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EL AGORAKrisma Mancía y el dilema de ser o no ser… OfeliaCon su hija recién nacida al lado, en una cama de hospital, Krisma Mancía construyó parte del poemario “Viaje al imperio de las ventanas cerradas”. Dos años después, el libro ha sido galardonado con el primer premio de poesía joven otorgado por la editorial española La Garúa. Si bien sus poemas sirven como prisma para ver a la atribulada Ofelia (la suicida shakespearana) asegura que ha navegado por las sendas de la serenidad y la madurez. “Más en paz”, dice.
Dos años parece poco tiempo para dos partos. Pero Krisma Mancía
sí los tuvo. La maternidad le era desconocida, pero la literatura no. Así que allí mismo, en la cama del hospital en los siguientes diez días después que Valeria llegó al mundo, dio a luz una serie de poemas. Con niña y escritos tomaría la senda para su segundo libro. “Viaje al imperio de las ventanas cerradas”, se titula, el mismo que a finales del año pasado recibió el primer premio de poesía joven “La Garúa” de Santa Coloma de Gramenet, España. “Es un viaje que, dije, es guiarme con mi hija, es como un viaje que armé con ella. Las ventanas cerradas… porque uno nunca sabe cuál será el futuro de la gente”, dice la escritora, quien en este febrero cumplirá 26 años. Armar un viaje o traer una persona por medio de un viaje a ver la vida. “Venimos a viajar”, precisa. Ser o no ser Ofelia Ofelia, destruida por la muerte de su padre. Ofelia que sucumbe a la locura del amor: su amado, el príncipe Hamlet la rechaza como parte de un plan para revelar la intriga por el poder después del asesinato de su padre, el rey de Dinamarca. Ofelia que se suicida navegando entre flores. Krisma describe su creación como una oportunidad de ver a “una Ofelia adentro de un prisma, ya que se le puede ver desde varios ángulos”. Esta es una de las diferencias fundamentales con su primer texto, “La era del llanto”. En él, partió de aquí para llegar allá. Es decir, viajó en una sola dirección. Con Ofelia gira, ¿o es que Ofelia la hace girar? “Me he salvado de ser Ofelia estrictamente. Porque hay Ofelia que pierde un padre, Ofelia que ama, Ofelia que se dejó morir”, asegura. Al principio no sabía para dónde iba. En el inicio de 2004 se preguntó de qué estaba hablando, leyó y descubrió quién era. “Las circunstancias me llevaron a Ofelia. El mismo poemario me lo fue pidiendo hasta que se formó”, explica. Y la formación del poemario coincidió con el embarazó. Y nació Valeria, el 11 de junio de 2004. No cesó de trabajar. Fue así como la obra le permitió ver la evolución de los demás poemas, así como su propia voz y ritmo que le distinguen de los demás. La diferenciación, la búsqueda de lo único. Para Krisma, eso se concretiza más que todo en la imagen. “No trato de impresionar con las palabras sino con las imágenes. Así como te tocas a ti misma te tocas una parte de la memoria colectiva”, afirma. El texto poético, dice, busca metáforas más sencillas, pero a la vez “pesadas y efectivas”. “‘La era del llanto’ tenía metáforas más explosivas que daban golpe tras golpe. Este nuevo poemario es más sereno, tiene imágenes más sencillas, no es tan golpeador. El tema es tratado con más cariño, resignación. Más en paz”, dice. ¿Es Ofelia el referente? ¿Ha sido Ofelia en algún
momento? Por eso odia las ventanas cerradas de las casas cerradas, donde vive gente encerrada. Reflejan una sociedad con miedo a ver. Los cuadernos del sinsonte Al parecer, el certamen no incluye premio en metálico, cosa que tiene sin cuidado a la escritora salvadoreña. “La culminación de una obra es la publicación y no importa el dinero”, dijo. Lo que sí importa es que fue avalada por un jurado y será publicada por un consejo editorial. El otro ganador es el sevillano Diego Vaya, autor de “Un canto
a la tierra”. Como Krisma Mancía no tiene posibilidades
de viajar a recibir el premio, él la representará. ¿Qué se siente ser un talento descubierto? “Púchica, me siento halagada porque es mi primer premio internacional. Me siento contenta ya que es producto de dos años de trabajo. La publicación sale en febrero. No iré a España a traerlo porque, como mamá, no tengo tiempo”, dijo. Cree que toda la gente madura, quizás por eso busca la sencillez de las palabras. Eso le da la pauta para ver su evolución. “Tengo una filosofía. Digo que si puedes comunicar una idea a un niño de siete años hasta a un mayor con pocos estudios se da a entender una imagen completa. Eso no implica falta de vocabulario”, apuntó. Krisma odia las etiquetas. “No escribo poemas de amor porque me salen mal, ¿y maternales? No, tampoco”. Para ella, los poemas no tienen apellido. Es poesía y dentro de un poema puede haber varios temas, como el amor y lo que los lectores quieran encontrar.
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