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San Salvador, 11-17 de agosto de 2003
 
 
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El divertido y sucio campo de ciudad

San Salvador estuvo de fiesta, y una de sus principales atracciones fue el campo de la feria. Entre promontorios de basura y charcos de lodo, la población capitalina voló en las ruedas, gritó en las ruedas y giró en la rutina del consumo de ocio vacacional, lejos de celebraciones religiosas y otros motivos.
Alexis Henríquez
cartas@elfaro.net
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"Montar los juegos mecánicos tomó una semana", comentó Salvador Elías Pérez, encargado técnico de "Play Land Park". Y ensuciarlos "menos de un día", señaló Beatriz Díaz, vendedora de dulces típicos.

Pese a los esfuerzos realizados por la alcaldía capitalina para mantener la higiene dentro del centro recreativo, el tradicional campo de la feria, instalado junto al Estadio Cuscatlán, sufrió otra vez la inclemencia de la falta de limpieza de los visitantes. "los barrenderos pasan de vez en cuando", comentó Beatriz. Sin embargo, Marco Antonio Turcios, uno de los encargados de aseo en el campo de la feria, afirmó que "la culpa la tienen las personas por no depositar la basura donde deben".

Amaneció en San Salvador el 6 de agosto, día central de la celebración capitalina, y los agentes de la policía metropolitana hacían su ingreso por el costado poniente del campo de la feria. Su misión, mantener el orden en el parque de diversiones instalado en las canchas externas del Coloso.

Los agentes reportaron que los asaltos habían descendido a comparación de años anteriores. "Ahora no hubo afluencia de marosos", comentó Daniel Elías, policía metropolitano. Su compañero de ronda, Amilcar Maravilla, sostuvo que "en parte se debe al buen plan 'mano dura' del presidente".

El olor a café se desprendía del restaurante "Pavito Criollo", ubicado al costado norte del parque. Antes de ir por una taza, los agentes aseguraron que los visitantes "acataron las recomendaciones hechas por la municipalidad".

"Las ventas han estado malas"

10:00 a.m. del 6 de agosto. El movimiento de personas era mínimo en la feria. "Por la tarde viene más gente", apuntó con decepción Petrona Rivas, vendedora de papas fritas y churros argentinos. "Pero, de todas maneras, ha estado mala la venta", afirmó. Rivas legó desde Santa Ana el 29 de julio, y desde entonces ha vivido en una casa de lámina en el campo de la feria. "Ojalá hoy se venda más", agregó a sus comentarios.

Beatriz Díaz viaja de feria en feria para vender dulces típicos. Desde que tenía 16 años. Su trabajo lo hace "para poder tener algo de dinero para la familia, en San Vicente", comentó. Se levanta a las 8:00 a.m., abre el puesto y espera a que la gente le compre. Al terminar la jornada, alrededor de las 2:00 a.m., duerme en un cuarto improvisado de aproximadamente cuatro metros cuadrados, dentro del local. El premio es ganar un promedio de 25 centavos de dólar por dulce vendido. "Después de aquí nos vamos a ir a Mejicanos", agregó.

Alrededor de unos 75 puestos de dulces típicos se establecieron en el parque, y más de 50 ventas de churros argentinos, papas fritas, enrollados, tostadas de yuca y elotes locos. "Pero la venta ha estado mala, quizás porque la gente no tiene dinero para comprar", dijo Joaquín Perla, vendedor de elotes locos.

Una de las tres "Chicagos" instaladas en el parque comenzó a funcionar alrededor de las 11:00 a.m. Apenas eran 7 personas las que abordaron el juego mecánico, con capacidad para 25 pasajeros. "Hay que empezar con los que estén", dijo riendo Mauricio Pérez Cartagena, propietario de la máquina. A su lado estaba su hijo, Ernesto Pérez, de 15 años de edad. Él es el encargado de recibir los boletos.

