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Raúl Contreras, un poeta travestido en la niebla


La VIII Semana de la Lectura rindió homenaje al poeta Raúl Contreras, célebre por usurpar la identidad de una mujer y encender así una memorable polémica en las letras salvadoreñas de los años 50, que sigue dando de qué hablar.

Ruth Grégori
cartas@elfaro.net
Publicada el 01 de mayo - El Faro

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La más reciente edición de la revista Cultura está dedicada a Raúl Contreras.

“Lydia Nogales era Raúl Contreras, pero Raúl Contreras no era Lydia Nogales”. La frase, del escritor salvadoreño David Escobar Galindo, introduce la compilación de la obra poética de Contreras, y refleja la esencia de la polémica que le granjeó un lugar en la historia de las letras salvadoreñas. No porque sus letras, por sí solas, no le hicieran merecedor de reconocimiento, sino porque el llamado “fenómeno Nogales” fue lo que realmente le hizo popular. De hecho, sigue siendo el primer referente mencionado al valorar su legado.

Lydia Nogales fue el heterónimo (nombre que encubría su nombre y género verdadero) con el que Raúl Contreras firmó una serie de poemas que aparecieron en el periódico “La Tribuna” entre 1947 y 1950.

La polémica prendió debido a que, desde la aparición de los escritos, abundaron los elogios de reconocidos escritores para la obra de una poeta de quien nunca se había escuchado ni leído nada. Abonó a ello, además, un aura de misterio. Los pocos datos que se conocían de la autora, tal y como revelara el escritor Hugo Lindo, director de La Tribuna, eran que se trataba de una joven tísica, retirada en una finca en las faldas del volcán de Santa Ana en espera del inexorable fin.

A los elogios de Lindo se sumaron los de otros literatos de prestigio de entonces: entre los entusiastas adeptos, a quienes se llegó a llamar los “padrinos” de Nogales estaban Alberto Guerra Trigueros (fundador de la Dirección de Publicaciones), Claudia Lars y el mismo Contreras; entre los incrédulos se encontraba el crítico literario Luis Gallegos Valdés, quien escribió uno de los primeros artículos de la saga, titulado: “Lydia Nogales, un infundio literario”. Muchos sospechaban que se trataba de una falsa identidad, pero no lograban descifrar quién estaba detrás.

Revista Cultura
Edición 91-92
Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI)

Presentada el viernes 29 de abril en el marco de la VIII Semana Nacional de la Lectura
Tiraje: 1000 ejemplares
Precio: 4 dólares
A la venta en: DPI y principales librerías del país.

Si bien las autoridades de la DPI manifestaron a El Faro en febrero pasado (ver link), a propósito de un error en la venta de ejemplares de revista Cultura No. 90 y el primer tomo de la poesía de Hugo Lindo, que la revista no se comercializaría fuera de la DPI y que no había un precio fijo para la misma, la representante de ventas, Claudia Guerra, señaló en la presentación del No. 91-92, que una nueva política de la presidencia de Concultura llevó a modificar esas posiciones. Ahora la revista tendrá un precio de $4.00 independientemente del número de páginas y del número de ejemplares en cada tiraje, y estará disponible en las principales librerías del país, además de la oficina de la Dirección de Publicaciones e Impresos.

“Cultura”: la revista con precio voluble

Se desató un ardiente debate en prosa (columnas de opinión) y en verso (poemas dedicados a Lydia Nogales, tanto elogiosos como mordaces). Mientras unos elogiaban su sensibilidad, otros la tachaban de excesiva afectación. Se habló de “conspiración” entre Guerra Trigueros, Hugo Lindo y Raúl Contreras, pero también se dijo que había “demasiada coherencia” en sus sonetos como para ser creación de tres personas. Otro columnista opinó que “debido a un delicado amaneramiento” podía tratarse de Claudia Lars.

En algunos la curiosidad llegó a tanto que incluso se realizaron expediciones al volcán de Santa Ana para tratar de verificar la existencia de la poeta a quien nadie conocía en persona. Luego, otros más afirmaron haberla conocido desde la infancia.

