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EL AGORAHomenaje pictórico para Alfredo Espino
Yuleana Juárez “Y hablamos de Alfredo Espino con un dejo de nostalgia, pues lo que el poeta cantó poco a poco se lo está llevando el torbellino de la modernidad”. Con la lectura de esa dedicatoria, a la luz de una lámpara de mano, la Sala Nacional de Exposiciones, en el parque Cuscatlán, dio por inaugurada el jueves la muestra de pintura de Guillermo Martínez Canizales dedicada al poeta Alfredo Espino. El homenaje pasa por admirar la poesía de Espino. “La poética de Alfredo Espino, por su claridad de palabras, sencillez y estilo hace posible que su lectura sea fácil, pero, el contenido social dentro de ella es fuerte”, dice Martínez Canizales. Además de que es un poeta vernáculo, Espino le canta a la campiña, a la gente de su entorno, a la niña pálida, a los ojos de la criolla, dice el pintor. Esas imágenes son las que contaron para esta exposición. ¿La técnica? El realismo mágico. El cuadro que contiene la imagen de Espino lo ubica entre dos jícaras como dice su obra “tristes”. El amanecer que le produce su juventud y el anochecer de una muerte temprana también está presente. Pero, ante todo, el pintor se dedicó a realzar los ambientes y tiempos abarcados en la obra del poeta. En este segundo homenaje, el autor cuenta con la impresión del primero, alrededor de ocho cuadros e incluye el poema “Cantemos lo nuestro”.
En “realismo mágico” por problemas energéticos. Esas fueron las palabras del presidente del Consejo Nacional para la Cultura y el Arte (Concultura) Federico Hernández, cuando transcurrida la media hora de la inauguración un corte eléctrico afectaba el homenaje aún desde tempranas horas de la tarde. Bajo la noche y a la luz de una lámpara, sin embargo, Guillermo Canizales habló de los dilemas que enfrenta un pintor para combinar imaginación y creatividad para explorar lo místico y lo maravilloso a través del realismo mágico. Esta corriente ha sido una de las líneas en las que ha trabajado diversos tópicos de la realidad salvadoreña, como es el caso de “los pasados terremotos”, “el derrumbe de Las Colinas” y los poemas que contienen el homenaje a Alfredo Espino. Esta es la segunda oportunidad para honrar la memoria del poeta ahuachapaneco. La segunda “porque el primer homenaje no fue suficiente para abarcar todos los temas que esperaba, esta es la continuación de aquel primer trabajo y que espero, afirmo, agregue al componente de la poética, su campo social, siendo su interpretación según el sentimiento que se le ponga”, dijo. El pintor no titula la mayoría de sus obras porque prefiere comunicarse directamente con los espectadores. “Deseo agregar”, dice en un tríptico que se extendió a los invitados, “que no estoy en condiciones para polemizar sobre el tópico del realismo mágico, ya que mis sinceros deseos son satisfacer los anhelos de los espectadores por saber algo de esta corriente aplicada en la plástica”.
“Me fui a Canadá huyendo de la guerra”, confiesa el pintor. “Tuve que irme, primero a Panamá, donde me dieron asilo, ahí fui recibido por un alto comisionado de la ONU para refugiados en 1980. Pasé siete años ahí, luego, viajé por todo Centroamérica hasta llegar a Canadá y pasar a ser un ciudadano”, agregó. Esa distancia le hizo añorar su tierra y la poesía de Alfredo Espino, que leía cuando era un niño, agrega, porque en la línea que trabaja, es decir, el realismo mágico, desde hace 10 años, va con una personalidad artística. “Me permite encontrar una corriente que se identifique con su poesía (la de Espino) y no solo con este gran poeta salvadoreño, sino con otras temáticas que mi propia tierra por herencia posee, no hay limites aunque sea una realidad cotidiana”. Espino, dice el pintor, tiene dos alas para el vuelo; desde la nube más alta mira los cañales en flor y el horizonte se confunde con el mar. Para cerrar el homenaje, bajo la luz de la lámpara, una edecán leyó “Ascensión”, uno de los poemas más conocidos de Espino. El ojo de luz viajó hasta el interior de la Sala de Exposiciones en compañía de las entidades de Concultura y algún visitante, uno a uno los cuadros fueron develados en su oscuridad y calidez. |
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