual ninguno de los frentes, ninguno de los ejércitos, se ocupan de ellos”, explica Salmerón sobre la génesis del proyecto. De la propuesta de Salmerón a nosotros sólo nos llega la documentación de todo el proceso, una modalidad conocida como “arte acción”. Salmerón extrajo una parte del muro en el que se encontraba un “graffiti” de Sandino, símbolo de la revolución nicaragüense, y lo expuso en el Palacio de Cultura de Nicaragua, donde el director del palacio ordenó clausurar el evento acusándolo de proselitismo político. Eso es parte de lo que se puede ver a través de la documentación, en publicaciones de periódicos cuyos ejemplares están junto a la pantalla que muestra en video escenas del proceso, desde la extracción del fragmento de muro, pasando por la censura de la exposición en el Palacio de Cultura hasta su llegada al MARTE, en El Salvador. Esta modalidad de artes visuales privilegia la experiencia, el proceso, y de la obra sólo quedan los documentos. “El planteamiento habla de los restos de un conflicto que ha desgarrado al país, y yo creo que él hace una propuesta de reconciliación”, dice el español Santiago Olmo, artista y jurado de la bienal centroamericana 2006. Las obras ganadoras del primer lugar se hicieron acreedoras del “Tlahcuilo” de oro, dotado con un premio en efectivo de ocho mil dólares, que será donado a la Asociación de desmovilizados de Nicaragua. Arte de hoy: problemas de aquí y de ahora Entre la multiplicidad de propuestas participantes en la justa centroamericana, que reúne en cada edición 36 artistas, seis por país, y 72 obras, dos por artista, hay también convergencia de intereses, entre los que destacan las problemáticas sociales y políticas. “Ese es un tema diría que casi de primer plano”, indica el artista español y jurado de la V Bienal, Santiago Olmo. “La región ha tenido muchos conflictos, en la mayoría de países ha habido guerras civiles largas, muy sangrientas, que han dejado heridas muy graves. La paz, la firma de la paz no ha significado la solución de los problemas, sino que han surgido otros nuevos, como la delincuencia, los secuestros, la inseguridad, etcétera.” Además del problema de cómo construir la paz en países que han vivido guerras civiles –abordado en la obra del nicaragüense Ernesto Salmerón- aparecen los problemas de la exclusión social o el nacionalismo en tiempos de globalización. El “Tlahcuilo” de plata, con un premio de seis mil dólares, se agenció a “TLC: todos los chiapas” y “Bambuzal en la catedral” del costarricense Jorge Alban, donde se critican la exclusión social derivada de los tratados de libre comercio a través de dos piezas de “netart”. El “Tlahcuilo” de bronce, con cuatro mil dólares, fue por la ítalo salvadoreña Cristina Gozzini con su obra “Manifiesto: el vestido de Salarrué”, donde se reflexiona sobre el sentido (sin sentido) del nacionalismo a partir de la carta “Mi respuesta a los patriotas”, que escribiera el autor salvadoreño poco tiempo después de la masacre indígena de 1932, y la actualiza en la era de la globalización. Gozzini es la segunda representante salvadoreña que se ubica en los tres primeros premios. Walterio Iraheta ganó también un “Tlahcuilo” de bronce en la primera Bienal, en Guatemala, en 1998. La violencia, los abusos de autoridad, el hambre, la desorientación urbana, los conflictos de la construcción de una identidad nacional, las interferencias en la comunicación y el contraste entre tradición y modernidad son algunos de los problemas que se abordan en la variedad de piezas de la muestra.
Los cambios de la bienal La Bienal Centroamericana nació como un certamen de pintura en 1998, promovida por gestores culturales de empresas privadas en cada uno de los países de Centroamérica, pero desde la tercera bienal, en Costa Rica 2000, se incorpora otras expresiones de artes visuales. El salvadoreño Walter Iraheta, premiado en la primera bienal y quien ha presenciado todas las bienales, califica este cambio como “positivo”: “La visión que ellos (organizadores) tenían del arte en la región era todavía un arte modernista, académico, pictórico, y las expectativas se rebasaron. El evento se ha convertido en un evento que ahora tiene bastante nivel internacional, está más a tono con los lenguajes que se manejan en el mundo”. Iraheta considera que este cambio fue posible gracias a que la bienal no es sólo una ventana para ver arte sino también un foro de discusión sobre el arte de la región, y estos espacios han posibilitado plantear sugerencias. “Se dieron cuenta que una bienal de pintura era un corsé de un evento que se supone que descubre o propone lenguajes nuevos, o que proponen cambios en el arte”, añade. Los cambios de soportes también han estado acompañados de cambio de referentes e ideas, lo cual es, en opinión del jurado Santiago Olmo, uno de los aspectos más interesantes de esta bienal: “Hasta hace unos años lo que hacían los artistas en Centroamérica era, de alguna manera, adoptar esquemas o estilos ajenos, que tenían ya una consagración contemporánea internacional pero que se remitían a otros contextos. En esta bienal hemos visto que hay esa referencia a cuestiones propias, a fenómenos políticos propios, sociales, estéticos”. El jurado de la V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, conformado por tres curadores internacionales, elogió la selección y calidad de las obras en su conjunto, así como la “fluida” propuesta museográfica. La exposición permanecerá en el MARTE hasta el 18 de febrero de 2007.
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