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Las páginas de San Salvador

Uno de los escritos más intensos y vitales que hay en el país es el centro de San Salvador. A diferencia de los libros, la ciudad se escribe sobre un trazo histórico de calles y plazas. Para leer estas páginas tan singulares de la ciudad es necesario caminarla, olerla, escucharla y tocarla. Después de 460 años la trama de sus historias no deja de sorprender.

Rosarlin Hernández / Fotos: Silvia Gutiérrez
cartas@elfaro.net
Publicada el 26 de junio - El Faro

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Los diferentes rostros del centro se reflejan en sus paredes manchadas y despintadas, así como en las diferentes personas que transitan por sus calles.

Con los primeros rayos de sol, la ciudad se deja llevar por la rutina de sus habitantes. Desde su llegada al centro de San Salvador, los primeros comerciantes informales se dedican a lavar con agua y jabón las aceras antes de montar sus pequeños negocios; los pintores de la fachada del gran Palacio Nacional ya están brocha en mano; los buses ya han recreado las filas onduladas del día anterior y cientos de peatones caminan por las hendiduras de las calles que han quedado libres. El cruce de este laberinto tiene música propia, la sinfonía está integrada por la mezcla de todos los géneros musicales que ofrecen los vendedores de discos piratas, los pitos de los buses y los gritos de las vivanderas. El día ha empezado.

La primera lectura que se hace del centro de San Salvador mientras se camina es la estructura central en cuadrícula que se dispuso durante la conquista y se expresa en la iglesia, la plaza y el cabildo. La historia indica que la Plaza Libertad era la plaza mayor de los españoles. Pero de aquella época solo quedan los portales (La Dalia, Sagrera y el de Occidente) y la Iglesia El Rosario, una joya arquitectónica y artística anónima. Lo que ahora predomina es la imagen de una época que se entremezcla con el presente.

La plaza ha perdido la majestuosidad de otros tiempos y los portales se han convertido en el centro de trabajo para lustrabotas, comerciantes formales, informales y la casa para muchos indigentes. Una muestra clara de la reapropiación que las personas han hecho en esta plaza es el terreno donde una vez funcionó el ayuntamiento de la ciudad. Actualmente, es conocido como el predio de los relojeros y como uno de los mercados negros más importantes que funcionan en la ciudad. Los ladrones y los compradores han establecido el día miércoles para realizar las transacciones.

Esta plaza no fue el único referente de poder en la época de la colonia, en su momento el gobierno se trasladó a la Plaza Barrios, mejor conocida como la Plaza Cívica. En este recorrido se encuentra la actual Catedral de San Salvador, el Palacio Nacional y otros inmuebles importantes que ya no existen como el convento de Santo Domingo. La nueva mirada presenta una catedral con sus contornos llenos de hamacas de colores, mendigos y un Palacio Nacional que promete ser el Museo de Historia pero al cual no se puede entrar sin una autorización previa por escrito.

No es casual que estos dos lugares hayan sido calificados por CONCULTURA como el centro fundacional donde se encuentra la mayor concentración de inmuebles antiguos. Y como la ciudad verdadera es la que se camina, el Plan Maestro de Desarrollo Urbano de San Salvador generó las condiciones para que en 1996, un equipo de arquitectos de CONCULTURA saliera a delimitar por primera vez lo que sería el centro histórico de la ciudad. El resultado fue un inventario de 700 inmuebles, ubicados en un área de 150 manzanas, con una diversidad de tendencias estilísticas, de sistemas constructivos, de diferentes categorías arquitectónicas y edificios emblemáticos. Una de las respuestas ante una ciudad ilegible fue el nuevo mapa del centro histórico que establece la zona A definida como el casco histórico o centro fundacional y la zona B integrada por inmuebles con valor histórico que se encuentran en la periferia solapados entre la arquitectura moderna.