Ni siquiera tener una imagen qué asociar con la autora calmó los ánimos. A inicios de 1948, La Tribuna publicó un cuadro de honor de personas que “contribuyeron a dar pujanza a la página editorial”, entre las que se incluía una fotografía calzada con el siguiente pie: Lydia Nogales, la máxima revelación literaria de 1947…”. También apareció una imagen de la poeta cuando se publicó único libro “Niebla” (Ministerio de Cultura, 1956).

Esos ocho años de abundante producción dividieron a los literatos nacionales en “nogalistas” y “antinogalistas”, con tal impacto que ameritó un acucioso trabajo de recopilación recogido en el libro “Lydia Nogales. Un suceso en la historia literaria de El Salvador”, del español Juan Antonio Ayala. Un extracto del debate documentado por Ayala forma parte del número 91-92 de la revista Cultura, presentada en el marco de la Semana Nacional de la Lectura.

“Para él era como una broma… no sé cómo llamarlo. Dicen que surgió de una discusión entre poetas, Hugo Lindo, Salarrué, Claudia Lars, Trigueros de León, y mi abuelo. Dijeron que los hombres no podían escribir como las mujeres, y él quiso demostrarles que sí”, cuenta Lorena Aceto Contreras, sobre el origen del personaje. Pero esta explicación no la oyó de su abuelo, dice haberla leído por ahí.

La leyenda, pues, sigue teniendo puntos oscuros. Según los familiares de Contreras, ninguno de sus amigos sabía de su juego: “Siempre envió los textos anónimos”, refiere Alma Contreras de Aceto, hija del poeta. Pero lo cierto, o al menos lo que quedó registrado en los textos, es que autores consagrados de repente prodigaron elogios al unísono a una desconocida poeta. Difícil de creer. Y entre tanta tinta que corrió, hay datos difíciles de dilucidar con certeza.

Según sus familiares, Raúl Contreras nunca llegó a decir públicamente que Lydia Nogales era creación suya, aunque también se haya escrito que lo hacía en los corrillos de La Tribuna. El enigma llegó a su fin a mediados de los años 50. “La verdad fue sospechada por Luis Gallegos Valdés y otros autores, pero sólo fue revelada por el propio Contreras hasta mediados de la década de los 50, cuando el poeta entregó a Oswaldo Escobar Velado el manuscrito del soneto “El viaje inútil”, calzado antes por la firma de Nogales, para que figurara como suyo en la antología ‘Puño y Letra’”, escribe Carlos Cañas Dinarte en su Diccionario de Autoras y Autores de El Salvador.

Posteriormente Raúl Contreras se refirió a Lydia Nogales como su “hija espiritual, la que existió sin existir”, en una grabación de sus poemas solicitada por David Escobar Galindo. Pero no volvió a publicar bajo ese nombre.

Muestra polémica de poemas de y para Lydia Nogales<<< Hacer Click
Más que una broma

Más allá de la anécdota, el debate en torno al “fenómeno Nogales” tuvo repercusiones importantes para la historia literaria y cultural de nuestro país.

Hay dos fechas importantes que constituyen claves para entender las condiciones en que se fermenta el “fenómeno Nogales”: 1948, año tuvo lugar la “Revolución del 48”, impulsada por militares; y 1956, fecha en que se funda el Círculo Literario Universitario, núcleo fundamental de la llamada “Generación Comprometida”.

Luis Alvarenga señala en el artículo “Lydia Nogales, la tempestad en la provincia”, publicado en la Revista Cultura 91-92, que entre ambas fechas se va de los primeros esfuerzos por crear una cultura oficial, con la creación del departamento de Bellas Artes, hasta el surgimiento de la primera ola de la llamada “Generación Comprometida”, con Ítalo López Vallecillo, Álvaro Menéndez Leal y Waldo Chávez Velasco, entre otros, que se oponían al régimen militarista y propugnaban un humanismo basado en el análisis de la realidad propuesto por el marxismo, que tomara en cuenta las transformaciones sociales y estuviese contextualizado en El Salvador. La segunda ola de esta generación incluirá luego a Roque Dalton, Roberto Armijo, Manlio Argueta, José Roberto Cea, Tirso Canales, Otto René Castillo, Ricardo Bogrand y Lilian Jiménez. Alvarenga, parafraseando a Juan Antonio Ayala, identifica a los “nogalistas” con una estética deslindada de la experiencia humana y de la corporeidad (no hombre, no mujer), sin fines extra literarios (socio-políticos).