El sol calentó el ambiente y un aroma a humedad, producto de la lluvia de la noche anterior, se desprendió en el ambiente. Vilma Rosales, visitante del parque, tapó su nariz con un pañuelo. "Es que la feria está bien chuca", señaló. "Yo no he visto ningún barrendero y ningún basurero", afirmó.

Era la hora del almuerzo, y los empleados de los comedores "Rosita" y "Comedor Karla" colocaron las parrillas para azar carne. Sobre el lodo, las vendedoras de papas fritas arrojaron el agua con la que lavaron las papas y los utensilios de cocina. El olor a suciedad aumentó, sin impedir que los maquinistas de juegos mecánicos y visitantes se acercaran a las ventas de comida. Uno de los visitantes en el parque, Rutilio Guevara, sostuvo que "hace falta bastante de educación para que se mantenga limpio un parque como éste".

Diversión para valientes

Javier Yanes es el encargado de maniobrar el juego mecánico "Arco de Fuego", estructura circular de 20 metros de altura por la que corre un coche de seis cabinas. El vehículo oscila por el aro hasta dar una vuelta completa en él. El juego fue una de las atracciones más concurridas en las fiestas. "Alrededor de unas seis mil personas se han subido hasta ahorita", afirmó Yanes dos días antes del cierre de la feria.

Montar el juego mecánico "Arco de Fuego", el "Enterprise" o la "Montaña Rusa" llevó al equipo técnico de "Play Land Park" una semana. "Cada estructura debe ir bien asegurada", señaló Elías Pérez. El número de trabajadores que labora en estas tres máquinas es de 27 técnicos. "También contratamos a 48 personas eventualmente para vigilancia y limpieza de las máquinas", comentó Pérez.

Eran alrededor de la 1:00 p.m. cuando los carritos de la Montaña Rusa, sin pasajeros, recorrían el juego mecánico para calentar la maquinaria. Una fila de más de 300 personas esperaba la apertura de la "rueda" para disfrutar de la emoción. "Nosotros venimos por tradición", dijo Jaime Gutiérrez, visitante del parque. A su vez, Gilma Gonzáles, de 17 años, comentó que "es bien chivo el Arco de Fuego. Da miedo, pero se siente la presión cuando uno baja y uno se emociona".

La estatura mínima para poder ingresar estos tres juegos mecánicos es de 1.40 metros. Pérez aseguró el viernes 9 de agosto que no se han registrado incidentes en los juegos. "No hemos tenido ningún desperfecto mecánico ni lesionados. Marcamos en cero algún inconveniente", sostuvo.

La unidad de la Cruz Roja no confirmó los datos dados por Pérez. "Diariamente hemos atendido un promedio de 49 casos, entre ellos heridas leves y desmayos", informó Salvador Domínguez, encargado de la unidad médica de la Cruz Roja.

"Mi preferida es la Chicago"

5:00 p.m. del 6 de agosto. Los más pequeños encuentran su diversión en el "Circo Wonder Boy's". "Venga, pase, que si no pasa se lo pierde", anuncia Carlos Coronado, animador del circo. "Fíjese que ha venido bien poquita gente ha ver el espectáculo, comenta. Aunque hoy si se ha visto más gente".

En las afueras de la carpa del "Circo Universal", un grupo de jóvenes baila al compás de la música reggae. "Es con el fin de atraer clientes", señala Carolina Palacios, integrante del circo.

Por otro lado, el juego mecánico "Las tazas giratorias" estaba a la mitad de su capacidad. "Son pocos niños los que vienen. La gente tiene miedo de traerlos", comenta Rut Orellana, vendedora de boletos.

"Mi preferida es la Chicago", señaló entusiasta Juan Daniel González, de 13 años de edad. José Daniel llegó al parque acompañado de su familia. "Estamos dispuestos a divertirnos", apuntó su padre, Daniel González. "Pero está bastante sucio y lleno de lodo donde están las ruedas más grandes", dijo al final.


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