Con la fe puesta en la estabilidad de este nuevo mapa, Astrid Chan, Jefa de la Unidad de Inventario de Bienes Culturales Inmuebles de CONCULTURA, plantea que la misión es rescatar y conservar el patrimonio cultural del centro histórico. “Dentro de ese patrimonio está la arquitectura, lo que ha regido es rescatar nuestra memoria histórica colectiva, si no conocemos lo que tenemos no lo podemos conservar y mucho menos valorar. Tenemos que sensibilizarnos que en esos edificios ocurrieron una infinidad de acontecimientos históricos importantes de la nación y de la localidad, y que podemos aprender tendencias estilísticas, sistemas constructivos y de la historia” sostiene.

Lo cierto es que al llegar a la Plaza Morazán lo primero que atrapa la mirada es el Teatro Nacional cercado de láminas desde el último terremoto del 2001. Su restauración le ha tomado cinco años a CONCULTURA, y la fachada de esta joya arquitectónica se encuentra abarrotada por un intenso tráfico y las ventas informales de tenis, cosméticos y películas pirateadas.

El centro de San Salvador mantiene algunas de las estructuras que construyeron durante los inicios del siglo veinte.
Un rostro enfermo

Por la tarde las calles del centro de San Salvador ya están llenas de basura; entre una cuadra y otra los olores cambian radicalmente de la inmundicia a la comida; el celeste matinal del cielo ha pasado a un gris difuso; la sinfónica propia del lugar no se permite recesos y los cientos de miles de peatones siguen esquivando todo tipo de obstáculos.

La ciudad parece cansada. Su vitalidad roza con la esquizofrenia por el desorden que impera a cada paso. Una ruta que demuestra esa demencia es la que conduce del Mercado Central al Cementerio de Los Ilustres. Después de que los oídos están saturados de todas las ofertas posibles de alimentos, se encuentra una fachada paisajista que da la bienvenida al silencio. Dentro del cementerio los gritos desaforados de las vivanderas ya no se escuchan y es entonces cuando la atención se enfoca en la arquitectura religiosa.

Para Francisco Altschul, ex concejal de Alcaldía de San Salvador durante el periodo 1997-2003 y arquitecto de profesión, las ciudades son seres vivos y como cualquier ser vivo nace, crece, se enferma, se recupera y al final en algún momento muere, aunque aclara que son pocas las que mueren.“El centro de San Salvador está bastante enfermo y quiero creer que no es terminal”, dice.

Carlos Ferrufino, Jefe del Departamento de Ordenamiento del Espacio de la UCA, reacciona con preocupación frente a una muerte hipotética del centro de San Salvador. ”En términos sociales aumentaría la segregación en la ciudad, habría grupos sociales más privilegiados completamente divorciados de los otros grupos y eso es bien grave. Aunque es algo que ya está pasando y está consolidándose en nuestra sociedad. El centro en cualquier ciudad tiene esa capacidad de ser aglutinador, por su lógica histórica, porque es el lugar donde se fundó la ciudad, donde se ubican ciertos edificios bien importantes para todos”.

Altschul recuerda que durante la administración del alcalde Héctor Silva se creó el Plan Estratégico de Recuperación del Centro Histórico a partir de las delimitaciones geográficas establecidas por CONCULTURA. Una vez que se identificaron las diferentes problemáticas el primer avance intangible fue crear y recuperar la esperanza de que era posible rescatar el centro. De lo tangible aún se percibe el avance en la recuperación de espacios públicos, particularmente las plazas.

Sin embargo, aclara: “nuestro concepto de centro no era un centro de edificios, de patrimonio cultural sino que el de un espacio donde la gente se relacionara e interactuara. El proyecto era hagamos un espacio más agradable, más limpio, más saludable y más seguro. Y en el que también se pueda generar una actividad productiva de mayor calidad que la que se está desarrollando actualmente Lo bueno del planteamiento de la alcaldía es que era una visión más moderna, socialmente más rica que las visiones tradicionales de sólo conservar el patrimonio histórico. Yo siento que es más estratégico un sistema de transporte público masivo que recuperar algunos edificios del centro”.

Eduardo Linares, quien fungiera como jefe del Cuerpo de Agentes Metropolitanos durante la administración Silva, y ahora concejal de la alcaldía y miembro de la Comisión de Centro Histórico, critica la falta de continuidad en el proceso. “En estos tres años de Carlos Rivas Zamora lamentablemente no hicieron nada, al contrario llegaron a retroceder procesos y en eso hay que ser críticos”.

