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EL AGORARaúl Contreras, un poeta travestido en la niebla
Ruth Grégori
“Lydia Nogales era Raúl Contreras, pero Raúl Contreras no era Lydia Nogales”. La frase, del escritor salvadoreño David Escobar Galindo, introduce la compilación de la obra poética de Contreras, y refleja la esencia de la polémica que le granjeó un lugar en la historia de las letras salvadoreñas. No porque sus letras, por sí solas, no le hicieran merecedor de reconocimiento, sino porque el llamado “fenómeno Nogales” fue lo que realmente le hizo popular. De hecho, sigue siendo el primer referente mencionado al valorar su legado. Lydia Nogales fue el heterónimo (nombre que encubría su nombre y género verdadero) con el que Raúl Contreras firmó una serie de poemas que aparecieron en el periódico “La Tribuna” entre 1947 y 1950. La polémica prendió debido a que, desde la aparición
de los escritos, abundaron los elogios de reconocidos escritores para
la obra de una poeta de quien nunca se había escuchado ni leído
nada. Abonó a ello, además, un aura de misterio. Los pocos
datos que se conocían de la autora, tal y como revelara el escritor
Hugo Lindo, director de La Tribuna, eran que se trataba de una joven
tísica, retirada en una finca en las faldas del volcán
de Santa Ana en espera del inexorable fin.
En algunos la curiosidad llegó a tanto que incluso se realizaron expediciones al volcán de Santa Ana para tratar de verificar la existencia de la poeta a quien nadie conocía en persona. Luego, otros más afirmaron haberla conocido desde la infancia. Ni siquiera tener una imagen qué asociar con la autora calmó los ánimos. A inicios de 1948, La Tribuna publicó un cuadro de honor de personas que “contribuyeron a dar pujanza a la página editorial”, entre las que se incluía una fotografía calzada con el siguiente pie: Lydia Nogales, la máxima revelación literaria de 1947…”. También apareció una imagen de la poeta cuando se publicó único libro “Niebla” (Ministerio de Cultura, 1956). Esos ocho años de abundante producción dividieron a los literatos nacionales en “nogalistas” y “antinogalistas”, con tal impacto que ameritó un acucioso trabajo de recopilación recogido en el libro “Lydia Nogales. Un suceso en la historia literaria de El Salvador”, del español Juan Antonio Ayala. Un extracto del debate documentado por Ayala forma parte del número 91-92 de la revista Cultura, presentada en el marco de la Semana Nacional de la Lectura. “Para él era como una broma… no sé cómo llamarlo. Dicen que surgió de una discusión entre poetas, Hugo Lindo, Salarrué, Claudia Lars, Trigueros de León, y mi abuelo. Dijeron que los hombres no podían escribir como las mujeres, y él quiso demostrarles que sí”, cuenta Lorena Aceto Contreras, sobre el origen del personaje. Pero esta explicación no la oyó de su abuelo, dice haberla leído por ahí. La leyenda, pues, sigue teniendo puntos oscuros. Según los familiares de Contreras, ninguno de sus amigos sabía de su juego: “Siempre envió los textos anónimos”, refiere Alma Contreras de Aceto, hija del poeta. Pero lo cierto, o al menos lo que quedó registrado en los textos, es que autores consagrados de repente prodigaron elogios al unísono a una desconocida poeta. Difícil de creer. Y entre tanta tinta que corrió, hay datos difíciles de dilucidar con certeza. Según sus familiares, Raúl Contreras nunca llegó a decir públicamente que Lydia Nogales era creación suya, aunque también se haya escrito que lo hacía en los corrillos de La Tribuna. El enigma llegó a su fin a mediados de los años 50. “La verdad fue sospechada por Luis Gallegos Valdés y otros autores, pero sólo fue revelada por el propio Contreras hasta mediados de la década de los 50, cuando el poeta entregó a Oswaldo Escobar Velado el manuscrito del soneto “El viaje inútil”, calzado antes por la firma de Nogales, para que figurara como suyo en la antología ‘Puño y Letra’”, escribe Carlos Cañas Dinarte en su Diccionario de Autoras y Autores de El Salvador. Posteriormente Raúl Contreras se refirió a Lydia Nogales como su “hija espiritual, la que existió sin existir”, en una grabación de sus poemas solicitada por David Escobar Galindo. Pero no volvió a publicar bajo ese nombre.
