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EL AGORARevistas Culturales: nacen, mueren y se reeditanLa posguerra salvadoreña vio nacer una serie de revistas culturales cuya existencia, en la mayoría de casos, ha sido efímera. El análisis, la crítica y el tratamiento profundo que caracteriza este formato de los medios de divulgación no terminan de crear arraigo en la población salvadoreña. La oferta actual incluye dos revistas estatales y dos independientes. Ruth Grégori Una vez que terminó la guerra, la década de los noventa vio nacer una serie de revistas culturales en El Salvador que, con más o menos años de vida, terminaron en el panteón de los esfuerzos editoriales. Actualmente sólo existen cuatro revistas con este perfil. Dos estatales, Cultura e Investiga; y dos independientes, Alkimia y Trasmallo. “Se necesitan porque constituyen espacios de discusión democrática”, opina Luis Alvarenga, director de la revista de mayor trayectoria que sigue con vida: CULTURA, fundada en 1955, y cuyo número 90, dedicado al escritor salvadoreño Hugo Lindo, fue presentado en enero pasado. Alvarenga considera que en la medida en que hay más espacios para el diálogo, hay más oportunidades de ventilar diferencias y lograr consensos. Es por ello que también es necesario que existan revistas independientes, para que haya más voces y perspectivas dialogando, agregó. Carlos Cañas Dinarte, ex coordinador del Grupo Editorial Norma en El Salvador, cree que una revista debe producir conocimiento “nuevo” para generar discusión y reflexión en una sociedad: “La función de una revista es formar opinión, provocar, crear criterio, transmitir conocimiento nuevo a la gente. Por eso no se justifican refritos de otros lugares, se corre el peligro de hacer meras fotocopias y materiales reciclados”. Cañas señala además algunas ventajas de este tipo de publicación: “Una revista tiene ventajas como que las puede guardar, para volver a consultar más tarde, las puede coleccionar, porque no es tan efímera como los periódicos, y permite hacer cosas especializadas (monografías)”. “La particularidad de la revista es que tiende a ofrecer condiciones idóneas para presentar análisis y reflexión”, dice Roberto Turcios, ex director de la Revista Tendencias, una revista político-cultural que a lo largo de la década de los noventa constituyó un referente para círculos intelectuales dentro y fuera del país. “A diferencia del periodismo diario, en donde el acento está puesto en la información, la revista tiende a tener su centro en la interpretación, ese es un aporte que hacen las revistas a sus entornos”, añadió Turcios. Estrellas fugaces en cielo salvadoreño La mayoría de publicaciones cuyo perfil se orienta al ámbito de la cultura han tenido poca suerte para calar en el público y así permanecer con vida. El punto en que coincide la mayoría de consultados es en la escasez de recursos económicos para producir y distribuir las publicaciones. Así lo reconocieron, entre otros, los ex editores de revistas de poesía ya desaparecidas, como Iván Larreynaga, de “La Mosca” (2001-2003) y Otoniel Guevara, de “Metáfora” (enero a junio de 2004). Ambas revistas se producían con fondos de quienes participaban en su elaboración, grupos de poetas amigos, y se vendían a un dólar cada una. Guevara dirigió inicialmente la publicación independiente
más antigua, la revista Roberto Turcios apunta que existe un círculo vicioso difícil de romper, puesto que por un lado no hay un público acostumbrado y, por otro, no hay revistas de larga duración: “La no duración de revistas no crea un público acostumbrado, y en el centro hay un problema de recursos”. Es por ello que las revistas que han logrado subsistir por más tiempo son aquellas que han estado asociadas a instituciones (Por ejemplo, la ECA de la UCA o la estatal CULTURA). Tendencias subsistía en parte con fondos de cooperación extranjera y por los ingresos por suscripción. “El fracaso radica en la falta de estrategia de mercadeo”, indica el ex coordinador editorial del Grupo Norma Carlos Cañas Dinarte, quien un elemento que obstaculiza la distribución es que no hay tradición de quioscos o lugares de fácil acceso donde la gente sabe que puede encontrarlas “La mayoría de gente no va a atravesar medio San Salvador para ir a la DPI o Los Tacos de Paco para comprar una revista. Hay que