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EL AGORAEl agro narrado a través del arteEl Muna inauguró hace dos semanas una exposición que busca narrar la historia del agro de una manera distinta, una muestra que quiere explicar la concepción de la tierra desde la fragilidad del barro, el pulido de la madera y la sensibilidad de la pintura. Raúl Benítez Sin precedentes. El Museo Nacional de Antroplogía “David J. Guzmán” (Muna) inauguró el 25 de mayo una muestra ecléctica, diferente, una recopilación de obras de renombrados artistas, artesanos populares y anónimos que busca explicar con este heterogéneo despliegue de trabajos la importancia del agro en El Salvador.
Según Cindy Hernández, del equipo de comunicación del IICA, la muestra tardó un año en ver la luz. “No ha sido un proceso fácil, pero si fascinante. Recoger el trabajo de todas las personas que colaboraron y componerlo ha llevado mucho tiempo y esfuerzo”, destacó. Por su parte, Gregorio Bello Suazo, director del Muna, se sintió satisfecho. “Uno siempre quiere más. Me siento satisfecho por lograr los objetivos a casi un año de trabajar”, comentó. Según el titular del museo la dificultad en la presentación de la muestra se debió a que era algo inédito. “Nunca se había escogida tanta obra que girara al entorno del tema agrario, nos permitió conocer obra que no conocíamos”, puntualizó. Entre el agro y el arte “La vida rural en El Salvador a través del arte” está dividida en cuatro núcleos temáticos: Paisajes alterados, los frutos del trabajo, rituales y poder y tierra y poder. Según los organizadores esta diferenciación se ideó con el fin de facilitar la investigación de los académicos que han colaborado con la muestra, además de facilitar al espectador el entorno de cada pieza. El total del material expuesto fue seleccionado de otras colecciones. Varias pertenecen al mismo Muna y a otras instituciones como la Colección Nacional, Colección Forma y al Museo de Arte Popular. También se contó con la inclusión de obras de colecciones privadas. Para elegir cada una de las piezas se contó con la colaboración de tres curadores, Gregorio Bello Suazo, director del museo; Jorge Palomo, director de programación del Museo de Arte de El Salvador; y Astrid Bahamond, directora del Centro Nacional de Artes.
Para Federico Hernández, director del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) esta muestra es una invitación a la reflexión del agro por medio del arte. “Es importante mostrar, desde la retrospectiva, que la campiña sigue siendo esa zona vulnerable y extensiva donde a la realidad ofrece diversos matices. Es un espacio donde el antropólogo, el sociólogo, el agrónomo, el arqueólogo, el historiador y el artista encuentran una fuente inagotable de información y de inspiración”, dijo el funcionario. Según Keith Andrews, representante del IICA para El Salvador, la exposición se pensó en base a cuatro propósitos: Documentar la importancia histórica que ha tenido el agro y la vida rural en el país, hacer una reflexión sobre los cambios en el país (el desinterés por lo rural y la rápida urbanización), crear un diálogo sobre la importancia del agro y experimentar nuevas maneras de hacer investigación. “Con esta muestra se puede recordar muchos de los cultivos históricos del país y la importancia que estos tuvieron en la realidad”, comentó Roberto Murray Meza, presidente de Agrisal, institución patrocinadora de la muestra. “Los artistas fueron los primeros documentalistas de nuestro mundo. A través de sus pinturas y esculturas podemos ver como era la vida en el campo, además de tener una mayor percepción de la importancia que el agro tenía en la vida del país”, dijo Andrews. Para los recolectores de este material, los artistas son los guías para entablar esta discusión antes planteada. Es a través de su obra como el visitante puede ver la evolución y la importancia del campo en el país. El toque experimental de la exhibición radica en la investigación previa a esta muestra. Los organizadores invitaron a seis académicos, quienes, a través de sus diversas disciplinas, sentaron una postura ante cada una de las propuestas plásticas dentro del salón. Los invitados fueron: Knut Walter, historiador; Edmidlia Guzmán, ingeniera agrónoma; José Raymundo Calderón, sociólogo; Carlos Lara Martínez, antropólogo; Gregorio Bello Suazo, arqueólogo; y el comité curatorial, formado por varios artistas. “La muestra es un verdadero experimento en como hacer la investigación. El diálogo está propuesto en los textos que acompañan las piezas. Con la ayuda de los académicos se busca facilitar la reflexión a un diálogo amplio y participativo utilizando una iniciativa deferente. El arte no es un fin en sí, sino un punto de partida para la reflexión de otros intelectuales y de los espectadores. No partimos de los datos de los Ministerios de Agricultura y Economía, los cuales son importantes, sino del arte nacional como detonante de una realidad, y como guía para la reflexión”, finalizó Andrews. Junto a la exhibición, el Muna y el IICA lanzaron un catálogo que acompaña la muestra. En él se presentan el aporte que los académicos hicieron a la muestra, así como la descripción de las 94 piezas de la colección. Durante el período de la exposición se programarán charlas por parte de los colaboradores. Estos eventos estarán abiertos al público en general y serán gratuitos. “La vida rural en El Salvador” estará abierta al público en la sala de exposiciones temporales del Muna hasta el próximo 13 de agosto. Al finalizar la exhibición en el museo, los organizadores han previsto trasladar reproducciones de las piezas más importantes de la colección y llevarla de manera itinerante por distintos municipios del país.
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