Opiniones sobre Lydia Nogales

Corrió mucha tinta sobre el caso Nogales. Diferentes plumas, diferentes argumentos se ocuparon de elogiar o fustigar a la enigmática autora Lydia Nogales. Aquí algunos comentarios que retoma la Revista Cultura 91-92 del estudio: “Lydia Nogales. Un suceso en la historia literaria de El Salvador”, del español Juan Antonio Ayala.

• “Y en la figura etérea, líricamente nebulosa, de Lydia Nogales se ha polarizado el amor de todo un pueblo. La blancura luminosa de su clámide es la bandera de redención de nuestras letras. ¿Por qué, pues, ese afán de asir al arcángel por las alas para palparlas y arrancarle las plumas?”. (Manuel José Arce y Valladares, La Tribuna, 1 de agosto de 1947).

• “Supongamos que Lydia Nogales es una ficción; que dos o tres poetas conciertan una broma y se deciden a crear un personaje. Santo y bueno. Lydia Nogales surge a la vida y la crítica unánime la colma de elogios, hasta ponerla en el pináculo de sus letras, en el milagro de un día. Y ahora se invierte la parte dramática: los escritores y poetas que ahora saludan con trompetas triunfales el advenimiento de esta ilusoria poetisa, ¿habrían gastado el mismo calor, el mismo entusiasmo, si Lydia Nogales no hubiera sido una ficción?” (Quino Caso, La Tribuna, 22 de julio de ¿1947? ¿1956? Dato confuso en Revista Cultura).

• “No creo capaces a los poetas Lindo y Contreras de ser los autores de versos dedicados a ellos mismos, porque sería un autobombo del cual no necesita la gloria que ya tienen ganada en buena lid y se me hace también cuesta arriba creer que la formalidad y seriedad de Guerra Trigueros se haya prestado a secundar una farsa, que aunque inofensiva, desluce en su respetable personalidad; por otra parte LA TRIBUNA, órgano periodístico serio y de responsabilidad conocida, no iba también a prestarse a un engaño de la naturaleza que le atribuyen los escépticos”. (Dr. José Luis Silva, La Tribuna, sin fecha especificada en Revista Cultura).

• “Porque a mí me saca de quicio que la señorita Nogales se empeñe en mostrarnos su garganta lírica. ¿Qué es eso de llamarle a la muerte, con arrobos deliciosos, la Hermana sin nombre, la Dama gris, la Inesperada? Zarandajas poéticas. ¿No es más propio, como se usa en buen castellano, designarla con los motes de: la Huesuda, la Pelona, la Cascanueces?... Nada. Versos mediocres. Sinfonía en sol mayor de cuatro poetas de ringorrango. Y me enconcora también que algunos santanecos recalcitrantes, profesionales o no, se burlen de la incredulidad del articulista y aseguren conocer, desde su tierna infancia, a la alondra de Lamatepec, disponiéndose ya a tributarle un público homenaje de admiración, con asistencia del cura que la bautizó y de los padrinos literarios de la neófita. Ganas de perder el tiempo”. (Ángel Bocanegra –personaje ficticio-, página editorial de La Tribuna, 18 de julio de 1947).

• “Despojada la historia de la gentil poetisa de la anécdota circunstancial, que no he podido menos de evocar, desvanecida mi incredulidad que, un poco irreverente quiso, en un momento dado, poner alas de plomo a aquel vuelo –pecados de la insensibilidad con que a veces demostramos a contrapelo, que el lirismo es decantación suprema del buen gusto y del hondo sentir-, el tiempo, y sobre todo una lectura más atenta para captar los contenidos en los poemas de “Niebla”, me hizo apreciarlos con otra óptica, más segura y amplia”. (Luis Gallegos Valdés, autor de “Lydia Nogales, un infundio literario (1947). Extracto de la nota editorial de la Segunda edición de “Niebla” (1977) y reseñado en “Obra Poética” de Raúl Contreras).

