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EL ÁGORA
Amor y dolor en un filme para adolescentes
"Amarte duele" es una cinta que por su trama,
llena de estereotipos, deja a los amantes del cine latinoamericano con
expectativas no satisfechas.
La historia es la de siempre. Una muchacha de clase alta que se enamora
de un tipo pobre.
Y sus respectivos amigos y familias se esmeran en separarlos.
Fernando Sariñana es el director, quien también tiene en
su haber "Todo el poder" y "El segundo aire", y en
esta ocasión cae, una vez más, en volver a sus personajes
un estereotipo.
Sin embargo, no se puede negar el intento de ilustrar las condiciones
sociales que se viven en México D.F. Intenta señalar el
abismo que separa a dos clases antagónicas, donde unas personas
tienen acceso a todos los recursos y otras tienen que trabajar y esmerarse
por sus propias oportunidades.
Se señala también la importancia de los amigos para enfrentarse
a la jungla urbana. Los amigos del barrio y los amigos de clase alta,
quienes en sus distintas relaciones conservan valores de solidaridad y
fidelidad, necesarias para las diversas evoluciones de los individuos.
Tampoco se puede obviar la calidad gráfica de la película.
El manejo de la imagen a través de distintas texturas y encuadres
es una de las características que sube, un poco, el perfil de la
cinta. También admira la creatividad de incorporar la cultura del
comic como parte esencial de la trama y de la puesta en escena.
La cinta entretiene, eso no se pude negar. Y existen dos actitudes que
la obra puede despertar. En primer lugar, surge la de aquellos espectadores
que comprenden su naturaleza lúdica. Estos pueden sentirse satisfechos
con una abordaje cursi e ingenuo. Pero otros espectadores, los más
críticos, los que buscan sedientos oportunidades de contemplar
otro tipo de cine. Esos, se verán decepcionados.
La búsqueda de estética en los desnudos o paisajes urbanos
salpica la cinta de esos ángulos novedosos que busca el espectador
exigente.
La música pasa la prueba. Es una buena selección de rock
latino y pop alternativo. En las actuaciones, hay diferencias claras,
Luis Fernando Peña y Martha Higareda salen adelante con la responsabilidad
de actores principales, eso sí, sin toques magistrales. Pero muchos
actores secundarios dejan demasiado que desear.
En fin, dicen que la intención es lo que cuenta. Pero en el cine
no es así. Es bonito pensar que el amor y el dolor humano pueden
reflejarse con una escena de un escaparate pero los cineastas arquetípicos
nos han demostrado que no. Hace falta más trascendencia.
No se vale ocupar la ingenuidad de un público para menospreciarlo
y mostrarle personajes e historias que encasillen el desarrollo de una
película. Esta es una cinta para adolescentes, pero los adolescentes
de hoy ya no creen en pajaritos preñados ni en tragedias gratuitas.
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