acercarlas a la gente”. Pero un punto que destaca el ex coordinador editorial es que la mayoría de revistas que han surgido no han definido con claridad aspectos gráficos y de formato, lo cual dificulta que el público las reconozca y se identifique con ellas: “Cada revista tiene su propósito, una línea diferente. La gente reconoce una revista Playboy porque tiene una tradición de tipo de letra, de imágenes, de anunciantes y hasta de caricatura; TIME usted la identifica en cualquier parte. Aquí no hay una unidad histórica, no guardan identidad, cada una parece diferente, incluso de tamaño y número de páginas”. Este problema encuentra su raíz en la falta de preparación, agrega Cañas: “En El Salvador creemos que cualquiera puede hacerlo”. Elementos más profundos de la tradición cultural podrían estar a la base de la falta de arraigo de las revistas en nuestro país. Así lo expresó el ex editor de la Revista Tendencias: “En el Salvador ha habido un menosprecio por el ejercicio intelectual, y las revistas tienden a ser voceros intelectuales sobre la cultura y sobre la política”. Para Turcios, la raíz de ese menosprecio se encuentra en la tradición de autoritarismo militar que predominó a lo largo del siglo XX en nuestro país, que no toleraba el ejercicio crítico: “El motivo y la razón de ser del ejercicio intelectual es la crítica. Y al autoritarismo no le gusta el ejercicio crítico abierto, le gusta más bien el ejercicio zalamero”. Debido a ese intrincado cúmulo de razones, las empresas no tienen mucho aprecio por este tipo de espacios, que también generan ingresos mediante espacios para anunciantes. “Es difícil lograr receptividad, las empresas tienen poco aprecio por contratos en este tipo de medios, en donde no se vende un producto, sino la imagen”, indica Turcios. La tozuda raíz En este panorama, poco fértil, dos revistas culturales se han negado a morir, y otras dos decidieron probar suerte por primera vez. CULTURA resucitó con su número 89, dedicado casi en su totalidad al desaparecido poeta Roque Dalton y presentado en septiembre de 2005. La revista, producida por Concultura e impresa en los talleres de la Dirección de Publicaciones e Impresos (DPI), resurgió luego de un silencio prolongado y luego de un intenso debate provocado ante la posibilidad de que la publicación estatal fuera clausurada totalmente. Tiene una periodicidad cuatrimestral y está a la venta en la DPI. (link: Vuelve “Cultura”) La revista del grupo ALKIMIA, la publicación independiente más antigua, nació en el año 2000 y comenzó siendo una publicación bimensual, pero luego de la salida de Otoniel Guevara la publicación tuvo varias transformaciones, entre ellas cambio de periodicidad (de bimensual pasó a ser trimestral) y de formato (de tabloide a tamaño carta). El número que evidenció los cambios salió en octubre de 2005, con el número “0” de la nueva época. Su último número, el “1”, fue presentado al público en enero pasado, a un costo de dos dólares, y que se encuentra a la venta en el restaurante de “Los Tacos de Paco”. Las dos últimas tienen menos de un año. “Investiga”, una revista producida por Concultura con un perfil orientado a la investigación en los ámbitos de arqueología, antropología e historia, principalmente aquellas realizadas por empleados de la institución, cuyo primer número fue presentado en agosto de 2005. Su periodicidad es semestral y no se vende (aunque actualmente tramitan el permiso respectivo en el Ministerio de Hacienda), se distribuye de manera gratuita en Casas de la Cultura, algunas escuelas públicas y en embajadas de El Salvador en el exterior. El segundo número fue presentado el pasado 3 de enero, y su apuesta principal es la divulgación del yacimiento fosilífero de mayor biodiversidad encontrado en Centroamérica hasta la fecha en las riberas del río Tomayate, Apopa. “Trasmallo”, una revista del Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI), nacida gracias al apoyo de organismos de cooperación externa, publicó su primer número en enero de 2006 con un perfil de divulgación institucional pero que busca ampliar a través de colaboraciones externas, según indicó el director del museo Carlos Henríquez Consalvi. Su periodicidad es cuatrimestral y se encuentra en la sede del MUPI. Links artículos relacionados |
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