Linares agregó que la nueva administración concibe el centro histórico como la expresión social y económica que vive el país debido al modelo económico actual. “Aquí se concentran la mayoría de desempleados, y es el gran mercado donde la gente se gana la vida. El rebalse del modelo actual se refleja aquí. El gran capital lo ha abandonado y ha creado su propio centro en otro lado. Aquí se mueve la mayor parte de la economía de este país”.

Desde esta lectura, la actual administración de la alcaldía se propone como misión transformar al centro en un lugar de convivencia para todos, donde se combine las necesidades de las personas que se ganan la vida con las necesidades del resto de la ciudad.

Ligia Pérez, de la Oficina de Planificación del Área Metropolitana de San Salvador, dice que hace un año participan como asesores técnicos en tres mesas interinstitucionales integradas por representantes de las principales universidades, dependencias del gobierno central, local, gremiales y ONG. Las propuestas de trabajo que han surgido de esta iniciativa responden a temas de orden, seguridad, competitividad, modernización y sobre todo recuperación de la confianza en lo que puede llegar a ser el centro histórico.

El nuevo rostro

Es de noche y la ciudad pide a gritos un descanso. Los comerciantes informales desmontan con prontitud sus pequeños negocios improvisados, los empleados tienen prisa por volver a casa, los buses desaparecen como por arte de magia, el silencio regresa y las calles recuperan su tamaño real.

Sucia y desaliñada, la ciudad demanda atención. El desafío ha demarcado un punto de partida muy controversial, empezar a construir un nuevo semblante a un centro histórico heterogéneo, donde se intercalan construcciones de finales del Siglo XIX hasta las que se realizaron en los años 70. El pasado borroso que emerge entre las ventas informales en contraste con el presente ha desatado la polémica.

Para hacer remodelaciones, construcciones o demoliciones en el centro histórico es preciso obtener la aprobación legal de CONCULTURA. El propósito es garantizar que cualquier cambio se integre a la arquitectura identificada con valor cultural.

Astrid Rubio, arquitecta del Inventario de Bienes Culturales Inmuebles de CONCULTURA, argumenta que al iniciar con el tema de los centros históricos y las construcciones nuevas dentro de estas áreas han tenido que estudiar las experiencias de otros países. “Hemos llegado a la conclusión de que es mejor que se haga una réplica a que se haga una miscelánea, porque yo he visto proyectos que han sido descartados porque presentan una fachada con elementos de diferentes tendencias arquitectónicas y mal empleados”.

Para el arquitecto Carlos Ferrufino el valor principal del centro histórico no radica en lo patrimonial. “Si vemos en términos patrimoniales y edificatorios, el centro histórico es bien limitado y bien puntual, porque ya se ha deteriorado mucho. Estamos hablando de casos aislados, no de un conjunto coherente, armónico, con un determinado periodo histórico”. Para él es más importante rescatar el valor simbólico y funcional de la ciudad.

Altschul pone como ejemplo de cambios la ciudad de Barcelona. “Según ese criterio de CONCULTURA, en Barcelona, que es la ciudad avanzada, punta de lanza en urbanismo en Europa, no se hubiera podido hacer una cantidad de ampliaciones y edificios nuevos. Barcelona también es un valor patrimonial, pero con esa visión de integración limitada pues no se podrían haber hecho cualquier cantidad de grandes obras de la arquitectura contemporánea”.

Para él San Salvador no es un centro que pueda llegar a tener un valor patrimonial monumental o un valor patrimonial muy grande, porque lo que se tenía se ha ido destruyendo por la naturaleza o por el hombre.

Es evidente que cada una de las partes tiene caminos distintos para esbozar el nuevo rostro de la ciudad. Pero todos coinciden en el punto de llegada. Recuperar el centro histórico, dicen, es un tema de nación, en el cual deben participar el gobierno local y central, y la empresa privada.

En medio, quedan por resolver problemas como las ventas ambulantes, las necesidades de la población peatonal y las zonas marginales. ¿Cuál es el sentido de la ciudad? Mientras se aviva la polémica, y se presentan nuevos proyectos, el Centro Histórico sigue escribiendo su propia historia, desordenada, pero viva.

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