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EDITORIAL ¿Vientos de cambio?El Farocartas@elfaro.net Publicada el 13 de octubre de 2008 - El Faro A juzgar por las campañas, no importa por quién cruce bandera en las papeletas electorales en 2009, usted estará votando por un cambio. Que todos ofrezcan esto, en vez de continuidad, es la confirmación de la situación actual. El Salvador, a los ojos de sus ciudadanos, no está bien. El Salvador no puede continuar con la misma manera de ejercer el gobierno, porque no ha sido satisfactoria. Es una gran mayoría de la población la que cree que el país necesita un cambio de gobierno. Por eso, y para eso, todos pretenden personificar ese cambio. El actual gobierno salvadoreño ha sido poco transparente, poco respetuoso de la ley y muy ineficiente en resolver los graves problemas de inseguridad, inequidad e injusticia. Por eso hoy incluso la campaña de su propio partido pretende mostrar un distanciamiento con el estilo actual. Pero aquí está su propia trampa. Para que la campaña de ARENA realmente surta efecto, necesita dar un paso más del que ha dado hasta hoy y no sólo gritar que representa un cambio, sino denunciar todo lo que no funciona y aclarar por qué, más allá de las encuestas, el país necesita un cambio con respecto a las administraciones de su propio partido. Es un desafío complicado, sobre todo habida cuenta de que el presidente de la República sigue reteniendo el control del partido y porque muchos en ARENA creen que, demostrado que el candidato no levanta, el mandatario sigue siendo su mejor carta para convencer al electorado de la necesidad de un periodo más. Es, en suma, una paradoja política de difícil solución. Pero, sobre todo, ARENA y todos los demás partidos tienen la tarea de explicar qué tipo de cambio necesitamos, porque a pesar de que los programas de gobierno previsiblemente serán muy parecidos, los estilos pueden marcar una clara diferencia. Ávila puede ganar mucho si convence de su voluntad y su poder para romper con el actual gobierno, tal como el FMLN y su candidato, Mauricio Funes, han ganado mucho a medida que avanzan en la labor de convencer al electorado y a los grupos de poder de que un cambio con ellos en el timón no sería tan dramático ni riesgoso como se ha temido en los años anteriores. Independientemente de quién gane las elecciones presidenciales de 2009, parece poco probable que El Salvador experimente un cambio profundo. Porque se trata de un país pequeño, pobre (de renta media dicen los números macroeconómicos; muy pobre dicen los números de empleo, emigración, salud y educación), sin recursos, con serios problemas de finanzas y con una crisis económica mundial de grandes proporciones enfrente. El cambio, entonces, tendría que ser de naturaleza distinta. Un cambio en las prioridades, un cambio en el manejo de las instituciones, un cambio en la participación ciudadana, un cambio en la aplicación de la ley. Y esto no es poca cosa. Las elecciones municipales y legislativas, con una campaña totalmente opacada por las presidenciales, podrían en realidad mejorar el estado actual de nuestra democracia. Hoy que los ciudadanos exigen un cambio, y que los partidos que quieran salir bien parados en las próximas elecciones necesitan convencerlos de que son ellos la solución, es el mejor momento para exigirles mejores diputados y mejores ofertas municipales. Ya no basta con asustar instigando el temor al otro partido. Ahora hay que convencer. Es deseable que la necesidad de proyectar cambio termine sellando compromisos urgentes para el país como la despartidización de las instituciones del Estado, sobre todo las encargadas de administrar justicia y velar por el buen uso de los recursos de los ciudadanos, y obligando a todos los partidos e instituciones a mejorar sus formas de administrar la democracia. Si esto sucede, habremos ganado todos y el país comenzará a cambiar. |
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