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Ganadores, promocionales y conflictos de interés en II Certamen Nacional de Video

De los casi cuarenta materiales concursantes más de una decena de directores o casas productoras lo hizo con más de un trabajo, en la misma categoría o en varias. Algunas situaciones evidenciaron conflictos de interés: miembros del jurado estaban relacionados con trabajos o creadores, a nivel familiar o laboral; y en uno de los trabajos ganadores participó un empleado de Concultura, aún cuando las bases lo prohíben.

Ruth Grégori
cartas@elfaro.net
Publicada el 29 de mayo - El Faro

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El relevo de ganadores del Certamen Nacional de Video llegó el pasado viernes 26, con una ceremonia un tanto deslucida, por la escasa concurrencia en el Museo Nacional de Antropología (MUNA), por la ausencia de la máxima autoridad del principal auspiciador –Concultura- pero sobre todo porque algunos de los ganadores no se hicieron presentes para recoger su premio.

Aún así, las palmas de poco más de cincuenta personas (la media de público que acudió a la muestra, en una sala para más de doscientas) resonaron pródigas para vitorear a los vencedores.

Francisco Menéndez, cineasta salvadoreño residente en Las Vegas y presidente del jurado, leyó el acta detallando las razones por las que se asignaba el premio en cada categoría.

Curiosidades

Salarrué ¿de moda?: Tres materiales relacionados con el escritor presentados en tres géneros distintos: “Lo que quiero y no quiero” (animación), “La Honra” (ficción), “La manzana azul” (documental ganador).
2 veces ganador en videoclip: Edson Amaya.
2 coproducciones El Salvador-Cuba: Dos obras de ficción producidas por salvadoreños que estudian en la Escuela de Cine de San Antonio los Baños.
Los que se repitieron (en la misma categoría o en más de una):
De dos intentos un triunfo: Tomás Guevara/Ángulos films, participó con 2 documentales.
Omega casi todo terreno: participó en 3 de las 4 categorías: 1 ficción, 1 coproducción para animación y 1 videoclip.
Trípode Audiovisual: 2 videoclips y 1 coproducción de ficción.
Audiovisuales UCA: 4 documentales pero ningún premio nacional.
David Pinto/Relativo Films: 3 videoclips, 1 premio (mejor fotografía).
Danilo Girón: 1 animación, 1 ficción.
Fundación Julia Díaz: Coproduce 2 ficción.

En animación el primer premio fue para “Usul”, de Sergio Arístides Rosa y Hans Rosenberg, “por audacia en el uso de nuevas formas y originalidad en el tratamiento de la historia”. El fallo del jurado sorprendió en cuanto prefirió “Usul” a la versión animada del cuento “Lo que quiero y no quiero” de Ricardo Barahona, que cuenta ya con el primero premio del Festival Ícaro a nivel centroamericano y con una mención honorífica del Festival de Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, Cuba.

Edson Amaya ganó en la categoría de videoclip por segunda ocasión consecutiva, esta vez con “Qué bonito fuera” del grupo Almas Gemelas: “Por el equilibrio entre efectos especiales, guión e interpretación”, expresó el jurado.

El periodista y documentalista Tomás Guevara se hizo con el premio al mejor documental con uno de los dos trabajos que presentó en esta categoría: “La manzana azul” (2006): “Por su sólida investigación de una faceta subjetiva poco conocida del artista”, según constó en el acta. El otro documental que presentó Guevara fue “Arte y fronteras” (2005), que refleja el quehacer de artistas salvadoreños en Estados Unidos. Ambos documentales han contado con apoyo del Centro de Asuntos Públicos de la Embajada de Estados Unidos en El Salvador.

En la categoría de ficción, la que reveló mayor incremento de materiales en relación al certamen anterior, la ganadora fue “Cada quien necesita su asesino”. En este caso el jurado opinó: “Por su excelencia en guión y creativo manejo de los elementos visuales”. Tanto la directora, Rebeca Torres, como el guionista, Carlos Guardado, forman parte del taller de guión de La Casa del Escritor, dependencia de Concultura. Rafael Menjívar, director de la casa, codirigió y editó el corto.

Los vencedores de cada categoría obtuvieron un diploma, estatuilla y un cheque por mil dólares.

Las categorías de documental y ficción registraron mayor número de materiales inscritos, 12 en cada una. La categoría de videoclip registró ocho y en la que menos trabajos participaron fue la categoría de animación, con 7 materiales.

Además de los premios a los videos en su conjunto, se entregaron diplomas de reconocimiento en las categorías de: fotografía, a David Gallardo por “American Children”; edición a David Pinto por “Margarita”, y en guión a Roberto Dávila por “Tu ausencia me mata”.

El coordinador del certamen, Jorge Dalton, se mostró satisfecho de haber alcanzado lo que calificó como los objetivos del certamen: “ser un espacio de muestra, competencia y aprendizaje”. Como actividades paralelas al certamen se llevaron a cabo una muestra internacional, un taller de cinema digital y un foro sobre video en El Salvador.

Detalles organizativos y conflictos de interés

Una serie de incidentes revelaron debilidades en la organización del certamen. La proyección de algunos materiales tuvo que ser suspendida o reprogramada debido a problemas técnicos. “En la mayoría de casos (5 casos) fue por discos defectuosos”, indicó Jorge Dalton, coordinador del certamen, quien añadió que en base a esta experiencia pedirán una copia adicional de seguridad para futuros certámenes.

Respecto al hecho de que se registrara poca asistencia a las funciones, que exhibieron los videos en competencia además de una muestra internacional paralela, dice Tomás Guevara: “Hubo poca gestión de medios y comunicación por parte de Concultura”. Entre la escasa concurrencia también hubo pocos participantes del certamen.

