| |||
![]() |
|||
|
|
EL AGORA“Tierra fría”
Pocas veces me he sentido tan ambivalente ante una película. La admiro, por un lado, y al mismo tiempo estoy consciente de que hay algo muy equivocado acerca de cómo se ha hecho. Hay que decirlo con claridad: “Tierra fría” es un panfleto feminista. Su intención manifiesta es llevar a la pantalla un hito histórico en la lucha por los derechos de las mujeres. Sin duda, sus logros son numerosos. La fotografía es bella, las actuaciones son impecables y la dirección es efectiva. Pero debemos considerar el guión con mucha cautela, porque en este caso la verdad dramática se ha tomado demasiadas libertades con la verdad histórica. De hecho, “Tierra fría” no tiene ningún valor como referente histórico. En 1998 un grupo de mujeres ganó un caso de acoso sexual contra una empresa minera. Por primera vez en los Estados Unidos (y probablemente en el mundo) una demanda era ganada por las mujeres como una “clase” afectada, es decir, no una víctima sino todo el sector femenino que laboraba en las minas ganó la demanda obligando a la empresa a crear reglamentos y protecciones laborales para prevenir y castigar el acoso sexual de las mujeres en el trabajo. La mujer que empujó este caso se llama Louis Jensen, y la demanda que presentó junto con otras mujeres duró nueve años de tenaz lucha antes de concluir en 1998. La película se inspira en su historia, pero no la representa. En lugar de eso cuenta la vida de un personaje ficticio: Josey Aimes, una madre de dos hijos que abandona al esposo que la golpea y regresa a vivir con sus padres. Es a partir de esas circunstancias que se ve obligada a tomar un trabajo en las minas. Dirigida por Niki Caro, “Tierra fría” (North Country) es una película admirable por muchas razones. Para empezar, el elenco es casi perfecto. Charlize Theron, en el papel de Josey Aimes, crea otro personaje singular, con una actuación sentida y profunda. Es una interpretación compleja y humana, que es aún más impactante porque los demás actores están exactamente a su nivel. En ese sentido, uno de los mayores logros de “Tierra fría” es su sentido de autenticidad. Caro ha capturado a la perfección la cadencia de las voces y el espíritu abnegado de esta comunidad minera al norte de Minnesota. La fotografía de Chris Menges es magistral: aquí están las luces difuminadas del invierno al norte de los Estados Unidos, ese albor permanente. El guión de Michael Seitzman crea una historia con un impecable arco narrativo. La secuencia de apertura es brillante: alterna escenas en un tribunal con escenas de la vida de Josey Aimes. De manera muy efectiva logra crear un tipo de tensión que caracteriza a las películas de intriga judicial, sobre todo porque permite contrastar a una Josey Aimes madura y endurecida por sus experiencias con la mujer más ingenua y vulnerable que se enfrenta día a día a la cultura del acoso sexual sin saber qué hacer. En gran medida, la película se enfocará en como nace y crece su voluntad de cambiar las cosas. Lo que la hace admirable es el verdadero motivo que la hace arriesgar tanto: ella quiere un buen trabajo para poder ser una madre independiente, capaz de mantener un hogar feliz para sus hijos. Los padres de Josey no reciben con felicidad la noticia de que ella trabajará en las minas. Hank Aimes (Richard Jenkins), el padre de Josey, es un minero, y su primera reacción es: “¿Ahora vas a ser una lesbiana?”. La comunidad no cree que las mujeres deben robarle trabajos a los hombres. En realidad, sólo uno de cada treinta mineros es una mujer. Los empleos de las minas norteamericanas se abrieron a las mujeres en 1975, y la primera mujer que obtuvo un trabajo en esta mina en particular es Glory (Frances McDormand). Ella está perfectamente adaptada al mundo de los mineros. Por su labor en el sindicato se ha ganado el respeto de los hombres, quienes también tienen palabras y alusiones soeces hacia ella, pero Glory tiene la capacidad para desarmarlos con un fuerte y aplastante sentido del humor. Es difícil competir contra ella, quien muy pronto se convierte en la guía y mejor amiga de Josey. Aunque el acoso y la actitud sexista en la mina ya es una realidad cuando Josey comienza a trabajar, su resistencia a aceptar esa realidad se conjuga con el atractivo que los hombres sienten hacia ella y la hostilidad se incrementa. Al hablar de acoso no estamos hablando de comentarios vulgares solamente. Hay serios incidentes de violencia y represión contra las mujeres que acompaña las burlas y las actividades amenazantes de todos los días. En el guión de Seitzman, los mineros son seres unidimensionales, acosadores grotescos, vulgares y brutales. No es difícil creer que existan hombres así. Los hay. Pero es difícil creer que todo haya sido tan blanco y negro, sobre todo al considerar que la mayoría de las mujeres que trabajaban en las minas estaban casadas con mineros; por esta razón la demanda de Louis Jensen contó con el apoyo de muchos hombres. Estos matices de la realidad han sido eliminados por Seitzman para hacer su historia más eficiente. Su propósito es convertir a Josey en ese icono americano: el tenaz héroe solitario que se impone por el simple hecho de estar en lo correcto; y como está en lo correcto, al final el sistema de derecho la protegerá. La única diferencia es que en este caso el héroe es una heroína, pero el arquetipo es el mismo. ¿Qué es lo que se pierde al tomar la vía panfletaria? La cultura del acoso sexual se impone en un trabajo a pesar de que sólo unos cuantos hombres son los abusadores. La pasividad de los demás hombres y la aceptación del resto de mujeres es lo que hace el caso real de Louis Jensen tan devastador. Esa dimensión social más amplia se intuye aquí en algunas escenas, sobre todo cuando Josey declara en el comedor que ha sido atacada, pero no es explorada. Las escenas en el tribunal, que al principio se sienten como “flash forwards” (anticipaciones del futuro, lo opuesto de un “flash back”) poco a poco se apoderan de la historia, hasta que se convierte en la médula narrativa. Woody Harrelson interpreta a Bill White, un abogado del área que acaba de retornar de Nueva York, un poco amargado quizás por su fracaso, pero que termina por aceptar el caso de Josey sólo porque el caso le da la oportunidad de hacer historia, puesto que sería la primera vez en la historia que se realizaría una demanda de “clase” por acoso sexual (“class action lawsuit”). La estructura tan brillante del guión de Seitzman se torna en una trampa hacia el final, cuando el empuje de la trama pasa a manos del abogado. Josey, en cambio, encuentra su triunfo en un reencuentro con su hijo de trece años, quien había mostrado rebeldía ante ella y había tomado por un tiempo el lado de sus detractores. Pese a sus debilidades estructurales, “Tierra fría” es una película que debe ser vista. Las actuaciones de Charlize Theron y de Frances McDormand son absolutamente perfectas, y Seitzman crea con ellos perfiles de seres humanos complejos. Richard Jenkins, en el papel del padre de Josey, aporta una interpretación sensible, emotiva, y en un sentido profundo, espectacular, como un hombre que debe elegir entre aceptar la cultura de los mineros o apoyar a su hija. En su dolorosa vacilación está la encrucijada de la historia. |
| ||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
| Consulte el buscador de Google y encuentre las notas publicadas en El Faro |
| EL FARO.NET
(Apartado Postal 884 , San Salvador, El Salvador) |