Más allá de la anécdota, el debate en torno al “fenómeno Nogales” tuvo repercusiones importantes para la historia literaria y cultural de nuestro país. Hay dos fechas importantes que constituyen claves para entender las condiciones en que se fermenta el “fenómeno Nogales”: 1948, año tuvo lugar la “Revolución del 48”, impulsada por militares; y 1956, fecha en que se funda el Círculo Literario Universitario, núcleo fundamental de la llamada “Generación Comprometida”. Luis Alvarenga señala en el artículo “Lydia Nogales, la tempestad en la provincia”, publicado en la Revista Cultura 91-92, que entre ambas fechas se va de los primeros esfuerzos por crear una cultura oficial, con la creación del departamento de Bellas Artes, hasta el surgimiento de la primera ola de la llamada “Generación Comprometida”, con Ítalo López Vallecillo, Álvaro Menéndez Leal y Waldo Chávez Velasco, entre otros, que se oponían al régimen militarista y propugnaban un humanismo basado en el análisis de la realidad propuesto por el marxismo, que tomara en cuenta las transformaciones sociales y estuviese contextualizado en El Salvador. La segunda ola de esta generación incluirá luego a Roque Dalton, Roberto Armijo, Manlio Argueta, José Roberto Cea, Tirso Canales, Otto René Castillo, Ricardo Bogrand y Lilian Jiménez. Alvarenga, parafraseando a Juan Antonio Ayala, identifica a los “nogalistas” con una estética deslindada de la experiencia humana y de la corporeidad (no hombre, no mujer), sin fines extra literarios (socio-políticos).
Más recientemente, Rafael Lara Martínez, antropólogo-lingüista e investigador literario, apuntaba en la edición del 23 de enero de este periódico, una interpretación sobre la trascendencia de Lydia Nogales para la historia literaria nacional: “Si en Contreras hubo osadía, su atrevimiento lo revela el travestismo. Él iniciaría la primera antología salvadoreña sobre lo transgenérico. En la poesía nacional, es el primer hombre que se disfraza de mujer”. Lara Martínez considera que en su disfraz “mujeril” se revela una intuición poética que anticipa la utopía de la igualdad de los géneros, más familiar para nosotros que para los contemporáneos de Contreras. Además de poeta, Raúl Contreras era dramaturgo. Él creó a Lydia Nogales, y le dio tanta vida como para que ella escribiese poesía. Esos versos siguen haciendo correr tinta hoy en día. Por algún extraño artificio de la realidad, la ficticia poeta sigue viva entre nosotros. Ya lo vaticinaba Manuel José Arce y Valladares, en uno de tantos escritos que aparecieron a propósito de la enigmática joven en La Tribuna en 1947: “Lydia Nogales, corpórea o incorpórea, ha traído la serenidad de su angustia luminosa. Su poesía auténtica, estructurada en eternidad. ¿Ha sido una estrella fugaz en el cielo de nuestra literatura? No importa. Ha sido un momento perdurable en la relatividad del tiempo ¿Volverá a aparecer con sus nuevos dones, en persona o en espectro?”. Más que un poeta Raúl Contreras (1896-1996) nació en Cojutepeque. Poeta y dramaturgo, ostentó cargos diplomáticos al ser designado como secretario de la legación de El Salvador en España (1925) y ministro plenipotenciario en París y Madrid. Contrajo matrimonio con la alemana Isabel Schneider Duve, con quien procreó dos hijas: Mabel y Alma. Fundó junto a los escritores Alberto Guerra Trigueros y Ricardo Trigueros de León la Asociación Amigos de la Lectura (1948) institución impulsora del arte y la literatura nacionales mediante la Casa de la Cultura de San Salvador. Fue también miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua. Jefe de la Dirección Nacional de Bellas Artes (1951-1954), y presidente de la Junta Nacional de Turismo, que durante el gobierno del teniente coronel Óscar Osorio, creó una serie de parques o turicentros para entretenimiento popular, entre ellos: Atecozol, Ichanmichen, el Parque Balboa, La Puerta del Diablo, Los Chorros y el Hotel de Montaña Cerro Verde. Falleció en España en 1996 pero sus restos mortales descansan en una cripta del Jardín de los Poetas, serie de rincones bautizados con los nombres de escritores salvadoreños en el turicentro Los Chorros. De los años de Contreras al frente de la Junta Nacional de Turismo,
su hija Alma recuerda haber escuchado a su padre decir: “Ahora
quiero hacer poesía en piedra”.
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