Por otro lado, los criterios o requisitos para admisión de los materiales fueron blanco de observaciones, sobre todo en el género del documental, algunos de los cuales eran videos institucionales (de promoción o divulgación). “En ese caso particular sí tuvimos que hacer concesiones”, reconoció Jorge Dalton, “se acercaban a la idea de documental y tenían un valor por el tema que trataban”. Uno de estos trabajos promocionaba proyectos de cooperación del Japón y del PNUD, y otro un proyecto de atención psicosocial a jóvenes en riesgo de ACISAM.

Durante el tiempo que duró la muestra tuvieron lugar además otras actividades: un taller de cinema digital y un foro sobre la producción de video en el país. La convocatoria al taller no fue abierta sino condicionada a una selección de currículums a cargo de Francisco Menéndez, quien impartiría el taller. Sergio Rosa, ganador del video animado expresó que no había participado porque supo que tanto la entrada a la inauguración del certamen como el taller “eran por invitación”: “Habábamos de eso, y nos parecía raro, ni siquiera nos invitaron a nosotros que somos participantes”. Jorge Dalton señaló que la selección obedeció a un interés de que los participantes aprovecharan al máximo el tiempo, con un nivel similar, pues no era un taller para principiantes. Se seleccionaron 20, de los cuales 10 llegaron hasta el final.

El foro entre videoastas, que tuvo lugar el viernes 26 por la mañana, concluyó entre otras cosas que, dado que en el certamen participaron productoras privadas, institucionales, colectivos e individuos, convendría ampliar las categorías. Esa fue una de las recomendaciones del jurado para próximos certámenes.

“En el debate quedó bien claro que deberían existir más categorías. Hay grandes producciones respaldadas por instituciones, por la embajada (americana), o Miradas de la UCA (que participó con 4 trabajos en la categoría de documental), que tienen todos los recursos técnicos y humanos. Por una lado deberían estar todos los elaborados por instituciones, y por otro las producciones independientes”, expresó Guillermo Martínez (Guillo Martillhoz), uno de los concursantes, quien agregó que las bases especifican que no pueden concursar reportajes ni programas de televisión. Audiovisuales UCA presentó algunos de los trabajos que ha transmitido en su programa “Miradas” para la categoría de documental, y la productora Omega presentó un episodio de “La Urbe” en la categoría de ficción.

Pero, sin duda, los aspectos más delicados fueron aquellos que pusieron de relieve conflictos de interés. Tres casos implicaban una relación familiar o laboral de uno de los jurados con alguno de los concursantes. Este fue el caso de Marlene Velasco, productora audiovisual residente en Suiza y madre de Carlos Velasco. Otro de los jueces, Noé Valladares, codirigió uno de los documentales participantes: “Habilidades para la vida”, el video institucional de ACISAM. Otro de los jurados, Romeo Galdámez, figuraba como el protagonista de “Co(razón) Collage”, documental de Norman Douglas. El jurado implementó una medida interna: en los casos donde hubiera riesgo de conflicto de interés la persona involucrada no tomaría parte en la deliberación y votación.

“Vivimos en un país pequeño, todo mundo es familia aquí. Ella (Velasco) vino al país sin cobrar un solo centavo, como todos en el jurado”, dice Jorge Dalton. “En el caso de Romeo (Galdámez), a un realizador se le ocurrió hacer un trabajo sobre su obra, pero fue hace rato (2004)”. El coordinador del certamen se comprometió a buscar soluciones: “vamos a ver cómo podemos solventar esto en el futuro”.

Pero aún ocurrió otro hecho en franca contravención a las bases del certamen, que especifican que “no podrán participar en el certamen empleados de Concultura”. El corto que ganó la categoría de ficción, “Cada quien necesita su asesino”, fue producido por una dependencia de Concultura, La Casa del Escritor, cuyo director, Rafael Menjívar, codirigió y editó el video ganador. Así se indica en los créditos del video, y así lo reconoció Menjívar ante este medio.

Guillermo Martínez opinó que “ningún caso” debería permitirse, refiriéndose tanto al caso de que haya relaciones familiares como laborales-institucionales entre jurado y participantes: “Me parece más grave cuando es institucional, porque las bases no dicen nada de los familiares, y su madre vive en el extranjero, pero lo de los empleados de Concultura son aspectos éticos y de apego a las bases”.

En tanto que Dalton negó que el director de La Casa del Escritor hubiese participado en el corto –más allá de impartir los talleres en los que participaron la directora y el guionista del corto-, Menjívar expresó sorpresa cuando El Faro le cuestionó al respecto: “No sabía. Nosotros leímos las bases en internet y no vimos nada de eso. Nosotros los presentamos para exhibición, no pensamos que iba a ganar, pero si hace falta lo regresamos (el premio)”. El último párrafo de las bases divulgadas a través del tríptico impreso oficial del certamen prohibía explícitamente la participación de empleados de Concultura en el certamen. Pero el apoyo que La Casa del Escritor dio al corto fue logístico y no monetario, según aclaró Menjívar. Así, ninguna de las partes notó la contradicción entre el trabajo participante y las reglas establecidas en las bases del concurso.

El Faro cuestionó a Dalton respecto a la conveniencia de que un material premiado en certámenes internacionales, como el corto animado de “El cuento de lo que quiero y no quiero” de Ricardo Barahona, concursara con trabajos no mostrados en público y que no se habían sometido a concurso: “Si un trabajo gana en un festival internacional le da más nivel, no puedo sacarlo, sería absurdo, al contrario”, señaló.

Lista completa de participantes por título, director y casa productora.

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