“Lydia Nogales presenta para los antinogalistas, el estertor de la poesía romántica, subjetivista, torremarfileña, frente a la poesía de cartel, de protesta, hecha por los jóvenes ‘comprometidos’. Dos posiciones irreconciliables, con implicaciones en el campo de la política surgieron en esa época”, escribió Luis Gallegos Valdés, hace más de 30 años en la nota editorial de la segunda edición de Niebla (1977). El crítico refiere a otro colega entre sus contemporáneos, Jorge Arias Gómez, quien relacionó a Lydia Nogales “con sus horizontes oscuros, sus puertas cerradas y su mundo esotérico envuelto en la metafísica”.

Más recientemente, Rafael Lara Martínez, antropólogo-lingüista e investigador literario, apuntaba en la edición del 23 de enero de este periódico, una interpretación sobre la trascendencia de Lydia Nogales para la historia literaria nacional: “Si en Contreras hubo osadía, su atrevimiento lo revela el travestismo. Él iniciaría la primera antología salvadoreña sobre lo transgenérico. En la poesía nacional, es el primer hombre que se disfraza de mujer”. Lara Martínez considera que en su disfraz “mujeril” se revela una intuición poética que anticipa la utopía de la igualdad de los géneros, más familiar para nosotros que para los contemporáneos de Contreras.

Además de poeta, Raúl Contreras era dramaturgo. Él creó a Lydia Nogales, y le dio tanta vida como para que ella escribiese poesía. Esos versos siguen haciendo correr tinta hoy en día. Por algún extraño artificio de la realidad, la ficticia poeta sigue viva entre nosotros.

Ya lo vaticinaba Manuel José Arce y Valladares, en uno de tantos escritos que aparecieron a propósito de la enigmática joven en La Tribuna en 1947: “Lydia Nogales, corpórea o incorpórea, ha traído la serenidad de su angustia luminosa. Su poesía auténtica, estructurada en eternidad. ¿Ha sido una estrella fugaz en el cielo de nuestra literatura? No importa. Ha sido un momento perdurable en la relatividad del tiempo ¿Volverá a aparecer con sus nuevos dones, en persona o en espectro?”.

Más que un poeta

Raúl Contreras (1896-1996) nació en Cojutepeque. Poeta y dramaturgo, ostentó cargos diplomáticos al ser designado como secretario de la legación de El Salvador en España (1925) y ministro plenipotenciario en París y Madrid.

Contrajo matrimonio con la alemana Isabel Schneider Duve, con quien procreó dos hijas: Mabel y Alma.

Fundó junto a los escritores Alberto Guerra Trigueros y Ricardo Trigueros de León la Asociación Amigos de la Lectura (1948) institución impulsora del arte y la literatura nacionales mediante la Casa de la Cultura de San Salvador. Fue también miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

Jefe de la Dirección Nacional de Bellas Artes (1951-1954), y presidente de la Junta Nacional de Turismo, que durante el gobierno del teniente coronel Óscar Osorio, creó una serie de parques o turicentros para entretenimiento popular, entre ellos: Atecozol, Ichanmichen, el Parque Balboa, La Puerta del Diablo, Los Chorros y el Hotel de Montaña Cerro Verde.

Falleció en España en 1996 pero sus restos mortales descansan en una cripta del Jardín de los Poetas, serie de rincones bautizados con los nombres de escritores salvadoreños en el turicentro Los Chorros.

De los años de Contreras al frente de la Junta Nacional de Turismo, su hija Alma recuerda haber escuchado a su padre decir: “Ahora quiero hacer poesía en piedra”.
El escritor Ricardo Lindo, hijo de Hugo Lindo, refiere que Contreras ponía en aprietos a su padre, síndico de la Junta Nacional de Turismo, pues se apropiaba de terrenos privados diciendo: “Tomo posesión en nombre de nuestra señora La Belleza”.


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